Google Currents

16 abril 2012 10:10

Es bien sabido que parte sustancial de la edición digital de hoy en día se orienta a su consumo en smart phones y tabletas, tanto en iOS (iPhone e iPad) como Android . Los costes de desarrollo de las apps específicas son altos, y por eso no es extraño que aparezcan sistemas que permiten publicar contenidos en estos dispositivos manuales.

Este es el caso de Google Currents, aplicación aparecida hace unos meses, pero que ahora es accesible desde España, y que permite republicar materiales preexistentes en cualquier lugar (blogs, páginas web con RSS, fotos de Flickr…), de modo que sean accesibles en smart phones y tabletas. Es decir: la misma filosofía que hasta ahora tenía Flipboard (recientemente adaptado a iPhone)

Los usuarios que quieran acceder a los contenidos deben descargarse la aplicación de Google Currents, para instalarla en su tableta o teléfono. Una vez en ella, aparece la “biblioteca” (imagen de abajo, tal como aparece en un iPhone), en la que están las suscripciones sugeridas por la aplicación (en el ejemplo se ve Cosmopolitan), más aquellas a las que uno se la suscrito (como Libro de notas). La lupa conduce a un buscador en el que uno puede localizar contenidos de su interés.

También se puede llegar a través de una dirección web: haciendo clic en el enlace inferior se accede a la versión de este mismo blog en Google Currents, que he llamado

LyB portátil

La persona que quiera hacer disponible un cierto contenido en la aplicación debe usar el Google Currents Producer, que le permitirá ajustar todos los parámetros para ello. Producer presenta por el momento unos cuantos bugs, que pueden dificultar la inclusión de imágenes y algunas otras cuestiones.

La aplicación transforma bien la maqueta de origen en una más apropiada para la pequeña pantalla de un teléfono o para la grande, apaisada o vertical, de una tableta (en la imagen superior se puede ver cómo aparece en un iPad).

Permite incluir Analytics, de modo que se disfrute de las habituales estadísticas de uso y acceso.

Parece claro que esta aplicación (para algunos, “la cosa más cool que nunca haya hecho Google”) va a suponer un aumento cualitativo en la información disponible en los artefactos móviles. Pero también tiene otra consecuencia: es muy probable que por su gran adaptación al medio móvil acabe por suplantar a los lectores de RSS para Iphone/iPad, como NewsRack.

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¿El lugar de los libros es siempre la librería?

12 abril 2012 12:12

#librería

Estaba en una tienda de esas en las que se venden productos Apple. Como casi todos saben, el mayor placer de usar un producto Apple es comprar luego otras cosas que los hacen más útiles o deseables: fundas, adaptadores, cables, teclados externos, limpiadores de pantalla, kits de formación y un sinfín de complementos. Pues bien, cuando curioseaba entre ellos, ¿qué ven mis ojos? Libros. Sí, libros, de papel. Ahí estaba la biografía de Steve Jobs, junto a una serie de títulos para usuarios de Mac y para desarrolladores de productos en iOS.

Qué curioso (pensé): una oferta de libros específicamente dirigidos a un público, situada justo en el lugar al que van las personas que es más probable que los compren. Maravilloso, ¿no? Si yo soy un desarrollador de apps, ¿dónde es más probable que vaya: ¿a una librería, a la librería de una gran superficie o a la tienda de productos Apple? Y no sólo eso: veo que en la web de la tienda, repito: de informática, aparecen también a la venta los mismos libros (de papel), a veces formando pack con cacharrerías varias.

Extrapolemos: libros de recetas en el supermercado; o mejor aún: libros de recetas de pescado en la pescadería (del supermercado o no); libros sobre el cuidado de las plantas en la floristería; libros de viajes en la agencia de viajes (en las pocas que quedan…); libros de salud en farmacias; libros sobre dietas veraniegas y cuidado de la piel ante el sol en las tiendas playeras de toallas y flotadores; libros sobre “hágalo usted mismo” en las ferreterías; el lector puede añadir ejemplos, porque seguro que hay más. A ello se podría añadir: libros de un cierto tema en la web de venta de productos relacionados.

Cuando trabajaba para un grupo editorial (hace ya veinte años), hubo algunos intentos de colocar ciertos libros del amplio abanico de temas y sellos que publicábamos más cerca de sus compradores potenciales. Naturalmente, fracasaron. Fracasaron por las razones por las que fracasan muchas cosas en el sector editorial: las modalidades de comercialización, la falta de cuentas con establecimientos que no fueran librerías, y cosas de esas.

En una época en que las noticias sobre libros saltan a tu iPad o a tu lector, en el que las recomendaciones de las librerías digitales afinan tan bien, ¿es mucho pedir que el libro de papel vaya al encuentro de su público natural?

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El acogedor paisaje de los lomos

02 abril 2012 10:10

Tenía que pasar… Tanta edición electrónica y tanto libro digital y tanto ebook y tanta tablet, y la gente empieza a tener las paredes desnudas.

No de otra manera me explico el hallazgo en dos librerías de viejo barcelonesas de libros a la venta con idéntico fin: servir de adorno (y, en todo caso, lectura).

Felices vacaciones de equinoccio de primavera, para quien las tenga. Este blog desconecta por un tiempo…

 

 

En una mirada atrás

30 marzo 2012 9:09

#editorial

Lea el final del post sobre la génesis de este texto

En una mirada atrás

Había soñado con un mundo en el que cualquier libro, editado en cualquier momento, pudiera estar disponible en cualquier lugar; en el que se mantuviera la justa retribución de autores y editores, pero abriendo sin cortapisas la difusión de las obras en el dominio público o las que sus autores quisieran legar al futuro. Un mundo en el que los libros fueran arquetipos platónicos que se encarnaran en tiradas, en impresos bajo demanda, en dispositivos dedicados o en aparatos de amplio espectro, bajo la forma más conveniente para el lector. Un mundo en el que los libros se consiguieran en las librerías, llegaran por correo, bajaran del éter a nuestros aparatos, o se retiraran calientes, recién hechos, de distintos establecimientos (empezando por las librerías). Un mundo en el que la cultura fluyera y la tecnología permitiera el diálogo lectores/autor, el de editor/lectores y el de lectores entre sí. Un mundo en el que autores y editores tuvieran, y compartieran, completa información sobre el destino de sus libros. Un mundo en el que se pudieran crear y difundir libros hechos a la medida de una persona o de un colectivo, para sus propósitos particulares. Un mundo en el que la producción editorial de cualquier país en español se difundiera sin fronteras entre los países hispanohablantes, y en el que en general cualquier obra creada en cualquier país pudiera llegar a cualquier parte. Un mundo en el que las propuestas editoriales minoritarias encontraran su nicho. Un mundo en el que los autores pudieran escoger contactar directamente con su público y en el que el público pudiera en ese caso recompensar directamente al autor. Un mundo en el que nuevos agentes de recomendación y filtrado guiaran a un público ávido entre una oferta cada vez más rica.

Había soñado un mundo así, y creí que la digitalización del proceso editorial podría proporcionarlo: la digitalización de las obras, claro, pero también la de los mecanismos que las llevan hasta el público. Por creerlo así, desde el lejano comienzo de mi sitio web me dediqué a explorar esos temas, y por eso desde hace ya once años fui sistematizando mis indagaciones en un blog.

Se habían previsto problemas en ese proceso, claro, y todos y cada uno fueron haciendo su entrada: irrupción de poderosos agentes de fuera del sector editorial español, lenta y escasa adaptación de los operadores locales a una revolución digital ajena, mantenimiento de las fronteras para las obras, barreras a la comunicación de libros entre los lectores, digitalizaciones reprivatizadoras de obras en el dominio público por parte de la Administración, dispositivos que encadenan las obras compradas, nuevos canales cuasimonopolísticos de adquisición y lectura de libros…

Sería injusto no señalar igualmente que mientras tanto se ponían gratuitamente en la Red cientos de miles de obras, que aumentaban los sistemas de contacto entre lectores (mediante clubs de lectura y similares), que algunos autores y editores empezaban a gestionar bien la relación con su público…

Pero el saldo general no me parece satisfactorio, y tampoco me parecen positivas las tendencias que se apuntan, como la destrucción de un sistema que funcionaba, aunque imperfectamente (librerías, ciertas editoriales), para ser sustituidas por el ascenso de conglomerados prácticamente monopolísticos desde el punto de vista empresarial y tecnológico. Puede ser que estemos entre las convulsiones de una época que está alumbrando algo diferente, pero algunos rasgos de este nuevo mundo son más bien para echarnos a temblar.

Resulta que la Sargento Margaret de la Patrulla de salvación me pidió que respondiera a unas preguntas relacionadas con esto de la edición, y cualquiera se niega…

Bien: me negué. Al día siguiente, y con la certeza de ser obedecidos que tienen los que han cursado la carrera de armas, me indicó la conveniencia de deponer mi actitud. No quise un tercer aviso, y empuñé la pluma. No sé cómo, en vez de contestar a lo preguntado, me encontré recordando el estado de ánimo que me había llevado, hace ya años, a ocuparme de estas cosas. Y el texto que salió, de carrerilla, fue éste.

Ayer lo publicó la Patrulla, abriendo una serie bajo el sugestivo título de “La transición ¿lampedusiana? del libro”. Seguirán las respuestas al cuestionario que han dado mis colegas Silvano Gozzer (Anatomía de la edición), Arantxa Mellado (Actualidad Editorial) y Fernando García (Sin Tinta, El País).

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Blog en huelga

29 marzo 2012 0:00

#29M

 

Cerrado por huelga

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Códigos QR en la solapa

26 marzo 2012 11:11

#QR

Una de las tareas clave de los editores en un mundo de novedades tan superpoblado es facilitar la información sobre las obras. Lo que voy a contar lo he encontrado en un libro de la Editorial Rayo Verde: se trata de añadir codigos QR a las solapas de los volúmenes, donde se informa de otras obras publicadas.

Com es sabido, un código QR, capturado por un teléfono avanzado (iPhone o similar), lleva a una página web concreta. Los editores siempre han aprovechado las solapas o las últimas páginas de sus libros para promoción, y muchos de ellos tienen buenas páginas web. No es que no se pueda poner una dirección URL, correspondiente a la ficha de un libro, en una solapa, pero visitarla transcribiéndola en un ordenador es algo que sólo haría un fan devoto. El código QR lo pone inmediatamente al alcance de cualquiera.

Los códigos QR se pueden crear por procedimientos simples y gratuitos, de modo que  no es algo gravoso para el editor. Y probablemente se puedan encontrar buenas ideas de promoción con este sistema (códigos que lleven a noticias, entrevistas, booktrailers, concursos…). Por otra parte, no sólo los compradores de un volumen pueden usarlos: cualquier visitante de una librería puede desenfundar el móvil y ver al instante qué le propone el editor.

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“El responsable de los errores”

21 marzo 2012 11:11

#calidad

El 16 de junio de 1911 la Bibliographie de la France, periódico oficial de editores y libreros, publica un anuncio de las ediciones de la NRF. El anuncio concierne a tres libros, los tres primeros de la joven editorial: L’Otage, de Paul Claudel, una obra en tres actos que se convertirá en un ornato de la tragedia francesa; La Mere et l’Enfant, de Charles-Louis Philippe, quien narra en ella sus recuerdos de infancia y juventud; y, finalmente, Isabelle, un relato breve, desenvuelto y rápido de André Gide.

Gaston [Gallimard] está ansioso: cree haber cometido una equivocación. Cuando los primeros ejemplares están sobre la mesa, llama a Gide. Éste, particularmente maniático, los sopesa, los hojea, los examina antes de saltar indignado al leer su Isabelle: hay páginas con veintisiete líneas, otras con veintiséis, y, además, hay erratas y faltas que no son ciertamente suyas. Gallimard intenta calmarle y le explica que los tipógrafos de Brujas [donde se había compuesto e impreso el libro] son flamencos, que no todos dominan el francés…

Es inútil. Gide está furioso. Con todo su nerviosismo conduce a Gaston al almacén de la NRF, en la calle Bonaparte, y allí los dos hombres destrozan, a petición del escritor, todos los ejemplares de su libro. Gaston cumple dócilmente; no tiene siquiera la presencia de ánimo necesaria para conservar algunos. Gide, más astuto, guardó cinco o seis a escondidas: más adelante, revenderá muy cara esta edición totalmente original. Para ser el hijo de un célebre bibliófilo, a Gaston Gallimard le había faltado olfato.

Con esta pequeña pifia de la que es menos responsable que su impresor, Gallimard aprendió que el editor es considerado siempre por el autor como el responsable de los errores que pueden mancillar su producción.

(Pierre Assouline, 1987)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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Las letras opacas del retablo de Gante

19 marzo 2012 10:10

La adoración del místico Cordero es un retablo finalizado en 1432, obra de  Hubert y Jan van Eyck: una auténtica joya de la pintura flamenca que acaba de sufrir un proceso de restauración. En el curso de él se ha podido fotografiar con todo detalle, y el resultado, Closer to Van Eyck: Rediscovering the Ghent Altarpiece, proporciona un mosaico navegable con un grado de detalle asombroso. Está compuesto por 100 mil millones de pixels (como comparación: si hace clic en la imagen superior del retablo, obtendrá una imagen de unos 230.000 pixels).

El centro del retablo representa a Cristo (o Dios Padre), y a su derecha está San Juan Bautista, una pintura que tiene aproximadamente 1,70 metros de alto.

San Juan sostiene un libro en su regazo, con una hoja entre los dedos, como si acabara de girarla. Por obra de la perspectiva, la página par queda casi completamente a la vista, y se puede observar que está a dos columnas, encabezadas por una capitular miniada. La página queda invertida con respecto a la mirada del espectador. Aquí la hemos girado, para su mejor apreciación:

Es un manuscrito (aún faltarían dos décadas para que se inventara la imprenta de tipos móviles), y en él se pueden percibir perfectamente las líneas de escritura, curvadas por la tensión de la página abierta.

Para realizarlo se ha utilizado tinta negra y roja, y las iniciales se han coloreado de rojo y azul. La tradición iconográfica de la época quiere que los santos escritores se representen con su obra en las manos, pero nada sabemos de que este Juan hubiera escrito algo. ¿Estará Juan el Bautista leyendo quizás el Apocalipsis, dado que de ahí proviene la escena de la adoración del Cordero que es el centro del retablo? Si lográramos descifrar el texto pintado podríamos confirmar de qué libro se trata.

La capitular, con su inscripción CONSOLAMT, parece orientarnos hacia alguna forma abreviada del verbo latino consolo, que sin embargo no figura en el Apocalipsis en la versión latina de la Vulgata. ¿Y el resto del texto?

A medida que aumentamos el zoom, la primera impresión se confirma: las líneas perfectamente ordenadas, la sucesión de ascendentes y descendentes, los puntos de las íes, los puntos finales de oración ( situados en el centro de la línea, como era usual en el momento) y las iniciales ornadas, todo es un mero simulacro: una reproducción aleatoria de trazos que siguen la distribución global de las letras en una palabra, pero que no son letras, son evocaciones de letras que componen palabras fantasmales, trazadas con un pincel finísimo a una escala diminuta (compárese su tamaño con el craquelado de la pintura).

Letras opacas que componen palabras que no pueden descifrarse, pero que fingen pertenecer a alguna de las lenguas de los hombres…

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A Vicente Rojo, en su 80 cumpleaños

15 marzo 2012 10:10

#cubierta

Hoy cumple esta bonita cifra Vicente Rojo, uno de los diseñadores clave del mundo del libro. El Boletín del  Fondo de Cultura Económica, editorial para la que realizó muchas de sus obras, contiene un artículo sobre su trayectoria.

La efeméride me ha hecho rememorar mi primer encuentro con (la obra de) Vicente Rojo: su cubierta de Cien años de soledad de Sudamericana (1967). Busqué en mi biblioteca el ejemplar que compré en 1971, y mientras escaneaba su azacaneada cubierta, pensaba que ésta era realmente la prueba de fuego del diseño de un libro: que te acompañara durante cuarenta años, envejeciendo contigo, y que contemplarlo te siguiera deparando un íntimo placer.

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“El olor del libro es la quintaesencia de todos los olores”

15 marzo 2012 10:10


#libro#autor

Porque el olor del libro es la quintaesencia de todos los olores, la geografía del héroe, el trópico de la quietud y los bosques nemorosos. Todo libro es pasaje. Cuando abro un volumen y aspiro sus páginas, ya no estoy allí. Mucha gente no puede entender que Tucídides huela a aurora de islas griegas, pero así es. (Nunca he estado en Grecia, pero mi convicción es irrefutable precisamente porque es irracional.) Se puede vivir sin leer, es cierto; pero también se puede vivir sin amar: el argumento hace aguas como una balsa capitaneada por ratas. Sólo quien ha estado enamorado sabe lo que el amor regala y quita; sólo quien ha leído sabe si la vida merece la pena de ser vivida sin la conciencia de aquellos hombres y mujeres que nos han escrito mil veces antes de que naciéramos. Y que nadie se sonría ante estas líneas. Por una vez, y sin que sirva de precedente, han sido escritas sólo desde la emoción.

(Ricardo Menéndez Salmón, 2009)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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