03 febrero 2010

No, y no... y no

Ya hace tiempo me han fascinado los avisos callejeros que contienen negaciones. Me explico: un cartel informativo, aunque a veces sea misterioso, añade una información a la que ya posee el lector. Pero los avisos negativos lo que hacen es destruir las preconcepciones de quien los lee.

Al pobre librero de la calle de San Bernardo de Madrid le deben de atribuir todo tipo de servicios que él no puede prestar, de modo que tiene que defenderse a priori con esta bonita sucesión de negaciones y maniobras de diversión.

Termino con dos ejemplos más, uno de Madrid y otro en una obra de Barcelona.



 

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27 enero 2010

Polisemias fatales


Según una noticia en el New York Times, una revista fundada en 1920 ha tenido que cambiar su nombre. Se trata de Beaver, autopresentada como "Revista de historia del Canadá". Beaver es el nombre inglés del castor. El problema es que es también la denominación vulgar del órgano sexual femenino (es lo que ocurre en español, al menos en España, con la palabra conejo). La cuestión ha sido explotada en innumerables chistes, como el de abajo: "¡A veces los hombres hacen las peticiones más extrañas!" (en español también hay coplas que explotan el doble sentido, como "El conejo de la Loles").


Lo que no dejaría de ser una simple anécdota para una publicación casi centenaria se ha convertido en un problema en Internet, porque los filtros de contenido web en las escuelas vetan esta palabra en las búsquedas, y los filtros de spam se los tragan. Esto es lo que ha provocado el cambio de nombre (y direcciones electrónicas).

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13 enero 2010

El espectáculo del español


Alguna otra vez hemos reflexionado sobre qué palabras castellanas asoman a otras lenguas. En un anuncio del metro de París estas Navidades se anuncia un encuentro futbolístico entre las selecciones francesa y española (¡para marzo!), y vean qué palabras sancionan la "furia española": fiesta, olé y espectáculo.

Bueno...

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04 enero 2010

Ante la gramática


Ayer publiqué en El País un extenso artículo titulado Ante la gramática, sobre la Nueva Gramática de la lengua española de la Real Academia.

Este es su comienzo:
"Pocos habrá que nieguen la utilidad de la Gramática si se considera como medio para aprender alguna lengua estraña; pero muchos dudarán que sea necesaria para la propia, pareciéndoles que basta el uso". Así decía el prólogo de la primera Gramática de la Academia (1771). A pesar de los casi dos siglos y medio transcurridos, la afirmación podría mantenerse. De hecho, una de las no pequeñas sorpresas que tendrá un lego en la materia al ver la voluminosa Nueva gramática académica es pensar: ¿toda esta gramática tiene el español? Y la respuesta es sorprendente: "Sí: y usted la domina prácticamente toda...".

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24 diciembre 2009

Del oficio de tragar, y feliz 2010



(Montaje sobre un cartel fotografiado en Guadalajara, México)

Aparte de que me haya parecido pertinente para las fechas que corren, el nombre de la asociación me ha despertado algunas reflexiones. Supongo (y si no es así, me encantaría que alguien me sacara de mi error) que tragón es, en el español de México, una palabra del registro coloquial, como ocurre en España.

Me ha parecido que dar a la asociación "Tragones anónimos" un nombre que utiliza la palabra común, en vez de la técnica, ayuda a su difusión. Si se hubiera llamado, por ejemplo, "Bulímicos anónimos", habría gente que no sabría de qué se trata.

Y dicho esto, felices fiestas a los lectores del blog, y hasta algún momento de enero...

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20 diciembre 2009

"Making off", y otras aberraciones


Una de las ventajas de saber inglés es que la gente puede usar palabras de esa lengua, vengan o no a cuento. Y una de las desventajas de no saberlo demasiado bien es que con frecuencia se usan como inglesas expresiones que no lo son.

Por ejemplo: el making of. Esta expresión inglesa significa "creación de", y funciona como un sustantivo, con el sentido de "película documental que representa la producción de una película o de un espectáculo televisivo". Un vocabulario cinematográfico señala que "originalmente se usa para la promoción de la [película] y que ahora se incluye como extra en las ediciones en DVD". En sentido amplio es cualquier película o reportaje fotográfico que ilustra sobre la creación de algo, aunque sea un calendario (imagen superior).

El problema es que gente que no sabe mucho inglés (es decir, la mayoría de los hispanohablantes) ha reinterpretado la expresión como compuesta de la preposición o adverbio off. Google informa de la existencia de 394.000 páginas en español con la expresión making off, frente a 731.000 de making of. Es decir: gana la versión correcta, pero por poco: making of se ve mal escrito aun en periódicos de prestigio.

Este fenómeno es un caso de etimología popular culta: quienes escriben esto saben que existe en inglés la partícula off, y les parece más oportuna en esta expresión. ¿Conocen los lectores otros casos de palabras extranjeras mas escritas por exceso de conocimientos de quien las usa?

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15 diciembre 2009

Nombres fósiles




Reflexiono en un bar al lado de la estación de Atocha de Madrid, llamado El Andén. ¿Habra nombres de establecimientos que conserven memoria de su entorno, aun cuando éste haya desaparecido? Pienso en el bar El Circo de Madrid, al lado del extinto Circo Price, y en el restaurante Madrid- Barcelona, de Barcelona, junto a la estación de tren que ya no existe...

Tal vez el lector recuerde otros casos.

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27 noviembre 2009

Las jergas del Poder


Me ha alegrado mucho encontrarme en un nuevo medio, FronteraD, con Mal-dic(c)ciones, un blog de un escritor que me gusta: J. Á. González Sainz. En su entrada "La voz de la megafonía" cuenta una anécdota que ocurre en italiano, pero que es perfectamente equivalente en español. Se trata de un viaje en un tren que de pronto se detiene, y se emite un mensaje por altavoz que informa de que se trata de "una avería en el PN". Nadie parece saber qué significan esas siglas, y el narrador interpela a la empleada del ferrocarril: PN es ni más ni menos que "paso a nivel"... Y el narrador reflexiona:
¿Por qué había dicho PN en lugar de paso a nivel? ¿Por qué demonios —porque de demonios sin duda alguna se trataba— había dicho algo que sabía a ciencia cierta que nadie iba a entender, en lugar de utilizar la palabra por la que todos podía saber que iban a entender? ¿Al decir PN en lugar de paso a nivel se quería dar torticeramente a entender que era algo de elevada complejidad técnica, algo cuya dificultad o aleatoriedad estaba fuera de nuestro alcance y que, dicho en palabras que todos entendiéramos y nos capacitaran para saber a qué atenernos, podía mover nuestra insatisfacción y resultar contraproducente para la Empresa?, ¿o bien sólo se nos quería tomar el pelo? Si no querían que entendiéramos lo que sucedía no tenían por qué habernos informado. Pero no, querían informarnos y a la vez que no nos enteráramos, cumplir no con la información sino con la religión o la ideología de la información. Querían que recibiéramos la información como se recibe una comunión. De repente fui presa de un extraño terror. Por el agujerillo de aquella vulgar y pequeña situación cotidiana, que muy bien hubiera podido pasar inadvertida, me asomaba de pronto a todo lo demás y todo lo demás era igual o tendía a ser igual: nos sustituyen las palabras con las que entendemos y los modos que tenemos de entender por aquello con lo que se nos escapa el entendimiento de las cosas pero simulando no obstante una comunicación realizada. No comunican nada, pero comunican, siguen comunicando o no hacen más bien otra cosa que comunicar e informar no sólo importándoles un bledo que nos quedemos a dos velas sino aspirando religiosamente a que quedarse el receptor a dos velas sea el verdadero objetivo, el auténtico cumplimiento de la información, la comunión total con “la voz de la megafonía’.

(Vale la pena leer el post completo). Su reflexión me ha impresionado, poniendo voz a algo que había sentido muchas veces: la sustitución de la comunicación desde el poder (y tan poder es el Jefe del Estado como una revisora) por un remedo oscurecedor...

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02 noviembre 2009

Ferlosio y la lengua


En el suplemento "Babelia" de El País, el pasado sábado 31.10, he publicado una recensión del último libro de Rafael Sánchez Ferlosio: "Guapo" y sus isótopos (Barcelona, Destino, 2009):
Este libro parte del asombro ante la existencia de palabras tan próximas como "guapo", "lindo", "bonito", ... Prueba de su similaridad es que no se pueda decir "el niño es guapo y lindo". Ferlosio las llama, con una analogía química, "isótopos", o sea "del mismo lugar", y si le seducen es por sus relaciones "conceptualmente brumosas donde la mente no se ve asistida por la visión de netos límites semánticos, ni deslumbrada por su claridad".
En la obra Ferlosio analiza desde muy diversos puntos de vista este campo semántico. La reseña se puede leer íntegra en el enlace indicado.

Copio ahora su pieza final sobre "Ferlosio y la lengua". Tomé los datos sobre los avatares lingüísticos del autor de su pieza autobiográfica "La forja de un plumífero", en la tristemente desaparecida Archipiélago, 31, invierno de 1997:
El autor de El Jarama siempre tuvo un vivo interés por la lengua; de hecho, su novela más famosa surgió de sus notas sobre formas populares de habla. Al acabar de escribirla en 1955, Ferlosio se "retiró de la circulación" para dedicarse a "altos (o bajos) estudios gramaticales" durante 15 años. Estudios solitarios, que se vieron enriquecidos en una época por una tertulia con un grupo de amigos profesionales de la lengua (Carlos Piera, el malogrado Víctor Sánchez de Zavala...). Esta reunión recibió el título, algo rimbombante, de Círculo Lingüístico de Madrid. De la numerosa escritura surgida de estos años de estudio, la pieza más acabada fue "Guapo" y sus isótopos, empezada en 1970 y revisada y publicada ahora.

¿Desde dónde escribe Ferlosio cuando habla de lengua? Desde luego, no se declara un experto (no tiene reparos en observar en un momento: "Quise cumplimentar la referencia en la Biblioteca del Ateneo, pero no encontré nada; no tengo impulsos de investigador, y me desanimé"). Pero se ve con las fuerzas intelectuales para aprehender algunas de sus sutiles realidades, a través de la lectura y la observación, y contarlas maravillosamente a quien quiera escucharlas.


Como el sabio del grabado antiguo, que atraviesa la bóveda celeste para asomarse a la maquinaria que la mueve, en esta obra palpita la emoción de quien se adentra en lo que "nadie ha visto nunca con ojos mortales, ni creo que llegue a ver jamás, esa gran página arbórea, pluridimensional y pluriarticulada que llamamos 'el acervo'[léxico]".

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14 octubre 2009

El Candidato Melancólico en Argentina


Mi libro El candidato melancólico se ha puesto esta semana a la venta en Argentina, comercializado por las Ediciones del Nuevo Extremo.

La obra, que da nombre a este blog, es un bonito libro (qué voy a decir yo...) sobre etimología, es decir, el origen de las palabras. ¡Incluso figura en él la etimología de etimología!

Venciendo mi natural modestia, voy a obrar "a la norteamericana", extractando algunas de las críticas aparecidas sobre él:

Este libro constituye un magnífico ejemplo de la necesaria y meritoria tarea consistente en divulgar los conocimientos sobre el lenguaje y hacerlos más accesibles a un público medio que, pertrechado de una buena base de cultura general, carezca no obstante de formación técnica especializada en lingüística (Carlos Folgar, Revista de Filología).

El lector atento topará a cada página con este tipo de asociaciones chocantes muy próximas a la poesía. Millán sobresale a la hora de construir un discurso cohesionado a partir de la información genética que llevan inscritas las palabras en el ADN. Su trabajo profundiza en los genes de la lengua castellana. Los tesoros ocultos de las palabras aparecen por la vía etimológica en lugares insospechados. Así, descubrimos que en un rebuzno se oculta el antepasado latín de la bocina (buccina: trompeta). O que la relación entre hígados e higos proviene del hecho que en latín iércur ficatum era el hígado del animal alimentado con higos. La sociedad europea es cada vez más multilingüe. Por eso Millán enfatiza la relación de las palabras castellanas con otras catalanas, gallegas, vascas, francesas, italianas, inglesas o indias. Interesante es también el recorrido por las procelosas aguas de la corrección que Millán efectúa en el capítulo "Mejor no lo digo" (Màrius Serra).

El volumen, en suma, constituye un repaso original y divertido a la historia de 700 palabras del español (Alberto Rivas, Punto y coma).

No es un libro sobre política lánguida, como el título podría hacer pensar, sino sobre el origen de las palabras, sus viajes, sus transformaciones, sus cambios de sentido. Geniales los capítulos dedicados a los eufemismos, a los avatares de la palabra albóndiga, a los diminutivos. Apasionante también la aventura de nombrar el retrete a través de los siglos (cagatorio, letrina, necesaria, común, excusado, tocador, water, sanitario, cuartito, inodoro, lavabo, aseo, servicios...), signo de la vitalidad de una lengua a la que se le quedan enseguida viejas las palabras (Pedro de Miguel).

Un libro ameno y asequible, sin renunciar al rigor lingüístico, a cuyo término el lector “se sabrá un eslabón vivo de esa cadena de siglos que en cada momento hace que nos entendamos y que a cada momento pone los cimientos del cambio…” (Miguel A. Román, Libro de notas).

La historia de cientos de palabras en un libro ameno de un gran divulgador (Magí Camps, La Vanguardia).
Sólo cabe añadir que aquí se puede leer la introducción y el primer capítulo. Y que el lector que quiera medir sus conocimientos etimológicos tiene ahí algunas pruebas, que fueron concursos en su día.

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