Peret y los gitanos de Sant Antoni

06 noviembre 2011 15:15

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Estoy leyendo el libro de Juan Puchades Peret. Biografía íntima de la rumba catalana, que en estos días acaba de publicar la editorial GlobalRhythm, y me ha sorprendido descubrir muchas cosas que yo ignoraba sobre los gitanos catalanes que vivían en las inmediaciones del mercado de Sant Antoni. De ellos salió la figura de Peret, que este libro retrata de manera tan completa.

Como ocurría también en el barrio de Gracia, los gitanos barceloneses eran bilingües. En esa mina que es Youtube (mina, claro está, por las joyas que miles de usuarios van sembrando en su interior) he descubierto esta canción en catalán que Peret dedica a su padre, apodado Mig Amic, porque como vendedor de cortes de traje, era amigo de muchos… hasta que había que hacer negocio. Pero veamos estos párrafos dedicados a sus antecedentes familiares:

El abuelo paterno , Pedro Pubill Escudero, conocido como «Rullat», se casó con Consuelo Pubill, que poco antes había quedado viuda y madre de un hijo, Paquito. En Reus nació el primer vástago del matrimonio, Manuel, a quien todos, nadie supo nunca muy bien por qué, llamaban Emilio (y así lo citaremos aquí). Tan Emilio se consideraba que solo tuvo conocimiento de su nombre real cuando lo convocaron para cumplir el servicio militar.

Emilio, al que más tarde se conocerá con el apodo de «Mig Amic» [medio amigo, o amigo a medias], en lugar de continuar la profesión paterna, comenzó a vender, puerta a puerta, piezas de tela con las que confeccionar trajes y vestidos, oficio, el de la venta ambulante, que era una de las pocas salidas laborales para lo gitanos.

Y así le cantó…

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Ver La destrucción de Barcelona en un mapa más grande

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Drakcelona

10 septiembre 2011 13:13

Desde principios del 2007 estamos siguiendo  variantes juguetonas del nombre de nuestra ciudad. Aunque por lo general representan aspectos críticos (véanse las recopiladas en la sección Las metamorfosis de Barcelona y en este mismo blog), he aquí uno positivo, que destaca una de las riquezas de Barcelona.

Se trata de Drakcelona. Barcelona, ciutat de dracs, de Josep Martínez, en Arola Editors, recopilación fotográfica de la presencia de dragones en emblemas, edificios, etc. (Me enteré de la existencia de esta obra por el blog Diari d’un llibre vell). La obra contiene, cuentan, quinientas imágenes de dragones repartidos por la ciudad. Por cierto: como aún no he visto el libro no sé si incluye el dragon como fuerza motriz de las forjas del Guinardó, de las que ya hablamos.

Para terminar sólo añadiré que la cubierta a su vez expone otra de las metamorofosis que nos son gratas: la de una letra en una imagen (o viceversa).

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Ventanas fingidas

27 mayo 2010 22:22

Muchas casas de la parte antigua de Barcelona (ya sea en el Raval, el Ensanche, Sant Pere…) presentan ventanas o balcones pintados, allá donde no hay un abertura en la fachada y por el ritmo de los vanos debería haberla.

Nadie les hace ni caso, y se van desvaneciendo. Si la finca se rehabilita, sencillamente se cubren de pintura plana. Si está abandonada, como es lo normal, se van deteriorando poco a poco…

Pero esos bonitos frescos naif son parte de nuestra ciudad y nuestro pasado, y merecen pervivir.

[Disculpen que también esté posteado en el blog de Novedades]

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Más mirar al cielo

06 diciembre 2009 19:19

Hace pocos meses publiqué un primer conjunto de fotografías sobre los soportes de poleas que llenan los cielos de Barcelona. (Por cierto: he preguntado por ahí, incluso a profesionales, y no aparece por ningún lado el nombre que puedan tener estos elementos).

Ahora he añadido un grupo más, recolectados en el barrio de Gràcia. La verdad es que la variedad de formas y decoraciones es asombrosa…

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Mirando al cielo

13 octubre 2009 22:22

Barcelona tiene una riqueza excepcional de detalles arquitectónicos, minucias, podríamos decir: están los esgrafiados de las fachadas, los artesonados de muchos portales, una abundancia de molduras y rejería… y las poleas.

Ignoro el nombre exacto (en castellano o en catalán) de estos soportes situados encima del último piso, sobre todo en casas del XIX y primera mitad del XX, que tenían por objeto sujetar una polea destinada a la subida y bajada de muebles y enseres.

Pero desde que descubrí su existencia, paseando por la calle mientras miraba al cielo, aun a riesgo de coger una tortícolis o torcerme un pie, no he parado de asombrarme de su riqueza y su variedad. He hecho una pequeña recopilación de treinta casos, que presento en la sección vecina Para la vista. La he titulado Brotes de los altos.

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