Varias paradojas se encierran dentro de la idea misma de Diccionario. Una: que
siendo finito, estén ahí todas las palabras. Dos: que estén ordenadas (y la misteriosa
cercanía de ozono y pabellón). Tres: que se expliquen utilizando otras
palabras. Cuatro: que todo ello remita, de alguna forma, a cosas que ocurren más allá de
sus tapas ("el mundo").
Tal es la naturaleza de la lengua, que el más ignorante de sus portadores la posee en
altísima medida (pues conoce la mayoría de sus palabras, y sabe cuándo debe usar ésta
y cuándo aquélla, y en compañía de qué otras). ¿Se puede registrar y transmitir este
saber pasmoso? Difícilmente.
La tarea de explicar qué encierra una palabra es titánica. Contar para ello con buena
parte de los conocimientos del lector es algo frecuente. Pero hacerlo de forma tal que un
hablante de una lengua ajena, o una máquina, pudieran usar el término en todos los casos
en que lo haría un nativo, y sólo en esos (describir, en suma, qué hay en él), resulta
directamente monstruoso. Y el camino recorrido en pos de esta imposibilidad está muy
frecuentado. Elijamos un término, al azar:
«DESESPERAR: Perder la esperanza. Desesperarse es matarse de cualquier manera por
despecho; pecado contra el Espíritu Santo. No se les da a los tales sepultura, queda su
memoria infamada y sus bienes confiscados y, lo peor de todo, es que van a hazer
compañía a Judas. Esto no se entiende de los que estando fuera de juyzio lo hizieron,
como los locos o frenéticos.»
Esto cuenta Sebastián de Covarrubias en el Tesoro, el primer diccionario de
nuestra lengua (1611). Y de esta manera comienzan los problemas, porque el insatisfecho
lector ¿no habría de acudir a continuación a esperanza, para conocer su exacto
alcance, y de ahí tal vez a otro u otros lugares? Y luego la tentación enciclopédica:
la narración de detalles y circunstancias que no forman parte estrictamente del
significado de la palabra, y que bien se podrían prolongar hasta el infinito.
«DESESPERACION. f.f. Pérdida total de la esperanza: y por Antonomasia se entiende de
los bienes eternos. Lat. Desperatio. Ribad.Fl. Sanct. Vid. de N.Señora. Si te
comienzas a ahogar por la graveza de tus delitos, y temes caer en el profundo abismo de la
desesperación, piensa en María [...]. Vale asimismo cólera, enfado, enojo [...]».
He aquí, en esencia, el mismo contenido, pero ahora más claramente matizado, e
ilustrado con citas (en el límite, la suma de todos los pasajes en que aparece una
palabra constituiría, en negativo, su significado). Se trata del Diccionario de
Autoridades (1732), y la definición que aporta es la que se mantendrá básicamente
en el actual de la Real Academia.
En el moderno Diccionario de uso de María Moliner leemos:
«DESESPERARSE: [...] Sentir y mostrar con lamentaciones , gestos, etc., disgusto
violento por un contratiempo grave [...] (V.: "Darse con la cabeza [cabezadas,
cabezazos, calaba-zadas, calabazazos] contra la pared, tocar [coger, agarrar] el cielo con
las manos, caer en la desesperación, entregarse a la desesperación, deshacerse,
enfurecerse, ponerse furioso, ponerse como [volverse] loco, tirarse de los pelos
[...]")»
Esta definición, mucho más rica, con acopio de equivalentes, frases hechas y
sinónimos, ¿aclara sin embargo todos los usos comunes de la palabra, y sus relaciones
con otras? ¿Permitirá al extranjero, a cualquiera que observe la lengua "desde
fuera" conocer sus límites? Efectivamente: uno puede caer o hundirse en
la desesperación, pero ¿se ahogaría o salpicaría de ella? Y cuando
alguien se recupera de dicho estado, ¿cómo hace exactamente?, ¿emerge, se levanta...?
Uno puede estar al borde de la desesperación, pero, ¿y en su esquina?
Por no hablar de los signos corporales: tal vez en una "lengua" se usen las
calabazadas contra la pared, pero en otra lo más indicado será el crujir de dientes.
¿Puede, entonces, existir un diccionario completo, uno que dibuje la totalidad del
laberinto que rodea a cada palabra? Puede intentarse:
«Desesperación de X ante Y= Fuerte emoción desagradable de X causada por el hecho
siguiente: X, creyendo muy importante escapar a un acontecimiento (ligado a) Y, considera
que ya no puede librarse de él; esta emoción aumenta porque X pierde la capacidad de
obrar (de manera razonable); esta emoción es la que normalmente se da en situaciones
parecidas.
»Funciones léxicas: Sing: acceso, crisis [de -] ¦C1 = V. A1Culm: en el colmo, en el
paroxismo [de ART -]. Adv1: en [ART -], en un momento [de -]; con [0/ART -] [se
acordaba con desesperación de sus ternezas]. Magn + IncepOper1: sumirse, hundirse, lit.
abismarse [en ART -]. ProxOper1: estar al borde <en el límite> [de la -].
Caus2ProxOper1: llevar [a N] al borde [de la -]. F1 = Perm1Manif o Perm1Func0:
abandonarse, sucumbir, ceder, dejarse ir, dar libre curso [a ART -]. Conv21Manif: dejar
traslucir, mostrar, experimentar. A pesar de X Conv21Manif: traicionar [ART -] [Su rostro
traicionaba su desesperación]. Sínto213: arrancarse los cabellos [de -].»