Las letras opacas del retablo de Gante

19 marzo 2012 10:10

La adoración del místico Cordero es un retablo finalizado en 1432, obra de  Hubert y Jan van Eyck: una auténtica joya de la pintura flamenca que acaba de sufrir un proceso de restauración. En el curso de él se ha podido fotografiar con todo detalle, y el resultado, Closer to Van Eyck: Rediscovering the Ghent Altarpiece, proporciona un mosaico navegable con un grado de detalle asombroso. Está compuesto por 100 mil millones de pixels (como comparación: si hace clic en la imagen superior del retablo, obtendrá una imagen de unos 230.000 pixels).

El centro del retablo representa a Cristo (o Dios Padre), y a su derecha está San Juan Bautista, una pintura que tiene aproximadamente 1,70 metros de alto.

San Juan sostiene un libro en su regazo, con una hoja entre los dedos, como si acabara de girarla. Por obra de la perspectiva, la página par queda casi completamente a la vista, y se puede observar que está a dos columnas, encabezadas por una capitular miniada. La página queda invertida con respecto a la mirada del espectador. Aquí la hemos girado, para su mejor apreciación:

Es un manuscrito (aún faltarían dos décadas para que se inventara la imprenta de tipos móviles), y en él se pueden percibir perfectamente las líneas de escritura, curvadas por la tensión de la página abierta.

Para realizarlo se ha utilizado tinta negra y roja, y las iniciales se han coloreado de rojo y azul. La tradición iconográfica de la época quiere que los santos escritores se representen con su obra en las manos, pero nada sabemos de que este Juan hubiera escrito algo. ¿Estará Juan el Bautista leyendo quizás el Apocalipsis, dado que de ahí proviene la escena de la adoración del Cordero que es el centro del retablo? Si lográramos descifrar el texto pintado podríamos confirmar de qué libro se trata.

La capitular, con su inscripción CONSOLAMT, parece orientarnos hacia alguna forma abreviada del verbo latino consolo, que sin embargo no figura en el Apocalipsis en la versión latina de la Vulgata. ¿Y el resto del texto?

A medida que aumentamos el zoom, la primera impresión se confirma: las líneas perfectamente ordenadas, la sucesión de ascendentes y descendentes, los puntos de las íes, los puntos finales de oración ( situados en el centro de la línea, como era usual en el momento) y las iniciales ornadas, todo es un mero simulacro: una reproducción aleatoria de trazos que siguen la distribución global de las letras en una palabra, pero que no son letras, son evocaciones de letras que componen palabras fantasmales, trazadas con un pincel finísimo a una escala diminuta (compárese su tamaño con el craquelado de la pintura).

Letras opacas que componen palabras que no pueden descifrarse, pero que fingen pertenecer a alguna de las lenguas de los hombres…

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