“Pensé que mi trabajo consistiría en leer libros”

10 noviembre 2010 9:09

Un amigo editor, recién fichado por uno de esos megagrupos que conciben la publicación de libros como una expendiduría de churros, me confesaba hace algunos años sus perplejidades: “Es algo alucinante. Nos pasamos el día entero reunidos. Primero una reunión con los responsables del marketing, para diseñar la estrategia publicitaria del inminente best-seller. Después, una reunión con los distribuidores, a quienes tratamos de convencer de que ese best-seller va a ser la caraba. Tras un pequeño refrigerio, nos reunimos con los comerciales, explicándoles los trampantojos y embelecos que deben emplear para camelar a los libreros y colarles el bodrio en cuestión. Hacia el final de la mañana, el jefazo nos convoca en su despacho, para que le rindamos cuentas sobre lo acaecido en las anteriores reuniones. Y así un día tras otro. A la semana siguiente publicamos otro best-seller y se repiten las mismas reuniones, en las que se vuelven a diseñar las mismas estratagemas archisabidas. Lo más chocante es que mis compañeros se comportan como si todo les pillase de nuevas, como si fuera la primera vez que pronuncian esas palabras gastadas que repiten por enésima vez. Acatan con una naturalidad pasmosa su condición de peones en una representación ritual, e incluso han llegado a desarrollar un hábil virtuosismo, consistente en remolonear por los pasillos, entre reunión y reunión, para no tener que pisar los despachos. Cuando me ficharon, pensé que mi trabajo consistiría en leer libros y proponer la publicación de los que hallara más interesantes; ahora he comprendido que esa labor se deja en manos de las agentes que nos venden sus maulas, o de las dotes adivinatorias de mis subalternos. Mi cometido consiste, pura y simplemente, en reunirme. Y ahora me disculparás, porque tengo que asistir a una convención de editores. Mi vida, chico, parece una novela de Kafka, pero en versión gilipollas”.

(Juan Manuel de Prada, 2002)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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5 comentarios

Isabel dijo...

Es increíble la hipocresía imperante incluso en los que dicen amar el arte por encima de todo, o la literatura o los libros. Que los grandes grupos publican best-sellers (entre otros muchos “géneros”)no debiera ser una crítica. Lo que sí me parece increíble es que algunos editores de “culto” acepten unos sueldos cuantiosos a sabiendas de ello, antes de irse a una pequeña editorial independiente y dedicarse a leer y a publicar tan sólo libros de alta literatura.
En los grandes grupos se publican best-sellers (y ya les gustaría poder hacerlos como churros por las ventas que obtendrían pero no siempre es así),pero no sólo best-sellers. Y la gente se olvida. Claro que los grandes grupos despiertan mucha suspicacia….

10 noviembre 2010 11:35
Anita dijo...

Mmmmmm…. Y estos personajes son los que van a realizar la transición al alucinante mundo de la edición digital?

10 noviembre 2010 15:28
Gorki dijo...

En mi oficina decíamos, “el día que llegue el fin del Mundo. Dios no nos encontrará unidos, pero nos encontrará reunidos”

Creo que es un mal universal con mayor incidencia aun en España, perder el tiempo en reuniones y sacar el trabajo específico de cada uno, a salto de mata y normalmente haciendo horas extras, que lógicamente no te pagan, ¡Por Dios, que para eso eres jefe!.

De mi última época profesional, cuando ya la vejez hacia que sintiera la modorra después de comer, recuerdo con horror, las reuniones con el Mister después de comer. Doce personas sentadas al rededor de una mesa longuísima, que escuchan en silencio, hasta que les llega su turno y sin el menor interés, las incidencias que afectan a compañeros cuyo trabajo nada tiene que ver con la tuyo, sólo por si el jefe, decide pedir una pequeña aclaración o darte una orden.

Y eso luchando por no quedarte dormido sentado en tu silla- ¿Que tortura, Diós….!, suerte que me prejubilaron.

10 noviembre 2010 21:57
Julieta Lionetti dijo...

Leo tarde este post, que durante el día 9 de noviembre gozó de gran popularidad en Twitter.
Aporto una infidencia, de los tiempos en que estábamos en tratos con grandes grupos (y con grupos no tan grandes) para la venta de Muchnik Editores. Un conocido prócer de la edición catalana, ahora convertido en conspicuo marchante de arte, lanzó al aire y sin mirarme, durante una de las reuniones previas a una operación que no se concretó: “Y aquí, ya saben, editor al que pille leyendo, editor echado”.
¿Saben qué? Tenía razón. Esta profesión tan sacrificada de hombres y mujeres que mueren por la cultura, en las escrituras de constitución de las empresas, recibe un solo nombre: “comerciante”.
Y los notarios, como es notable, saben bien lo que dejan por escrito.

11 noviembre 2010 04:52
Frases para pensar dijo...

a mí me gustaría estar en una editorial, pero escribiendo bestsellers! Qué grande! Y yo que siempre había pensado que era un buen trabajo… supongo que lo es para los agentes.

Buena entrada! Me ha hecho sonreír.

Un saludo,

Andrea.

12 octubre 2011 20:41

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