Hijos de la flauta

15 enero 2012 17:17

De vez en cuando, una palabra se descompone, y una de sus partes empieza a funcionar para formar otras. Estos días estamos presenciando un fenómeno curioso. En un principio estuvieron los perroflautas, denominación sinecdóquica de una tribu urbana por los elementos que les caracterizaban. Pues bien: la parte final de la palabra, flauta, parece haberse convertido en identificador de un grupo como protestatario, “indignado” o similar. Esto en sí mismo es raro, porque los perroflautas si algo no eran es rebeldes contra el sistema, pero bueno: las palabras se contaminan por los contextos en que aparecen, y a veces acaban significando algo lejano. Ahí está el caso de patera, inicialmente ‘embarcación’ y luego, ‘lugar donde se hacinan inmigrantes’.

En castellano y en catalán yayo/iaio es una denominación familiar y cariñosa para abuelo, y a su vez abuelo también ha pasado a significar ‘persona de edad’. Pues bien: un grupo de personas mayores, con o sin nietos, y por supuesto sin flautas ni perros, pero luchadores por sus derechos contra el cierre de centros de salud, han escogido el nombre yayoflauta/iaioflauta para definirse. Arriba vemos una de sus manifestaciones en las que convive la denominación con dos iconos gráficos de la modernidad internetera: el hashtag o sostenido de las etiquetas de Twitter y la @ del correo electrónico. Tienen incluso un sitio web: http://www.iaioflautas.org.


(entrevista en Intervíu)

Por cierto, el activismo político de las personas de edad ha dado otras muestras de creatividad lingüística: en 1991 concurrió a las elecciones españolas el partido Panteras Grises. La denominación nació en realidad en EE.UU. en 1970, como Gray Panthers, claro juego de palabras (por las canas) con el movimiento negro Black Panthers

Había archivado la denominacion de yayoflauta como una curiosidad más, cuando la protesta de la policía autonómica catalana, los Mossos d’Escuadra me ha sorprendido en Twitter con este hashtag: “#mossoflautas“.

¿Habrá otros casos de utilización de -flauta para expresar rebelión o disconformidad? Agradeceré a los lectores que me notifiquen si se encuentran con alguno…

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Corrupción y creatividad lingüística

07 diciembre 2011 17:17

Un frecuente reacción defensiva de las personas ante los desastres que les rodean es tomárselos a broma, y la lengua es un instrumento privilegiado para ello. Vamos a ver dos ejemplos.


La retro

Comencemos por el principio: para aludir a la obtención ilegal de dinero se suele utilizar la expresión “por detrás”, como se ve en este ejemplo:

Quien gratis atiende es porque nada vale… así de simple, aunque reciba un pago por detrás [comentario en un blog de veterinaria]

Y cuando se quiere indicar este hecho con un gesto, se pone la mano a la espalda con la palma vuelta hacia arriba (en el gesto de recibir algo clandestinamente): lo ha usado mucho el humorista Forges, como en el dibujo que encabeza este post.

Pues bien, en el uso que he registrado en Galicia hace un año (y que tal vez se dé en otros lugares), se equipara ese gesto a una máquina  muy utilizada en obras públicas, la retroexcavadora, que presenta una pala delantera y otra trasera, con lo que puede simbolizar perfectamente una transacción legal (“por delante”) unida a otra ilegal (“por detrás”).

Así, se dice de una persona que se recibió ilegalmente un pago que “usó la retro” (en apócope) o “la retroexcavadora”.


El caso Urdangarín

Como es bien sabido, el yerno del rey de España ha participado presuntamente en prácticas corruptas. La persona en cuestión ha sido jugador profesional de balonmano, y se ha sacado partido de este hecho, como en estos dos ejemplos de Twitter:

La columna del conocido colaborador de Público Ignacio Escolar recogía otro juego de palabras, ya desde su título: “El talonmano“:

Entre todos los trabajos destaca, por su valor simbólico, un estudio de 134 páginas por el que Telefónica pagó 106.720 euros. Se titula “El compromiso con los stakeholders” pero el subtítulo es mucho mejor: “Manual para la práctica de las relaciones con los grupos de interés”. Es un deporte de élites del que parece saber mucho Urdangarin. Hay quien lo llama talonmano.

La misma columna hablaba también de que en el caso del yerno real

Están imputados los responsables de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia que firmaron los contratos con esa ONG “sinónimo” de lucro [por "sin ánimo de lucro"]

¿Creación periodística? Más bien creo que bebido del pueblo… El talonmano circulaba por Twitter desde el 30 de noviembre al menos, atribuida a la revista El Jueves… “Sinónimo de lucro” es el nombre de un grupo musical, activo al menos desde el 2008.

Un caso diferente: en un blog republicano aparecieron los siguientes versos dedicados al personaje:

Dar pelotazos es su gran pasión,
es un atleta del mayor postín,
que igual puede atrapar un maletín
cuando se le presenta la ocasión.

(Los firmaba “Arturo del Villar, poeta republicano“). Recordemos que un pelotazo es, desde la primera edición del Diccionario del  español actual, 1999 (cito desarrollando las abreviaturas):

5 (coloquial) Ganancia rápida de dinero. Generalmente en la construcción PEGAR EL -. Frecuente con intención despectiva aludiendo a la poca limpieza.

(la RAE no recoge esta acepcion más que como enmienda a la 22ª edición, 2001, que se incorporará a la edición en curso: “coloq. Esp. Operación económica que produce una gran ganancia fácil y rápida”.).

Las citas que el diccionario de Manuel Seco aporta son de prensa de los años 1992 y 1993, de modo que la palabra llevaba al menos veinte años dando vueltas por ahí cuando la corrupción (presunta, por favor) de alguien que se dedicó profesionalmente a la pelota permitió la dilogía del primer verso: “Dar pelotazos es su gran pasión”.

También se pueden ver en Twitter desviaciones festivas de su nombre:

En fin… Puede que los lectores conozcan otras acuñaciones festivas referidas a un tema, la corrupción, que tiene bien poca gracia. Si es así, agradeceré que las cuenten en comentario.

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Divulgar mejor

25 noviembre 2011 17:17

Bienvenida sea la divulgación, y más en materia de lengua, donde hay tantos prejuicios y malentendidos. Y nos encantan los gráficos. Pero no nos gusta lo que ha hecho la Fundéu sobre los neologismos, porque está lleno de errores.

“[Neologismo] de forma: palabras creadas a partir de cambios morfológicos de vocablos ya existentes en la propia lengua”. Y el ejemplo es “ciber+nauta”. Aquí está la historia del origen de ciber-, que no tiene mucho que ver con la definición…

“cambios semánticos o de significado” ¿No es  completamente redundante?

“Barbarismos: vocablos mal escritos o pronunciados procedentes de otro idioma”. Vamos a ver: si circulan por nuestra lengua, aunque vengan de otra, ¿por qué van a estar “mal escritos o procunciados”? ¡Será un barbarismo, pero accesar está bien escrito! ¿Y en qué se diferencia este “Barbarismo” del “Extranjerismo: vocablo o giro lingüístico que un idioma toma de otro”? ¿Y del “Préstamo: voces procedentes de otras lenguas”?

“Cultimos: palabras que se tomaron de las lenguas clásicas después de la formación del español”. Mala definición, pero además el ejemplo es “portal”, ¡que en su acepción informática viene del inglés!

“Nuevas: Palabras en las que no se emplean estos procedimientos, sino que se recurre a la invención”. Definición rarita, pero además se ejemplifica con “wifi”, que es una marca, sí, pero que proviene del acrónimo de Wireless Fidelity.

“Metáfora: semejanza con el concepto que define”. Puffff… Pero además el ejemplo es:

Como las cosas de Internet vienen de arriba, podemos decir que “bajan”, ¿no? …

En fin…

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Lingüistas en la creación de marcas

29 octubre 2011 13:13

En la revista New Yorker (aunque por desgracia por línea sólo se accede a un resumen) he leído un bonito artículo titulado “Famous Names. Does it matter what a product is called?“, por John Colapinto (October 3, 2011).

El artículo trata sobre Lexicon, una empresa dedicada al naming, o creación de marcas para productos. No hablamos de logotipos (las imágenes que las identifican), sino de palabras, esas que, como ocurre con kleenex o aspirina, pueden acabar convirtiéndose en nombres comunes para un tipo de productos. Del naming (en español se llama directamente así, lo que, vistas otras acuñaciones, no parece repugnar a la lengua de hoy) ya hemos hablado en otro post, que incluso mencionaba a la misma empresa.

Pues bien: el artículo de Colapinto se centra mucho en el método de trabajo. A mí, particularmente, lo que me ha llamado la atención es la profesionalidad con la que está abordada esta tarea en Estados Unidos. Al fin y al cabo, ellos, inventores de la mercadotecnia contemporánea, saben bien el valor de una marca. El caso es que tienen dos lingüistas fijos, y otros setenta y siete eventuales, repartidos por todo el mundo (para las resonancias no queridas de una marca en otras lenguas, véase lo que pasó con el Mitsubishi Pajero).

El método de trabajo es partir de mapas mentales que resumen las características que se quieren resaltar del producto, y a partir de ahí se trabaja con propuestas: palabras existentes, u otras creadas ad hoc. Lo que parece tener gran importancia son las connotaciones de los términos elegidos. Blackberry (‘mora’ en inglés) contiene el color negro, black, que se asocia con la tecnología. Pero lleva implícito también un chiste visual: los botones del aparato recuerdan al apiñamiento de las frutas polidrupas. Como ejemplo de término inventado, tenemos Pentium, formado con la terminación latina -ium (como en sodium) y la raíz griega de cinco (era la quinta generación de procesadores de Intel). Las marcas no sólo bautizan cosas existentes, sino que las traen a la vida conceptual: Pentium fue el primer procesador con nombre propio en vez de número…

Lexicon trabaja con métodos etnográficos (grupos de usuarios a los que se exponen los nuevos términos), pero también manejan metodologías depuradas, como cambiar al producto de categoría, para explorar mejor las connotaciones de un nombre: “Si Pentium fuera un nuevo modelo de coche, ¿cómo sería?”.

Pero lo mejor ha sido, ya digo, comprobar que los lingüistas sirven para algo…

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Teléfonos “digitales”

21 mayo 2011 19:19

Llevo unos días atrapado en uno de los infiernos contemporáneos más comunes: la operación de cambiar en un caso, y conseguir nuevo en otro, teléfonos móviles para mis hijos. Por fortuna, la horrible experiencia, consumidora de horas y de paciencias, ha albergado en su seno dos aspectos benéficos. El primero ha sido comprobar que el mal trato e ignorancia de Movistar no está reservado en exclusiva para sus clientes, como yo pensaba: he visto cómo lo sufría también el personal de sus propias tiendas cuando llamaba a la central en demanda de ayuda. Bueno: siempre es un consuelo…

El segundo ha sido escuchar a una clienta entrada en años pedir: “Un teléfono, pero no de esos digitales [aquí hacía el gesto de quien opera en una pantalla táctil], sino de teclas”. ¡Maravilloso!: como es sabido, digital viene de dígito, ‘dedo’, pero tiene dos acepciones. La primera (y más antigua) es ‘relativo al dedo’, como en “huellas digitales”; pero la más frecuente en la actualidad es la que se opone a analógico, es decir, algo así como “basado en señales discretas, según la teoría de la información“. Una extensión de esta última es el amplísimo uso de digital como sinónimo de informático o de “propio de las tecnologías de la información”.

Mi (involuntaria) informante había tomado, en este mundo de iPhones, iPads e iPods que se accionan con el dedo sobre la pantalla, digital en el primer sentido, que le parecía venir como anillo al dedo. Había hecho algo así como una “etimología popular culta”, y por cierto, bien bonita…

Al revisar el DRAE para ver cómo andaban las definiciones de estas cosas, me ha sorprendido la pobreza de su situación actual (en esencia, idéntica a la que denuncié en mi artículo del 2004, “Los términos informáticos en el Diccionario de la Academia”). Digital sigue siendo:

1. adj. Perteneciente o relativo a los dedos.

2. adj. Referente a los números dígitos y en particular a los instrumentos de medida que la expresan con ellos. Reloj digital.

¡Y nada más! La cosa es grave, cuando comprobamos (gracias a DIRAE) que el adjetivo aparece en su acepción hoy más corriente (y ausente del diccionario) en otros artículos, como digitalizar: “Registrar datos en forma digital” (!). En fin… Véase lo que decía sobre ambas palabras hace ya siete años.

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Los nombres de los colores

24 marzo 2011 19:19

Un gráfico interpreta el primer capítulo de mi libro El candidato melancólico (que, por cierto, da nombre a este blog). Se trata de “En el arco iris“, sobre los nombres de los colores.

Lo ha hecho Iñaki Berazaluce en Cooking Ideas.

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El bowdelizador que bowdlerice…

10 enero 2011 11:11

Hace poco salió a la luz la noticia de que en una obra de Mark Twain se iban a suprimir expresiones presuntamente racistas.

En la versión inglesa de esta noticia, una palabra me llamó la atención:

Being an iconic classic, however, hasn’t protected “Adventures of Huckleberry Finn” from being banned, bowdlerized and bleeped. It hasn’t protected the novel from being cleaned up, updated and “improved.”

El verbo to bowdlerize (‘censurar una obra literaria’) se usa en honor de Thomas Bowdler, quien creó una edición de las obras de Shakespeare notablemente dulcificada.

Las derivaciones a partir de un nombre propio (de una figura histórica o de ficción)  son frecuentes en español: onanismo, chauvinista, rocambolesco, aunque la mayoría son sustantivos. Verbos hay menos: donjuanear.

Mi pregunta es: ¿qué figura de la cultura en lengua española merecería dar lugar a  un verbo que indicara la acción de censurar una obra?

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Locávoros

19 septiembre 2010 12:12

La palabra me sorprendió por primera vez en un precioso libro de viajes, Contra el cambio, de Martín Caparrós. Un locávoro sería la persona que come sobre todo alimentos de producción local, cultivados o criados en proximidad.

Aparentemente, la palabra viene del inglés locavore, atestiguado por primera vez en el 2005, según el Merriam-Webster.

El término ha pasado también al francés, locavore, cuyo útil Wiktionnarie nos dice que fue elegida palabra del año 2007 en el New Oxford American Dictionary. Precisa también que fue un grupo de cuatro mujeres quien empezó el movimiento que lleva ese nombre en el 2005 en el área de la bahía de San Francisco. Registra la variante localvore.

Hay muchos compuestos del latín -voro: carnívoro, herbívoro, omnívoro, insectívoro, frugívoro… El sentido es siempre “alguien que come…” la primera parte del compuesto, incluso en sentido figurado: fumívoro: “Se dice de los hornos y chimeneas en que se produce una combustión completa, sin salida de humo”. Muchas de estas palabras son comunes a distintas lenguas de cultura, aunque con adaptaciones fonéticas y graficas: cf. el italiano onnivoro.

¿Y locavore? El inglés actual se caracteriza por su tranquilidad a la hora de acuñar nuevos compuestos, que en seguida se exportan (ahí está el caso de paralímpico). De local y -vore, locavore, pronunciado con acento en la primera sílaba. En español, donde estos compuestos son siempre esdrújulos, ha dado locávoro, quizas más pronunciable que locálvoro (que tiene sólo 8 presencias en Google).

Pero el inglés también ha dado localtarian (a imitación de vegetarian), y ya hay un puñadito de localtarianos paseándose por las webs españolas.

¿Es bueno ser locávoro o locatariano? Probablemente sí, porque uno le ahorra al planeta los costes en aumento de CO2 y el gasto de combustibles fósiles del transporte, aunque Martín Caparrós recuerda cómo los kiwis importados a Inglaterra resultaron ser menos ecológicamente dañinos que los locales (a pesar del transporte), porque habían sido cultivados con muchos menos fertilizantes químicos.

Es duro ser un ciudadano consciente hoy en día…

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El fin del “camarada” en China

12 junio 2010 13:13

El término camarada proviene del latín camara (primero ‘bóveda’, como su antecedente griego, y luego ‘habitación’), y apareció en castellano en el siglo XVI. Si los  que comparten el pan son compañeros, los que viven en un mismo aposento serán camaradas. Esta palabra se extendió al francés: camérade, inglés: comrade, alemán: Kamerad.

Su uso social como expresion de igualitarismo tiene sus orígenes en el siglo XIX. En ruso se adoptó a finales de ese siglo la forma tovarich, de tovar, ‘mercancía’, que originariamente aludía a ‘compañeros de negocios o viajes’. Y el partido nacionalista chino Kuomingtang puso en boga a principios del XX el término tongzhi, literalmente ‘[gente con] el mismo espíritu, meta, etc.’. (La Wikipedia inglesa presenta un buen resumen bajo Comrade).

El término se extendió en los años 30 por igual entre el fascismo alemán (Ich hatt’ einen Kameraden) y el falangismo español (Yo tenía un camarada), entre el comunismo ruso y el chino.

En Alemania su uso cesó tras el la caída del nazismo. En España, tras la victoria de Franco, pervivió mientras los falangistas dominaron en el aparato del Estado. Una aparición novelesca del término lo tenemos en Si te dicen que caí, de Juan Marsé, cuyo protagonista se dirige a un falangista como “camarada Imperial”; pero luego desapareció del todo.

En Rusia se mantuvo, con uso decreciente, mientras existió la Unión Soviética. China es el único lugar en el que seguía teniendo una cierta utilización, pero, como recoge La Vanguardia: ahora China dice adiós a la palabra ‘camarada’. El término había ido cayendo paulatinamente en desuso, pero aún se mantenía, por ejemplo en la forma en que los conductores de autobús se dirigían al público, y a hora este último uso ha sido abolido.

Pero como dice el mismo periódico:

En la última década, sin embargo, ha aparecido como palabra de uso corriente en el argot juvenil porque significa homosexual. Esta utilización tiene su origen en el hecho de que los dos caracteres que definen el término camarada son los mismos que significan homosexual. Su popularidad se extendió por toda la comunidad gay a partir de que empezara a ser utilizada por el cineasta Lin Yihua en Hong Kong. Esta definición no se reconoce de forma oficial, pero con el tiempo ha ido ganando adeptos entre la población más joven de China.

Este uso proviene de los años 90, como se ve en el artículo Tongzhi de Wikipedia.

Y aquí termina por el momento la historia de una palabra griega, que amplía su significado en latín, y cuyo derivado español triunfa en varias lenguas, teniendo un periodo de auge cuando los grandes movimientos políticos del siglo XX, para luego ser adaptado en ruso y chino y extenderse, y caer por fin en el olvido en el siglo XXI, salvo un rescate postrero por parte de la jerga de una comunidad específica. Bonito recorrido, ¿no?

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Entrevista en “La Nación”

10 abril 2010 21:21

El diario argentino La Nación ha publicado una entrevista conmigo, con motivo de la aparición en ese país del libro epónimo de este blog: El candidato melancólico. La entrevista, titulada “La Web cambió el modo de escribir” la realizó Héctor M. Guyot, y la transcribo a continuación:

Las palabras comparten la condición nómade del hombre. Al cruzar valles, montañas y fronteras, cambian. También, como los hombres, esconden rastros de sus vidas anteriores. Y en esos rastros puede leerse la historia del mundo.

Así lo afirma el filólogo español José Antonio Millán. Las palabras, dice, llevan señales de contactos, invasiones y conquistas entre las culturas más diversas. Por eso, y porque el tejer y destejer colectivo de palabras en el tiempo es en buena medida un fenómeno oral, Millán llegó a una hermosa definición: la etimología es la arqueología del viento. La materialidad de un sonido, pero también el aliento efímero de la voz que nombra.

A la improbable tarea de leer en el viento se dedica Millán (Madrid, 1954) en su último libro, El candidato melancólico (RBA), una invitación a descubrir “de dónde vienen las palabras, cómo viajan, por qué cambian y las historias que llevan dentro”. La travesía que propone puede llevarnos miles años atrás, allí donde las lenguas se confunden: “La comparación entre latín, griego y sánscrito, la antigua lengua de la India, nos sitúa en la lengua madre (o abuela) de todas ellas, a la que llamamos indoeuropeo -señala Millán-. El rege latino, de donde viene nuestro rey , y el rajá de la India deben provenir de un término común de hace cuatro o cinco mil años. Claro que a veces las palabras han variado tanto que puede ser difícil descubrir su origen: nuestro ajedrez viene, a través del árabe, del sánscrito shaturanga “.

Lo que antes viajaba en el viento hoy vuela también en forma de bits a través de los circuitos electrónicos del inconmensurable cerebro colectivo de Internet. Esta entrevista, por ejemplo, es fruto de un intercambio de e-mails . No es raro, porque Millán, autor de Internet y el español y La lectura en la sociedad del conocimiento , ha participado en el desarrollo del Centro Virtual Cervantes y dirigió el CD-Rom del diccionario de la Real Academia. En suma, es arqueólogo del viento pero también un hombre de la Web, que con su flujo incesante y global hace ya rato que participa de esta aventura común de dar nuevas formas a las palabras y el idioma. O los idiomas, en rigor.

Lo que sin embargo no ha cambiado, previene Millán, es la naturaleza de esta transformación permanente. “La gran revolución de las lenguas modernas comenzó con el periodismo, la radio y la televisión, que permitieron que muchas palabras pertenecientes al habla científica o técnica pasaran al lenguaje común -dice-. En este sentido, Internet no ha hecho más que continuar esa tendencia.”

-¿Qué consecuencia tiene que el buscador de la Web por excelencia -Google- sea estadounidense y el inglés, el idioma preponderante?
-Google funciona perfectamente en español y en muchas otras decenas de lenguas, de modo que su influencia puramente lingüística no es muy grande. Tiene sí una clara influencia cultural, por las suposiciones que el buscador hace sobre lo que puede ser más interesante para el usuario, por ejemplo. En estos momentos puede que el idioma más usado en la Red sea el chino. Sin embargo, el inglés es la lengua de quienes crearon las tecnologías en las que se basa Internet, de modo que no es extraño que nos haya dado muchos préstamos para referirnos a aparatos (computadora), técnicas (bits), espacios (Web), géneros ( blogs ); pero muchas otras palabras en uso en este dominio, como tecla, pantalla, correo, son nuestras.

-¿Puede compararse el boom del e-mail al viejo hábito de intercambiar epístolas?
-En efecto, el e-mail ha sustituido el antiguo arte epistolar, y no sólo eso: lo ha revitalizado. La gente de mi generación sustituyó las cartas por el teléfono, hasta el extremo de que hace dos décadas casi nadie escribía una carta. Con el e-mail hemos vuelto a hacer no sólo mensajes y breves notitas, sino auténticas misivas.

-¿Qué pasa cuando el e-mail viola las reglas del idioma en beneficio de la comunicación veloz e inmediata?
-Hay todo tipo de e-mails : los breves y apresurados, o los largos y demorados; hay correos de amor y de negocios, familiares y formales. En este sentido, ocurre como con la conversación hablada: uno no se expresa igual charlando con los amigos que compareciendo ante un juez; no es igual dar un recado a un desconocido que contar algo a tu pareja. Hay muy distintos registros de habla, y también de comunicación escrita. Hay, sí, géneros de comunicación que son eminentemente informales: los mensajes de texto en el celular, las notas en redes sociales, los mensajes de Twitter, el chat… En estas modalidades la lengua escrita no está perfectamente cuidada (igual que no lo está la lengua hablada en una conversación de amigos en un bar): de hecho, se trata de una especie de “oralidad por escrito”. Pero eso no hace que nuestra lengua degenere, ni nada por el estilo…

-¿Llegará el día en que sólo leamos libros electrónicos? Cuando se extienda el uso de este nuevo formato, ¿cambiará la naturaleza del acto de leer?
-Es dudoso que prescindamos de los libros en papel, entre otras cosas por razones puramente económicas. Y sí, parece que la lectura en pantalla cambia algo: se está comprobando que estudiantes que manejan el Kindle encuentran más problemas para asimilar y memorizar que si estudiaran con un libro en papel. A medida que aumente la práctica, sabremos más cosas, algunas de ellas impensadas: el escritor Nicholson Baker, por ejemplo, ha contado lo divertido que le pareció un pasaje de una novela al leerlo en papel y cómo en pantalla no lo encontró nada gracioso.

-Estos cambios en el acto de leer, ¿modificarán la naturaleza del acto de escribir y la relación con el idioma?
-Ya ha cambiado el modo de escribir. Al menos para quienes escribimos mucho para la Web (y los diarios acaban también en la Web): uno sabe que parte de su público van a ser máquinas (las arañas de los buscadores como Google), de modo que estamos escribiendo también para ellas. Y el lector tiene al alcance de la mano, a un clic, la comprobación inmediata de lo que dices: hay que tener cuidado con lo que se escribe hoy en día.

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