«Jamás he ganado cosa alguna con mis libros»
17 noviembre 2010 12:12
Yo, hasta ahora, jamás he ganado cosa alguna con mis libros. De los primeros he vendido hasta cinco o seis ejemplares; de los últimos vendo algunos más, pero nunca lo bastante para costear las ediciones. Todas mis esperanzas están puestas en un libro que publicaré dentro de algunos días: La sonata de primavera. Seguramente se venderán algunos centenares de miles, y con el dinero que me dejen, pienso restaurar los castillos del Marqués de Bradomín y comprarme un elefante blanco, con una litera dorada, para pasearme por la Castellana..
(Ramon María del Valle-Inclán, 1904)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso
Etiquetas: "Libros y citas", Autor




7 comentarios
Qué grande fue( y es)Valle.Y pensar que de jovencita su «Max Estrella» fue uno de los personajes que más me caló entre todos los personajes que me brindaban los escritores.Qué gran injusticia que no pudiera vivir con cierta comodidad de sus creaciones.
Ojalá empiece una nueva era para los autores y puedan vivir de su arte o, por lo menos, no malvivir de él.
Esto demuestra la gran falacia que es el decir que si se deja de cobrar por copia de una obra se estrangula la produccion artística. La auténtica realidad es que los autores solo esporádicamente se lucran de su obra quienes se lucran, (y que conste que no me parece mal). son los intermediarios, editores, impresores, representantes literarios, libreros etc.
Si por razones del avance tecnológico alguno de ellos deja de ser necesario y como consecuencia no tiene parte en el pastel de la Industria cultural, será triste y habra de reciclarse, pero la produccion de los autores seguirá impertérrita, en España se editan 70.000 títulos anuales, ¿Cuantos autores viven de lo que escriben?
– Yo no creo que exclusivamente de los libros viven más de 100 autores, incluyendo no solo a los literatos sino a autores de libros de texto, técnicos, o publicitarios.
En Bubok aparecen todos los días 30 nuevas obras, Ya son más de 30.000 y ahora empiezan en Argentina. De la mayoría de los títulos no se venden ni 20 copias, ¿Frena eso a los autores?.
¡Soberbio siempre, el grandísimo Valle!
Sobre lo que dice Félix, una matización. En tiempos de Valle se publicaba sin apenas ánimo de lucro, mientras que hoy muy pocos editores publican no digo ya asumiendo el riesgo de no cubrir los costes, sino siquiera asumiendo la posibilidad de un margen de beneficio inferior al 10 %.
En tiempos de Valle no había, según creo, legislación que garantizara los derechos del autor y una liquidación por este concepto. Pero el autor podía al menos esperar ser publicado, porque había editores que asumían el riesgo de sacar sus obras a la luz.
Hoy por hoy no hay modo de saber cuántos autores no intentan siquiera publicar, desalentados por la certeza de que (salvo que se autoediten y autopromocionen como buenamente puedan) les será casi imposible encontrar quien apueste por ellos, y de que, incluso en ese caso, difícilmente podrán rentabilizar su trabajo. Así que no se puede afirmar que tal o cual práctica (mercantil o de consumo) contraria a los deseos del autor con respecto a su obra no va a perjudicar a la publicación (literaria o no literaria).
El autor siempre ha sido la pieza más frágil de esta cadena de transmisión cultural que es la edición. Por eso no se le puede negar alguna forma de protección: del editor, que lleva siglos disfrutando de diversas formas de patente de corso, y del pirata, cuando quien copia actúa verdaderamente como tal.
Ah, y sobre Bubok como panacea: habría que ver si permite la fácil publicación de libros de todo tipo, incluso traducciones de obras que no son de dominio público, obras de referencia como diccionarios o enciclopedias, obras ilustradas de gran formato, obras infantiles con pop-ups o dioramas… En fin, todo eso tipo de obras complejas, que requieren mucha inversión (de tiempo y de dinero), adquisición de derechos (de traducción y reproducción), a menudo la colaboración de varios autores y de diversos especialistas, y que ya no suelen publicarse por la vía tradicional porque no hay editores que inviertan en ellas o porque algunas, en versión electrónica, suelen ser objeto de copia ilegal masiva y no resultan nada rentables. Puede que este campo no tenga hoy salida como creación original ni siquiera en Bubok, por todo lo que exige al promotor. Puede que por negligencia del editor y abuso de un cierto tipo de consumidor este campo editorial sí esté muy empobrecido.
Habría que ver también cuánto invierten los autores de Bubok en la publicación de sus obras en esta plataforma y cuánto obtienen a cambio. Tal vez Bubok, con todas sus limitaciones, sea una nueva forma de proteger al autor (del editor, en este caso), porque al menos le permite publicar y obtener un cierto rendimiento, por pequeño que sea.
#Silvia
La nota de Valle Inclán es de 1904 y Valle Inclán murió en 1936, es decir con el inicio de la Guerra Civil. Hablar de los tiempos de Valle Inclan como si fueran medievales es exagerado, entonces existía una legislación muy parecida a la actual de Propiedad Intelectual y, a mi juicio, mejor adaptada a la realidad del momento que la actual.
Para entonces, existía una fuerte industria editorial como Editorial Espasa, fundada en 1860 que había publicado la Enciclopedia Espasa, el mayor alarde editorial español de todos los tiempos. También era veterana la Sociedad de Autores, origen de la actual SGAE, nacida en 1899, que velaba por los intereses de los autores.
Por tanto, si Valle Inclán no ganaba para vivir con su literatura y en consecuencia no escribia por dinero, no era por que no existiera la infraestructura necesaria, sino simplemente, porque de la pura literatura han vivido muy pocos autores en cualquier época de la historia y además, lo que mejor han vivido de ella, no son los que han pasado a la historia por su calidad, sino lo que consiguieron mayor popularidad que no es lo mismo, como Rafael Pérez y Pérez, el Caballero Audaz, o Corin Tellado, escritores de gran tirón popular, pero al que la crítica, les reconoce escasa calidad literaria.
Esto fue así, a principios, a finales del S. XX y hoy mismo. Montones de autores de reconocida calidad, tiene otra profesión relacionada o no con la pluma, que es la que los alimenta. Mientras escriben en su ratos de ocio.
Igualmente, antes y ahora ha habido miríadas de autores, excelentes, normales, malos e impresentables, que de todo hay, que han mendigado que un editor les edite su obra, e incluso muchos acababan autofinanciando su edición, en editores especializados en ese segmento, con un coste desproporcionado, para no encontrar posteriormente librería en donde exponer el fruto del gran esfuerzo económico que habían realizado.
Respecto de Bubok, cualquier texto que les lleves, ellos te lo editan, pues más que editores son un sistema de impresión bajo demanda, como una fotocopiadora sofisticada. De lo que indicas tan solo no podrían realizar libros troquelados, pop-Up y dioramas, pero por ejemplo no tiene problema para editar un diccionario, o un comic, o un libro en árabe clásico, tu les entregas el fichero digital y ellos lo imprimen sin problemas.
Lo que no son, ni pretenden ser, es una empresa editorial, Si hay que invertir en traducciones, colaboradores incluso corrección, no lo realizan. Dejan por tanto de ser la solución perfecta, pero permiten que cualquiera que desee ver su obra impresa, la vea, y quien la desea vender, la venda, Ellos solo facilitan por módicas cantidad, servicios auxiliares de edición como obtención del IBSN o corrección del texto, pero realmente se trata de un lugar de auto edición tu editas y ellos imprimen, han sustituido al impresor más que al editor.
Pienso que en este sentido se ha mejorado años luz, frente a lo que había entes, aunque diste de ser perfecto. Para mi, el mayor fallo está en que hacen escasa labor de difusión de las obras, pero pese a todo, diariamente una treintena de autores encuentran en Bubok donde imprimir su obra, lo cual la sitúa posiblemente como la mayor editora existente en este momento.
Lo que si garantiza es que escritores seguirá habiendo aunque se fuera al garete el resto de la industria editorial, algo que niegan quienes se oponen al libro digital, con l mimistra Gonzalez Sinde al frente, alegando que con ello se acaba la creación. 30 títulos diarios avalan que es falso ese aserto y que lo que está en riesgo si no evoluciona y se adaptan a los nuevos papels marcados por la técnica son los intermediarios culturales, no los generadores de cultura que son los autores.
En el nuevo teatro donde se desarrolla el drama de la Cultura, los autores y el público, siguen, con tan solo cambios cosméticos, con el mismo papel. Los que tiene un nuevo papel, son los intermediarios, representantes, editores, impresores y libreros. Todos tiene que aprender a representar su nuevo papel. La importancia de algunos en el reparto, ha cambiado, incluso algunos han quedado fuera, mientras que nuevos personajes han aparecido en la obra, los intermediarios son los que tienen que espabilar para adaptarse al nuevo papel que les toca en la obra.
El caso de una autora que quiere publicar por la vía tradicional (entendiendo que haber pasado la selección de un editor añade un valor a su trabajo y le abre una camino hacia el lector), que quiere poder obtener remuneración por su obra y que se resiste a la realidad con la que se enfrenta: 1) editores que no arriesgan ni necesitan cambiar su política; 2) estilos narrativos «digestivos» para ciertos formatos digitales como fácil vía de publicación; 3) el probable limbo de la autopublicación.
«¿Quién teme al libro feroz», por Amelia Pérez de Villar:
http://delibrosydehojas.wordpress.com/2010/11/16/¿quien-teme-al-libro-feroz/
Por cierto: iniciando una serie de apostillas colaterales, haré en A&C una aportación a esta serie citando la experiencia de Orson Scott Card como autor que no puede vivir de su obra y abandona, hasta que la fortuna vuelve a sonreírle, su vocación literaria. Suerte que la fortuna volvió a sonreírle…
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