Ya sé, ya sé que no está de moda hablar de la muerte, de modo que lo pondremos de forma más dulce: imaginemos que nos da un arreebato súbito y abandonamos todo para ir a una isla lejana. ¿Qué nos gustaría que hicieran con nuestras cosas? Bueno: para eso están los testamentos y las leyes. pero habría que pensar también en nuestras propiedades digitales, que para un ciudadano de hoy pueden ser muy copiosas: correspondencia, documentación, blogs, páginas web...
Puede no estar de más, como cortesía para nuestros allegados (y tranquilidad para nosotros mismos) preparar un sencillo
Testamento digital. En el enlace anterior figura un modelo simple, que cualquiera puede copiar y adaptar a sus necesidades.
Deje por escrito sus últimas voluntades digitales
Precisamente mientras preparaba este post me ha llegado noticia (gracias, Ana) de los intentos hechos por los
familiares de un suicida:
¿Sería ético o no crackear las contraseñas del ordenador, el correo y los servicios de Internet que usaba un joven familiar que se ha suicidado, para intentar encontrar una explicación al respecto, a raíz de que no dejó ningún tipo de nota explicatoria?
Bueno: si alguien dejara sus cosas en orden, es más probable que esto no tuviera que ocurrir.
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