Un hallazgo de Cory Doctorow (para quien no lo haya leído aún, recomiendo su precioso artículo sobre el libro electrónico).
Una de sus columnas en Locus Magazine se titula provocativamente: Put Not Your Faith In Ebook Readers. Su artículo comienza comparando dos grandes lanzamientos de la última Navidad: la Nintendo Wii y el Kindle de Amazon. Ambos tuvieron el mismo problema: se agotaron a poco de ponerse a la venta, y no hubo manera de reponerlas a tiempo. La Wii estuvo vendiéndose a una tasa de 17 por segundo en su momento cumbre. Nadie sabe, dice Doctorow, cuánto se ha vendido el Kindle, pero opina que muchísimo menos (una reciente estimación de Mark Mahaney, en un contexto de gran optimismo pro Kindle, sitúa sus ventas en su primer trimestre en 10.000-30.000 unidades).
¿Por qué? Doctorow señala que la lectura no es una actividad dominante en nuestra sociedad: sus índices son o estacionarios o decrecientes. Eso no significa que no haya en torno a ella muchos nichos de negocio, pero concretamente los ebooks, es decir, los dispositivos dedicados exclusivamente a la lectura (la tecnología de tinta electrónica no hace posible que sirvan también para otros fines, como juegos) no van a poder entrar en la economía de escala que los haría omnipresentes y baratos. Y una de las razones nos pone en contacto con un factor que en el mundo de la tecnología no se suele tener en cuenta: la producción.
China, de donde viene la inmensa mayoría de nuestros gadgets, es un lugar de fabricación grande pero no inagotable, y la producción de calidad que requiere un ebook entra en competencia con muchos otros artefactos. Eso explica que la mayoría de los ebooks hasta ahora hayan resultado “mal hechos, caros, agotados, o alguna combinación de las tres cosas”.
Y además, hay otro factor: otros dispositivos “se distribuyen con un subsidio: los aparatos de juego se venden a bajo coste en la expectativa de vender juegos y los teléfonos están subsidiados por las operadoras”. Los escasos márgenes del mundo del libro (y hay que tener en cuenta el precio aún inferior de los libros electrónicos) impiden que se produzca la primera de estas dinámicas.
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