Peret en los principios de Círculo de Lectores

21 enero 2012 9:09

#memoria #editorial #LyB
En el libro de Juan Puchades Peret. Biografía íntima de la rumba catalana, que acaba de publicar la editorial GlobalRhythm (y que he mencionado en el blog hermano), tropiezo por sorpresa con esta anécdota que liga los inicios del Círculo de Lectores con el creador de la rumba catalana, sirviendo como nexo de unión la discográfica, también propiedad de Bertelsmann, Ariola.

A finales de ese año [1970], el sello alemán Ariola, propietario también del club germano del libro Círculo de Lectores, decidió instalarse en España y para ello comenzó a tantear a la industria local con el objeto de adquirir alguna discográfica española para iniciar sus actividades contando ya con el apoyo de un catálogo asentado. Unos años antes, Ariola se había asociado con Vergara —de hecho, en 1962, cuando se fundó Círculo de Lectores, se denominó Vergara Círculo de Lectores—, pero la relación entre ambas empresas se deterioró y acabaron por romper relaciones; sin embargo en 197o los propietarios de Vergara estaban dispuestos a vender y Ariola tenía puestos sus ojos, precisamente, en esa compañía para utilizarla como plataforma de su desembarco español. El primer problema surgió, dados los resquemores del pasado, a la hora de fijar el lugar de reunión donde mantener las conversaciones que conducirían a la compraventa, pues ni Vergara estaba dispuesta a acudir a las oficinas de Círculo, ni los alemanes querían reunirse en las de aquellos. Así que, buscando un terreno neutral, optaron por mantener los diferentes encuentros en el despacho de Clan, la empresa de Peret y Ramón Segura. De rebote, Segura, Clan y Peret resultaron parte beneficiada de la negociación, pues una vez cerrada la operación con Vergara, les plantearon a ambos la adquisición de Clan, la oficina de management: «Aquello era una forma de ficharnos a los dos —rememora Ramón Segura—. A mí me propusieron quedarme de presidente de Ariola. Acepté porque tenía veintinueve años y me hacía gracia ser presidente, aunque los alemanes no llamaban presidente a nadie, la figura era gerente. Finalmente Peret y yo les vendimos Clan, y cobramos la mitad cada uno. Aquello fue en diciembre de 197o» (pág. 186).

En fin, como canta Peret recientemente: “Aquel que diga que no vende nada, que levante el dedo“.

Quede esta pincelada aquí publicada, a falta del Archivo de la historia del sector editorial, que no parece que vaya a existir…

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