“Un individuo angustiado”
08 septiembre 2010 9:09
Cuando se habla de la figura del editor, los ajenos a esta profesión piensan siempre en el publisher literario y se lo imaginan ─como en las películas─ un caballero maduro fumando en pipa, sentado en su despacho, más bien lujoso, con una chimenea encendida, y tal vez un perro correctamente tumbado, intentando convencer al autor de la novela de que convendría modificar el final, o suprimir un determinado personaje. Y al autor, más bien sumiso ante el todopoderoso editor, aunque algo reticente a los cambios sugeridos, pero agradecido por el hecho de ser publicado por primera vez.Y sin embargo, como se sabe, nada más lejos de la realidad. El editor, tanto de libros de creación literaria como de libros de conocimiento, es un individuo ajetreado y por lo general angustiado, que pelea por contratos que caducan, por anticipos que le parecen exorbitantes (y a menudo lo son), o por una subasta de derechos, que pasa buena parte de su tiempo haciendo presupuestos y rehaciendo la cuenta de resultados, preocupado por el papel que compró y que no llega a tiempo, por el anuncio mal situado en la página del periódico, por culpa de la imprenta que se retrasa con la reimpresión de la única novedad reciente que se vende, cabreado con las devoluciones, con la caída del peso mexicano, con la infidelidad de un autor de los “de casa”…Hablo, claro está, del editor unipersonal, el auténtico, el clásico, el hombre orquesta (no me estoy refiriendo a la gran empresa editorial, con su división de trabajos, distintas áreas de responsabilidad y múltiples engranajes). Me refiero al editor en estado químicamente puro, el industrial de materia noble que se asocia con el inventor del libro de creación, que es el eje de todo, el “deus ex machina”, y lo convoca, lo apoya, difunde su invento y le retribuye su trabajo, de acuerdo con la aceptación de los compradores, mediante una regalía o porcentaje. Es el jugador de ruleta que hace sus apuestas, no siempre acertadas, pero sí algunas veces y, entonces, ¡qué satisfacción! ¡Cuántos sinsabores recompensados!(Mario Lacruz, 2000)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso
Etiquetas: "Libros y citas", Editoriales




2 comentarios
Tengo la sensació de que, en contra de lo que pudiera parecer, este tipo de editor recobra en la actualidad carta de naturaleza. En este sentido, no ando en demasiado acuerdo (dicho sea con todo respeto y admiración literaria) con el canto de cisne que parece entonarse en Dublinesca, la novela última de Vila-Matas. Terminará la era Gutenberg, probablemente. Pero en la siguiente etapa, sea como sea su configuración, no me parece que vaya a estar excluida la figura de ese editor individual, de impulso creativo, que trabaja junto al autor y arriesga con él. Quizás no edite exactamente libros. Pero los soportes no son sino éso: soportes. Influyen, en cuanto portadores de tecnología, en los procesos creativos. Pero esos procesos creativos, que en parte podrán prescindir de la intermediación industrializada de la edición actual, quizás reencuentren un tipo de relaciones entre los factores creativos que en gran parte se habían difuminado. Quizás la tecnología no excluya, sino todo lo contrario, permita emociones creativas pre-industriales, menos angustiadas, precisamente.
Saludos
Coincido contigo, Luisa. Paul Auster, en una entrevista publicada el pasado domingo en La Vanguardia decía más o menos lo mismo http://www.lavanguardia.es/cultura/noticias/20100905/53994920705/paul-auster-desde-hace-unos-anos-me-cuesta-dar-con-el-hilo-narrativo.html.
En concreto decía : «Estoy a favor de todo lo que implique una promoción de la lectura, por lo que miro con agrado el libro electrónico, pero espero que la figura del editor nunca desaparezca. Necesitamos gente con criterio literario que haga una criba. Qué pesadilla un mundo con infinitas propuestas virtuales sin nadie que nos oriente».
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