Jordi Sabaté me entrevista en Eroski

31 agosto 2006 22:22

  • Se trata de una entrevista muy extensa y que toca aspectos interesantes del futuro del español, la lengua en el medio digital, etc. De las cuestiones más propias de este blog entresaco unas preguntas:

Usted es novelista y tiene varias obras publicadas, pero a la vez mantiene su propia web con multitud de textos y una elevada popularidad. Incluso sus trabajos digitales han sido premiados por la comunidad periodistica (ganó el Premio Blasillo este año). ¿Cree que merece la pena seguir publicando en papel (obviando la cuestión económica) cuando el verdadero combate cultural se ha trasladado ya a la Red?

Bueno: ¿por qué habríamos de obviar la cuestión económica? Al contrario: empecemos por ella. Los libros, hoy por hoy, pueden proporcionar ingresos como el publicar en la Web jamás puede dar, ni aunque uno la llene de anuncios. Alguien que aspire a vivir, al menos en parte, de la escritura no puede renunciar a publicar en papel. Pero publicar en la Red me ha servido también para publicar en papel. Eso me ha ocurrido con artículos como éste, que primero escribí en la web, y luego vendí, o uno de mis libros que va a aparecer en el otoño en la editorial Melusina, que es la transposición directa de una sección de la sección ‘Flor de Farola‘ de mi web. Por otra parte, la publicación en la Web me da placeres inmensos: allí puedo ejercer sin cortapisas la libertad de expresión o de crítica, la experimentación, el diálogo con los lectores, o el control de mi obra (por encima de erratas, errores o intervenciones de mis editores). No creo que el verdadero debate cultural se haya trasladado a la Web: para mí ahora mismo está absolutamente repartido entre el papel y la Web, que aparecen como lo que son: medios complementarios. Esto lo ha entendido, incluso con una perspectiva empresarial, Google, en el proyecto Google Libros.

¿Tiene futuro el texto escrito? ¿O bien la voz y la imagen predominarán mayoritariamente en las épocas venideras?

El texto tiene muchas ventajas. Uno de ellos es la economía: en la cantidad de bits en que se mete un par de frases habladas te cabe casi una novela. Luego, la facilidad de acceso: se puede buscar fácilmente una palabra determinada en un millón de documentos, pero pruebe a buscar una palabra pronunciada en un montón de archivos .MP3. Incluso si no hablamos de texto digital, sino de facsímiles (fotografías de textos antiguos, por ejemplo), localizar algo es mucho más sencillo que en archivos de sonido. Si lo vemos desde el punto de vista de la producción y el consumo, la comodidad de la palabra hablada es relativa: gente como yo tecleamos tan rápido como hablamos. O más. Y por supuesto leemos a una velocidad muy superior a la que escucharíamos un audio.

¿Cree en la propiedad intelectual de la obra escrita como un medio para obtener beneficios derivados, o bien apostaría por que el creador enajenara sus beneficios de la difusión libre de su obra? ¿Estamos preparados para un escenario así o seguimos necesitando a los intermediarios (editores, agentes, correctores, impresores…)?

Creo que son dos cuestiones distintas. La licencia Creative Commons que permite compartir sin uso comercial, a la que está sujeta parte de mi obra, es una herramienta de difusión (y por tanto de publicidad, de influencia…) muy grande. Lo explico en el artículo ‘La gestión del entusiasmo‘. Pero eso no impide que cuando se quiera hacer uso comercial, mi agente literario le venda a un editor el derecho a publicarla. Los intermediarios son una cuestión distinta. Tengo la sensación de que los editores (y hablo en genérico: yo tengo hoy en día de los mejores editores que se puedan encontrar) están incumpliendo cada vez más el pacto con sus autores. En parte por la creciente degradación del circuito distribuidor-librería, y en parte porque están reduciendo costes de manera radical, y eso se nota en la calidad del producto final. Eso puede forzar a muchos a buscar medios alternativos de difundir su obra. Entre que te edite alguien que va a distribuir mal tus libros (porque los va a tener dos semanas en las librerías) y otro que los va a tener constantemente disponibles en una librería virtual, y los va a imprimir con impresión bajo pedido (‘print on demand’) a medida que los necesite y los va a enviar a los compradores, la elección va a ser bien clara. Claro, que al final habremos sustituido un intermediario (el editor) por otro (la librería virtual, o un proyecto como Google Libros). El panorama se está rehaciendo… Respecto a los agentes y los correctores, me siguen pareciendo importantes en el medio digital.


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