Divulgar mejor

25 noviembre 2011 17:17

Bienvenida sea la divulgación, y más en materia de lengua, donde hay tantos prejuicios y malentendidos. Y nos encantan los gráficos. Pero no nos gusta lo que ha hecho la Fundéu sobre los neologismos, porque está lleno de errores.

“[Neologismo] de forma: palabras creadas a partir de cambios morfológicos de vocablos ya existentes en la propia lengua”. Y el ejemplo es “ciber+nauta”. Aquí está la historia del origen de ciber-, que no tiene mucho que ver con la definición…

“cambios semánticos o de significado” ¿No es  completamente redundante?

“Barbarismos: vocablos mal escritos o pronunciados procedentes de otro idioma”. Vamos a ver: si circulan por nuestra lengua, aunque vengan de otra, ¿por qué van a estar “mal escritos o procunciados”? ¡Será un barbarismo, pero accesar está bien escrito! ¿Y en qué se diferencia este “Barbarismo” del “Extranjerismo: vocablo o giro lingüístico que un idioma toma de otro”? ¿Y del “Préstamo: voces procedentes de otras lenguas”?

“Cultimos: palabras que se tomaron de las lenguas clásicas después de la formación del español”. Mala definición, pero además el ejemplo es “portal”, ¡que en su acepción informática viene del inglés!

“Nuevas: Palabras en las que no se emplean estos procedimientos, sino que se recurre a la invención”. Definición rarita, pero además se ejemplifica con “wifi”, que es una marca, sí, pero que proviene del acrónimo de Wireless Fidelity.

“Metáfora: semejanza con el concepto que define”. Puffff… Pero además el ejemplo es:

Como las cosas de Internet vienen de arriba, podemos decir que “bajan”, ¿no? …

En fin…

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¡Parabrising!

19 octubre 2010 15:15

La merecida reprimenda que me propinó Solitarius en el comentario al post Inging (en el que yo afirmaba, falsamente, que vending era una acuñación hispana) me dejó con la mosca detrás de la oreja.

No he parado hasta no localizar otros ejemplos de estas uniones, en este caso creo que todas de cosecha inequívocamente española.

El que más me ha gustado, además atestiguado en un Work Center (foto superior): parabrising. Sí: el acto de colocar octavillas en los parabrisas de los coches, sujetos con el limpiaparabrisas (en realidad debería llamarse limpiaparabrising). Obsérvese que además el contexto de aparición está lleno de anglicismos, empezando por el “Work Center” del nombre: marketing, mailing.

Compring, con presencia nada desdeñable en la web.

Vuelquing o vuelking: parece ser una afición a avistar coches que vuelcan/volcados.

Jueguing

Porculing (!).

La verdad (y ha sido una sorpresa) es que casi cualquier palabra española a la que uno añada -ing está atestiguada en la Web (sobre todo en foros): cervecing, minifalding, pierning, etc., etc. Parece que se ha convertido en un recurso jocoso muy utilizado.

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Mi entrevista en “La Opinión”

25 marzo 2010 14:14

Aprovechando que pasaba por La Coruña me ha entrevistado Isabel Bugallal en La Opinión. Como la entrevista es sobre todo de temática lingüística, aquí la reproduzco, aumentada con una imagen y enlaces.

He corregido pequeños errores, fruto de la transcripción de una entrevista oral y de las prisas periodísticas…

-¿Cómo puede hacer tantas cosas y mantener una bitácora (jamillan.com) tan amplia al día?

-Porque me gustan. Soy muy dado a aprovechar tiempos muertos como un viaje en metro, e ir haciendo cosas.

-Y escribe y publica en papel libros; cuentos, novela, ensayo, y hasta ha ilustrado alguno.

-Va por épocas, ahora estoy más volcado en el ensayo y las obras infantiles. La fotografía también me interesa: me ha permitido ilustrar de forma sui generis algún libro.

-¿Siempre lleva una cámara?

-Sí, eso es sagrado, porque nunca sabes cuándo puede saltar la oportunidad. Con la fotografía digital es comodísimo, puedes tirar las fotografías que quieras.

-¿El cartel más insólito que se ha encontrado recientemente?

-Un mensaje de amor de un chico a una chica. Decía: “Soy la guinda en tu sostén” [ver arriba]. Y la firma. ¿Precioso, no?

-Tampoco está mal el de la embajada de Rumanía que colgó en su bitácora.

-”Aquí no se hacen fotocopias, no hay esto, no hay lo otro, no tenemos cambio, no es la embajada de Rumanía”… Me encontré con carteles con todo tipo de negativas de gente que debe estar harta de que le pregunten.

-¿Fue lanzador de peso?

-De jovencito. Era una actividad atlética que me gustaba mucho. Es una mezcla curiosa de fuerza, agilidad y dinamismo que, cuando la descubrí, me emocionó. Lo dejé de practicar de joven pero me quedó huella, cuerpo de lanzador de pesos: un cuerpo un poco soviético.

-Y ahora es atleta de la lengua.

-Las palabras me interesaron siempre. Me gusta la historia de las palabras, descubrir carteles en la calle, oír cómo habla la gente. Sí, me hice un atleta de la lengua y, cuando me dejan, hablo muchísimo.

-¿De dónde le viene ese interés por el lenguaje?

-Vengo de una familia con una cultura verbal muy grande. En Navidades, por ejemplo, hacíamos concursos e inventábamos letras de villancicos. Uno de mis abuelos era traductor de Shakespeare, mi madre escribía libros para niños… En fin, estaba inmerso en una cultura muy relacionada con la lengua. Recuerdo cuando mi padre me contó la etimología de una palabra y descubrí de golpe que las palabras no fueron tal como las conocemos sino que tienen detrás una historia, a veces gigantesca, y que son historias alucinantes que van pasando de continente en continente a lo largo de los siglos.

-¿Van pasando y se producen las invasiones bárbaras?

-Las invasiones acaban siendo tan asimiladas que no son bárbaras. Una cantidad inmensa de palabras del español vienen del árabe, de lenguas germánicas, del italiano, del francés, muchísimas del inglés y, en cuanto pasan cincuenta o sesenta años, las sientes como propias. Si le dices a alguien que detective o tanque son palabras inglesas se quedaría sorprendido. Pasó siempre y no es un problema, al revés, acaba enriqueciendo la lengua.

-¿Qué hacer con los términos que han venido con las nuevas tecnologías?

-Googlear o bloguear, ¿se quedarán en la lengua? Depende del azar. Google es un nombre propio pero hay otros muchos nombres de marcas que se quedaron, como celo o kleenex.

-¿La Academia peca a veces de tolerante con lo que no son más que modas pasajeras?

-Uno ha visto de todo. La función de la Academia es más bien ser notario. Ahora que hay muchos lingüistas allí y que son gente sensata, puede decir, ‘sí, esto es así y significa esto, pero es un uso de tipo vulgar’. Eso no estaría mal, pero, a veces, hace propuestas fallidas, como ciberpágina y el prefijo cíber- para todo, y la gente no la seguido. La lengua funciona por sufragio universal: si los hablantes quieren llamar a una cosa de una determinada manera, lo harán por encima de las academias y, si no, no habrá forma humana de que lo hagan.

-¿Es muy escrupuloso con la puntuación?

-Me parece un recurso absolutamente sutil y maravilloso. Soy cuidadoso cuando escribo porque una frase puede acabar diciendo una cosa completamente distinta. No es igual ‘Pedro es simpático. Pero un poco aburrido’ que ‘Pedro es simpático, pero un poco aburrido’. Con el punto estás insinuando una oposición grande y con la coma parece una cosa secundaria.

-¿El punto y coma se explota poco?

-No sólo en español, también en francés, en portugués, en las lenguas de origen latino. Es que fue de los signos de puntuación más tardíos en aparecer y está a caballo entre el punto y la coma. Hay autores como Bolaño o Vila-Matas que no lo usan jamás, sorprendentemente, porque a mí me ayuda mucho, sobre todo en las frases largas, con subordinadas o con adversativas. Es uno de los signos que se utilizan menos también por su dificultad.

-¿El epiceno ha muerto?

-El género gramatical es una cosa muy curiosa que está sometida a tensiones de los hablantes. Las mesas no son femeninas ni los coches masculinos.

-¿Qué opina de tratar de eliminar el sexismo en la lengua con ‘los y las’?

-Es evidente que una solución tan pesada no puede ser buena. Eso nos llevaría a cosas como ‘todos los padres y las madres de los alumnos y alumnas, junto a los profesores y profesoras de este centro…’ Son frases intragables, que nadie dice.

-¿Qué tal están escritos los periódicos?

-Para ser bestsellers diarios, bastante bien escritos están; los de calidad tienen un nivel razonable. Algo tiene que padecer la lengua si traduces a toda velocidad y a veces conviertes a bomberos en etarras.

-Usted empezó a trabajar como corrector, una figura que prácticamente ha desaparecido.

-Sí, y ha desaparecido -por presiones económicas- sobre todo en la prensa; en las editoriales, casi también, cuando el control de calidad es más necesario que nunca [para diferenciarse], ahora que cualquiera pu
ede crear un blog y escribir de lo que quiera.

-¿Augura una pronta desaparición del papel en prensa?

-Es una cuestión muy debatida pero el papel tiene unas ventajas que van a hacer que permanezca, aunque no en la misma forma. En el periódico te encuentras todo junto, los cines, los anuncios de pisos, las últimas noticas, los análisis y la opinión. Quizá pronto no sea necesario incluir anuncios o la cartelera porque estará en otros medios y hasta la tengas en tu teléfono.

-¿Las ediciones digitales se parecen todavía demasiado a las de papel?

-En gran medida, sí. La edición digital debe buscar su propio camino. No es hacer lo mismo y pegarle un vídeo encima. Debería sobre todo explotar los enlaces, una riqueza que el papel no puede tener.

-¿Las nuevas tecnologías cambiarán la forma de hacer literatura?

-Tanto como la literatura, no sé. Siempre hubo escritores que hicieron lo que les dio la gana, como Joyce, incluso cosas rarísimas. Lo que seguro que cambiará es la comunicación escrita. Ya está cambiando.

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El espectáculo del español

13 enero 2010 17:17

Alguna otra vez hemos reflexionado sobre qué palabras castellanas asoman a otras lenguas. En un anuncio del metro de París estas Navidades se anuncia un encuentro futbolístico entre las selecciones francesa y española (¡para marzo!), y vean qué palabras sancionan la “furia española”: fiesta, olé y espectáculo.

Bueno…

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