«El sector editorial español tiene debilidades estructurales»

09 mayo 2013 10:10

En la revista de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas, nº 26, Rosa de Bustos me hace una entrevista (PDF del número completo de la revista) . La reproduzco a continuación, tal y como la contesté :

P. Publicaba El País que 7 de los 10 libros más vendidos por Amazon en su primer año en España son autoeditados. ¿Qué lectura deberían hacer los editores tradicionales de estas cifras?

R. La desintermediación en el sector editorial es una recurrente profecía de los tiempos digitales. La cuestión de la autoedición tiene dos caras: desde el punto de vista de los autores, carga sobre ellos una serie de funciones (edición, corrección, maquetación, incluso cubierta) que probablemente no estén preparados para hacer. El resultado pueden ser incontables horas perdidas, tras las muchas dedicadas a la pura escritura, para luego llegar a un resultado muchas veces de poca calidad. Claro, que parte del negocio que hacen editoriales o distribuidoras que acogen proyectos autoeditados puede ser la asesoría en estas tareas, o incluso que el autor se las subcontrate. Otro aspecto que puede interesar a un gran distribuidor/vendedor como Amazon es detectar antes que nadie, y en su propio terreno, qué autores nuevos, autoeditados, tienen posibilidades de entrar en el mainstream, y adelantarse a contratarlos en condiciones “normales”.

P. El porcentaje que se llevan los autores es hasta un 70 por 100, frente al 10 por 100 en la edición tradicional.

R. La parte de derechos que percibe el autor ha ido históricamente de la mano de la disponibilidad comercial de su obra. En el XVIII, cuando se leía en una obra “véndese en Madrid, en la librería tal y en Toledo en la librería cual” los derechos estaban ya por el 70 u 80 %. Si quieres que tu libro se encuentre físicamente en toda la península, disminuirán tus derechos. Pero por un libro digital que te has hecho tú, y que sólo se vende en un distribuidor por línea te pueden pagar el 70% perfectamente.

P. Dicen que Amazón, Google y Apple controlan ya el comercio del libro y que están fagocitando a las pequeñas editoriales y librerías. ¿Cómo debemos interpretar entonces el hecho de que en España se crearan 583 nuevas editoriales en 2011 y 535 en 2012, según datos del ISBN?

R. La edición tiene pocas “barreras de entrada”, como se suele decir. Es decir: no exige un capital grande, ni locales especiales… Una editorial puede nacer en el cuarto de estar de una casa. Además, es un tipo de actividad que sigue siendo de prestigio, curiosamente, por lo que no es extraño que sigan apareciendo nuevos actores. A ello podemos añadir lo que llamaría “efecto lotería”, que se da en edición como en pocos negocios. Uno puede ser editor de un libro sobre las andanzas de un niño mago, o de cincuenta variantes de un porno soft, y de repente ver cómo se convierten en una mina de oro… Eso no ocurre en otros negocios.

P. En España, el sector del libro aporta el 1 por 100 del PIB. ¿Se están tomando las medidas políticas y empresariales para que la industria editorial siga siendo una de las más importantes del país?

R. La verdad es que la edición española está en un momento malo, por el descenso del consumo, los cierres de librerías, las dificultades para entrar en una edición digital competitiva, como consecuencia del IVA, y de los obstáculos que aún están poniendo ciertos autores y agentes literarios…

P. ¿Cuáles son, a su modo de ver, los problemas propios de la edición española?

R. El sector editorial español tiene debilidades estructurales en la distribución y comercialización. Es un sector con unas carencias terribles en el terreno de los datos, de la información: el editor carece de información granular sobre lo que pasa con sus obras, y de esa manera solo puede avanzar a tientas. Pero a nivel de subsectores da la impresión de que ocurre lo mismo: las asociaciones de libreros tienen malos datos, los gremios de editores, también. Esto no se compensa con los comentarios de los lectores que el editor recoja en su sitio en Facebook, ni con que subcontrate a un gabinete de medios para llevar su cuenta de Twitter… Así no se puede seguir, porque las disfunciones del sistema acrecientan los problemas que pueda haber a nivel macroeconómico, y además tienen efectos multiplicadores: pienso en el círculo vicioso sobreproducción editorial / cierres de librerías / crisis del consumo, por ejemplo. Y otras cuestiones pendientes, como el mercado americano, al que hay que considerar más como un área con clientela a la que servir, y menos como un lugar donde enviar los excedentes. O la todavía más pendiente cuestión de editar en inglés, traducciones de la ficción local u obras científico-técnicas…

P. Le he escuchado decir, parafraseando a Kevil Kelly, que los editores temen a la piratería pero que los autores temen, sobre todo, a la oscuridad. ¿No es el nuevo paradigma digital el escenario ideal para la edición científica que ahora puede situarse en igualdad de condiciones en la Red?

R. Resulta difícil hablar hoy a favor de la edición universitaria, en un momento en el que hasta la misma misión de la universidad parece estar en entredicho, y en el que se pretende que solo se deben tener titulaciones que den beneficios (inmediatos), o que respondan a los intereses de las empresas. Pero tengo claro que la universidad debe estar para investigar en muchas áreas, incluidas de humanidades, en las que no se ven beneficios a corto plazo. Permítaseme a este respecto citar un artículo que escribí con Susana Narotzky hace ya diez años, pero que se puede suscribir íntegro: “¿Qué aprender?” http://jamillan.com/qaprender.htm

P. Usted defiende la existencia de las editoriales universitarias aunque estas tengan pérdidas, por el servicio que ofrecen a las comunidades universitarias y a la sociedad. ¿Qué consejos les daría en estos momentos de crisis económica, de continuos cambios tecnológicos y de búsqueda de los grandes grupos por nuevos mercados?

R. Fruto de la investigación universitaria, surgirán determinadas obras que ninguna editorial comercial puede proponerse editar, y que sin embargo merecen estar puestas a disposición de la comunidad de investigadores. Otra cosa es que se pueda, y se deban, minimizar los costes apelando a las posibilidades que hoy se ofrecen: desde la impresión bajo demanda hasta la edición puramente digital, con una sólida estructura de información y promoción por línea. Y por supuesto, recordando siempre que una unión de editores, en el terreno que sea, es siempre más fuerte que acciones aisladas.

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2 comentarios

Al rico libro dijo...

Sobre la autopublicación en Amazon, no menciona una de las principales razones que llevan a los escritores a recurrir a este sistema, y es que las editoriales tradicionales han rechazado sus obras.
Y totalmente de acuerdo en lo que comenta que hay que mantener las editoriales universitarias aunque tengan pérdidas (aunque viendo lo que cuestan los libros cuesta creerlo).

16 mayo 2013 10:30
crivote dijo...

Si las universidades tienen pérdidas (que no tanto las editoriales) es por el loco sistema de propiedad intelectual que las obliga a invertir millones de euros en suscripciones a las revistas que ganan dinero gracias a los artículos que publican los investigadores financiados por la universidad, y en pagar cánones a CEDRO por difundir fotocopias o copias electrónicas de las obras que ellas mismas (y sus trabajadores) publican.

25 mayo 2013 18:38

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