Los libros, a la basura

11 diciembre 2007 22:22


La oprobiosa imagen superior pertenece a un contenedor situado en la bella (aunque en progresiva degradación) villa de Cadaqués. El reciclado de desechos es una muestra de respeto al medio ambiente, aunque algún día debería plantearse la ecuación costos/beneficios que implica la forma en que se hace: habrá sorpresas…

Pero a lo que íbamos: el papel es uno de los productos más reciclables, y estos contenedores dispersos por toda la geografía animan al ciudadano a depositar en ellos su “papel y cartón”. Pero, concretamente, ¿qué tipo de materiales están incitando a arrojar al contenedor? La imagen lo dice bien a las claras: frente a una caja de cartón y lo que con buena voluntad podríamos calificar de “revista”, hay seis hermosos libros, seis, encuadernados, a lo que parece, en tapa dura.

Me parece una barbaridad esta exhortación, por dos motivos. En primer lugar por las omisiones: no hay ninguna imagen de los packagings abusivos de yogures o latas de cerveza, ni de los periódicos dominicales sobreinflados para meter publicidad, ni de los folletos con los que espamean nuestros buzones físicos, ni de las pilas de propaganda electoral (ilegible e ileída)
con las que nos empapelarán en seguida. No: hay que reciclar libros.

Pues no: aun si uno no está de acuerdo con el adagio clásico retomado por Cervantes (“No hay libro tan malo que no tenga algo bueno”), hay una forma preciosa de mantener el libro vivo: hacer que pase al mercado de segunda mano (¡rápido, antes de que lo destruyan o lo llenen de cánones), o lanzarlo al bookcrossing para que alguien lo encuentre. O, si me apuran, dejarlos cuidadosamente apilados en una esquina cerca del contenedor: ya verán lo que duran…

Pero a la basura, ¡nunca!

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5 comentarios

A&C dijo...

Lo primero que vi hacer, con horror, cuando entré a trabajar en el sector editorial fue destripar libros, mutilarlos y triturar excedentes… En casa de herrero…

12 diciembre 2007 11:56
Gorki dijo...

Yo he practicado el bookcrosing, pero ahora, le regalo los libros a un pobre que ha montado en la calle Príncipe de Vergara de Madrid, cerca de Plaza de Cataluña, un tenderete en un murete de un parque que vende libros de segunda mano a precios ridículos. Él cobra algo que no son limosnas, la gente compra los libros que le atraen por cantidades ínfimas y yo me deshago de libros que nunca volveré a releer y en último extremo si el pobre decide que no son “comerciales”, los venderá al peso y quizá saque para un bocadillo.

12 diciembre 2007 12:13
Ana Lorenzo dijo...

Y además es un buen modo de reciclar no solo el soporte, sino el contenido. Anda que no se encuentran en saldos libros que uno andaba buscando desesperado y que no hay forma de conseguir por ninguna otra vía.Por cierto, si alguien piensa deshacerse de En nadar dos pájaros, de Flann O’Brien, en Edhasa, le agradecería que me lo dijera: soy su contenedor perfecto. Gracias. Un beso.

13 diciembre 2007 11:34
Silvia Senz dijo...

Por lo menos, hay quien los coloca “al lado” del contenedor y quien los recoge. Ved:http://www.llibrevell.cat/wp/2007/12/19/llibres-trobats-al-costat-dun-contenidor-de-paper/

20 diciembre 2007 10:27
Ana dijo...

Alguno me quedaría, seguro.

21 mayo 2008 19:50

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