Me entrevistan sobre la traducción

14 abril 2010 9:09

El interesante blog Club de traductores literarios de Buenos Aires (del que ya hablamos con motivo de Salinger) está llevando a cabo una encuesta sobre la traducción a distintos escritores. Amablemente me pidieron mi opinión, y esto fue lo que contesté:

1) ¿En qué reconoce una buena traducción? En otros términos, ¿cómo definiría una buena traducción?
A esta pregunta han debido contestar personas mucho más dotadas que yo, desde hace mucho tiempo, pero en fin: para mí, una buena traducción es la que te permite un acceso transparente a una obra lejana, pero sin dejarte olvidar que lo es. Tal vez como un cristal sutilmente esmerilado, que te permite seguir lo que ocurre en la calle y que al tiempo te impide creer que estás contemplando la escena al aire libre: algo que te recuerde que estás cómodamente resguardado tras tu ventana.

2) ¿Le molesta leer un libro traducido a otras especies del castellano? Si sí, ¿por qué?
No me molesta, salvo en el caso de que contenga vulgarismos o localismos excesivos, que además suelen ser opacos para el lector de otros lugares. La traducción de obras con argots muy marcados respecto a un lugar y una época suelen apelar a soluciones similares en la lengua objeto, a veces con resultados demenciales: pero es que es un problema lingüistico prácticamente insoluble. Este tipo de obras resultan ilegibles desde las otras variantes (y, lo que es peor, desde la misma variante apenas transcurridos cincuenta años).
En los demás casos (que por fortuna, son la mayoría), el lector de traducciones a variantes de castellano que no son la suya debe practicar una más de las muchas “suspensiones” a que está obligado. Uno lee la traducción de una obra en la que un autor que escribió originalmente en inglés narra una historia que ocurre en un aldea china. Tiene que aceptar que los habitantes del pueblito hablen castellano (los lectores originales aceptan que hablen inglés, al fin y al cabo), ¡pero es que también acepta que el narrador omnisciente conozca los pensamientos que pasan por la cabeza de Xiuxiu! Y, eventualmente, aceptará que la joven remonte el vuelo en premio a su virtud, o venza ella sola a un ejército de cien mil soldados. Los lectores aceptamos tantas cosas… Pues bien, ¿por qué no aceptar –si vivo en España– que además todos (Xiuxiu, su madre, y el comandante del ejército) hablen en la versión rioplatense del castellano? Además, ocurre otra cosa: a los cinco minutos de empezar a leer, y si el libro es bueno, se te han olvidado todos esos enojosos detalles…
Tengo que recordar además una cuestión histórica: en España, quienes leímos los primeros veinte años (que son los que de verdad se lee) bajo el franquismo, accedimos a gran parte de la mejor literatura y ensayo en traducciones argentinas o mexicanas, porque eran obras que no se podían editar en nuesto país. Para mí las variantes lingüísticas americanas se unieron inextricablemente al placer de muchos textos.

3) ¿Quiénes, en tu opinión, han sido buenos traductores en tu país? ¿De qué obras?
El juicio de que alguien es un “buen traductor” debe partir del conocimiento de la obra en la lengua original y del de la lengua de llegada. Como lector, acudo a traducciones sólo cuando no puedo leer una obra, o cuando puedo hacerlo sólo con demasiado esfuerzo, de modo que mis juicios inmediatos son sólo como lector español y que no ha conocido las obras en su lengua original.
Hay un aspecto que me interesa mucho en una obra literaria, y es el ritmo de la prosa. En la obra de Thomas Bernhardt, traducida por Miguel Sáenz, y en El puerto de Toledo de Anna María Ortese, traducida por Esther Benítez, he podido descubrir páginas bellas y asombrosas dotadas de un ritmo excepcional. Tiene que estar ya en el original, parece claro, pero es un privilegio poderlo alcanzar en otra lengua.

Imagen: © Copyright Robert Peggie and licensed for reuse under this Creative Commons Licence.

3 comentarios

gorki dijo...

«Traduttore, traditore», creo que es inevitable, pero yo prefiero leer una mediana traducción del inglés y del francés, que son dos lenguas que conozco medianamente, que leerlas en el lenguaje original, pues le esfuerzo de traducir me rompe la comprensión de la obra y me quita más que lo que me quita un mediano traductor.Lo malo es que tradicionalmente este trabajo ha estado muy mal pagado, yo conocí a María Muxart especialista en traducciones del inglés de la época de Shakespeare,ella me contaba que traducir una obra de esa época, la parecía tan apasionante como resolver un geroglifico, pero que por dinero no lo hacia, pues la hora trabajada se la pagaban muy por debajo de lo que ella pagaba a su asistenta.Para ganar dinero trabajaba como productora de televissión en TVE.

14 abril 2010 11:12
Julieta Lionetti dijo...

Me encantó lo de la ventana con el cristal esmerilado.Y un comentario al margen sobre la traducción del segundo tomo de Millenium, que he terminado de leer hace unos días. Resulta que el libro está traducido a varias manos y en español de España, pero como Destino imprime en la Argentina para el mercado local, han hecho algunos cambios para no ofender a los consumidores locales. Los cambios se han hecho solo a nivel léxico y a mí me provocaron entre risa y sorpresa, porque además me expulsaron del texto. Encontrar la palabra "bombacha" en lugar de "braguitas" en medio de una prosodia peninsular raya en lo ridículo. Hay otras, pero con esta basta.Esta segunda novela de Larsson sí que es malísima, por cierto. Traducciones aparte, no había quién le pudiera inyectar un poco de emoción y tensión narrativa.

14 abril 2010 15:59
seleucus dijo...

Gran entrevista.

Por cierto, a Larsson en catalán se lo ha traducido del inglés y del francés. Esto es lo que hay.

18 abril 2010 19:45

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