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Adolf Hitler a los treinta y cuatro años,
en su primer apartamento de Munich

 

Los libros de Hitler
 

a Susana, que me lo regaló...

 

José Antonio Millán

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Timothy W. Ryback,
Hitler's Private Library. The books that shaped his life,
Nueva York, Alfred A. Knopf, 2008, 282 págs.

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Libros y Bitios
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Ryback escoge como hilo conductor de esta absorbente obra una frase latina hecha suya por Walter Benjamin: habent sua fata libelli, 'los libros tienen su propio destino'. Si bien esta frase suele interpretarse como referida a las obras, para alguien como Benjamin, que creía que las bibliotecas personales dicen mucho sobre las personas, inequívocamente se refiere a los ejemplares individuales que se van integrando en una colección. Por cierto, triste pensamiento en quien tuvo que ver su biblioteca dispersa por el exilio y las privaciones...

Dos fotografías enmarcan Hitler's Private Library: la primera (usada para la cubierta y en el frontispicio) muestra a un joven y ya desafiante Hitler posando con el fondo de sus libros (véase arriba). La última muestra a un soldado norteamericano en lo que fue la habitación de Hitler en su búnker con el resto de sus pertenencias, entre ellos los libros de consulta y otros que aparecen a lado de la cama (abajo).

La aparición de los libros en los retratos más o menos "oficiales" tiene una curiosa función de otorgación de legitimidad (que hemos podido estudiar anecdóticamente), y cuando Hitler escoge retratarse a los treinta y cuatro años con el fondo de sus libros está haciendo una afirmación sobre sí mismo. Hitler fue un lector voraz y autodidacta, que se fue guiando por su instinto y a veces indudablemente por el azar en la elección de sus lecturas, que sin duda le fueron configurando...

Hitler's Private Library es una biografía parcial, entretejida con la historia de la formación y destrucción de una biblioteca personal que llegó a tener 12.000 libros. Entre ellos encontramos muy escasa literatura, salvo que conceptuemos de ese modo las lecturas de ocio de Hitler, entre las que destacan las novelas "del Oeste" de Karl May, autor alemán que, por cierto, jamás pisó América [1]. Mucho más abundantes eran las obras dedicadas a arquitectura (una de sus obsesiones) o arte, y más adelante las obras de historia militar. El apartado de obras ocultistas fue siempre notable...

Por supuesto, también está la bibliografía que va configurando su ideario político. No sorprende encontrarse en ella una obra antisemita de Henry Ford: The International Jew: The World's Foremost Problem. Supongo que alguien habrá estudiado las conexiones entre el capitalismo avanzado, encarnado en los sistemas que implementó Ford, y el antisionismo: Ford es el único americano citado en Mein Kampf . Y Hitler expresó el deseo de crear el "coche del pueblo", el Volkswagen, sobre el ejemplo del modelo T.

 

Cubierta de la ediciòn alemana (192?) del libro de Henry Ford (Wikimedia Commons);
hay disponibles unas páginas del original inglés en Google Libros

Por otro lado, la existencia entre sus libros de un manual de 1931 sobre gases venenosos, con un capítulo sobre lo que luego se conocería como Zyclon B puede ser algo más que una casualidad... Alguna otra obra, como la titulada Conviértase en un orador en pocas horas, puede delatar otro tipo de intereses. Pero faltan por completo las obras de política, de filosofía, de sociología o de economía que serían esperables en alguien con tan alta responsabilidad política.

La rica obra de Ryback se puede leer a varios niveles. Incluye, por una parte, la radiografía de la biblioteca de un estadista, con la mezcla de sus obras propias y de regalos que van desde lo trivial (un libro de cocina frances vegetariana dedicada a "Monsieur Hitler végétarien") hasta obras encuadernadas en piel con ricas estampaciones. También se examina la presencia de ex-libris, que presentaban su nombre junto a un águila con la cruz gamada.

Por otra parte, está el análisis, con frecuencia decepcionante, de las intervenciones de Hitler sobre las obras: las huellas de sus lecturas. Porque parece que era del tipo de lector que rara vez escribe en los libros: todo lo más alguna señal marginal, o un subrayado. Hay huellas indirectas del avance de su lectura, por ejemplo en ejemplares con páginas sin acabar de cortar, como el caso de un tomo de profecías de Nostradamus cuyas páginas no llegaron a abrirse por completo, e impidieron la lectura de la profecía más directamente relacionada con la Segunda Guerra.

También se estudian los rituales y formas de lectura del Führer: los lugares y asientos que acogieron sus lecturas, así como su dedicación en tiempo a la actividad, que fue notable, llegando a leer en ciertas épocas un libro diario.

Asimismo, Hitler's Private Library es la historia de la destrucción y dispersión de la biblioteca. Los libros de Hitler se dividían entre su residencia y distintos lugares de estancia y trabajo, de los que el último fue el búnker donde puso fin a su vida. Una parte de la colección había sido llevada a la seguridad de una mina de sal. Con la llegada de los ejércitos de ocupación, fueron cogidos como recuerdo por los primeros soldados o bien incautados y transportados a la Unión Soviética, y sobre todo a Estados Unidos: los tres mil volúmenes de la mina de sal se llevaron a la Biblioteca del Congreso en 1952. Allí se quedaron los que con toda seguridad habían sido propiedad de Führer, y el resto, o ejemplares duplicados, se dispersaron entre otras bilbiotecas. Todavía aparece de cuando en cuando en subastas o en manos particulares algún libro con la firma de Hitler, o que se afirma que fue posesión suya...

El autor ha utilizado los fondos que se custodian en la Bilbioteca del Congreso, en la Brown University, y en otras instituciones norteamericanas (donde se ha catalogado un 10% de los libros que originariamente debieron de estar en posesión de Hitler) y Alemania.

 

Un soldado norteamericano fotografiado en el búnker, en la habitación de Hitler.
Aunque ya ha sido parcialmente saqueada, aún se pueden ver los gruesos tomos a la derecha
(probablemente enciclopedias, que quería tener siempre a mano)
y algunos más sobre la mesita.

 

La pregunta clave que está detrás de esta obra es si es posible penetrar en la personalidad de un poseedor de libros a través del análisis de su biblioteca. Parece claro qeu sí...

 

Más lecturas

Del mismo autor:

Primer capítulo, The Man Who Burned Books

"Hitler's Forgotten Library", por Timothy W. Ryback, en The Atlantic, mayo del 2003.

Reseñas:

"La bibliothèque idéale d’Adolf Hitler", por Pierre Assouline, en Le Monde, 5 de enero del 2009.

"The Reader", por Jacob Heilbrunn, en New Yok Times, 2 de enero del 2009

 

[1] De pequeño tuve acceso a traducciones españolas de las obras de Karl May, creo que en Editorial Molino, y (todo hay que decirlo) me dejaron una buena impresión como "novelas de aventuras", al lado de los inevitables Salgari o Julio Verne. Pero hace casi medio siglo que no las releo...

 

 

 

 

 

 

 

     

Última versión, 25 de enero del 2009

Primera publicación, exclusiva de esta web, 24 de enero del 2009

 

 

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