“En una librería no se hace más que leer, conversar con los amigos”

26 octubre 2011 9:09

Tengo que revisar las boletas de ayer y hacer la reposición. Tengo que mirar las facturas de los libros que entraron ayer y controlar los descuentos. Tengo que hacer las órdenes de compra para que el cadete vaya a buscar ─después de limpiar, por supuesto─ los libros señalados por los clientes, siempre que el teléfono funcione y pueda pedirlos previamente porque si no los pido antes va a perder dos horas en cada editorial y finalmente vendrá con otros y no los pedidos. Tengo que apartar las boletas de cuentas corrientes y pasarlas a las fichas. Tengo que hacer los resúmenes de cuentas y enviarlos para ver si alguno paga, porque comprar, compran fácil, pero para pagar no son tan rápidos. Tengo que hacer la caja. No me tengo que olvidar de mandar al contador los cheques para el pago de la jubilación y la cuota de réditos. Tengo que rehacer la vidriera porque los vecinos ya deben estar hartos de ver siempre los mismos libros. Y, al mismo tiempo, tengo que atender a los insoportables cobradores, a los alegres vendedores, a los cadetes suficientes y a los clientes. ¿Clientes qué? Clientes que compren, no que miren, que cumplan con su misión como cada cual cumple con la suya. Y tengo que remarcar Losada y limpiar el estante de la Bif porque ayer fui a buscar un libro y se me quedaron las manos negras de tierra y tengo que… y tengo que… ¡Hay que hamacarse con el trabajo que hay en una librería! Y pensar que hay gente que cree que una librería es una canonjía, una beca, un mecenazgo; que en una librería no se hace más que leer, conversar con los amigos sentados cómodamente en sillas de mimbre con almohadones rojos y tomar café o, por qué no, un whiskicito.

─Total, ¿qué hay que hacer? Viene la gente, pide un libro, se lo das y cobrás.

Creen que es un trabajo cómodo, descansado, donde lo que sobra es tiempo; lo piensan como si fueran vacaciones de por vida. Uno instala una librería, gana dinero y habla de literatura con gente distinguida. ¿Qué más se puede pedir?

(Héctor Yánover, 1994)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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3 comentarios

Gorki dijo...

Al único librero que conozco a fondo es a Javier Rodriguez de la libreria Cervantes de Alcalá de Henares y desde luego no para. Llevar bien un comercio de lo que sea, es complicado, proveedores, stock, clientes, Hacienda, Seguridad Sicial, Ayuntamiento etc. te roban las horas del día.

Pero a pesar de todo, encuentra tiempo para revisar al menos la solapa de todos y cada uno de los libros que entran en su libreía y para leer un momton, y de ellos de 5 a 8 mensuales hasta el final, para luego hacerles una crítica para poner en el blog, http://www.lalibreriadejavier.com/ que lleva para conectar con sus clientes potenciales y habituales y aún le queda tiempo para organizar las veladas literarias de una ciudad como Alcalá de Henares.

¿De donde saca tiempo? – De su vocación, está haciendo aquello que le gusta y sabe hacer y con ello es feliz..

26 octubre 2011 11:12
Xavier Agenjo dijo...

Muy bueno

27 octubre 2011 01:52
Novedades literatura dijo...

¡Muchas gracias por este post! Dejo un link en mi próximo Lo mejor de la quincena. Saludos.

03 noviembre 2011 21:22

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