Anotar en los márgenes

28 febrero 2011 9:09

Dirk Johnson pasa revista a prácticas de anotación de libros en un reciente artículo en el New York Times. Un ejemplo divertido es el de Mark Twain, anotando un ejemplar de Walter Besant, The Pen and the Book , para enzarzarse en lo que  Johnson llama una “discusión de sentido único” con su autor, indicando que “nada podía ser más estúpido” que usar anuncios para vender  “mercancías esenciales” como “sal” or “tabaco” (inesperados ecos en las reflexiones del editor español Manuel Aguilar).

Donde el autor no parece hilar muy fino es al mencionar el “incierto destino” de la anotación “en un mundo digitalizado”. Protesta Bob Stein en if:book y pone como ejemplo las anotaciones colectivas al margen de la edición digital de The Golden Notebook de Doris Lessing, en uno de los muchos ejemplos que hay en la Red de comentario colaborativo de una obra.

Por cierto: la obra de Besant que anotó Twain, The Pen and the Book (1899), está disponible íntegramente en la Red, en OpenLibrary.org. Es un precioso manual sobre aspectos básicos del negocio editorial que, a un siglo de distancia, sigue valiendo la pena. Sin abandonar esta página, aquí se puede leer un capítulo:

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5 comentarios

Isabel dijo...

Se me escapa si con el paso a la digitalización algo tan esencial como las anotaciones se potenciará.En mi biblioteca desordenada (como tiene que ser)conservo los libros imprescindibles y casi todos llenos de anotaciones que me son muy reveladoras en el momento de una relectura o cuando se los dejo a alguien.

28 febrero 2011 12:17
María Antonia de Miquel dijo...

Deliciosa la muestra del libro de Walter Besant. Voy a leerlo todo, desde luego. Gracias por el descubrimiento.

28 febrero 2011 16:30
Juan M Lorite dijo...

Parece lógico pensar que el texto electrónico, aún más, el texto literario en red, tendrá en la capacidad de recoger, almacenar y distribuir esas anotaciones al margen uno de sus pilares. Quizás la lectura de un futuro próximo tenga que ver más con la lectura-escritura coral –como una actividad social más– que con ls intimidad del lector solitario y reflexivo. No hace tanto que leer significaba aún escuchar en grupo la voz de un lector.

28 febrero 2011 16:51
Patricia dijo...

Creo que las anotaciones siempre ocuparán un espacio privilegiado en la lectura de libros impresos y en el espacio del lector, en una relación personal, de “estruendoso silencio”, entre el autor, el libro y el lector. Las anotaciones muchas veces son indescifrables para otros o constituyen marcas personales. Las anotaciones colectivas me resuenan tanto como la abundancia de sitios web que repiten una y otra vez sin, en su mayoría de veces, aportar algo.

07 marzo 2011 04:15
Juan MiguelLorite dijo...

@ Patricia. La lectura en silencio y la lectura en comunidad no se contraponen; pueden disfrutarse las dos. En todo caso, las anotaciones colectivas, como estos comentarios a una sugerente entrada, no hacen más que enriquecer la experiencia lectora, por más que, como dices, el precio sea el alto índice de ruido en el medio. Y enlazando temas, la tarea de rescatar lo que aporta de entre esa abundancia de mensajes debería ser la tarea del nuevo editor.

09 marzo 2011 17:22

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