Regalar saber

31 enero 2008 17:17


Dentro de un libro editado en los años 50 (del pasado siglo), y tal vez coetáneo de él, encuentro este punto de lectura de la librería H.F. Martínez de Murguía, de Valverde 29, Madrid. La librería, por cierto, creo que aún existe.

Me ha gustado mucho el lema que exhibe, que utiliza la figura retórica conocida como quiasmo (aunque tal vez se trate de una antimetábola, gracias a José y a Fede por las precisiones). Aparte del toque nostálgico del “Saber regalar es regalar saber”, resulta que uno de los circuitos en los que más aparecen los libros es precisamente el del don: el obsequio de un libro es uno de los medios más frecuentes por el que estos objetos de cultura llegan a manos de un gran sector de la población.

Un libro no sólo es un libro, sino que es el centro de un notable conjunto de prácticas sociales que se tejen en torno a él, y ésta del regalo es una de esas prácticas, antigua y arraigada. Cuando pensamos, a tumba abierta, sobre el futuro de este artefacto en la era digital, no deberíamos olvidar uno de sus usos más nobles: servir de emisario ante otra persona de nuestros pensamientos y deseos.

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4 comentarios

Gorki dijo...

O soy muy raro, o tengo muy mala suerte, pero no recuerdo un libro regalado que me hubiera comprado. Es más yo que he leído mucho en esta vida, muchos de los libros que me han regalado, ni siquiera los he leído.Creo que el libro es algo muy personal, por lo que es muy difícil acertar con el adecuado para regalar a alguien. ¿Vosotros que opináis?

31 enero 2008 22:37
jincho dijo...

Gorki, te respondo. En mi caso, respecto a los libros que he regalado, hace tiempo que comprendí que era extremadamente difícil, y a veces imposible, acertar. Soy consciente de que gran parte de los libros que regalé NO habrán sido leidos. Me gusta imaginar que los que leyeran algo que regalé acabaron disfrutándolo; pero esto es sólo mi imaginación. Y, de los que me han regalado, siempre he considerado una deferencia, al menos intentar su lectura, digamos unas 40 ó 60 páginas. Me he encontrado de todo, desde cosas absolutamente infumables, hasta auténticas sorpresas, que ni me imaginaba.El libro, es algo personal, muy personal. Además, no es extraño que no se acierte al considerarlo un objeto de regalo o, ¿Acaso acertamos siempre al comprar uno para nosotros mismos?Saludos.

03 febrero 2008 05:12
Anita dijo...

Para mí que es un quiasmo.

04 febrero 2008 09:18
Julieta Lionetti dijo...

Para mí, desde un análisis puramente retórico, es una antimetábola, ya que no hay el paralelismo inverso característico del quiasmo.

06 febrero 2010 13:57

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