Sobre el audiolibro

12 abril 2019 11:11

Justo en la preparación de un encuentro de profesionales sobre el audiolibro, que se celebrará en Madrid a finales de mayo, y del que daré cumplida cuenta aquí mismo, me llegó una encuesta de El Cultural sobre el tema. Como lo que ha salido finalmente publicado de ella ha sido muy poco, a continuación reproduzco mis respuestas originales:

1. ¿Qué diferencia el supuesto auge actual del audiolibro en España del que se vivió en la primera década del 2000? ¿Por qué fracasó a partir de 2008 y qué ha cambiado en el editor y sobre todo, en el lector español?

Hay que remontarse incluso a un momento anterior, el lanzamiento de Alfaguara en 1995, en estuches de dos casetes: Pérez Reverte leído por José Sacristán, cuentos de Javier Marías leídos por sí mismo…

No recuerdo que este primer lanzamiento, digamos, de la edición contemporánea fuera ningún éxito. Lo que más ha cambiado tanto para el editor como para el lector es que ahora todos llevamos encima constantemente un aparatito que, entre otras cosas, sirve para oír grabaciones: el móvil.

Ahora bien: el hecho de acceder a un libro de autoayuda, a una novela, o a un ensayo por vía auditiva no depende sólo de que haya obras disponibles en grabación y de que llevemos el reproductor en el bolsillo: hace falta todo un cambio cultural, en sentido amplio. Es preciso que el lectoauditor tenga motivos para cambiar su tempo propio de lectura y su voz interior por algo ajeno (aunque pueda ser muy bueno). Ciertas obras servirán de compañía y solaz mientras uno hace las faenas de la casa, pero otras tendrán que competir con la lectura como medio utilizado en momentos de concentración.

Por supuesto, para las personas con deficiencias visuales (no sólo usuarios ciegos, sino un gran porcentaje de población en progresivo envejecimiento), los audiolibros siempre serán una auténtica bendición…

2.  ¿Qué opción recomendaría a un editor español interesado en el audiolibro, la producción propia o la cesión de derechos?

Aquí podríamos comparar lo que sucedió con la edición multimedia, los interactivos en CD-ROM: los costes de desarrollo eran realmente altos, de modo que lo que mejor resultaba era la “localización” de producciones de otros países. Ahora no cabe ni esa posibilidad, con lo que probablemente la opción mejor sea la cesión de derechos a compañías especializadas tanto en producción como –sobre todo– en márketing. Pero ¿están preparados para ello los autores y especialmente sus agentes?

3. ¿Qué datos reales tiene de facturación? Por ejemplo, ¿sabe cuáles fueron los tres o cinco títulos más leídos o vendidos el año pasado? ¿De cuántos lectores/oyentes estamos hablando?

Tradicionalmente las cifras en el sector editorial español son borrosas cuando no directamente raras. Y en este terreno, probablemente lo serán más…

4.  ¿Qué perspectivas reales de futuro tiene el audiolibro en España, es tan prometedor como apuntan?

Parece que desde hace años determinados actores del mundo editorial no se conforman con los libros, y han intentado promover primero el ebook y ahora el audiolibro. El libro electrónico (que es utilísimo, por muchos factores) no ha tenido el desarrollo prometido, aunque está floreciendo en esquinas impensadas, como el préstamo bibliotecario. Con el audiolibro puede que pase lo mismo, o algo aún peor, porque sus gastos de desarrollo son más grandes. Y también puede que las mejoras constantes en la conversión automática texto-voz compliquen el panorama.

En el fondo, las obras están condenadas a tener un desarrollo multicanal y pluriplataforma (papel, digital; suscripción, compra, préstamo; texto, audio), y esto puede ser una bendición para el consumidor final… y un quebradero de cabeza para los editores.

 

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