El hacha de Esculapio

José Antonio Millán

 

El hacha de Esculapio

No pasa un día sin que la medicina moderna nos sorprenda con un nuevo logro: hígados de babuinos trasplantados a humanos, cadáveres cuidadosamente mantenidos en vida porque contienen un feto en su interior... Deslumbrados por los alardes tecnológicos, reverentes ante quienes tienen su vida en nuestras manos, tal vez olvidemos que en nuestra sociedad la actividad médica tiene también mucho de negocio, y que se inscribe en una relación proveedor-cliente. Todo un estado de opinión estadounidense está recordando estas realidades.

Según Fortune, la sanidad es uno de los pocos sectores económicos con crecimiento en el futuro. En su último número se analiza la situación en los EE.UU. Los constantes avances en tecnología sirven, paradójicamente, para crear demanda de más servicios. Por otra parte, la política médica es vetar la entrada de especialistas extranjeros y congelar las plazas en las escuelas de medicina. De esa forma, al aumento de la demanda se une una limitación en el suministro de servicios, y en consecuencia los honorarios médicos se han disparado, aunque la carestía de doctores sea la norma en zonas rurales del país.

Consumer Report, la revista de los consumidores norteamericanos, ha dedicado cuatro de los números de este año a problemáticas médicas. En febrero analizó cómo los grandes laboratorios presionan para que se prescriban tratamientos ineficaces y de alto precio. A través de la financiación de publicaciones y congresos donde participan especialistas que favorecen estos productos, dan, con apariencia de objetividad, una información sesgada.

De julio a septiembre la revista ha estudiado el despilfarro del sistema médico en EEUU. Las lacras denunciadas incluyen desde el simple fraude, a la derivación excesiva de pacientes a instituciones donde los mismos médicos prescriptores tienen intereses. Pero más graves son los datos que indican que se llevan a cabo sin necesidad real intervenciones quirúrgicas de importancia. Las mujeres son, curiosamente, las que más sufren esta situación: datos contrastados indican que se llevan a cabo el doble de las cesáreas que parecen necesarias (uno de cada cuatro nacimientos en EE.UU. se realiza por ese procedimiento). La histerectomía aparece inmediatamente después en la valoración de intervenciones innecesarias: más de la cuarta parte de las que se realizan tendrían tratamientos alternativos de menos riesgo.

Los Angeles Times ha expuesto recientemente cuál es una de las principales causas de muerte en los Estados Unidos: las infecciones adquiridas en los hospitales, que provocan directa o indirectamente 80.000 víctimas al año. El método más barato y más seguro para evitarlas es, sin embargo, el menos seguido: lavarse las manos.

Vivan los novios

La actual corriente de conservadurismo que invade Occidente tiene una muestra nada desdeñable en el auge del matrimonio formal. Revistas enteras editadas en todas las lenguas se centran en "ese día". Comparar los contenidos de una de estas publicaciones italiana y otra americana es toda una tentación.

La milanesa La sposa presenta doscientas páginas a color con despliegue de trajes estilo "cuento de hadas", aunque con alguna osadía en forma de falda corta. Entre los artículos destaca "El matrimonio de la A a la Z", un recordatorio que va recorriendo el abecedario. Veamos un ejemplo: "C: Chiesa (Iglesia), Curso de preparación en la parroquia. Confetti". La neoyorquina Bride's, en sus casi quinientas páginas, hace más hincapié en invitaciones, vajillas y lunas de miel. Pero el plato fuerte del número de octubre son "Las cincuenta preguntas que debe hacer a quien le prepare el banquete". Cualquiera de ellas, formulada en Italia (o en España), sería tomada como un insulto: "¿Cuántos camareros habrá por invitado? ¿Cuántas copas salen de cada botella de champán? ¿Tienen seguro para el caso de que algún invitado resulte herido? ¿Puedo ver cómo sirven otra boda? ¿Puedo probar una muestra de la comida que dan? ¿Me puede proporcionar una forma de contacto con otras personas que les hayan contratado el banquete?"

Te veo

La revista francesa Science et vie informa de un nuevo artefacto que podemos calificar de la mayor amenaza a la familia desde la aparición del zapping. Se trata de unas gafas parecidas a las de esquí que albergan un diminuto televisor, y permiten al usuario ver, él solo, el canal que estime más conveniente. A la familia apiñada ante el receptor --peleándose, eso sí, por la elección de programa-- la sustituirá un conjunto de islas televisivas, zombies que errarán por los pasillos tanteando el camino hasta la nevera, mientras mascullan respuestas a concursos o vivas a sus equipos favoritos.

Señales de humo

Las ceremonias del cincuentenario de la Segunda Guerra Mundial en Arizona han congregado a un grupo de veteranos de la tribu india navajo. Su intervención bélica fue decisiva: hartos de que los japoneses les descubrieran sus códigos secretos, los militares estadounidenses pidieron a los navajo que crearan uno basado en su propia lengua. Así lo hicieron, aunque al carecer el navajo de palabras para el armamento moderno debieron utilizar en su lugar nombres de plantas y animales. Los japoneses nunca descubrieron el código, explica el International Herald Tribune.

Comprimir armonías

Una carta al director de la revista inglesa Classic CD aclara una vieja curiosidad: ¿por qué los discos compactos tienen una duración máxima de 80 minutos? Evidentemente, porque si cupiera más música, se venderían menos discos, pero ¿por qué precisamente ese límite? David McKee de Dublín pretende saberlo: cuando en Sony se planteó la duración de los recién creados CD, el señor Morita, su director, opinó que debería caber íntegra la obra occidental más famosa en Japón: la Novena Sinfonía de Beethoven, cuya interpretación media es de 73 minutos.

Aparecido en la sección "Don de Lenguas" de Babelia, suplemento de El País, 5 de diciembre de 1992

 

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