El Lucanor dudoso

16 diciembre 2009 10:00


El Conde Lucanor en la Bbilioteca Virtual Cervantes

Leo un artículo sobre La ciudad digital de Julio Ortega, con quien suelo estar de acuerdo. Pero dice:

Cualquiera que haya buscado los relatos del Conde Lucanor en la Red, sabe que aparecerán veinte versiones dudosas.
Busco por título en el ISBN (base de datos de libros editados) español. Me salen varios lucanores de editoriales muy conocidas, y luego otros de los siguientes sellos:
Vosgos, Editorial Aguaclara, Círculo de Amigos de la Historia, Editorial Mediterráneo-Agedime, S. A. de Promoción y Ediciones, Cooperación Editorial, Ediciones Nobel, Editorial Órbigo, Editorial Pliegos, Compañía Europea de Comunicación e Información, Nuevas Ediciones de Bolsillo, Linkgua Ediciones, Almadraba Editorial, Ediciones Auriga, Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Empresarios del Comercio del Libro, Club Internacional de Libro División Coleccionables, Edimat Libros, Ediciones Tárraco, Hijos de José Bosch, Edicomunicación, Ediciones Distribuciones Fraile, International Book Creation, M.E. Editores, Nueva Generación Editores, Libros Raros y Antiguos, Perea Ediciones, Editorial Casals y Editora Distribuidora Maves.
Me pregunto: ¿cuántas ediciones dudosas habrá entre ellas?

Etiquetas: , ,

7 Comentarios:

Blogger Valentín Pérez dijo...

Creo que Julio Ortega se refería en realidad a ediciones digitales, es decir, que no le da seguridad la validez de un texto digital de una obra como la del Conde Lucanor. Pero precisamente esa inseguridad viene motivida porque sean ediciones de procedencia indefinida, en el momento en que las editoriales digitalicen sus ediciones, la seguridad será la misma que en papel (salvo en el caso de ediciones pirata, pero eso también pasa en papel, pues las ediciones pirata en papel que se mueven sobre todo por Hispanoamérica pueden dar la misma inseguridad que las digitales)

16 diciembre, 2009 11:46  
Anonymous Mario dijo...

Bajo la cauta exposición de Millán veo una cuestión realmente importante: ¿qué calidad tienen muchas de las ediciones en papel? Quién responde de ellas? De un Lucanor en Castalia o en Crítica puedo estar razonablemente seguro, pero, ¿de uno de la editorial XX? La inseguridad no es patrimonio exclusivo de las obras on line.

16 diciembre, 2009 12:19  
Blogger Valentín Pérez dijo...

Claro, pero en el caso de obras medievales o del siglo de oro, la seguridad no siempre te la va a dar una editorial (digital o impresa) sino un editor que fije el texto con criterios filológicos, cosa que, efectivamente, no siempre se cumple ni en papel ni en digital. Más bien, el problema está en la desconfianza de lo digital, es decir, cómo sé que una obra de José Luis San Pedro por ejemplo respeta el original del autor. Es decir, que lo que planteaba Julio Ortega es que el papel parece que da más seguridad en ese sentido. ¿por qué? Si una editorial realiza una edición digital, la garantía debería ser la misma que el de una edición en papel... otra cosa es que un señor escanee en su casa una obra y le pase un OCR y el resultado no sea 100% fiable... Por eso, al contrario que en otros sectores, el sector editorial siempre podrá ofrecer algo más de garantía cuando ofrezca sus textos en formato digital frente a versiones de dudosa procedencia. Eso sin hablar del tema de los formatos, pues la editorial podrá ofrecer el texto en diferentes formatos (mobipocket, Epub, etc) que garanticen una visualización de formato (pues no solo en contenido es importante) en diferentes dispositivos que permitan una lectura agradable. ¿cuántos textos circulan por ahí que en un lector electrónico aparecen cortadados por las notas al pie, por los titulos y nombre del autor en cada página, etc. es decir que los editores podrán cuidad -como hacen en papel- la garantía del contenido y la calidad de la visualización que permitan una lectura fiel y agradable. Otra cosa es que siempre lo quieran hacer... como sucede también en papel, por otra parte porque ediciones desastrosas las hemos visto tods.

16 diciembre, 2009 13:13  
Blogger Jaime dijo...

Estoy de acuerdo en que es un problema de ediciones y fuentes. Si la versión digital está avalada por el trabajo de un filólogo o un equipo no veo porqué deba ser más dudosa.

De todos modos, el texto, aunque trate de ser bienintencionado, es confuso. Como en esta ¿observación?

"La lectura de un texto impreso supone la luz de la atención. La del Internet, la luz eléctrica."

Creo que debajo de esta idea late la estigmatización de la lectura digital como de inferior calidad a la lectura sobre papel. Y está claro que la luz de la atención hay que mantenerla para leer en un hoja o en una pantalla, independientemente de si el soporta cambia nuestra "forma" de leer. Y para leer en papel está claro que necesitas que sea de día o encender una lámpara al enchufe.

16 diciembre, 2009 17:59  
Anonymous Gorki dijo...

Calculo yo que cualquier versión digital procede del "escaneado" de un libro físico.
Se darám los errores derivados de la aplicación del OCR, si se transforma a texto plano, o sea no se deja como imagen, como ocurre en los PDF.

Pero excluyendo esos errores, la calidad del texto digital será absolutamente la misma, que la del libro del que partió.

Se supone, que una difitalizacion hecha por la Biblioteca Nacional o por la Cervantes, parte de libros de calidad, mientras la hecha por un particular de un libro de su biblioteca y por lo tanto no está garantizada. Aunque. vaya Vd a saber, cual es peor, dada la cutre política de digitalizacion que llevan a cabo las a entidades públicas.

16 diciembre, 2009 23:38  
Anonymous Solitairus dijo...

Creo que a lo que apunta, demasiado elípticamente, Julio Ortega en la concreta frase que destaca JAM no es tanto a la superioridad abstracta de las ediciones impresas sobre las digitales, sino a que es mucho más fácil discriminar, casi a primera vista y por un lector no especializado, la calidad de las primeras que de las segundas.

Un comentarista anterior ha apuntado certeramente que hay editoriales cuyo solo sello ya garantiza una por lo menos correcta edición de los textos clásicos que publican; de modo que es muy fácil, por ejemplo, que un profesor de secundaria recomiende a sus alumnos una de esas ediciones; pero si el alumno acude a leer el texto en Internet, la enorme pluralidad de versiones disponibles simultáneamente (me pregunto cuantas de las ediciones de El Conde Lucanor que figuran en el ISBN están realmente disponibles en el mercado) y la difícil rastreabilidad de su origen imposibilita que ese profesor pueda tener la garantía de que el alumno no ha usado un texto corrupto, incompleto o adulterado.

Por ejemplo, las dos primeras ediciones en línea que me han aparecido de la obra que da pie al comentario, sin querer hacer una búsqueda exhaustiva, se presentan huérfanas de la menor indicación de su responsable, de sus criterios filológicos, ecdóticos y críticos ni del texto que se ha tomado como fuente (esto último seguramente, por razones de propiedad intelectual: El Conde Lucanor está en el dominio público; sus ediciones revisadas, no). Sólo rastreando la dirección de las páginas he podido averiguar que una de esas ediciones está colgada en la Red por un escritor puertorriqueño cuya preparación y competencia filológica desconozco (por mas que sea doctor en Literatura Comparada), y la otra por quien parece ser profesor de la Universidad de Ottawa (y digo parece, porque la dirección URL es sumamente críptica). ¿Me puedo fiar de la integridad y fidelidad de esas ediciones? Y eso porque me he molestado en intentar averiguar su origen, cosa que seguramente no haría un escolar adolescente, que podría encontrarse, sin que se lo avisaran, con una edición compendiada o actualizada, tipo las inefables "Selecciones del Reader's Digest", o simplemente con un bodrio mal digitalizado de una descuidada edición impresa en encuadernación de lujo, de esas que solo se publican para cubrir hueco en estanterías.

Claro que hay ediciones en línea que también son de fiar por el prestigio de su origen, como las del CVC, o Proyecto Gutemberg, que son las que el profesor de secundaria de mi ejemplo debería recomendar a sus alumnos; pero como no son objetos físicos que se puedan llevar a clase, es difícil que pudiera comprobar si se había seguido su recomendación o se había leído un resumen de "El Rincón del Vago" (cosa que mi hijo ha hecho alguna vez, para mi vergüenza). Los libros digitalizados en red tipo Google books son campo aparte, pero los problemas de derechos de autor los hacen bastante inútiles a estos efectos.

Vaya, que Julio Ortega no apuntaba, creo, a la polémica libro impreso-libro digital sino a los peligros o inconvenientes de la Red, que en definitiva todos los que seguimos este blog conocemos y mejor que peor podemos sortear, pero no así usuarios más desprevenidos; sobre todo, porque como ya he dicho alguna vez, hoy el fetichismo de Internet ha sustituido al de la letra impresa.

17 diciembre, 2009 17:48  
Anonymous Gorki dijo...

Yo con una edad que no recuerdo, pero que no llegaba a los 14 años, leí el Conde de Lucanor en una edición de Aguilar en tela de color blanco con dorados, que quizá se hizo para llenar librerías, y me pareció divertidísima.

No lo hice porque me lo mandaran en el colegio, sino porque estaba en la librería de mi padre y por aquel entonces, (años 55), no había muchas distracciones para un chico sin hermanos varones aparte de leer.

¿Tiene importancia si el texto era el más perfecto filológicamente hablando o no?, A mí en todo caso me pareció muy ingenioso.

Tanto purismo literario me parece exagerado, yo he leído mucha literatura clásica La Odisea, Shakespeare, Molier, Lope de Vega, los novelistas del XIX etc y nunca me he preguntado si la versión era correcta o no y no creo haberme deformado por ello.

19 diciembre, 2009 03:51  

Publicar un comentario en la entrada

<< Home