Entrevista a Alejandro Katz

21 marzo 2007 20:20

Katz Editores es un sello muy joven, que ha sorprendido con una línea seria y rigurosa de libros de ensayo y debate intelectual, muy bien editados, y con una estrategia mixta española y latinoamericana. He disfrutado especialmente de dos de sus ediciones: Una historia simbólica de la Edad Media occidental, de Michel Pastoureau, e Inscribir y borrar, de Roger Chartier. Entre sus novedades están Chomsky y Foucault, Marramao, Dennett, Dahrendorf, … Un placer para el intelecto.

La curiosidad por conocer el proyecto editorial de Katz Editores me ha llevado a plantear unas preguntas a su responsable, Alejandro Katz, quien ha tenido la amabilidad de contestarlas para los lectores de este blog.

* ¿Para quién publica Katz Editores?

Hemos intentado poner en marcha una editorial (para decirlo con jerga à la page) que fuera global en el espacio del idioma, con una dirección “deslocalizada”. “Global” en el espacio idiomático significa que intentamos armar un catálogo con contenidos que afecten a las comunidades académicas, intelectuales o, simplemente, lectoras, independientemente de su localización nacional. De todos modos, resulta claro que, al ser España el país que lidera la industria editorial en español, y al ser el mercado español el más competitivo y el más sofisticado, debíamos diseñar la editorial atendiendo a los estándares que el público español establece.

Por tanto, el diseño gráfico fue realizado en Barcelona, imprimimos sobre papel español (por una cuestión no sólo de calidad sino sobre todo de estabilidad de esa calidad), y tenemos ISBN español para el mercado español e ISBN argentino para el mercado americano. Hay obras (como el Pastoureau, o el Chartier) que hacemos en tapa dura para España, y en rústica para América, porque la diferencia de costo es muy grande y el efecto sobre el precio, en América, alejaría muchos lectores (aunque todo el resto de la edición es idéntica: también en América se utiliza papel español, el mismo diseño, etcétera).

* Pero, ¿dónde tiene su sede?

Tenemos oficinas en Madrid y en Buenos Aires, y representación en México y en Bogotá.

En cuanto a la “dirección deslocalizada”: eso es lo me toca a mí. El año pasado estuve casi la mitad del año fuera de casa, y la mayor parte de ese tiempo en España (estuve seis veces en el año, dos de ellas durante un mes, pero también tres veces en México, Bogotá, ferias de Londres, Frankfurt y Guadalajara, etcétera). Este año pretendo viajar un poco menos.

* Parece, entonces, que no se puede concebir el negocio editorial en un solo país…

Un proyecto editorial como el nuestro no puede tener éxito (y el éxito no es, para mí, más que la posibilidad de dar continuidad a la tarea) en un solo espacio nacional. Las comunidades se han fragmentado de tal modo, los saberes se han segmentado en grupos tan pequeños, que en un solo país no hay suficiente público (con la excepción, lógicamente, de algunos títulos) como para sostener una edición completa de la mayor parte de nuestros libros. Por tanto, la decisión de “globalizarnos idiomáticamente” tiene que ver no sólo con una vocación nómade, transfronteriza o como quieras llamarla, sino también con una estrategia de supervivencia del negocio.

* ¿Cómo está en la actualidad el público lector de Latinoamérica?

Argentina sigue teniendo una comunidad lectora, pero es pequeña y, en líneas generales, América no está ocupándose de los temas que verdaderamente importan (aunque creo que Brasil es una excepción): el populismo (de “derechas” o de “izquierda”) sigue teniendo una vigencia poderosa, que invade la agenda pública. El “progresismo de reaccionario”, del cual son paradigmáticos los gobiernos de Argentina y Venezuela, destruye las instituciones y aleja al público de los verdaderos problemas de nuestro tiempo. El pensamiento no es un valor social, y la discusión pública está sumamente empobrecida. La cobertura de los diarios españoles está abierta al mundo y a las cuestiones que, de un modo u otro, definirán qué será de nuestra vida en esta tierra en los próximos años. Los diarios latinoamericanos, por el contrario, son provincianos, casi pueblerinos.

* Por volver sobre una categoría que has manejado antes: ¿qué peso relativo crees que ocupan en vuestro público las tres comunidades “académicas, intelectuales o lectoras”? Es decir: ¿qué porcentaje de vuestras ventas proviene de recomendación en universidades o similar, y cuánto sería “venta de impulso” en librerías?

No tenemos suficiente historia como poder responder claramente a esta pregunta. Nuestros primeros libros llegaron a las librerías en abril de 2006, y es necesario atravesar más de un ciclo académico (¡y nosotros todavía no atravesamos ni siquiera uno!) para saber qué ocurre con la prescripción académica. Creo, de todos modos (y está hipótesis deberá ser validada con más información empírica en el futuro) que las librerías juegan todavía, afortunadamente, un papel muy importante en la promoción de libros como los nuestros, y que la demanda que las buenas librerías pueden generar es mucho mayor que la que gran parte de los editores están dispuestos a reconocerles.

Presentación de Inscribir y borrar, de Roger Chartier.
Francisco Rico, el autor y Ricardo García Cárcel
en la Librería la Central de Barcelona (octubre del 2006).

* ¿En qué confías más para la promoción de tu catálogo? Listo, sin ánimo de exhaustividad: reseñas de prensa, anuncios en prensa general, boca-a-oreja, vuestra web, promoción en la Web (Google Libros, inserciones publicitarias), anuncios en revistas académicas (de historia, de filosofía…)

Intento responder, sin ánimo de exhaustividad, y no en orden jerárquico: no hacemos anuncios. No los hacemos por razones presupuestarias, pero en la decisión puede adivinarse cierta desconfianza hacia ese recurso para libros como los nuestros. Eventualmente, haremos publicidad en medios más especializados que la prensa general (revistas académicas, como tú mencionas, por ejemplo).

Creo, sí, que el boca-a-oreja es fundamental, pero debe ser activado para que se ponga en marcha. ¿De qué modo? Nuestra estrategia de comunicación, por llamarla de un modo un tanto pretencioso, se articula, por un lado, sobre un eje tradicional: reseñas de prensa, menciones de nuestros libros en el marco de artículos de opinión (ha ocurrido, en los últimos meses, que personas como Ramoneda, Cebrián o Estefanía mencionaran libros nuestros como apoyo de sus argumentos, y eso es de gran ayuda), visitas de autores (entre marzo y abril estarán en Madrid y Barcelona tres autores nuestros: Saskia Sassen, Otfried Höffe y el premio Nobel de Física Robert Laughlin; la visita a España de éstos últimos fue generada por nosotros, buscando aliados sin los cuales no podríamos hacerlo: el Instituto Goethe, en un caso, la Universidad Complutense, en otro).

Por otro lado, tengo gran confianza en la comunicación electrónica, siempre y cuando no sea invasiva y esté bien segmentada: tenemos una gran base de datos de lectores potenciales de nuestros libros, y les enviamos la información de las obras que creemos pueden ser de su interés. Eso, a la vez, genera tránsito en nuestra página web (en la cual no vendemos) y visitas a librerías. Estamos, también, considerando seriamente la posibilidad de ingresar en Google Book Search: creo que eso puede ser de gran ayuda.

* Antes de crear Katz Editores (un sello con el nombre de su artífice, como es tan tradicional en el mundo editorial), ¿qué otros proyectos editoriales te ocuparon?

Como todos (o como muchos) de los que estamos en este oficio, durante varios años transité por redacciones y proyectos editoriales y culturales diversos, principalmente en México y Argentina. Los veinte años anteriores a iniciar esta editorial estuvieron, sin embargo, dedicados al Fondo de Cultura Económica, cuya casa en Argentina dirigí durante quince años, y desde la cual me hice cargo del programa editorial de ensayo extranjero del Fondo.

* ¿Qué futuro vislumbras para esta nueva editorial?

En verdad, Katz Editores no se concibe a sí misma como una nueva editorial.

Si nos va a bien, es decir, si podemos seguir haciendo los libros que nos parecen necesarios, si podemos agregar valor para el lector y para la circulación de las ideas en nuestro idioma, no habremos sido más que una nueva metamorfosis de ese antiguo animal editorial que se llamó Taurus, Sur, Era, Alianza, Paidós… Pero, eso, finalmente, lo decidirán los lectores.

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8 comentarios

santiago dijo...

ba bien con el texto de katz hasta que llegué a:”Los diarios latinoamericanos, por el contrario, son provincianos, casi pueblerinos.” Hay como una aquiescencia en el mundo intelectual-académico que la provincia o los pueblos son foco de imbecilidad… sé que es un problema del lenguaje, pero esta frase proviene, como en muchas otras ocasiones de personas que no son ingenuas ante los usos del lenguaje.

23 marzo 2007 10:50
José Antonio Millán dijo...

Tienes toda la razón. Es un término despectivo, que no tendría por qué usarse. Además, es relativo: fíjate:Hospitalet es provinciano o pueblerino frente a Barcelona, pero Barcelona lo es frente a París, y París frente a Nueva York, ¿no? Y Nueva York será provinciana y arrabalera frente a la capital de los extraterrestres el día que nos invadan (merecidamente).

23 marzo 2007 11:13
Alejandro Katz dijo...

He leído la observación de Santiago y la respuesta de José Antonio, y no puedo más que reconocer mi error, y disculparme por él. Si de algo sirve, quisiera simplemente aclarar que la intención fue señalar los riesgos de un “excesivo apego a la mentalidad o costumbres particulares de una provincia o sociedad cualquiera, con exclusión de las demás” [la definición es la segunda que el DRAE da de “Provincianismo”]. Mi disculpa va, pues, para la connotación peyorativa de la provincia implícita en mi expresión, pero insisto en el riesgo, tanto del excesivo apego a lo propio como, sobre todo, de la exclusión de lo otro. Y remito (sin ánimo de lucro ¿?) a una obra que estamos a punto de distribuir, que argumenta con mejor fundamento sobre esos riesgos: Identidad y violencia de Amartya Sen. Por último: sí, la invasión extraterrestre será merecida -sólo nos queda esperar que no llegue demasiado tarde.

14 mayo 2007 18:07
Joan dijo...

Muchas felicidades Alejandro por vuestro catálogo, pletórico de buenas horas de lectura. Excelentes traducciones, preciosas ediciones…Continúen su rumbo y nos haremos incondicionales.¿Han pensado en gestionar algún tipo de suscripción?Joan Tesa

10 octubre 2007 16:24
Alejandro Katz dijo...

Joan: ante todo, infinitas gracias por tu opinión sobre nuestro trabajo. No sabría cómo evitar el lugar común (ni sé por qué debería intentar evitarlo) pero son comentarios como el tuyo lo que más nos alienta a continuar.Respecto de tu pregunta: sí, hemos pensado en proponer algún tipo de suscripción, aunque todavía no estamos en condiciones de implementarlo. El asunto plantea algunas dificultades, porque querríamos diseñar un modelo de suscripciones que no deje de lado a las librerías. Espero que podamos ponerlo en práctica. Un abrazo, y gracias nuevamente.Alejandro

17 octubre 2007 18:01
Anonymous dijo...

Marcelo de Chile, Es interesante cómo uno llega a los libros. En mi caso estaba leyendo un libro de Savater el cual menciona “El legado de Darwin” de John Dupré de la editorial Katz, por supuesto lo compré y lo estoy leyendo. Como me llamó la atención la editorial y su presentación visité su página. Hay otros libros que me interesaron pero no se encuentran. Si Argentina es pequeño según Katz imaginen Chile. Quiero finalmente desearle mucho éxito al sr. Katz.

29 noviembre 2007 16:50
Sergio dijo...

vivo en Corrientes, una ciudad al norte de la Argentina; todos , pero todos los libros vuestros están en “Capítulo I” mi librería -primero – y luego en mi biblioteca;el placer de Odo Marquard, de su descubrimiento , se lo debo a su editorial…Algunos autores como Harry Frankfurt no me han resultado tan estimulantes -como sí lo fue Pastoreau- pero para saberlo, no hay otra salida que comprarlos y el sello tiene tal nivel que el riesgo siempre lo vale.Bien por Kelsen y la réplica de Voegelin como asimismo por el imperdible Karl Lowith y su Historia del Mundo y salvación.Tengo un par de amigos que hemos pedido a nuestra librera que cree un espacio sólo para exhibir sus libros; las traducciones,buenísimas, alejadas del (aquí sí) provincianismo del español peninsular,sin modismos que distraen al lector. En todos los casos, algo de calidad. Katz y algunos lectores intentamos revivir una relación en extinción: el editor que arriesga en calidad y el lector que premia leyendo.Otro acierto: prefacios breves y no pequeños ensayos monográficos de profesores universitarios, olvidables la mayoría de los casos.Debe de ser así:El autor, casi sin desviaciones, es el buscado.El diseño de tapa, sobrio; los tipos, claros y definidos.Para los amantes del objeto libro, las variaciones de los colores (otra vez Pastoreau…)dentro de la continuidad del diseño sientan bien.En fin, un sello editorial excelente y sin fisuras, que mantiene viva la riquísima tradición editorial que une a España con Argentina, a la que contribuyeron tantos exiliados españoles luego del 39 que tuvieron aquí un lugar que los acogió (Poblet, Rueda y otros ) y les dió hogar, trabajo y fundamentalmente, lectores.

29 junio 2008 05:15
Alejandro Katz dijo...

Estimado Sergio:He leído con alegría su intervención en este blog. Por definición, el editor asume un papel secundario, oculto. Por definición, el editor sabe –debería saber- que cuando su presencia es visible su trabajo ha fallado: una mala traducción, muchas erratas, una tipografía descuidada o inadecuada, un diseño que no armoniza con el contenido, un libro que no es pertinente en su catálogo… El editor sólo cumple su cometido cuando no interfiere entre el lector y el texto, cuando es transparente y desaparece. Pero, a la vez, el editor tiene que hacer un gran esfuerzo para existir antes de que el lector se encuentre con el texto: tiene que conseguir que sus libros sean vistos, percibidos en el conjunto de una oferta magmática e indiferenciada, sobreabundante y, muchas veces, más llamativa, más presente, más destacada (por diferentes medios) que la de los libros propios. En mi opinión, la mejor forma en la que el editor puede existir para el lector es la que usted apunta en su comentario, y que consiste justamente en crear un vínculo de confianza, en proponer un contrato que debe ser respetado. Cuando ello ocurre, y su intervención nos ha hecho sentir (con alegría y emoción, he de confesarlo) que eso ha ocurrido, la satisfacción es inmensa, y el desafío para preservar ese vínculo se incrementa. Su mención de los exiliados españoles que hicieron una gran labor editorial en Argentina (como también en México) no me resultó indiferente, ni mucho menos. Hace algunos años, en la Feria del Libro de Buenos Aires se hizo un homenaje, como reconocimiento al mérito editorial, a Javier Pradera, el gran director de Alianza Editorial durante tantos años. En esa ocasión, Pradera hizo mención de la importancia que para él, y para su generación, tuvo la industria editorial argentina, que permitió a los españoles leer, durante la dictadura, todo aquello que en España era imposible editar. Me tocó acompañar a Pradera aquella tarde, y recordé que, si bien lo que decía era sin duda cierto, era también ya la hora de que del lado americano del Atlántico se hiciera una mención análoga de la importancia que tantas editoriales españolas tuvieron en épocas en que las dictaduras latinoamericanas o las inclemencias económicas no permitían el desarrollo de la edición en los países de América. Y cómo, de ese modo, tantos latinoamericanos leímos, como los españoles en Losada, en Fabril, en Sudamericana o de Paidós primero, los libros de Taurus, de Alianza, de Anagrama, de Tusquets, de tantos otros. Creo que la edición en nuestro idioma es esa tradición: una tradición que alguna vez se llamó de unos modos, y otras de otros, y en la que, si tenemos suerte, podremos quedar inscritos, como una metamorfosis más de aquel viejo animal editorial que nutrió a tantos de nosotros, a tantos de nuestros mayores y, ojalá, a muchos de los que nos seguirán. Nuestra particularidad, si es que alguna tenemos, es que hemos hecho nuestra una vocación por estar en ambos lados del océano desde nuestros inicios: a nuestra sede de Madrid se le suma la otra, de Buenos Aires, mucho más próxima de usted de cuanto su texto dejaba creer. Alejandro Katz

02 julio 2008 00:59

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