El desgaste de la lengua
24 abril 2010 13:13
Este puesto de frutas en el barcelonés mercado de la Boquería me hizo reflexionar. De creer a su dueña, todo es estupendo: el níspero, “buenísimo”; la mandarina, “buenísima”; una variedad de patata cuyo nombre no acierto a descifrar, “buenísima” también, y la “navel late” (así mismito pronuncian su nombre las vendedoras, del inglés late [leit], ‘tardía’), pues “dulcísima”.
El comercio es un terreno abonado para la alabanza (cierta o no): ya en el siglo XIV Pedro López de Ayala en el Libro de Palacio lo dice, en “Aquí comienza de los mercaderes” (verso 1189):
Pues ¿qué de los mercadores aquí podría dezir,
si tienen tal oficio para poder fallir,
jurar e perjurar e todo siempre mentir?
Olvidan a Dios e alma: nunca cuidan morir.En sus mercadurías ha mucha confusión,
ha mentira e ha engaño e ha mala confesión;
[...]
Diz: «Tengo escarlatas de Brujas e Mellinas;
veinte años ha que non fueron en esta tierra tan finas».
Bueno: sin llegar a estos extremos, no cabe duda de la exageración superlativa del ejemplo que descubrí en el mercado…
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