Felices fiestas

22 diciembre 2011 11:11

En nuestras ganas de desear a nuestros lectores un venturoso 2012
no hemos reparado en gestos, siendo el primero el stack de Delicious
al que se accede en la primera línea desde el link del año.

En un momento en que parecen estar de moda las medidas de gracia,
hemos otorgado un indulto temporal al Sísifo que nos acompaña
desde hace varios lustros (y al que se puede ver trabajando en la portada habitual),
eximiéndole por unas semanas de la tarea de empujar la piedra;
además hemos incluido el detalle navideño más kitsch que podíamos encontrar;
todo ello en la nueva home de las fiestas.


No contentos con eso, he aquí la imagen que hemos utilizado para nuestros seguidores en Twitter:
felicitación 2012.

Feliz 2012, pues, de corazón. Nos reencontraremos ya empezado enero.
Y para que conste, este post colgará de todos los blogs del sitio…

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Internet en 1996

21 diciembre 2011 11:11

#historia #España

Éste es el texto del prólogo, “A manera de umbral” que he escrito para el libro de Luis Ángel Fernández Hermana, Historia viva de Internet. Los años de en.red.ando 1996-1998 (Barcelona, Editorial UOC, 2011).

Era 1996, y (para situarnos) en ese año Aznar ganaría las elecciones. Por aquel entonces los bitios circulaban más en pesados contenedores materiales que libremente por las redes: en las librerías se vendía por primera vez más un libro en CD-ROM que su equivalente en papel; era el Diccionario de la Real Academia. Internet parecía aún un sitio lejano: en España muchos accedíamos al email a través de un nodo de Compuserve, y la gran novedad fue cuando esta empresa nos dio acceso a la Web.

En 1996 [prácticamente, añadido a 27.12.2011] ninguna institución oficial española tenía página web. Había sólo un millón de teléfonos móviles. Faltaban dos años para que se creara Google, cinco años para que apareciera la Wikipedia, ocho años para que se lanzara Facebook, diez años para que apareciera Twitter, once años para que naciera el iPhone… ¿Qué demonios hacía mientras tanto la gente en la Red?

Por ejemplo, pensar.

 

Estos primeros editoriales de Enredando nos llegaban en una situación que la infoopulencia posterior nos ha hecho olvidar. Para muchos, era todavía el espacio de los monitores de fósforo verde, de los modems conectados al teléfono, de las traqueteantes impresoras en papel continuo…

Pero en ese momento una publicación periódica escrita en español pasaba revista a cosas que estaban ocurriendo en entornos que no podíamos ni soñar (paisajes de inigualable riqueza informacional) y se permitía analizar, soñar, discutir, prácticamente al pie de lo que iba pasando. ¿Qué habría ocurrido si se hubiera escrito en inglés? El pequeño drama de los actores que intervienen en tecnología (¡y en ciencia!) desde el español y otras lenguas no-hegemónicas es que son eficaces transvasadores a su territorio de polémicas y debates que tienen lugar en el Centro, pero no pueden influir en sentido contrario.

¿De qué hablaba Enredando en sus tres primeros años? Prácticamente de todo. El primer editorial recoge el despegue de la WWW multilingüe (la traducción automática es de esos temas perennes, primero de la informática y luego de Internet, desde hace décadas) y el último de 1998 habla de la “saturación de información” y los medios para solucionarla (otro tema permanente, como se ve).

Entre medias: todo un conjunto de cosas. Como Fernández Hermana ha escrito siempre de lo que le apetecía (y ha hecho bien) afloran muchas cuestiones. Una de los que va recorriendo los editoriales es el lento despegue de lo que entonces se llamaba la “sociedad de la información” en España, entre monopolios de acceso, tarifas gravosas y agravios comparativos con otros países. Y en paralelo, la lenta reacción del gobierno a una realidad que no acababa de entender. Pensándolo bien: tampoco nada tan diferente de lo que pasa ahora…

No creo que haya otra fuente tan completa como estos editoriales para asomarnos a los procesos y tensiones que acabaron configurando la Red tal y como es hoy. Por cierto: la situación actual, impulsada por las operadoras, de ciudadanos bulímicos de ancho de banda por la que consumir más y mejor (y subir videos de los amigos) demuestra que no todas las utopías que prometían la Red se han cumplido, o bien que las promesas de un universo de conocimiento que se dibujaban hace quince años coexisten con realidades más vulgares.

Eso en las redes, igual que en el mundo real.

Resulta a un tiempo curioso y satisfactorio que estos textos digitales nativos vayan a posarse en el papel (una parte de ellos ya lo hicieron, tan pronto como en 1998). Lo mucho que publicó el sitio En.red.ando está aún disponible en la red. Pero quizás en unas décadas sean únicamente algunos ejemplares de este libro los que puedan dar fe de cómo estaban las cosas allá por los confines el siglo XX.

 

Era 1996, y (para situarnos) en ese año Aznar ganaría las elecciones. Por aquel entonces los bitios circulaban más en pesados contenedores materiales que libremente por las redes: en las librerías se vendía más un libro en CD-ROM que su equivalente en papel; era el Diccionario de la Real Academia. Internet parecía aún un sitio lejano: en España muchos accedíamos al email a través de un nodo de Compuserve, y la gran novedad fue cuando esta empresa nos dio acceso a la Web.

En 1996 ninguna institución oficial española tenía página web. Había sólo un millón de teléfonos móviles. Faltaban dos años para que se creara Google, cinco años para que apareciera la Wikipedia, ocho años para que se lanzara Facebook, diez años para que apareciera Twitter, once años para que naciera el iPhone… ¿Qué demonios hacía mientras tanto la gente en la Red?

Por ejemplo, pensar.

Estos primeros editoriales de Enredando nos llegaban en una situación que la infoopulencia posterior nos ha hecho olvidar. Para muchos, era todavía el espacio de los monitores de fósforo verde, de los modems conectados al teléfono, de las traqueteantes impresoras en papel continuo…

Pero en ese momento una publicación periódica escrita en español pasaba revista a cosas que estaban ocurriendo en entornos que no podíamos ni soñar (paisajes de inigualable riqueza informacional) y se permitía analizar, soñar, discutir, prácticamente al pie de lo que iba pasando. ¿Qué habría ocurrido si se hubiera escrito en inglés? El pequeño drama de los actores que intervienen en tecnología (¡y en ciencia!) desde el español y otras lenguas no-hegemónicas es que son eficaces transvasadores a su territorio de polémicas y debates que tienen lugar en el Centro, pero no pueden influir en sentido contrario.

¿De qué hablaba Enredando en sus tres primeros años? Prácticamente de todo. El primer editorial recoge el despegue de la WWW multilingüe (la traducción automática es de esos temas perennes, primero de la informática y luego de Internet, desde hace décadas) y el último de 1998 habla de la “saturación de información” y los medios para solucionarla (otro tema permanente, como se ve).

Entre medias: todo un conjunto de cosas. Como Fernández Hermana ha escrito siempre de lo que le apetecía (y ha hecho bien) afloran muchas cuestiones. Una de los que va recorriendo los editoriales es el lento despegue de lo que entonces se llamaba la “sociedad de la información” en España, entre monopolios de acceso, tarifas gravosas y agravios comparativos con otros países. Y en paralelo, la lenta reacción del gobierno a una realidad que no acababa de entender. Pensándolo bien: tampoco nada tan diferente de lo que pasa ahora…

No creo que haya otra fuente tan completa como estos editoriales para asomarnos a los procesos y tensiones que acabaron configurando la Red tal y como es hoy. Por cierto: la situación actual, impulsada por las operadoras, de ciudadanos bulímicos de ancho de banda por la que consumir más y mejor (y subir videos de los amigos) demuestra que no todas las utopías que prometían la Red se han cumplido, o bien que las promesas de un universo de conocimiento que se dibujaban hace quince años coexisten con realidades más vulgares.

Eso en las redes, igual que en el mundo real.

Resulta a un tiempo curioso y satisfactorio que estos textos digitales nativos vayan a posarse en el papel (una parte de ellos ya lo hicieron, tan pronto como en 1998). Lo mucho que publicó el sitio En.red.ando está aún disponible en la red. Pero quizás en unas décadas sean únicamente algunos ejemplares de este libro los que puedan dar fe de cómo estaban las cosas allá por los confines el siglo XX.

 

 

 

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Que te duermas…, I

19 diciembre 2011 10:10

#piratería #infantil #traducción

Al escritor Adam Mansbach se le ocurrió este libro cuando intentaba hacer dormir a su hija. Su título es Go the f**k to sleep, o sea: Go the fuck to sleep, traducido aquí como Duérmete ya, ¡joder!. Ya hablamos de él al comentar un post de Editar en voz alta. Pero su historia tiene tanto interés que le dedicaremos más atención.

Al parecer, el agotado padre subió a su muro de Facebook una nota en la que anunciaba que iba a escribir un libro sobre ese tema, y así lo hizo. El libro lo publicó una pequeña editorial que no estaba especializada en libros para niños, Akashic Books, ilustrado por Ricardo Cortés, y se convirtió en un éxito viral cuando se difundieron copias en PDF antes de su publicación (probablemente a partir de los PDF enviados como preventa a los libreros). Uno de los argumentos contra la llamada piratería es que quita ventas a los libros, pero no faltan casos como éste, en que de hecho la difusión de obras de forma ilegal se vuelve promoción… Entre otros factores, las preventas de Amazon contribuyeron poderosamente a que el editor ampliara su ambición respecto a la obra.

Go the fuck to sleep es una parodia de los libros que se leen a los niños antes de irse a dormir: tiene una dulce forma exterior de nana, que se convierte en improperios y exabruptos cuando el padre-en-el-texto ve que su hijo no se quiere dormir. Y al parecer se inscribe en todo un género, la “nana hostil” (hostile lullaby).

La reacción airada ante el pequeño que se niega a entregarse en brazos de Morfeo (dando así un descanso a sus progenitores) no es nada que un padre/madre normal no haya experimentado. El problema es que aquí está todo explícito, incluyendo los tacos. Y el éxito inicial de la obra se multiplicó cuando un grupo cristiano de Nueva Zelanda la atacó, pensando que podría alentar el mal comportamiento de padres disfuncionales.

Go the fuck to sleep se presenta como un “libro de niños para adultos”, que es una categoría nada extraña: muchos adultos disfrutamos de los libros infantiles, y hay numerosas obras de ese género que nadie pondría en manos de un niño, sobre todo porque las romperían. Perdí a manos de mis hijos las mejores piezas de mi colección de pop-up books , hasta que decidí que no, que en realidad no eran para ellos.

Pero no sólo es que el libro se editara en una editorial no-infantil, sino que además, el autor no escribía normalmente cuentos para niños. Como dije, surgió de una reacción ante los intentos de su hija por eludir el sueño. ¿Y por qué no? En palabras deAdam Mansbach, “una constante en mi carrera es que siempre he escrito lo que me ha salido de los cojones”.

El libro ha sido un éxito, reproducido en muchas ediciones internacionales. Además, las lecturas en voz alta de la obra se han convertido en una performance habitual… En inglés lo ha leído el director de cine Werner Herzog en la New York Public Library. La versión española, Duérmete ya, ¡joder!, publicada por Mondadori, la ha leído (no muy bien, como se comprobará) Joaquín Reyes.

Con las ediciones internacionales vinieron las respectivas versiones del título. Pero la historia de las traducciones es tan curiosa que le dedicamos todo un post en el blog de al lado, en el que, por cierto, desvelaremos también la existencia de una secuela de la obra.

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Antes del multimedia, 7: el libro inmersivo

16 diciembre 2011 9:09

#infantil #iPad

¿Cómo transmitir a los pequeños lectores que vivimos en un planeta grande, donde caben varios continentes, cada uno con sus países, llenos de cosas y de personas?

La solución de antes del multimedia era, como mínimo, pintoresca: sepultar al niño materialmente en un libro gigantesco (para su pequeña escala). Existen diversos atlas infantiles con dimensiones notables, por ejemplo: un metro por setenta centímetros (que se convierte en metro por metro cuarenta, abierto). Allí Europa es un espacio del tamaño de la cabeza del pequeño lector y dentro trabajan los agricultores, pastan las vacas y se alza el Coliseo.

Hubo, en CD-ROM, buenos atlas infantiles multimedia (como el Gran Atlas del pequeño aventurero, Barcelona, Zeta Multimedia, 1997), donde los leones africanos rugían y se movían. Ahora estos productos se han pasado a las tabletas, como el iPad. La aplicación Kids World Maps (abajo) permite hacer zoom sobre el mapa, con el típico pellizco en la pantalla. Pero la pequeñez de la tableta nunca conseguirá transmitir al pequeño lector la sensación de estar en un gran mundo.

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“El ritmo de la lectura acompaña el ritmo del esfínter”

14 diciembre 2011 9:09

#lectura #ereader

Qué es la lectura? Una necesidad biológica de la especie. Ninguna pantalla y ninguna tecnología lograrán suprimir la necesidad de lectura tradicional. En el cuarto capítulo de Ulises, Joyce evoca muy bien esa necesidad: cuando Leopold caga, lee el periódico, y el ritmo de la lectura acompaña el ritmo del esfínter. Eso no es ni anecdótico ni marginal. Todo el mundo se va al retrete con un libro o una revista bajo el brazo. Se lee con el ojo del culo.

(Umberto Eco, 1991)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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Tablas pintadas, bitios cautivos

12 diciembre 2011 9:09

#copyright #ebook #historia

Aquí al lado, en la web de Libros y Bitios (que contiene artículos más largos o de mayor alcance que en este blog), he publicado “Tablas pintadas, bitios cautivos. Creación y propiedad en la era de Internet”. Se trata de la versión corregida y aumentada de la intervención que grabé para el encuentro La creación del mundo, organizado por el Instituto Ibercrea y difundida el 18 de noviembre del 2011.

Ésta es la tesis central de mi artículo:

La propiedad es una construcción social. En materia de obras intelectuales, la propiedad (y las leyes o usos que la sancionan) depende forzosamente de los medios técnicos y materiales con los que se produce su creación y transmisión.

Los romanos y los sabios medievales debatieron largo tiempo a quién pertenecía la tabla sobre la que alguien que no era su propietario había pintado una escena: ¿al pintor o al dueño de la madera? Siglos después, con las obras desencarnadas por la tecnología digital, sigue el debate…

Acceso a Tablas pintadas, bitios cautivos.

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Blog de una editora

09 diciembre 2011 9:09

#blog #editorial #autor

Elsa Aguiar, de Ediciones SM, escribe desde hace tiempo Editar en voz alta, que es una excelente muestra de lo que puede aportar un blog  a la tarea editorial. Voy a exponer con ejemplos de sus post algunas de las cuestiones que se propone.

Es un blog personal: no es de la empresa, ni está alojado en la web de ésta. La diferencia es importante para el caso de grandes editoriales, aunque no para las pequeñas, personales, en que la voz del sello es inseparable de la voz de quienes lo llevan. Y es un blog centrado en el tipo de edición a que se dedica: la infantil y juvenil; no trata de generalidades, sino que está muy ligado a su quehacer profesional.

Elsa Aguiar puede permitirse así plantear en voz alta algunas de las alegrías del editor, pero también de sus dudas y vacilaciones. Por ejemplo, el arduo, pero remunerador proceso de selección de originales para un premio, o el papel del editor, y el trabajo en confianza mutua con el autor. También cuestiones delicadas, como “¿Tienen que tener sexo las novelas para jóvenes?“.

No podía faltar la cuestión palpitante de los cambios en el mundo de la edición, con la formulación de principios sólidos: fidelidad a la misión del editor. Sobre el tema delicado de la “piratería”, Aguiar no vacila en aportar el ejemplo de cómo la difusión digital (no autorizada) de un libro de Adam Mansbach fue el inicio de su triunfo: “El cuento del cuento sobre el que saltó Internet en un callejón muy oscuro“. Hay que señalar que posteriormente a este post, el libro ha salido en castellano ¡Duérmete ya, joder!, y prosigue su marcha triunfal.

En resumen, creo que blogs así cumplen una función muy efectiva de comunicación del editor con sus prescriptores (pues hablamos de literatura infantil y juvenil), con sus colegas, con sus autores… o incluso con quienes podrían llegar a serlo.

[Disclaimer (grrrr... no me gusta ninguna traducción castellana de la palabra): Elsa ha sido editora de algunos de mis libros].

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“Aunque la obra que se imprime sea de una sciencia particular”

07 diciembre 2011 9:09

#calidad #historia

Y que [...] los correctores fuesen buenos gramáticos, ortógrafos, leídos en artes liberales, que aunque la obra que se imprime sea de una sciencia particular, andan tan trabadas y hermanadas las sciencias y artes entre sí, que siempre en una se ofrece algo de las otras, de claro juicio, que entiendan theología scolástica y alguna scriptura y letras de humanidad y si fuesen entendidos [...] y muy vistos y leídos y de juicio comprehensivo, sería muy mejor.

(Informe a Felipe II, 1573)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

En 1572 Felipe II ordenó que se visitaran una serie de imprentas, para informar sobre su situacion, porque “entre los libros que se imprimen en estos reinos ay comúnmente muchos errores, y faltas, que resultan grandes inconvenientes”. El que reproducimos arriba es uno de los juicios recogidos.

Sobre estas visitas véase Julián Martín Abad, “Los talleres de imprenta españoles en la época de Cervantes” en Don Quijote en el campus, Madrid, Editorial Complutense, 2005. Aquí se pueden leer unas páginas:

 

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Preservación digital para todos

05 diciembre 2011 11:11

#preservación #metadatos #LyB
Bewaarals.nl, empresa holandesa dedicada a la preservación digital, ha creado un pequeño folleto de divulgación con destino a la asociación de diseñadores del país (gracias a Vivana Narotzky de ADI FAD, por proporcionármelo). La iniciativa me ha gustado porque éste es un tema que afecta no sólo a bibliotecas y otros grandes centros de documentación, sino realmente a cualquier profesional.

Lamentablemente la web de los creadores no tiene el texto del folleto en inglés, de modo que voy a reproducir algunas partes:

Sí: preservar no es sólo hacer backup, y hay que informar de los diversos puntos débiles del proceso, tanto en el hardware como en las piezas digitales. Lo primero: sin información acerca del archivo (metadatos) la recuperación estará comprometida. La buena disciplina comienza por la forma de dar nombre al archivo (cuestión que incluso en grandes empresas veo que se trata a la ligera). Nuca se hará bastante hincapié en que, aunque Windows nos ha acostumbrado a dar nombres de archivo con todo tipo de caracteres (acentos, comas, etc.), no se puede confiar en que cualquier software futuro lo admita.

El consejo más general es archivar el documento, a poco que contenga imágenes o diagramación, bajo dos formas: la original (por ejemplo, Word) y PDF/A (la versión de PDF orientada a la preservación).

Un punto delicado es el de la selección: “No todo tiene que ser preservado para la eternidad”. Hay cosas obvias, como no dar estatuto de preservación a estadios intermedios de desarrollo de un documento, a copias de seguridad automáticas, etc. Pero en mi experiencia de profesional siempre me ha resultado muy difícil decidir qué guardar y qué no (en la época en que los medios de almacenamiento externos eran caros y de poca capacidad). Hoy en día, y al precio que están los gigas y los teras, se pueden guardar muchas cosas, pero quizás eso sea un problema si pasan años de acumulación, y uno quiere recuperar algo…

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No lo olvidemos…

02 diciembre 2011 9:09

#Amazon #librería #LB
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