Inauguración 18 de septiembre del 2003
a las 20 horas

Galería Víctor Saavedra
Enric Granados 97
08008 Barcelona
tel.: +34 932 385 161
email:
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Arriba y abajo

José Antonio Millán

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"Los ángeles no entrarán en la casa
en la que haya un perro o imágenes"
(El Corán)

Representar la apariencia de un ser vivo, reproducir la figura humana; de entre toda la especie: trazar la imagen de la mujer; subvertir la armonía de sus miembros, la escala de su representación; mezclar formas animales y humanas; hacerlo con sumo cuidado: ésta es la séptuple transgresión de la obra de Pat Andrea.

De su mano han brotado hermosas talidomídicas, jóvenes atletas de pies sucios, gigantas, mujeres sin torso y larguísimas piernas, perros antropocéfalos, seres alados, paisajes, flores, puertas.

Aunque está escrito: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra", Pat Andrea ha jugado en esta exposición con lo que está arriba y con lo que está abajo...

 

 

El centro de esta muestra es claramente el gran cuadro de la "Anunciación".

Aquí Pat Andrea se mueve con plena consciencia en un terreno fuertemente codificado. Hace siglos que los iconos bizantinos, los capiteles románicos, las tablas góticas (¡e incluso los lienzos prerrafaelitas!) han fijado la iconografía de este encuentro entre el emisario alado y la doncella. Desde muy temprano, el ángel, tradicionalmente andrógino, está situado a la izquierda y la joven a la derecha; él en el exterior (que sucesivos artistas han convertido en un herbario, en láminas de Historia Natural o Sagrada) y ella en un interior (por el que ha desfilado toda la intimidad doméstica, del lecho a la lectura...).

Pero el ángel femenino de Pat Andrea, pop y exhibicionista, de alas falsas de papel recortado (en las antípodas de las tornasoladas plumas de Fra Angélico, o de las excrecencias aviares de Sir Edward Burne-Jones), cumplida su misión, mira con desgana hacia fuera del cuadro. Estamos en el momento inmediatamente posterior a la revelación, como refleja la actitud de entrega de la doncella. No hay filacteria que encierre sus palabras, pero éstas flotan ante nuestros ojos tras siglos de tradición: "Ecce ancilla domini". Sin embargo, su gesto y el desnudo parcial materializan una sumisión física que los artistas anteriores debieron velar mucho más...

 

 

La doncella es, por supuesto, la Virgen, y en la obra de los últimos tiempos de Pat Andrea afloran muchas vírgenes. El mundo de la devoción mariana, desde la iglesia ortodoxa a las advocaciones hispanoamericanas, muestra una riqueza asombrosa de denominaciones (la Virgen del Beso Dulce, la Virgen de las Fiebres, ...). La obra de Andrea continúa y amplía este delirio verbal: "La virgen del milagro de los números", "La virgen de la multiplicación de los brazos", "La virgen del silencio pesado"... Son vírgenes laicas, pero no por ello menos poderosas. Empuñan armas, lanzan miradas, gritan.

Merecen reverencia.

 

 

A ti, resplandeciente alegría,
A ti, sobrecargada de bracitos,
A ti, vestida de transiente gloria,
Es a quien hoy cantamos.

Salve, gozosa e innumerables pecas,
A ti, la herida, sobre el horizonte
A ti que gritas junto a la ventana,
A ti que empuñas secador de pelo.

Salve, Princesa de los huesos fijos,
En el dolor profundo que te causa
El peso mudo de los ordenados,
La cruz y la agonía del silencio

 

 

Más elevación. Las figuras femeninas de "Unas voladoras más" recuerdan poderosamente a las sirenas primitivas que el vaso ático del British Museum reproduce revoloteando en torno al mástil al que está atado Ulises. No eran los fríos híbridos de pez y mujer en que acabarían convirtiéndose, sino algo peor: mujeres aladas terminadas en garras. Las voladoras de Andrea, sin embargo, se ciernen en un ondear de falditas, de cabelleras a modo de alas. Tal vez levitan, impulsadas por una pasión interna, o las arrastra una fuerza ajena a la que sin embargo se pliegan. Sus rostros terribles acosan a la mujer que mira un crucifijo invertido.

 

 

¿Por qué el Corán reprueba que se dibujen figuras? Porque toda representación es creación y, por tanto, algo no destinado al hombre. Dice el Libro, "Quienes hacen tales imágenes serán castigados en el día del Juicio. Se les dirá: ‘Trae a la vida lo que has creado’". Y no podrán cumplir la orden...

Podemos imaginar el juicio de Pat Andrea: se abrirá la puerta de paneles de cristal translúcido y entrará el cortejo suplicante de niñas, mujeres, hombres perfectos, esqueletos ordenados, perros y ángeles.

 

Página creada el 16 de septiembre del 2003

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