La sinécdoque siniestra

21 junio 2007 22:22

El editor Gonzalo Pontón pone hoy un nuevo dedo en la llaga de la presencia catalana en Frankfurt, con el artículo “¡Es la ciencia, estúpido!“. No se trata sólo de que (en contra de las promesas del mismo Montilla, entonces ministro y hoy President) se haya restringido la presencia en la Feria del libro de Frankfurt a los autores que escriben en catalán (olvidando a los Marsé, Mendoza, Vila-Matas, Cercas, etc.). No; como dice Pontón:

Si se fijan en la obra de los agraciados, advertirán que todos ellos tienen, además de la lengua, un vínculo en común: son creadores de literatura de ficción y cultivan, sobre todo, la novela, esa “imagen de la vida”, que dijo Galdós. Desde luego que la novela, la poesía y el teatro son parte de la cultura, pero no son toda la cultura. En el fárrago de artículos, declaraciones y correspondencias materiales y virtuales sobre galgos y podencos no he encontrado ni una sola alusión al ensayo, a la prosa didáctica o a los libros de conocimiento y razón crítica. Y, sin embargo, el saber, ya sea humanístico o cosmológico, también forma parte de la cultura. Lo sabían ya los antiguos griegos y así lo creen, desde luego, los países europeos, que a través de sus editoriales acuden a la Feria de Frankfurt con una amplia muestra de su producción científica y humanística: centenares de nuevos libros sobre filosofía, política, historia, psicología, economía, matemáticas, física, astronomía, medicina…

En efecto: uno de los males más curiosos que aquejan al ya de por sí extraño mundo del libro es esta equiparación libro = novela. En retórica esta figura (tomar la parte por el todo) se llama sinécdoque. La pirueta de los políticos catalanes no está lejos de la de muchos otros políticos y medios de comunicación que equiparan también escritor = novelista, lector = lector de novelas, etc. Que otros con más saberes exploren los porqués de esta operación de escamoteo (sobre todo el qui prodest), pero esta extraña maniobra frankfurtí, magistralmente descrita por Pontón, dibuja una pobre figura de la cultura que intenta cubrir. En efecto:

¿Una Europa sin Einstein ni Hawking, sin Russell ni Wittgenstein, sin Schumpeter ni Keynes, sin Braudel ni Hobsbawm, pero con novelistas de Perpignan, L’Alghero y Andorra? Pobre Ortega, que decía aquello de que “Europa es igual a ciencia”.

Sólo a alguien con un perverso sentido del humor se le puede haber ocurrido el lema de Cultura catalana: singular y universal. Porque lo que vamos a mostrar en Frankfurt ni es toda la cultura, ni es totalmente catalana, ni es singular (a no ser que la singularidad sea nuestra pretendida miseria científica), ni es, obviamente, universal, sino tertuliana y astigmática.

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