Autor primerizo encuentra editor

14 septiembre 2015 9:09

El profesor Luca Pareschi, de la Universidad de Bolonia, acaba de publicar un interesante artículo: “How I Met My Publisher: Casual and Serial Intermediaries in First-Time Authors’ Publication in the Italian Literary Field” Cultural Sociology 2015, Vol. 9(3) 401 –424 (acceso vía registro).

El estudio, centrado en Italia, analiza una cuestión clave: cómo tiene lugar el contacto entre un autor literario aún no publicado y su primer editor. El tema tiene interés en un momento en que los mercados editoriales buscan en la publicación de autores primerizos un filón que no tienen con autores ya consagrados (y que no son best-sellers, claro). Fue el caso de Roberto Saviano con Gomorra, publicada en el 2006, y de Paolo Giordano con La soledad de los números primos, del 2008. Es un fenómeno no exclusivamente italiano, sino propio de muchos mercados editoriales: los recientes esfuerzos de Amazon en este sentido (con la Kindle Scout Publishing Platform) se inscriben en la dinámica de descubrir para ganar mercado. Pues bien: un primer efecto en el circuito del libro es el aumento del número de manuscritos que se ofrecen a los editores.

Pareschi parte del concepto “intermediario cultural”, que debemos al sociólogo Pierre Bourdieu. Este papel es aún más relevante en mercados en los que, como el editorial, tienen exceso de oferta, demanda incierta y en los que el valor de las mercancías depende de su calidad, pero donde ésta es difícil de estimar. Sí: se trata de un mercado con una creciente incertidumbre estética respecto a formas literarias, cánones estéticos y normas para diferenciar entre buena y mala literatura, sin que existan criterios objetivos que la determinen, incluso tras un éxito cultural o comercial.

 

“La gente ya no lee…” “Escriben”. Fuente

¿Qué se puede hacer ante el aluvión de manuscritos no solicitados? (Mondadori recibió en 19 años 45.000 propuestas, de las que no publicó ninguna). Los mercados culturales contaban traicionalmente con “guardianes” o “filtros” (gatekeepers) que dictaminaban sobre lo que merecía o no ser publicado. En la actualidad existe más bien un conjunto de profesionales que intermedian en el proceso. De ellos, Pareschi ha entrevistado a ocho tipos: agentes literarios (que en Italia, como en España, no se dedican especialmente a descubrir nuevas obras) , autores de fama, libreros, presentadores de radio, críticos, gente del mundo de la universidad, periodistas y traductores.

El autor distingue entre intermediarios casuales (que actúan como tales esporádicamente) y seriales (que intermedian sobre una base más constante). El ejemplo típico de la primera categoría sería un autor de fama que se ha topado, por el motivo que sea, con una obra inédita que le gusta, y que la manda a su editor. Ninguno de los dos tipos de mediadores reciben dinero por su acción, salvo la excepción de algún intermediario serial, que tiene un pago más bien magro. Eso sí, podrán contar con la gratitud del editor… y del autor, si de su consejo se sigue un publicación. Lo que les lleva a ejercer su acción mediadora parece que es la acumulación de “capital simbólico”: el prestigio de que se sepa ampliamente que determinado escritor o profesional es una vía privilegiada a la publicación. Pero este estatuto especial puede cristalizar también en beneficios profesionales: impartir clases de escritura creativa, o ser jurado en premios.

¿Cuántos recomendadores habituales puede haber en la edición de Italia? Una cifra máxima sería 300, de los que un núcleo de 150 serían los más eficaces. Para los editores, su papel resulta muy valioso, porque actúa como un filtro de facto que descarta a los autores que son lo suficientemente ingenuos como para mandar su manuscrito directamente al editor, o lo suficientemente aislados como para no conocer a nadie que les apadrine.

Además de a los intermediarios, el autor ha entrevistado también a trece editores, de distinto peso y en distintos lugares, y además, para triangular los datos, ha hecho también entrevistas a los propios autores.

¿Qué buscan los intermediarios en los manuscritos de las obras, o qué reclaman de ellas los editores?

De las declaraciones de los informantes se deducen tres núcleos de interés. El medio editorial quiere encontrar obras  con voz o estilo (conceptos que comprenden además escritura, consciencia o lenguaje); con argumento: trama, tema o estructura, y otros conceptos, que parecen tener que ver sobre todo con la persona del autor: edad, biografía y originalidad. En el cuadro superior se ven las preferencias respectivas de grandes, medianos y pequeños editores. Señalemos por último que los editores parecen pensar que los intermediarios pueden detectar tanto aspectos cualitativos de las obras como su potencial comercial.

Aparte de su indagación teórica, el artículo de Pareschi es muy rico en datos recopilados de sus informantes. A este respecto hay que señalar que, como se ha dicho repetidas veces, el mundo editorial español adolece de un gran secretismo, y en mi opinión sería muy difícil conseguir datos equivalentes a los recopilados en Italia. Sin embargo, sería tan interesante contar con un estudio similar entre nosotros…

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