“El editor como un hombre orquesta”

01 marzo 2011 11:11

Estas empresas [que habían evolucionado desde los orígenes artesanales hasta las estructuras empresariales (y) estaban tan asociadas a la figura de su fundador que adoptaron como marca comercial su apellido] fuertemente personalizadas ocuparon el centro del escenario europeo durante gran parte del siglo XX y crearon el estereotipo del editor como un hombre orquesta que es amigo personal de los autores, lee manuscritos, se rodea de asesores competentes, elige el tipo y los cuerpos de la composición, decide la calidad y el gramaje del papel, opina sobre el diseño y la encuadernación, asume las responsabilidades de la gerencia, conoce a los libreros, participa en las campañas de lanzamiento y sigue al día las ventas de cada libro. Sin duda, esa tradición sigue teniendo hoy día herederos que respetan los mandamientos del oficio entendido a la vieja usanza: la definición del libro a la vez como un bien cultural y como una mercancía, la concepción integral del trabajo editorial, la preocupación por equilibrar dentro del catálogo las exigencias del corto plazo y las apuestas por el largo plazo, la búsqueda no sólo de ganancias económicas, sino también de gratificaciones psicológicas y morales, la negativa a optimizar las ventas a costa del proyecto cultural, etcétera. Sin embargo, ese modelo del editor-empresario ha sido desplazado primero por el empresario-editor y después por la megacorporación que trata a los libros como a cualquier otra mercancía y sólo se ocupa de conseguir la más elevada rentabilidad a corto plazo.

(Javier Pradera, 2001)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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Un comentario

jamillan dijo...

“…que a veces desafina”, me comentan por correo.

02 marzo 2011 08:47

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