Beer Celona

05 febrero 2018 13:13

Ya en el 2008 recogimos el término Beercelona en un cómic que protestaba por la presencia de hinchas de fútbol ingleses, borrachos y belicosos:

Desde entonces, y con el auge de las cervezas artesanas, parece que la marca Beer Celona se ha convertido en algo positivo (véase el caso que abre este post, con esta fuente; y el de debajo, que viene de aquí):

 

Son embargo, aún se detecta alguna conexión etílico futbolística, como en esta pegatina:

 

 

(En el 2007 empezamos una sección, Las metamorfosis de Barcelona, para ir explorando juegos y variaciones con el nombre de la ciudad, metamorfosis que suelen expresar críticas a determinados aspectos de su vida. A partir del 2010 incluimos los nuevos hallazgos en este blog, con la etiqueta Metamorfosis).

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La intervención hostil que se transformó en librería

03 febrero 2018 17:17

En Barcelona (como en otras muchas ciudades españolas y de otros lugares) proliferan los medios para desalojar a los mendigos y gente sin techo de los edificios y lugares públicos. Es una batalla constante, en la que hay escaramuzas en ambas direcciones. Lo que sigue es una historia que se ha desarrollado a lo largo de tres años en el Paseo de Sant Gervasi de Barcelona.

Érase una vez una institución bancaria, situada en una calle concurrida. Quiso el azar, o la inexperiencia del arquitecto que diseñó el local, que un gran ventanal de la fachada tuviera una zona hundida, lo que dejaba un zócalo ancho y de pocos centímetros de altura, adecuadamente protegido por un tejadillo del mismo marco. Como suele ocurrir en esos casos, este entrante permitía a las personas necesitadas encontrar un refugio donde dormir, pedir limosna, o ambas cosas al tiempo. (perdón por la calidad de algunas de estas fotos, pero fueron sacadas al paso, con mala luz, y sin saber que un día contarían una historia).

El zócalo fue pronto ocupado por un mendigo, que lo hizo suyo y en el que se instalaba día tras día. Normalmente estaba durmiendo, cubierto con alguna ropa, con el vasito para monedas al lado, aunque a veces se sentaba en el pequeño escalón y pedía a los transeúntes. Pero en un momento dado complementó la mendicidad con la venta de libros, que exponía a su lado.

No es infrecuente ver a gente pobre vendiendo libros por las calles de la ciudad. A veces parecen simples recolecciones azarosas, procedentes quizás de la basura, pero otras veces da la impresión, mucho más triste, de que estas personas están poco a poco poniendo a la venta sus propios libros. Y éste era el caso del ocupante del ventanal bancario…

(Por cierto: la coexistencia de los locales de los bancos, con sus alegres mensajes y su representación de familias felices, y las personas sin techo que suelen utilizarlos para vivir da lugar a imágenes escalofriantes, de las que volveremos a hablar…).

Se ha dado en llamar “arquitectura hostil” a la que intenta impedir el uso y la ocupación de espacios por parte de los menos favorecidos. De ella forman parte los bancos con divisiones metálicas que impiden tumbarse sobre ellos, los asientos públicos individuales y separados, o los pinchos en zonas que invitan a sentarse. Pronto alcanzaría al local de Sant Gervasi: un día aparecieron en el zócalo unos arcos de metal, dispuestos con ciertas pretensiones de ornamentación, pero que en la práctica impedían que nadie se tumbara en la zona:

El usuario del zócalo ya no pudo dormir en él, pero al menos se las ingenió para poder seguir sentándose, gracias a un dispositivo de cartones que le protegían de los arcos de metal:

Y en cuanto a su actividad comercial, tampoco sufrió, sino que más bien se vio beneficiada por la reutilización de los elementos hostiles como soporte para los libros (véase detalle, un tanto borroso):

Con lo que la “librería” callejera quedó mucho mejor dispuesta de lo que estaba antes de la intervención hostil.

Durante muchos días, el ingenioso ocupante continuó instalando su puesto con la ayuda involuntaria de los arcos metálicos. Hasta que, una mañana, no volvió más.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado…

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Barce Lona

25 septiembre 2017 10:10

“Barce Lona“, toldo sobre lienzo. Obra del artista Juan Ignacio Zoido.

Fuente

(En una sección empezada hace más de tres años, Las metamorfosis de Barcelona, hemos ido explorando juegos y variaciones con el nombre de nuestra ciudad. Estas metamorfosis suelen expresar críticas a determinados aspectos de su vida.)

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Bedcelona

25 mayo 2014 16:16

Poco a poco incluso el nombre de la ciudad está siendo invadido (véanse las recopiladas en la sección Las metamorfosis de Barcelona y en este mismo blog, haciendo clic en Metamorfosis en la columna Temas, a la izquierda).

En este nuevo caso, una empresa de alojamiento, claramente al servicio del turismo, usurpa de nuevo el nombre.

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Con la primavera

29 mayo 2012 17:17

Nuevas bandadas de turistas ocupan nuestras calles. ¿Por sus propias fuerzas? ¡No! Van montados, como de costumbre,  en todo tipo de aparatos, como estos patinetes a motor con los que se pasean por las estrechas calles del Barrio Gótico, sorteando a sus habitantes.

Y, puestos a dar el galardón a la iniciativa más estupida, creo que se la merece el bicibar:

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Los restos de las barracas del Turó de la Rovira

26 marzo 2012 17:17

El sábado pasado me deparó una buena sorpresa. Acudí a la presentación del libro Barraquisme, la ciutat (im)possible, de Pas a Pas-Equip d’estudi barraques de Barcelona, en la fenomenal biblioteca El Carmel–Juan Marsé. Acabado el acto, había un paseo hasta el Turó de la Rovira, conducidos por uno de los antiguos habitantes del asentamiento de barracas, Paco (siento no recordar su apellido).

En el Turo (o cerro) de la Rovira hubo durante a Guerra Civil unas baterías antiaéreas. Pero desde los años cuarenta, los alrededores e incluso las bases de hormigón de las baterías se utilizaron para edificar barracas o chabolas, que duraron hasta 1990, cuando las movilizaciones de sus habitantes les procuraron pisos.

Hace pocos años, el espacio se recuperó como lugar de “memoria histórica”, y las barracas se echaron abajo (puede verse aquí un documental de TV3 sobre el hecho). Ahora quedan sólo algunos restos de los pavimentos de esos asentamientos autoconstruidos.

Y pienso que sería una pena que estos restos se perdieran, en una idea errónea de que “lo valioso” son los restos de la guerra. Estos se levantan a su vez sobre un antiguo poblado ibero, y así sucesivamente. La historia es eso: edificar sobre lo destruido. Sería una pena que desenterráramos con cuidado los restos de barracas de hace pocos siglos y destruyéramos los actuales.

Bienvenidas sean las memorias históricas, pero estos pavimentos que delimitan las antiguas habitaciones, unidas a la historia oral de sus habitantes, y a publicaciones como Barraquisme, permiten reconstruir las duras condiciones en la que vivían trabajadores apiñados con sus familias.

La imagen superior muestra uno de los habitáculos de la plataforma de tiro, que, techada y acondicionada como se pudo, albergó a una familia de cinco miembros.

La zona está en proceso de gentrificación, y el futuro Parque de los tres turós se delimita como una zona de paso y deporte, ayudada por las magníficas vistas. Pero todo ello debería hacerse sin amenazar las casas existentes y sin borrar los restos de la historia reciente de quienes contribuyeron a hacer nuestra ciudad.

 


Ver La destrucción de Barcelona en un mapa mayor

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Barnawood

01 marzo 2012 11:11

Desde principios del 2007 estamos siguiendo  variantes juguetonas del nombre de nuestra ciudad (véanse las recopiladas en la sección Las metamorfosis de Barcelona y en este mismo blog, haciendo clic en Metamorfosis en la columna Temas de la izquierda).

El caso que hoy presentamos, de Victor Enrich, presenta un juego doble: el nombre de Barcelona aparece trasliterado al ruso, y además adopta la forma de las famosas letras que exhiben el nombre de la ciudad de Hollywood. Como explica su autor:

Barnawood Barcelona 2011 - A fast exercise that tries to explain the process of transformation that my home town, Barcelona, is suffering in the last years in terms of low class tourism.

Por cierto: los ejercicios de trasformación arquitectónica que presenta Victor Enrich en el artículo de donde proviene esta imagen son muy curiosos.

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El fin de la calle Wellington

25 enero 2012 18:18

Era una calle singular, y aquí tengo que hablar en pasado. De un lado estaban las tapias del zoo y Parque de la Ciudadela, y del otro una serie de curiosos bloques decimonónicos. Más tarde me enteré de que se trataba de casas de militares, erigidas en 1886. La verdad es que se tenía la sensación de estar en otra ciudad, incluyendo la presencia del tranvía, ese eficaz medio de transporte urbano que en Barcelona es una mera decoración.

Ls casas eran edificios singulares: con una fachada patricia hacia el exterior y unas curiosas galerías de hierro en la parte interior.

Como corresponde a su extracción castrense, la decoración metálica jugaba con motivos militares: las consabidas puntas de lanza o pica, las fasces,

y unos curiosos remates con un casco a lo Jaume I:

En suma: una excelente obra de las muchas a las que los artesanos de hierro de Barcelona nos acostumbraron a lo largo del tiempo.

Pues bien: el resto se puede imaginar, y lo cuenta Blanca Cia en El País: la Universidad Pompeu Fabra ya derruido varios de estos bloques, y la caída del que queda es inminente, cuando desaparezcan las últimas viudas de militares que aún los habitan. Las rejas y motivos férreos habrán ido a parar a algún museo (es una broma). Ni que decir tiene que los edificios que la universidad está construyendo en el campus son una muestra del horror contemporáneo teñido de tics de disseny, pero bueno: peor habría sido, quizás, que conservaran, como suelen, el caparazón

Esta es la imagen de la calle en la actualidad, que aparece en el mencionado reportaje:

En fin: requiem por una calle excepcional.

 


Ver La destrucción de Barcelona en un mapa más grande

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Vehículos informales en Barcelona

16 enero 2012 11:11

La subida del precio del metal, unida a la crisis económica, ha aumentado notablemente el número de personas que recuperan materiales de los contenedores de basura.

Para acumular y desplazar su botín diario se valen de transportes adaptados: vehículos de dos o cuatro ruedas, de empuje o tracción, que en una vida anterior tenían funciones diferentes: carros de supermercado, cochechitos de niño, carritos de la compra, maletas… Algunos llevan mochila: aspiran a poco.

Al reportaje completo.

(Pido excusas por repetir este post en dos blogs del sitio)

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La plaza que, además, te rompía el metatarsiano

07 enero 2012 18:18

He esperado dos meses justos, para escribir con ecuanimidad. Además de horrenda en lo arquitectónico y en lo moral, la plaza de Lesseps es una trampa para peatones. Su pavimento desigual contiene escalones sesgados y progresivos que, aliados con lluvia (o la oscuridad) pueden destrozarte un pie.

Cuando me preguntaban en urgencias: “¿Y cómo se lo ha hecho?”, y yo les contestaba con el nombre de la infame plaza, me respondían con un murmullo comprensivo: “Ya… Otro…”.