La digitalización como preservativo

04 septiembre 2007 9:09

A través del comentario de un lector de este blog llego a un artículo en El País del domingo (“No toquen el incunable“, subtítulo “La digitalización de fondos podría prevenir los robos en la Biblioteca Nacional”). Al hilo del reciente robo de unos valiosos grabados contenidos en un libro de esa biblioteca, la autora se pregunta algo que, según ella, ronda “por la cabeza de muchos [¿cuántos?] expertos [¿en qué exactamente?]“, aunque tampoco se diga quiénes son:

¿Es sensato prestar estas reliquias a la gente, por muy investigadora que sea, cuando está demostrado que no es posible velar por su seguridad al cien por cien? [...] ¿No sería más sensato concentrar las energías en digitalizarlo todo y permitir las consultas sólo en este soporte?

Bueno: por la misma regla de tres habría que desaconsejar el sexo (que nunca tiene “seguridad al cien por cien”), sustituyéndolo por el uso de webcams; etcétera, etcétera…

La alianza de las nuevas tecnologías, la ignorancia y el papanatismo está dando resultados espectaculares, por lo que hay que apresurarse a decir que la consulta de la obra original es con frecuencia insustituible, por muchas razones. La primera es que la digitalización sólo recoge parte de la esencia de la obra: por ejemplo, los elementos materiales, desde el tipo de encuadernación hasta la composición en cuadernillos no los recoge la imagen digital. Luego: las reproducciones tienen con frecuencia errores. Francisco Rico describió en facsímiles impresos del Quijote cambios respecto al ejemplar original, y se han señalado con frecuencia problemas en el control de calidad de facsímiles digitales.

Hay un debate paralelo:

¿cómo gestionar la institución?, ¿con una política de puertas abiertas, ausencia de controles, con todos los riesgos que eso representa, o con una política de rigor, primando la seguridad?

No sé, no sé: se puede tener una política de puertas abiertas (ahora veremos qué significa esto) y aplicar controles: no es contradictorio…

Porque, se nos dice, hay libros que son

joyas que se encuentran a disposición de cualquiera en posesión de un carné de investigador de los que otorga la biblioteca con cierta facilidad

¡Ajá! El problema es que se deja entrar a cualquiera, ¿no? Me gustaría saber, de los robos detectados desde hace décadas en la Biblioteca Nacional y otras instituciones, cuántos son atribuibles a miembros eminentísimos de claustros universitarios (a los que, supongo, y para la periodista, no se debería negar el preciado carnet) y cuántos a esa otra gente que accede “con cierta facilidad”. Me juego una ronda de cervezas en el Café Gijón, sito al lado de la benemérita institución, a que hay más catedráticos chorizos que cualquier otra categoría…

¡Por favor!: no estamos promoviendo la digitalización para que se cierren de nuevo las bibliotecas como en el Medievo, sino para abrirlas. Que cualquiera que demuestre un interés legítimo en la consulta directa de cualquier obra, pueda acceder a ella, aunque no sea profesor de una universidad (cuyos procesos de selección, por cierto, no parecen garantizar automáticamente una gran calidad científica y moral).

Y luego, hay sencillísimos procedimientos de control (como examinar cuidadosamente las obras valiosas prestadas, en el momento de su devolución, y en presencia de quien las acaba de usar). Cinco minutos de trabajo especializado que pueden ahorrar muchos disgustos…

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6 comentarios

pepita pulgarcita dijo...

Durante unos años fui la responsable de la biblioteca del departamento de Español de una universidad en el extranjero. Se me pidió hacer una lista con los “morosos” y resultó que todos los profesores de dicho departamento tenían en su casa “secuestrados” varios de los libros que encima citaban en las bibliografías de los cursos que impartían… Lo malo de las bibliotecas es que muchas veces las “normas de seguridad” son aleatorias y dependen de la voluntad del bibliotecario. En la biblio pública de mi barrio se prohibió sacar libros del depósito y quedaron sólo para lectura en sala. Yo anadaba necesitando por entonces uno que quedó en el limbo de esa norma y había bibliotecarios que me lo prestaban y bibliotecarios que no. Pena no haberlo robado, seguro que nadie jamás lo ha vuelto a tener en sus manos.salud.

04 septiembre 2007 12:51
manu dijo...

las panaceas no existenpero la digitalizacion, y su puesta a disposicion publica, no se a quien perjudicallegara, pero habra que esperar un tiempecito todavia

04 septiembre 2007 14:55
jincho dijo...

A favor de la digitalización: – Acceso masivo a fondos difíciles de obtener de otra forma.- Mayor difusión del tesoro cultural.- Preservar, con planes de seguridad apropiados, dicho legado cultural para futuras generaciones.En contra de la digitalización: NADA.(Utilizo mayúsculas, no para gritar emoticonalmente(?), sino para resaltar lo que creo importante).A favor del acceso a los fondos en papel: esos detalles que sólo el buen investigador sabe detectar.En contra del acceso a fondos en papel: Aquí sólo tengo una duda, ¿Cuantos de los investigadores que consiguen el ansiado carnet, podrían haber hecho su trabajo, con la misma ó mayor eficacia mediante el acceso a fondos digitalizados, y a cuantos les sería estrictamente necesario el acceso real y físico a los documentos originales?. Porque, yo, sencillamente no me creo que todos (Ni la mitad, vamos! ), de los investigadores que acuden a las salas de la BN, ó a las salas de acceso restringido del resto de bibliotecas de nuestra vieja “piel de toro”, necesiten de forma estricta dicho acceso físico.Por supuesto que tampoco me gustaría que se llegase al extremo contrario, como cuando algunos museos exhiben vulgares copias de cuadros y demás obras de arte, ó simplemente facsímiles en vez de los incunables originales.(Anoche, en telecinco repusieron un viejo capítulo de CSI, donde precisamente una exposición de presuntas obras de arte es utilizada como macguffing para un fraude mucho mayor).Supongo que el verdadero punto de equilibro deberá tener en cuenta tanto el derecho al acceso, como el derecho a restringir dicho acceso, en aras de preservar lo que es patrimonio de todos.Y si, es necesaria una revisión profunda de las bibliotecas universitarias y su relación con los “departamentos”…. Y no comento más de esto que me pondría flamígero.Saludos.

04 septiembre 2007 17:57
Gorki dijo...

Como dicen mis antecesores, Lo cortés no quita lo valiente. El erudito, o estudioso, que precise del libro físico, debe, demostrada su necesidad, poder acceder a él como hasta a hora. Pero el que no lo precise, podrá acceder con mayor facilidad al faxímil digital (con los defectos que tenga, que supongo que son subsanables). Pienso que una copia digital accesible desde cualquier biblioteca, tanto estatal, como municipal o universitaria, (y por qué no, desde casa, o desde Sur América), es mejor que el acceso al libro físico, sólo en el edificio de Recoletos de Madrid. Como dije lo cortés, (tener acceso fácil a una copia digital), no quita lo valiente, (dejar el “incunable” a quien acredite necesitarlo). Naturalmente por hacer la copia digital prohibimos el acceso al original, el resultado es equivalente a hacer la copia y prender fuego al original.

04 septiembre 2007 19:58
Anonymous dijo...

!Eso, eso: bibliotecas medievales: espejitos para las consultas y los tesoros bajo siete llaves!

05 septiembre 2007 08:38
jincho dijo...

El irónico comentario anónimo que me precede, me sugiere que, aunque es una crítica fácil ( La de equiparar preservación con elitismo), no se trata de cerrar, sino de abrir. El que podamos ver infinitas reproducciones del Guernica, y que al mismo tiempo, el “original” este resguardado no es contradictorio; es útil. Y cuando digo resguardado, me refiero a que, aunque estés a unos metros del cuadro, no es posible, “admirar” sus magníficos “pigmentos”, es decir, una parte, la parte física, esta adecuadamente conservada, lo que no impide que puedas admirar e incluso usar su belleza, “viendo” el original ó admirando una reproducción. Al menos en obras de arte, libros, etc, podemos usar tanto las reproducciones como la preservación del original para luchar contra la degradación impuesta por las leyes de la termodinámica….¿Donde está el límite entre ambos aspectos, digamos preservado vs. tangible?. Creo que nunca habrá un límite claro y preciso, siempre será una separación difusa y arbitraria.Saludos

05 septiembre 2007 09:57

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