Día del Libro: al otro lado del espejo

22 abril 2008 22:08


Es un placer celebrar un año más el Día del Libro. Esta vez lo veremos desde el otro lado del espejo, allí donde en vez de los lomos y las cubiertas de colores asoman los cantos uniformes de las hojas.

Desde ese otro lado, uno, aun congratulándose de que en Cataluña (y cada vez en más lugares) ese día se acostumbre comprar un libro, lamenta que de hecho lo que se compre sea el libro. Las ventas del día de Sant Jordi constituyen en muchas librerías el 10% de la facturación anual.

Desde el otro lado del espejo se percibe también una ausencia: la de los documentos que están detras de los libros. Los archivos de las editoriales van a parar por lo general al vertedero (no en todos los países), y las bibliotecas de los escritores se dispersan (no todas, por suerte). El editor Jorge Herralde lo acaba de decir:
Durante su conferencia, en la que ha aseverado que Barcelona, a pesar de todo, continúa siendo 'con enorme diferencia' la capital cultural de la edición literaria en castellano, Jorge Herralde ha hecho especial hincapié en que las administraciones trabajen para conservar los archivos de escritores que fallecen o de editoriales que cierran.

En este sentido, ha subrayado que hace unos días mantuvo una conversación en el mismo sentido con la agente literaria Carmen Balcells, quien había iniciado negociaciones para que se conservaran algunos de estos archivos en algún lugar importante de la ciudad, aunque 'ahora el proceso se ha encallado'.

Herralde cree que 'sería interesante que los responsables culturales del Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona y la Generalitat reflexionasen sobre ello para que el capital cultural que tiene Barcelona no se pierda y vaya al trapero o a universidades norteamericanas'.
¿De dónde procedía la imagen al otro lado del espejo que ha abierto este post? Pues de la que será, cogiendo el relevo de Bogotá, la Capital Mundial del libro todo un año a partir de hoy: Amsterdam.


¿Qué mejor alegoría del Día, del Año y, ya puestos, del Siglo del Libro que esta casa flotante en un canal de Amsterdam con las ventanas tapadas (¿o abiertas?) por los libros? Le deseamos, desde aquí, una fortuita rotura de amarras y un viaje triunfante hasta el mar.

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Conservar o destruir

30 marzo 2008 23:12

Con este título escribe Javier Marías en el El País Semanal de hoy un artículo sobre una cuestión que se suscita con frecuencia: ¿debe publicarse la correspondencia privada de los autores, por más luz que arroje sobre su obra?

Nada que objetar al debate, que dista mucho de estar resuelto, pero ¿a qué vienen estas frases?:
Hoy proliferan las anécdotas apócrifas sobre los escritores vivos y muertos, y poco de lo que se encuentra en Internet [de anécdotas sobre escritores vivos o muertos, supongo] es fiable. Cualquier "bloguero" idiota o megalómano cuenta lo que le viene en gana, y la falacia ya no hay quien la pare.
Hummmm... Si Marías lo dice... Aunque con las mismas pruebas (o el mismo despliegue de facultad opinativa) también podríamos escribir:
Hoy proliferan las anécdotas apócrifas sobre los escritores vivos y muertos, y poco de lo que se encuentra en librerías, bibliotecas y hemerotecas es fiable. Cualquier "escribidor" idiota o megalómano publica lo que le viene en gana, y la falacia ya no hay quien la pare.
Por ejemplo.

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Los cajones del escritor (digital)

28 marzo 2008 09:50


Estoy en el proceso de promoción de un nuevo libro (como quizás algunos lectores hayan notado), y en medio de él he tenido ocasión de reflexionar sobre lo que podríamos llamar "la huella digital de los libros en papel". Tengo por costumbre concentrar en un directorio los elementos relacionados con cada libro en el que estoy trabajando (y, si la cosa se complica mucho, creo subdirectorios dentro de él). Pues bien: me he dado cuenta de que su contenido sigue pautas muy similares casi en cada libro que he hecho.

Los primeros archivos (cronológicamente hablando) son la propuesta que he enviado al editor y a mi agente: un libro con este título provisional, de tal extensión, para tal público... En esta fase suelo tener ya un documento Notas.doc donde voy acumulado de forma desordenada ideas, referencias y demás. Puedo tener también un borrador del contrato, que me ha pasado mi agente.

En la siguiente fase ya aparecen borradores de la obra, que voy rotulando con números correlativos (en este caso Manual de urbanidad 1.doc, Manual de urbanidad 2.doc, etc.). Sí, podría trabajar en un solo documento, pero entonces correría el riesgo de no poder encontrar fragmentos o ideas que había descartado en estadios anteriores..

En un momento dado (el borrador 6, o el 12, depende de la obra), empiezo a mandarla a los amigos y parientes que hacen de protolectores, o sea: conejillos de indias. Rotulo con su nombre los envíos, lo que luego me sirve para no olvidarme a nadie en los agradecimientos.

Aparecen a continuación sus respuestas: algunos me devuelven mi original en Word comentado y otros reúnen en un email las cosas principales. Y por fin genero el Manual de urbanidad OK.doc, que es el que mando a mi agente a y a mi editor. Por fortuna (porque mis editores suelen ser puntillosos), me mandan nuevas sugerencias, y estas constituyen un nuevo archivo, por ejemplo: Manual de urbanidad OK tras editor.doc.

Bien, bien: ya estamos en camino. Aparecen entonces PDFs de las pruebas, que leo y contesto, y luego mi documento con el índice de conceptos (mientras pueda, prefiero hacerlo yo). Hay luego otro archivo con mis sugerencias para textos de contraportada y solapas, y por último uno titulado Envíos para prensa.doc: la lista de críticos y personas a quien enviárselo.

El conjunto de documentos que he ido generando en el proceso de escritura, junto con el correo electrónico relacionado y algunos otros elementos (como marcadores de sitios web, y páginas guardadas en mi disco duro, si ha habido un trabajo de investigación), son realmente la radiografía del proceso de creación autorial y del trabajo editorial.

Estos archivos digitales deberían tener un lugar donde custodiarse, igual que hay archivos a donde van a parar los papelotes de los escritores de antaño. Si no, se corre el riesgo de que cuando se quiera revisar esta época, falten los documentos que mejor podrían explicarla. Y no lo digo por mí, sino por los muchos escritores e investigadores de valía que en España y en Latinoamérica hoy trabajan, sobre todo, en soporte digital.

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La huella de lo visto

22 noviembre 2007 21:38

¿Qué he leído en los últimos tiempos? Con un poco de suerte, puedo reconstruir los libros, revistas y periódicos, fotocopias y separatas que han pasado por mis manos, pero en lo que respecta al ciberespacio, lo tengo mucho mejor...

El "Historial Web" de iGoogle presenta la relación de todas las páginas web visitadas, búsquedas hechas, documentos a los que se ha accedido y marcadores (o favoritos) que se han fijado. Todo ello siempre que se trabaje en el contexto de la barra Google.

El sistema permite además buscar dentro de nuestro propio historial de búsquedas, en una función recursiva que puede resultar muy útil. Y además están las estadísticas...

Permitirán que me coja a mí mismo como ejemplo: arriba está el historial de mis actividades Web de este mes. Pasemos por alto momentáneamente el bugazo de que los días de la semana se designen con unas iniciales bizarras... Mis actos Web tienen un blanco los días 1, 2 y 3 de este mes (creo que estuve de puente), y se reparten entre todos los demás (exceptuando del 23 al 30, que aún no han llegado...). No hay día sin que busque, encuentre o marque algo, pero en estos últimos tres días hay un pico de actividad: la razón es que he estado escribiendo un artículo, que me ha costado cierto esfuerzo de documentación; de ahí las más de 76 páginas vistas o búsquedas realizadas. Por supuesto, no pretenderé que he leído todos los elementos a los que he accedido: algunos simplemente los he consultado, otros los he leído en diagonal, en algunos he hecho búsquedas en su texto, otros eran libros enteros en la Web (y me he limitado a descargarlos), y algunos (artículos, entradas de blog) sí que los he leído íntegramente.

Esta utilidad me da acceso mediante enlaces a todos mi recorridos anteriores: es una mezcla de los favoritos, del historial de búsquedas y de la relación de páginas visitadas. Tiene (por fortuna, porque nadie está exento de un búsqueda culposa) la posibilidad de borrar alguna de las acciones realizadas. Es una herramienta fabulosa, y la punta de lanza de otras que convertirán nuestro propio recorrido por Web en fuente de documentación...

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Guardando la WWW

16 noviembre 2007 10:37


Archive-It es un proyecto del bien conocido Internet Archive, que colabora con instituciones para que éstas decidan qué sitios web archivar. Como es sabido, el Internet Archive recolecta webs según ciertas pautas (el azar, o la propuesta de sus gestores), a las que luego se puede acceder mediante la WayBackMachine. Archive-It hace acuerdos con instituciones para que éstas archiven por sí mismas no sólo sus propios materiales, sino también los materiales ajenos que consideren valiosos (en principio, cualquier página web que no tenga una indicación robot.txt para que no sea recolectado por los buscadores se puede archivar).

Las recolecciones de las distintas instituciones pueden constituir colecciones diferenciadas. Por ejemplo, la California Digital Library ha archivado varias decenas de webs (desde oficiales hasta blogs) relacionadas con los recientes fuegos de California.

Las instituciones que colaboran con Archive-It pueden también encargar recolecciones específicas. Por ejemplo, la Library of Congress ha pedido a la Electronic Literature Organization (fundada, entre otros por el novelista Robert Coover, y que se ocupa de expresiones literarias que no serían posibles fuera del medio digital) que reúna una muestra de 300 sitios web que contengan o recopilen este tipo de obras (cuenta if:book).

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Libros escolares históricos

11 septiembre 2007 17:10


Una de las muchas cosas que estoy sacando de la asistencia a Litterae X: conocer el proyecto MANES de recopilación y puesta en la red de manuales escolares españoles, portugueses y latinoamericanos de los siglos XIX y XX.



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El archivo de A. A. Knopf

09 septiembre 2007 09:04

1526 cajas constituyen el archivo de la editorial norteamericana Alfred A. Knopf entre 1873 y 1996, que custodia el Harry Ransom Humanities Research Center de la Universidad de Texas en Austin.

Entre otras joyas de la historia cultural e intelectual del periodo, están los informes y las cartas de rechazo de originales, sobre las que hace un reportaje David Oshinsky en el New York Times; "No, thanks, Mr. Nabokov". Por ejemplo, el informe que calificaba de
aburrido registro de típicas minucias familiares, molestias triviales y emociones adolescentes
al Diario de Ana Frank (rechazado por otros 15 editores antes de su publicación en Estados Unidos, todo hay que decirlo). No se libran de juicios de este estilo Jorge Luis Borges (“completamente intraducible”), Isaac Bashevis Singer (“Otra vez Polonia y judíos ricos”), Jack Kerouac (“Su prosa frenética y mezclada expresa perfectamente los viajes enfebrecidos de la Beat Generation. Pero, ¿es eso suficiente? Creo que no”) y la Lolita de Vladimir Nabokov.

Es fácil escandalizarse por estos rechazos, vistos en el pasado, pero el negocio editorial tiene esos riesgos, aunque nuestro rechazo más famoso, el de Cien años de soledad, parece ser sólo un bulo.

Lo que es realmente escadaloso es que esta posteridad de investigación sobre un sello editorial (y por tanto, sobre la cultura de la época en la que tuvo su actividad) está negado, salvo excepciones, a las editoriales españolas e hispanoamericanas, cuyos archivos están condenados (¿irremediablemente?) a ir a parar a un vertedero.

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Los "Pasajes populares" de Google Libros

08 septiembre 2007 11:50


Entre las mejoras de Google Libros que reseñé ayer pasé demasiado rápidamente por la herramienta "Pasajes populares".

Es un rasgo que presentan algunos libros (no todos), y aparece en la columna de la derecha, debajo del Índice. A partir del texto digitalizado de un libro, Google analiza la presencia de terminadas frases en otras obras de su base de datos. Así, podemos ver qué libros citan esta preciosa frase de la Exposición del Libro de Job, de Fray Luis de León:
las escrituras que por los siglos duran nunca las dicta la boca, del alma salen, adonde por muchos años las compone y examina la verdad y el cuidado.
Las obras en las que aparece esta frase pertenecen tanto a la categoría de "Vista completa" (donde se encuentran por lo general libros en el dominio público), como otros en "Vista previa restringida". El usuario puede escoger ver una u otra categoría de libros. Se encontrará también, como ocurre a veces en Google Libros cuando el propietario lo ha querido así, con casos en que el sistema informa de que la frase está en una determinada página de una determinada publicación, pero no se da acceso a ella. (Hay un pequeño bug: al lado de la página del libro se dice que esta frase está presente en 20 obras, pero al pedir el listado salen sólo 16).

¿Qué aporta esta herramienta? Su utilidad depende muy directamente de a) la cantidad de obras en español que haya en Google Libros (cifra que no se conoce); b) la calidad de estas obras; c) el arco temporal que abarquen (cuanto mayor sea éste, mejor para los resultados) y d) la calidad el OCR, es decir de la digitalización del texto. En general, permitirá discernir por un lado corrientes de pensamiento comunes: personas que citan a las mismas fuentes a lo largo del tiempo; por otro, dará acceso a la literatura erudita que ha tratado de determinado aspecto de un autor.

El blog oficial de Google da un bonito ejemplo sobre la cita de una conocida frase de Newton (en la que se considera como un niño jugando con conchitas, mientras a sus espaldas se abre el gran océano del saber), que recorre cientos de libros a lo largo de dos siglos...

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Extraño caso de cuneiforme véneto

30 agosto 2007 20:08


Errando por las calles de la bella población de Feltre, en el Véneto, mis ojos se detuvieron en unas placas de mármol que, a primera vista, daban la impresión de estar grabadas en una escritura desconocida. Era una especie de cuneiforme menudo y rabioso, que no pude identificar, ¿sería una muestra del antiguo lenguaje de la zona, el venético? Calle tras calle, casa tras casa, las lápidas emitían su ininteligible mensaje.

Por fin, la vista de un altorrelieve con el León de San Marcos destruido a martillazos me dio la clave: las tropas de Napoleón, que ocuparon la región en 1797, habían censurado las muestras de adhesión a la República de Venecia en muchos de los lugares por donde pasaron. Igual que la efigie del león alado, las inscripciones que expresaban la fidelidad de Feltre a la República habían caído bajo la piqueta. Al destruir las letras, preservando sin embargo los adornos grabados y las mismas lápidas, los anónimos censores habían manifestado la misma fe que quienes las habían trazado: que las letras esculpìdas en piedra representan la permanencia de las ideas que cobijan.

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Historia de la Editorial Joventut/Juventud

19:30

Hace poco más de un año se presentó en la Universidad de Barcelona la tesis doctoral de Mònica Baró Llambias Les edicions infantils i juvenils de l’Editorial Joventut. 1923-1969. Por fortuna, está toda disponible en el sitio de Tesis doctorals en xarxa, donde no sólo hay tesis de universidades catalanas, sino también de otros lugares de España (gracias a Silvia Senz por la noticia).

Los estudios sobre la edición contemporánea española están aún a un nivel muy inicial. El panorama es prácticamente el mismo que señalaba aquí al lado hace pocos años José Antonio Cordón. A los factores intrísecos que señala este mismo autor (falta de interés del sistema de investigación por esta materia) se unen los extrínsecos: los archivos de las editoriales suelen ir a parar al cubo de la basura. Lo comentábamos hace poco a propósito de Iréne Nèmirovsky.

Pues bien, uno de los factores que han contribuido a hacer posible esta tesis es el hecho de que el archivo de la Editorial Joventut/Juventud se ha preservado en el Arxiu Nacional de Catalunya. Todo estaba allí: desde la documentación interna de control de la edición (que en alguna ocasión ha servido para asignar autoría a obras anónimas), hasta materiales publicitarios y promocionales (los catálogos que aparecen en la ilustración superior), pasando por correspondencia con autores, agentes, editores... En fin: toda la compleja actividad que supone la creación y el mantenimiento de una línea editorial.

La tesis contiene datos apasionantes tanto para los estudiosos de la edición en general como para quienes están interesados en la literatura infantil y juvenil. ¿Habrá que repetir una vez más el valor que tiene la difusión digital de estas obras de investigación?

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Depósito Legal Digital

28 agosto 2007 10:28

Antes de su (poco llorada) dimisión, la directora de la Biblioteca Nacional de España, Rosa Regás anunció que preparaba una ley de Deposito Legal "para introducir y actualizar todo lo relacionado con la publicación electrónica y asegurar, además de la preservación nacional documental, la preservación digital".

El Depósito legal es un procedimiento, ligado a la creación de las grandes bibliotecas nacionales, mediante el cual el editor deja cierto número de ejemplares de cada publicación. De ese modo, el Estado puede preservar la producción bibliográfica. Desde hace muchos años se viene hablando de extender este procedimiento también a las obras electrónicas, que en su momento aparecieron bajo la forma de CD-ROMs, entre otras. Las cosas de la legislación van muy despacio, tanto que si ahora se contempla este depósito en la Ley llegará tarde: la inmensa mayoría de la producción electrónica ya está en la Red, y no en soportes locales.

¿Se puede preservar la Red? Probablemente sí, pero el procedimiento, más que de Depósito Legal, parece ser de recolección o harvesting de lo que hay en la Web. Es lo que hace la Biblioteca Nacional de Cataluña, por ejemplo, en su proyecto PADICAT.

Bienvenido sea cualquier procedimiento de preservación de la inmensa masa cultural y documental que se está generando en forma electrónica, pero no caigamos en la tentación de adaptar instrumentos nacidos para otro fin, y cuya pertinencia para los nuevos medios es escasa. ¿Puede jugar la Biblioteca Nacional de España un papel eficaz en la gestión de la memoria electrónica? Sí, siempre y cuando no cometa errores graves en esa tarea, responda con agilidad a las necesidades reales y reciba los medios adecuados.

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El blog que se apagó

22 agosto 2007 07:21

¿Donde van los blogs que se apagan? Como género, un blog es por definición infinito, o mejor dicho, indefinido hacia adelante: mientras las ganas y el cuerpo aguanten. No aguantó el de Pedro de Miguel, Peter.

Un post en el blog, que adivino hecho por mano ajena, contó el 12 de agosto que había fallecido en Pamplona. La verdad es que, como género periódico y muchas veces teñido de autobiografía, su blog algo había dejado traslucir: unos meses de silencio, una vuelta lenta a la publicación, y alguna confidencia, como la que contenía el post Animoterapia:
No estás del todo bien: debilidad, cansancio. Estás, vaya, hecho unos zorros. Entonces llega el optimista:

-Te veo bien.

Estás a punto de decirle que se limpie las gafas, que vaya al oculista, que tenga más pesquis, pero optas por poner tu peor cara, para infundir compasión.

-En serio, te veo mucho mejor que la semana pasada.

La semana pasada zampabas alubias, ibas al monte, leías incluso a Philip K. Dick.

-Además, hay que tirar para alante. Luchar.

No sé a qué se refiere el sano con lo de "luchar". Se imagina que la enfermedad es como un combate de boxeo: te dan pero contestas, te tumban pero al caer le pones la zancadilla al rival. A un pastillazo respondes con un palíndromo.

-Pues mira -le dices al optimista-, estoy bastante jodido, lo que pasa es que me ves con buenos (y miopes) ojos.

Y entonces viene lo que más temes: la palmada en la espalda, el codazo cómplice en los riñones, el puñetazo cariñoso en el hombro:

-Venga, chaval.

La enfermedad es una lucha contra los sanos.
Le vi una sola vez en mi vida: me antologó en un par de ocasiones, nos enviábamos nuestros libros. No hace falta ver mucho a otra persona para sentirse próxima, incluso muy próxima a ella. Cuando descubrí que había hecho un blog me alegré mucho: así tenía ocasión de leer, con la periodicidad incierta propia de esas cosas, sus escritos, mínimos y bilbaínos. Sí, porque a pesar de titularse Letras enredadas y subtitularse Nudos de literatura entre la red y el papel hablaba realmente sobre lo que le apetecía, y sobre Bilbao. Alguna vez puse comentarios en su blog, y él lo hizo en el mío, y, cuando venía a cuento, nos citábamos: en fin, la típica relación entre dos escritores de la red.

Se acabó, pues. ¿Dónde van los blogs que se apagan? ¿Permanecen en ese sitio extraño y accesible mientras alguien (el administrador, un amigo, un pariente) los mantiene? ¿Duermen en algún archivo de sitios web? ¿O incrementan el número de enlaces muertos y páginas no disponibles que hace de la red un inmenso osario?

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El escritor bronceado

17 agosto 2007 22:38


Lo vi por primera vez en Lisboa: el Pessoa en efigie sentado en un café. Lo he reencontrado en Triestre: el Joyce en bronce paseando junto al Gran Canal. Los dos, escritores poco leídos en vida, disfrutan una fama póstuma que incluye ahora su exposición a los elementos y a las fotos turísticas...

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Preservación de datos antiguos

18 julio 2007 10:26

Leo en Bibioteconomía y Documentación (que sigue a NetYDea) que los National Archives ingleses han hecho un acuerdo con Microsoft para garantizar el acceso a documentos hechos con versiones antiguas de sus programas que corrían en versiones antiguas de sus sistemas operativos (por ejemplo, un Word 97 que corría en Windows 98). El sistema emulará en un PC actual configuraciones de sistemas operativos y programas de Office antiguos.

El problema del acceso a documentación digital del pasado es muy grande. Con la obsolescencia planificada que tienen los programas y sistemas operativos, no hará sino aumentar: constantemente aparecen nuevas versiones de Word o de Windows que muchas veces impedirán acceder a datos elaborados con versiones antiguas.

Para las instituciones que preservan documentación la solución no es pedir ayuda a los causantes del problema, sino más bien almacenar sus datos en formatos abiertos y accesibles, que permitan su recuperación bajo cualquier circunstancia.

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Los papeles de la CIA

28 junio 2007 10:05


La desclasificación de documentos de los años 70 de la CIA estadounidense conocidos como "Las Joyas de la Familia" (véase un video de presentación) nos está proporcionando un doble (o triple) placer. Por un lado, la contemplación de los facsímiles de los documentos (íntegros para descarga en el New York Times). La misma materialidad de estos mecanoscritos transmite algo del universo burocrático y frío donde se gestaron (en el curso de verano sobre la Máquina de escribir se tratará también el tema de la alianza entre los aparatos del Estado y estas máquinas).

Pero además estos complejos memorandums, notas, cartas e informes están recibiendo una modélica atención en un blog creado a tal efecto en el New York Times: un panel de historiadores y especialistas está desmenuzando los documentos, y las entradas y frecuentemente los comentarios están arrojando mucha luz sobre los entresijos de las agencias de espionajes.

Y como consecuencia, es todo el sistema de ocultación de los documentos públicos el que está en entredicho: no todos los papeles han sido hechos públicos. Los que lo están tienen con frecuencia ocultaciones (los cuadrados blancos en la imagen). Y sobre todo: ¿qué pasa con informes vitales como el del 11S, cuya desclasificación ha sido pedida por los dos grandes partidos? ¿Habrá que esperar treinta años para conocerlos? Y por cierto: me encantaría encontrar disponibles en la Web documentos de los servicios secretos franquistas...

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Rompecabezas de papel

13 mayo 2007 10:59


Dos tendencias opuestas recorren la Historia: la papirogenia y la papiroclasia. Por la primera, los Estados y los gobernantes se dedican a crear incontables documentos agrupados en archivos y bibliotecas. Por la segunda, de vez en cuando se dedican a destruirlos: quemarlos, despedazarlos, darlos al fuego o al olvido.

Numerosos profesionales se ganan la vida honradamente con trabajos encaminados en una u otra dirección. A ello tenemos que añadir quienes se esfuerzan por pasar hacia atrás la película de la destrucción y recuperar lo perdido.

Entre estos hay que destacar el esfuerzo hercúleo por reconstruir parte de los archivos de la policía secreta de la Alemania comunista, la Stasi, reducidos a cachitos cuando la caída del régimen. La Stasi acumuló gran cantidad de informes sobre los ciudadanos bajo sospecha (como se ve en la muy estimable película La vida de los otros), y el intento de reconstruir los que fueron destruidos (dice Nature, vía El País) se está llevando a cabo con la ayuda de un software especial.

Cada pedacito se escanea por las dos caras y luego un potente cluster de ordenadores analiza forma, color, textura, escritura manuscrita, tipografía, y así hasta 25 factores, y propone su colocación en un punto del rompecabezas.

En realidad, nada nuevo: procedimientos tan sofisticados ya se aplicaron a fragmentos de los famosos manuscritos del Mar Muerto, aunque en ese caso se llegó a estudiar el ADN de las cabras que prestaron su piel a los pergaminos, como conté hace años (apartado Cabras de Qumran).

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Memoria del email

06 mayo 2007 19:32

Parte de nuestro conocimiento del pasado acerca de qué pensaban las personas, qué problemas tenían o cómo repercutían en su vida las crisis históricas proviene de la correspondencia privada. Por ella nos han llegado, por ejemplo, estas tristes palabras de una esposa española a su marido en América, en 1624: "no quiero Indias, ni oro ni plata, no quiero más que a su persona" (de un precioso libro de Fernando Bouza).

¿Qué ocurrirá con los testimonios de esta época, que ha abandonado la misiva por el email? Una iniciativa de la British Library intenta preservar mensajes electrónicos de ciudadanos comunes (o, mejor dicho, unos pocos de muestra). La iniciativa cuenta con la colaboración de Microsoft.

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Huellas de la ausencia

05 mayo 2007 17:17


En general, me interesan las huellas de las cosas que ya no están. ¿Qué forma tiene la ausencia? Las habitaciones desaparecidas son una presencia fantasmal en la pared colindante. ¿Y los libros?

Las bibliotecas ausentes se perciben en el rastro rectilíneo de las baldas de las estanterías, ahí donde reinaba el orden que nos reflejaba. Ann Fadiman decía de las librerías de sus padres en Ex Libris: "their selves were on their shelves", que en inglés contiene un bonito juego de palabras: "sus yos estaban en sus estanterías".

Y en los propios estantes, años de exposición a la luz han acabado por dibujar en la madera el perfil inédito, la planta arquitectónica de los volúmenes que se elevaban en ella. Pegados a la pared del fondo, los lomos han dibujado delante (en la parte inferior, en esta vista desde arriba) la curiosa geometría de las disparidades de tamaño, formato o encuadernación: entrantes y salientes y como remate los rectángulos de las rústicas, o las curvas de las tapas en tela o en cuero.

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Memoria

27 febrero 2007 10:57


Albert Girós (artista muy relacionado con la palabra, cuyas obras han aparecido alguna vez por estas páginas) ha creado un sitio donde reúne sus intervenciones de land-art.

Entre ellas me ha sorprendido gratamente esta obra de 1980, creada en Ibiza: Memoria. Se trata de una construcción de piedra seca (tema que nos es grato). Se trata de esa misma palabra erigida en piedra sin argamasa en un entorno natural. A estas alturas (transcurrido un cuarto de siglo) las letras pétreas, sometidas a las inclemencias del tiempo, al crecimiento de plantas y anidamiento de pequeños animales en sus intersticios, probablemente desmoronadas y semiborradas, seguirán sin embargo manifestando tozudamente su voluntad de permanencia.

Cualquiera que sea su soporte (piedra, pergamino, papel o un medio electrónico), toda memoria será destruida. Sólo lo que arraigue dentro de las personas y sea compartido y transmitido tendrá posibilidades de sobrevivir. Para mí, esta es la reflexión principal que me despierta esta emocionante obra de Albert Girós.

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La autobiografía de Stanislaw Lem

22 enero 2007 14:39


Stanislaw Lem, El castillo alto (Madrid, Funambulista, 2006)
traducción de Andrzej Kovalski
ISBN: 84-96601-18-8

¿Cómo buscar las raíces de la fascinación que nos produce un escritor concreto? Stanislaw Lem (el autor de Solaris, por mencionar su obra mediáticamente más conocida) es uno de los grandes escritores del siglo XX, y puedo decir que envidio a los lectores que aún no lo han tenido en sus manos, por el placer que les espera: irónico, brillante, inmisericorde, profundamente divertido pero terrible. Así es Lem. Pero hurgar en sus recuerdos de infancia y juventud me ha sumido en una clara frustración.

Me explico: no es que El castillo alto sea un mal libro (aunque algo inconexo sí que es), ni aburrido, pero, sencillamente, no me ha aportado ni una de las claves del estilo del escritor que yo buscaba. Lem tiene una personalísima visión del mundo, vehiculada en una prosa funcional y sorprendente, pero, ¡ay!: la historia de este niño de la ciudad polaca de Lvov, que no disponía de cama ni habitación propia y erraba de rincón en rincón de su casa, no nos aclara nada. Nada vemos del autor en el destructor de juguetes, o en el joven lector errático. Aunque, de pasada, tenemos una bonita visión de la lectura "superior" como una carrera de obstáculos:
Creo que fue al final de secundaria o al principio de la Escuela Superior cuando descubrí a Proust [...] Como yo leía absolutamente todo cuanto caía en mis manos, y visto que Janek y Jeremi llevaban libros con intrigantes títulos, como A la sombra de las muchachas en flor, tomé prestado el primer volumen, pero me quedé clavado en las primeras páginas. Sorprendido, tomé carrerilla como un vallista para reunir el impulso necesario y me enfrenté al obstáculo en repetidas ocasiones, pero cada vez volvía hacia atrás, como si hubiera topado con un muro.
Aunque, en el fondo, podamos reconocer alguna de las pistas del mundo del autor en el entretenimiento que se nos revela a pocas páginas de finalizar el volumen: la creación solitaria de todo un sistema burocrático, de pases y permisos, librados en documentos cuidadosamente caligrafiados y decorados con sellos, con los que el joven Lem entretenía sus ocios...

Y quizás lo mejor del volumen: la tensión de asistir a la lucha entre los intentos del anciano Lem por recuperar su pasado, y la imposibilidad constante de lograrlo:
Y la memoria sigue negándome el acceso allá donde deseo ir, dejándome acceder únicamente a otros lugares y nunca a los que deseo. Estúpida puerta cerrada con llave. Máquina soberana estúpidamente preocupada con su función y su tarea: recordar, preservar indeleblemente, permanentemente. Aunque eso tampoco es cierto. Morirá conmigo, guardián fanático, misero tirano, burlón, rebelde, duro de mollera, tan invariable y al mismo tiempo tan incierto, despiadado y a la vez sensible, como una masa de carbón con la delicada impronta de una hoja. ¿Cómo puedo entender la memoria? ¿Cómo puedo aceptarla? ¿Redes neuronales, sinapsis, circuitos de McCulloch? No, no hay explicación en este sabio y absuramente científico sentido; es inútil, hay que dejar que la memoria siga siendo lo que es. La memoria y yo somos un par de caballos que se observan con suspicacia, que tiran del mismo carruaje. Así que vamos allá, inseparable y desconocido compañero mío, mi enemigo, mi amigo.

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Guíese usted mismo...

03 enero 2007 17:15

La Moleskine de Van Gogh. Fuente

Las guías de ciudades son un género delicado. Exigen una puesta al día constante y una previsión muy fina sobre los intereses de sus usuarios. No es igual una guía de París para compradores compulsivos que para amantes de la arquitectura, o del vino. O de los paseos románticos... Hay guías de datos, factuales, y hay otras que transmiten atmósferas. Unas recogen con cuidado el pasado literario (como veíamos hace poco), mientras que otras están engolfadas en la historia del lugar. ¿Cuál es la suya?

Dicen que Aldous Huxley dijo que para un viajero con buen gusto la única guía útil sería la que él mismo ha escrito. Quizás con esta idea en mente, Moleskine (la marca tradicional de cuadernos de notas que suministró soportes de creación a escritores como Hemingway o artistas como Van Gogh) ha sacado a la calle una serie de guías de ciudades. O, mejor dicho, esqueletos de guías de ciudades: cartografías, páginas en blanco, otras tranparentes para superponer sobre los planos, páginas con solapas con signos predeterminados o personalizables... En resumen, toda la estructura de una guía, dejada en blanco para que la complete el viajero.

La idea es muy bella (aunque su realización puede resultar más laboriosa de lo que el comprador preveía): uno pasea por Lisboa, o por Barcelona, y va anotando hitos, señalando en el plano, clasificando datos. Las categorías pueden no ser las estándares (Alojamiento, Comidas, ...), porque el autor es muy libre de crear otras (Lugares melancólicos, Graffiti, ...). Los más artísticos podrán completar las descripciones con dibujos o bosquejos de lo reseñado, mientras que los viajeros digitales se conformarán con anotar los números de archivo de las fotos obtenidas in situ.

Es bonito imaginar el retorno a una ciudad con la guía que uno mismo comenzó en un viaje anterior, para añadir nuevos datos. O la utilización de un solo ejemplar por los miembros de una familia, que de esa forma irían completando colectivamente la visión del lugar. También puede imaginarse que la guía que un viajero experimentado ha completado a lo largo del tiempo será solicitada en préstamo por los amigos que viajan al mismo destino ("Toma, pero cuídamela, ¿eh?"). Al final, una de estas guías mimadas, cuidadas, llenas de informaciones de interés, puede que consiga despertar el interés de un editor, y entonces se imprimirá y se cerrará el círculo.

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Los libros de Barcelona

02 diciembre 2006 13:44


El Año del Libro de Barcelona (que fue el 2005) ha traído algunos frutos tardíos bajo la forma de dos publicaciones, que recogeré en distintas entradas.

La primera, aparecida en una serie de monografías de "Barcelona metròpolis mediterrània", editada por el Ayuntamiento, se titula Barcelona y los libros. Los libros de Barcelona, y recoge materiales del simposio celebrado en noviembre del año pasado. El libro, bellamente editado e ilustrado, recoge una serie de capítulos sobre la historia de la edición barcelonesa, "una historia densa que se ha ido elaborando a impulsos", según el texto de Sergio Vila-Sanjuán que sirve de pórtico. Entre las aportaciones destacaré las siguientes: José Enrique Ruiz Domènec trata la Edad Media, Montserrat Lamarca, la imprenta en tiempos de Cervantes, el destacado especialista Jean-François Botrel aborda el mercado del libro en el siglo XIX, Pura Fernández los editores del XIX que empezaron a editar libros sobre sexualidad, Philippe Castellano (a quien debemos estudios clave sobre Espasa) estudia la supremacía editorial de Barcelona a comienzos del siglo XX y Jacqueline A. Hurtley la historia de José Janés
(en la ilustración, tomada de la obra, la cubierta de un libro de una de sus colecciones de humor).


Estamos, pues, ante una pequeña "historia de la edición barcelonesa", que abarca también episodios particulares pero muy ilustrativos, como la edición de pliegos poéticos del XVII, las relaciones entre Emilia Pardo Bazán y sus editores barceloneses, o los editores que lanzaron colecciones de consumo popular en la primera mitad del siglo XX.

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Preservar el patrimonio digital: PADICAT

13 noviembre 2006 16:14

En diciembre del 2005, y con motivo de un seminario sobre Archivo de la Internet Española, escribía:

¿Para qué preservar lo digital? La pregunta podría inscribirse en la más amplia «¿para qué preservar?», que está en la raíz de muchas instituciones (archivos, bibliotecas, museos...). En forma digital hoy discurre la creación y la difusión de una parte importante de la creación cultural en español (y en otras lenguas cooficiales de España), y en esa forma están también materiales de importancia para la investigación lingüística, histórica o cultural... [...]

Respecto al conjunto de la Web, ¿basta con la labor de los buscadores (como Google) o de iniciativas como el Internet Archive para preservar las webs en nuestra(s) lengua(s)? ¿Preservan estas iniciativas todo lo deseable, y de un modo adecuado, o tienen lagunas importantes? Si la respuesta a ambas preguntas es «no», ¿cabría crear un Archivo de la Internet propio? ¿Y cómo debería ser?

Una iniciativa que en ese seminario se presentó como futura, parece felizmente haber arrancado. Se trata de PADICAT, Patrimoni Digital de Catalunya, impulsado por la Biblioteca de Catalunya, y que se propone:
Compilar masivamente los recursos digitales publicados en abierto en internet.

Impulsar el depósito sistemático de la producción web de las entidades catalanas.

Promover líneas de investigación por medio de la integración temática de los recursos digitales de determinados acontecimientos de la vida pública catalana.

A falta de propuestas a nivel estatal, es perfecto que surjan estas iniciativas que vayan preservando partes vitales de nuestra Web. Leo la estrategia en que se basa PADICAT:
Webs bajo dominio .cat.

Webs ubicadas en servidores de Cataluña.

Webs bajo dominios geográficos (.es, .com, .net, .org, etc.) en lengua catalana.

Webs que no cumplen con los requisitos anteriores, pero relacionadas temáticamente con Cataluña.
Mmmm... Mi web está hecha desde hace diez años en Sarrià, Barcelona, y por cierto: no tengo ni idea de dónde está ubicado el servidor. Que un proyecto relacionado con Internet tenga semejante requisito geográfico para el servidor no deja de resultarme extraño, pero sigamos... No estoy en un dominio .cat. Mi web tiene textos en catalán, pero mayoritariamente está en castellano. Tengo zonas dedicadas a la arquitectura popular ampurdanesa, a los desastres urbanísticos barceloneses; otras que prestan gran atención a los timbres de ciudades catalanas y a su tipografía popular; páginas sobre escritores catalanes y sobre libros editados por editoriales catalanas...

Bueno: he pedido que me preserven. Ya les contaré...

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Némirovsky y la memoria de la edición

15 octubre 2006 10:44

Aparte de ser una buena novela, Suite francesa, de Irène Némirovsky (que lleva meses triunfando en ventas en muchos lugares), tiene una interesante historia de escritura y de edición. De familia judía e inmigrante desde Rusia a Francia, Irène Némirovsky, nacida en 1903, publicó su primera novela en 1929: David Golder (Grijalbo, 1987). Esta obra de juventud tuvo también una curiosa historia: fue propuesta a Grasset para su publicación anónimamente, con un apartado de correos por todo remite, y cuando el editor, gratamente sorprendido, se quiso poner en contacto con el autor, en vista de que no respondía a las cartas le convocó mediante un anuncio en la prensa. Irène estaba dando a luz a una hija.

Suite francesa (Salamandra, Barcelona, 2006, traducción de José Antonio Soriano) refleja los acontecimientos de la ocupación alemana de Francia durante 1940-41, y se escribió durante esos mismos años, con la penuria propia de la época: en un cuaderno de mal papel, con letra diminuta y una escritura que aprovechaba de margen a margen.

Fuente: edición española de Suite francesa


La gendarmería francesa se llevó a Irène Némirovsky para entregarla a las autoridades nazis, como judía (a pesar de que ella se había convertido al catolicismo, en un vano intento por escapar a su suerte). Murió en Auschwitz en 1942, y su marido fue deportado y también asesinado poco después. Las hijas huyeron durante meses, preseguidas por los gendarmes, llevando consigo una maleta con objetos personales, que sorprendentemente nunca se perdió, y que contenía entre otras cosas el precioso cuaderno. Tras la liberación, las hijas lo conservaron sin leerlo jamás, creyendo que contenía un diario o notas de su madre. Sólo cuando se planeó su donación al Institut Mémoires de l'Edition Contémporaine, una de las hijas comenzo el penoso descifrado, ayudada de una lupa: era una novela que reflejaba precisamente los acontecimientos de los años en que se había escrito; era Suite francesa.

¿Qué es el Institut Mémoires de l'Edition Contémporaine? Una institución que preserva los documentos de autores y editores, en la creencia de que constituyen una fuente única para la historia cultural, literaria y económica de un país. Por ejemplo: mucho de lo que sabemos de los últimos años de Irène Némirovsky se debe a su correspondencia con el editor Albin Michel, con quien públicó la mayoría de sus obras.

No: las editoriales españolas o (hasta donde yo sé) de países hispanohablantes no cuentan con una institución de preservación parecida. Las cartas de los autores, de los editores, los documentos que dan claves preciosas sobre la gestación y la recepción de las obras que han configurado nuestra cultura, no tienen quien las guarde. Cuando las editoriales históricas mueren, sufren remodelaciones, cambian de propiedad o se fusionan en grandes grupos (y todo eso pasa todo el tiempo) sus archivos son generalmente destruidos. Total: cartas viejas de escritores muertos, noticias polvorientas de editores hace tiempo desaparecidos...

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Blogs, ISSN, y la supervivencia de la cultura

10 octubre 2006 11:05

El número de julio-agosto de El profesional de la información contiene el resumen de una discusión mantenida en la lista IWETEL, bajo el título de "Blogs e ISSN; ¿una relación imposible?" (J. Leiva-Aguilera). Como es bien sabido, el ISSN (International Standard Serial Number) es el código internacional de identificación de las publicaciones seriadas (revistas, periódicos, boletines, anuarios...), y cuenta con centros por países. Pues bien: "al parecer el centro internacional del ISSN ha dado instrucciones para que se deniegue sistemáticamente el número en cuestión a cualquier blog que lo solicite" (J. Tramullas). La razón: según la institución, los blogs no merecen llevar este identificador "por su carácter efímero en su mayoría y, sobre todo, por ser esencialmente páginas personales (sin valorar su calidad)". La reacción a principios de este año fue crear un IBSN (Internet Blog Serial Number), más bien testimonial.

Es evidente que en este terreno estamos ante uno de los muchos choques que surgen entre sistemas concebidos para el mundo del papel y prácticas sociales que desbordan el marco establecido. Pero por detrás hay una actitud ideológica que considera "superior" a cualquier hoja periódica (por el solo hecho de serlo) frente a una página con posts periódicos. A ello se une que es una realidad difícil de manejar (los 10.000 nuevos blogs que surgen por día, y los que se abandonan: un 65%, ambos datos del 2004). Sin embargo, "buena parte de las ideas, estudios y proyectos de renovación sectorial que se mueven en mi campo (la edición de libros) surgen y se desarrollan hoy en día en blogs; ni en revistas, libros ni asociaciones gremiales" (Silvia Senz), y éste no es un caso único.

La discusión la cerraba Luis Rodriguez Yunta del CINDOC: "¿de qué sirve un código si nadie garantiza la preservación de una copia fidedigna, o si la legislación no reconoce el derecho a copiar para preservar? Las empresas como Google pueden aportar soluciones, pero no garantizar su mantenimiento. Hace falta que la Administración acometa ya este problema". En efecto: las instituciones estatales custodian los números que aprecen de las publicciones con ISSN, mientras que, como ya saben bien los lectores de estas páginas, falta por completo una política de preservación de publicaciones digitales. Eso ya está produciendo un agravio comparativo: la menor y menos leída hoja
periódica de papel tiene muchas más posiblidades de llegar a la posteridad que la página web (pues los blogs son sólo una parte de los contenidos de la Red) más rica y frecuentada. Si esto sigue así, cuando dentro de un siglo se estudie este periodo, los investigadores van a extrañarse de cómo unos cambios sociales tan inmensos como los actuales no produjeron apenas ningún debate (...en papeles preservados oficialmente, por supuesto).

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Cartas encontradas

21 julio 2006 09:58


  • El sitio argentino Cartas de la calle, que lleva Carolina Lissarraque, recopila documentos personales encontrados, de los que se ofrece imagen y transcripción. Historias banales o trágicas, amores adolescentes, y todos los melancólicos fragmentos de vida que distintas personas confiaron a la escritura.

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