El lexicógrafo como Tántalo

06 diciembre 2011 16:16

Hoy en El País publico un artículo sobre la segunda edición, corregida y aumentada, del Diccionario del español actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos. He aquí un fragmento:

Quienes hemos comprobado durante estos años la minuciosidad del trabajo que había detrás del Diccionario del español actual podemos adivinar el placer que habrá supuesto para sus artífices la elaboración de una edición corregida y aumentada. Recordemos que la documentación inicial empezó en 1970 a partir de libros y periódicos, por supuesto en papel. Las citas aspirantes a documentar una acepción se confiaron a fichas de papel, y la redacción se llevó a cabo del mismo modo, y solo al final se pasó a soporte informático para la edición. Desde la aparición de la obra en 1999 se ha ampliado muchísimo el número de periódicos en línea, y además existen los corpus de la Academia, lo que (unido a la continuación del trabajo de documentación) ha hecho posible perfeccionar el diccionario.
Al artículo.

Y aquí está lo que escribí sobre la primera edición del DEA (1999).

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Gloria y desaparición del diccionario en la era digital

01 agosto 2011 12:12

Con este título he publicado un artículo en El País. Comienza así:

Los diccionarios son uno de los muchos objetos que han desaparecido de la mesa de trabajo de escritores, estudiantes, investigadores…, junto con bolígrafos, cuadernos y tablas de logaritmos, sustituidos todos por un rectángulo iluminado provisto de teclado. No es que hayan perdido su utilidad, sino que las funciones que cumplían las cubren ahora un conjunto de programas y sitios web.

En él analizo características lingüísticas y técnicas de los diccionarios digitales, por lo que me perdonarán que incluya este post tanto en mi blog de lengua como en el de edición.

Foto:  diccionario de húngaro y tabla de logaritmos
ayer en un mercadillo de Cadaqués

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Dirae: consulte el DRAE como ya no podía hacerlo

13 mayo 2011 13:13

Ha aparecido Dirae.es, una creación de Gabriel Rodríguez Alberich. Cito de Barrapunto:

Un diccionario inverso se parece un poco a Google, igual que un diccionario normal se parece a un navegador. En un navegador, introduces una URL y te aparece la página que deseas, igual que en un diccionario buscas un término y te aparece su definición. En un diccionario inverso la búsqueda se hace en la definición, y el resultado es el término que corresponde con esa definición (igual que en Google introduces palabras, las busca en el contenido de las páginas web, y el resultado es la lista de URLs donde aparecen esas palabras). Dirae.es es un diccionario inverso basado en el Diccionario de la Real Academia, que gracias a ese funcionamiento retrógrado multiplica su utilidad más allá de la pura definición de términos.

Escogiendo bien los términos de búsqueda, Dirae puede servir también como tesauro asociativo, buscador etimológico, buscador de sinónimos, buscador de categorías gramaticales y otras funciones lexicológicas. Puedes echarle un vistazo a los ejemplos de uso para empezar a probar su funcionamiento.

Pero vayamos por partes: Dirae es una aplicación utilísima, y todos los hispanohablantes y cualquier persona interesada por el español debería donar al menos un euro a su autor. Pero no es un “diccionario inverso”, porque un diccionario inverso es otra cosa.

Bien. Aclarado este pequeño escollo terminológico, diré que Dirae permite consultar cualquier elemento presente en la base de datos del Diccionario de la Real Academia, algo que no se puede hacer ni con el CD-ROM ni con la aplicación en línea. Dirae permite buscar por palabras presentes en la definición, por origen etimológico, por marcas en las acepciones (por ejemplo Germ. de Germanía), y permite crearse un diccionario de locuciones latinas o incluso rastrear recetas

En resumen: da al usuario del diccionario pleno control sobre lo que quiere conseguir de él, en vez de que se limite a buscar definiciones.

Hay que señalar que estas posibilidades que ofrece Dirae estaban ya presentes (junto a otras varias) en el primer CD-ROM que se hizo sobre el diccionario (1995), que creamos mi hermano Rafael Millán y yo mismo, pero luego desaparecieron de las siguientes versiones del CD-ROM. Tan útiles eran que muchos estudiosos han mantenido instalada esta versión en sus ordenadores (aunque ya no se corresponde a la edición en vigor del diccionario) para poder seguir utilizándolas.

Pensando un poco mal, hay que reconocer que estas posibilidades de exploración exahustiva de la base de datos del DRAE saca a la luz algunas de las vergüenzas de la obra, mejoradas en ediciones recientes, pero aún no desaparecidas del todo…

Cito de nuevo a Barrapunto:

Las remezclas de servicios públicos como Dirae.es son ejemplos de lo que en NTK llamaban “usabilidad de guerrillas”.

Dado que los sitios oficiales son nefastos, es casi un deber cívico extraer los datos y dotarlos de mayor utilidad.

En efecto: es una vergüenza que formas de acceso a una obra que ha recibido tanto apoyo de fondos públicos, y que son tecnológicamente posibles y culturalmente deseables no existan desde hace años en el sitio oficial de la RAE, y que haya tenido que ser una acción privada y altruista quien las lleve a la práctica.

[Pido excusas por publicar también este post en el blog de al lado].

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Va de cuchillos

28 febrero 2010 20:20

En alguna otra ocasión hemos recordado una esquina de la lengua en la que el español ofrece una riqueza de matices que otras lenguas no poseen.

Toca ahora el ejercicio contrario. Hace tiempo (antes de que llevara la cámara digital siempre conmigo), me sorprendió en el escaparate de una ferretería un despliegue de cuchillos con sus correspondientes rótulos. Inmediatamente destacaba un aspecto:

Cuchillo de cocina, de plástico, de pescado, de sierra, de trinchar

Un hablante de francés tiene al menos tres formas de precisar las relaciones de la herramienta con su utilización, sus características o su materia, formas que el español recoge siempre con la socorrida preposición de:

Couteau de cuisine, en plastique, à poisson, à scie, à découper

Estamos aquí en una interesante zona limítrofe entre la gramática y el léxico (el régimen preposicional). Sería interesante saber si hay otras que ofrezcan resultados tan diferentes en distintas lenguas.

Por supuesto, quienes enseñan español a extranjeros en otros países tienen muy en cuenta estas zonas de posible error.

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Ferlosio y la lengua

02 noviembre 2009 14:14

En el suplemento “Babelia” de El País, el pasado sábado 31.10, he publicado una recensión del último libro de Rafael Sánchez Ferlosio: “Guapo” y sus isótopos (Barcelona, Destino, 2009):

Este libro parte del asombro ante la existencia de palabras tan próximas como “guapo”, “lindo”, “bonito”, … Prueba de su similaridad es que no se pueda decir “el niño es guapo y lindo”. Ferlosio las llama, con una analogía química, “isótopos”, o sea “del mismo lugar”, y si le seducen es por sus relaciones “conceptualmente brumosas donde la mente no se ve asistida por la visión de netos límites semánticos, ni deslumbrada por su claridad”.

En la obra Ferlosio analiza desde muy diversos puntos de vista este campo semántico. La reseña se puede leer íntegra en el enlace indicado.

Copio ahora su pieza final sobre “Ferlosio y la lengua”. Tomé los datos sobre los avatares lingüísticos del autor de su pieza autobiográfica “La forja de un plumífero”, en la tristemente desaparecida Archipiélago, 31, invierno de 1997:

El autor de El Jarama siempre tuvo un vivo interés por la lengua; de hecho, su novela más famosa surgió de sus notas sobre formas populares de habla. Al acabar de escribirla en 1955, Ferlosio se “retiró de la circulación” para dedicarse a “altos (o bajos) estudios gramaticales” durante 15 años. Estudios solitarios, que se vieron enriquecidos en una época por una tertulia con un grupo de amigos profesionales de la lengua (Carlos Piera, el malogrado Víctor Sánchez de Zavala…). Esta reunión recibió el título, algo rimbombante, de Círculo Lingüístico de Madrid. De la numerosa escritura surgida de estos años de estudio, la pieza más acabada fue “Guapo” y sus isótopos, empezada en 1970 y revisada y publicada ahora.

¿Desde dónde escribe Ferlosio cuando habla de lengua? Desde luego, no se declara un experto (no tiene reparos en observar en un momento: “Quise cumplimentar la referencia en la Biblioteca del Ateneo, pero no encontré nada; no tengo impulsos de investigador, y me desanimé”). Pero se ve con las fuerzas intelectuales para aprehender algunas de sus sutiles realidades, a través de la lectura y la observación, y contarlas maravillosamente a quien quiera escucharlas.

Como el sabio del grabado antiguo, que atraviesa la bóveda celeste para asomarse a la maquinaria que la mueve, en esta obra palpita la emoción de quien se adentra en lo que “nadie ha visto nunca con ojos mortales, ni creo que llegue a ver jamás, esa gran página arbórea, pluridimensional y pluriarticulada que llamamos ‘el acervo’[léxico]“.

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Diccionario de etimología del XIX

18 mayo 2007 10:10


He encontrado en Google Libros este Diccionario etimológico de la lengua castellana (ensayo) precedido de unos rudimentos de etimología. por Pedro Felipe Monlau, Madrid, M. Rivadeneyra, 1856. Está íntegro en la Red, y además puede bajarse como PDF. Con algún error, también se pueden hacer búsquedas en su interior.

Es un diccionario antiguo (queda dicho) y nada fiable en ocasiones, porque algo ha avanzado la ciencia del origen de las palabras en este siglo, pero resulta una lectura deliciosa para los amantes de estas cosas.

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De los nombres de la porción nutricia

16 mayo 2007 9:09

Deliciosa loncha de jamón extremeño. Fuente.

A mi sobrino William

Uno de mis pasatiempos favoritos con los estudiantes de español es iniciarles en el campo semántico de los pedazos en que se dividen los alimentos. ¿Qué diferencias hay entre las siguientes palabras, y para qué se usa cada una de ellas?:

raja
rodaja
rebanada
loncha
lonja
tajada

¿Están bien las definiciones que aportan los diccionarios más usuales?

¿Cuáles son las materias arquetípicas de cada una de ellas?, por ejemplo: “loncha de jamón”.

Supongamos que llegamos a un pueblo en una zona desconocida, y que en un bar alguien nos ofrece probar “una raja de batrilillo” (por supuesto, es una palabra que me he inventado). ¿Qué deduciríamos sobre la naturaleza de ese manjar? ¿Y si nos hubieran ofrecido “una loncha de batrilillo“?

Ustedes tienen la palabra, todas esas palabras.

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Alrededor del sandwich

09 octubre 2006 9:09

En mi libro El candidato melancólico, en el capítulo dedicado a los nombres de persona que se convierten en nombres comunes, hablo de la creación del genial conde de Sandwich. Sobre la (nada evidente) definición de sandwich, los riesgos de la lexicografía ombliguista y la variedad de grafías tiene unas páginas deliciosas Alberto Gómez Font en su libro Donde dice… debiera decir. Manías lingüísticas de un barman corrector de estilo, Gijón, TREA, 2006. De modo que le he pedido permiso para reproducirlas:

Los buenos diccionarios de español deben tener (algunos afirman tenerla) una clara vocación internacional, trasatlántica, puesto que nuestra lengua se habla a ambos lados del océano y en ambos hemisferios. Es la lengua oficial de 19 países y la de un estado asociado de los Estados Unidos al que todos consideramos como un país más: Puerto Rico. Son, pues 20 los países en los que el español es la lengua principal de comunicación, y en los diccionarios de esa lengua deberían tenerse en cuenta los distintos usos que tiene en cada lugar. Y a esos 20 países hay que añadir otro, los Estados Unidos de América, donde hay más de 40 millones de personas que usan el español como primera lengua.

Hay casos en los que encontramos esa vocación trasnacional, y el paradigmático es el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), redactado y editado por esta institución por encargo (y con la colaboración) de todas las academias de la lengua española de los países hispanos. También es un buen ejemplo el Diccionario Clave (de uso del español actual), donde podemos encontrar muchos usos americanos del español. Y, ya desde su título, el recientemente aparecido Diccionario de uso del español de América y España (DEAE, Vox, Barcelona, 2003) nos dice que sus especialistas en lexicografía prestaron especial atención a esa realidad internacional de nuestra lengua.

Pues bien, en ninguno de los tres casos los lexicógrafos tuvieron la suficiente amplitud de miras como para definir la voz sándwich ateniéndose a su uso en la mayoría de los países hispanohablantes. Veamos cómo nos explican el significado de esa palabra.

DRAE: Emparedado hecho con dos rebanadas de pan de molde entre las que se coloca jamón, queso, embutido, vegetales u otros alimentos.

Clave: Bocadillo elaborado con dos rebanadas de pan de molde; emparedado. (En zonas del español meridional, bocadillo).

DEAE: Especie de bocadillo hecho con dos o más rebanadas de pan de molde entre las que se pone algún tipo de alimento; se puede tomar frío o caliente.

En los tres casos los lexicógrafos caen en el error de definir esa palabra teniendo en cuenta únicamente su significado en español de España y de México, países donde, en efecto, el sándwich es un emparedado hecho con pan de molde (también llamado pan de caja, pan inglés…), y donde si el emparedado se hace con otro tipo de pan recibe el nombre de torta (en México) o bocadillo (en España) . Y también es grave error incluir en la definición la palabra bocadillo (aparece en el CLAVE y en el DEAE) sin tener en cuenta que esa voz solo tiene ese significado en español de España, de tal forma que quien consulte el diccionario, si no es español, tendrá que buscar también bocadillo.

Hay que buscar el sándwich en un diccionario redactado en América, en este caso en México, para encontrar una definición en la que no aparezca el dichoso pan de molde: en el Diccionario Enriquezca su Vocabulario, editado por Reader’s Digest, dice: «Bocadillo hecho generalmente con jamón y queso, y algún aderezo, entre dos rebanadas de pan; emparedado». No aparece el pan de molde, pero nuestra alegría por esa desaparición se va al garete cuando nos indican que los sándwiches son generalmente de jamón y queso, y cuando vemos aparecer otra vez la palabra bocadillo en la definición. ¿Qué pasó? pues que ese diccionario, cuya edición original es mexicana, sufrió (nunca mejor dicho) una revisión para adaptarlo al español de España… de ahí el jamón y el queso y el bocadillo.

¿Qué es lo que falla? Pues que desde la Argentina hasta Guatemala, pasando por las Antillas y los Estados Unidos, los sándwiches no son necesariamente con pan de molde, sino que se pueden hacer con cualquier tipo de pan, es decir, lo que en México se llama torta y en España se llama bocadillo en el resto de los países hispanohablantes se llama sándwich, sea con el pan que sea. Y esos sándwiches no tienen por qué ser generalmente de jamón y queso, y en su definición no tiene por qué usarse la palabra bocadillo; basta con emplear la voz emparedado.

Esa falta de sensibilidad, esa falsa creencia de que el español de España es válido en todos los países hispanos, pudo verla claramente el autor de este artículo un día en la cafetería del tren Talgo que une Granada con Madrid: una bella señorita con acento venezolano le pidió al camarero una Coca Cola y un sándwich de tortilla, a lo que el mozo respondió, categórico:

—No hay sándwich de tortilla.

Ella, contrariada, mirando fijamente la gran foto que había sobre la cabeza del camarero en la que se veía muy claramente, entre otros productos comestibles, un gran emparedado de tortilla de patatas hecho con un panecillo redondo partido por la mitad, repitió lo que quería, esta vez señalando el anuncio, y obtuvo esta respuesta, en voz muy alta:

¡¡No hay sándwich de tortilla!! Hay sándwich de jamón y queso, sándwich vegetal y sándwich de atún. Y ¡bo-ca-di-llos! de chorizo, de jamón serrano, de queso y de tortilla…

—¡Bueno! Pues póngame una Coca Cola y uno d’esos de tortilla contestó, incómoda, la turista venezolana.

También deberían recoger los diccionarios (el Clave lo hace en parte) las diferentes formas que la palabra inglesa sandwich adoptado en algunos países hispanos: sánguche, sánduche, sángüiche, sángüich, sánduiche…

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