«Universal inundación de libros»

10 octubre 2006 9:09

Instalación de Alicia Martín, Madrid octubre 2003


España sigue manteniendo una gran producción editorial (76.265 títulos en el 2005), y cada vez que se divulgan los datos anuales se alzan voces lamentando esta exhuberancia. Pero el llanto ante la proliferación de los libros es un lugar común casi desde los orígenes de la imprenta: tras una recepción entusiasta del nuevo invento por parte de los humanistas, hacia mediados del siglo XVI comienza la crítica a la cantidad de libros impresos y al hecho de que su confección se ha convertido en un mero comercio.

¿Cómo lo sé? A través de la lectura de la preciosa obra de Diego de Saavedra Fajardo, República literaria, cuya cuidada e informativa edición, a cargo de Jorge García López, acaba de aparecer (Barcelona, Crítica, 2006). El libro se presenta
?muy en el espíritu del siglo XVII? como un sueño, provocado precisamente por la “universal inundación de libros”, como dice el autor en otro lugar:

Habiendo una mañana discurrido entre mí del número grande de los libros, y de lo que va creciendo, así por el atrevimiento de los que escriben, como por la facilidad de la imprenta, de que se ha hecho trato y mercancía, estudiando los hombres para escribir y escribiendo para granjear ['obtener beneficio'] con sus escritos, me venció el sueño, y luego el sentido interior descubrió las imágines de aquellas cosas en que despierto discurría. Halléme delante de un hermoso Templo [...]. A la puerta se descargaban infinitas acémilas de libros que de todo el mundo se venía a ofrecer a aquel Templo. Recibían esta ofrenda muchos sacerdotes ancianos, los cuales con riguroso examen solamente admitían los libros que con propia invención y arte estaban perfectamente acabados y que tenían verdaderos padres ['eran originales de sus autores'], y a los demás arrojaban en unas simas profundas y obscuras.

¡Quién pudiera disponer de un buen puñado de estos “sacerdotes ancianos”, que nos guiaran entre los muchos libros aparecidos cada año (más los 325.000 que vienen del pasado)! Porque hoy las “simas profundas y obscuras” no acogen a los libros imperfectos y a los que no son originales, sino a los que no tienen detrás una fuerte organización comercial que los impongan en las mesas de novedades de las librerías…

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