Estampas porteñas, VI: Difícil escritura
08 mayo 2009 9:09
Dedicado a objetos intelectuales compuestos sobre todo por letras, aunque con especial atención a los formados por bitios
08 mayo 2009 9:09
27 marzo 2009 9:09
Según parece, en los Estados Unidos el número de personas que han escrito una novela es monstruoso. Muchas veces mayor, por supuesto, al número de personas que han publicado una novela. En nuestro medio, inclusive, a pesar del elevado índice de analfabetismo que tenemos, el número de personas que creen que podrían escribir una novela con las experiencias que han tenido en su vida es tremendo. Un soneto es algo mucho más difícil, porque hay que aprender a rimar y contar las sílabas. Pero una novela, ¡en prosa!, es la cosa más fácil del mundo. Basta con sentarse frente a una hoja de papel y contar todo lo que nos ha pasado en nuestra vida, que es tan interesante.
De «¿Ested también escribe?», contenido en Revolución en el jardín, de Jorge Ibargüengoitia, prólogo y edición de Juan Villoro, Madrid, Reino de Redonda, 2008.
Por cierto, todo lo salido de la pluma del mexicano Jorge Ibargüengoitia merece leerse. Sus novelas son un prodigio de capacidad de observación y humor. Por ejemplo, Estas ruinas que ves.
12 marzo 2009 9:09

Un curioso paralelo con el post de anteayer sobre un dispositivo para leer mejor en pantalla: WriteRoom (con el lema de «Escritura libre de distracciones) es un programa procesador de textos que proporciona una pantalla limpia donde escribir… y nada más.
Frente a programas como Word (abajo), con su conjunto de comandos, acciones e intromisiones, perritos y clips animados, WriteRoom aparece como un oasis de calma y creación. Sí: a veces vale la pena pagar por tener menos…
Etiquetas: Escritura
27 febrero 2009 9:09
Terminado el post anterior, cae en mis manos un bonito artículo sobre escritores prolíficos: «Can’t. Stop. Writing«, de Geoff Nicholson, en el New York Times (probemos a traducir su título: «No. Puedo. Parar. De. Escribir»).
Tras pasar revista a algunos autores que escribieron muchos libros (Joyce Carol Oates, o John Updike), Nicholson recuerda también el caso de escritores populares como Barbara Cartland, que escribió (o dictó: un día habrá que hablar de esto) 700 libros, y a su muerte dejó 140 obras inéditas… El autor no menciona autores españoles, pero no puedo dejar de recordar a Marcial Lafuente Estefanía, que escribió 2.600 novelitas, o a nuestro proverbial El Tostado.
Pues bien, para resumir el artículo (que merece una lectura íntegra): ¿qué hay de malo en que un autor escriba mucho y bien? ¿Sería mejor que escribiera poco (e igualmente bien)? Y en cuanto a las motivaciones del autor incansable: ¿no estará entre las primeras el deseo de hacerlo mejor la próxima vez?
Para terminar, y como guía para quien quiera entrar en esa senda, está el estupendo Writing in the Age of Distraction de Cory Doctorow, con la fórmula para escribir (al menos) una página al día…
26 febrero 2009 9:09

El Laboratorio de Escritura del Doctor Malvado (Dr. Wicked Writing Lab) es una aplicación para autores perezosos. Fije el número de palabras que quiere escribir y el tiempo que tiene para ello: mientras vaya tecleando, no pasará nada, pero si se detiene, el programa se lo recordará de distintas maneras, según haya elegido el modo Suave, Normal o Kamikaze (por suerte, el modo Electric Shock está deshabilitado).
El único problema es que uno puede escribir una y otra vez la frase ?No por mucho madrugar amanece más temprano?, y no pasa nada… Esperemos que posteriores refinamientos del programa castiguen no sólo la pereza, sino también el anacoluto y el polisíndeton.
Una vez terminado, el orgulloso autor puede lucir la enseña de su proeza:
Etiquetas: Escritura
28 octubre 2008 9:09

¿Recuerdan ustedes (los más talluditos) cuando no existían los programas de procesamiento de textos? ¿Y la revolución que supuso, de golpe, tener una máquina de escribir con memoria, función de búsqueda y capacidad de edición ilimitada?
¿Y cómo había dos programas, Word y WordPerfect? ¿Y cómo el segundo desapareció y sólo quedó uno? Pues bien, parece mentira cómo una aplicación tan extendida y tan utilizada ha estado fastidiando a sus usuarios constantemente. Cosas del monopolio (de facto)…
Word de Microsoft cumple un cuarto de siglo de existencia, que recoge muy bien PCWorld (vía Barrapunto). Entre otras historias para no dormir, la recopilación de PCWorld nos recuerda el delirio de comandos que supuso la versión para Windows (arriba), en su vano intento de servir a todo tipo de usuarios (iniciales, normales y avanzados). También tiene un cariñoso recuerdo para el asistente Clippy (abajo), uno de los inventos más enervantes de la historia de los programas de usuario final. Por cierto: he aquí un interesante trabajo que intenta dilucidar por qué no nos gustaba: «Why People Hate the Paperclip«.
¿Cumplirá otros veinticinco años Word? Difícilmente en la misma situación dominante… La competencia libre como el Writer de OpenOffice o los Google Docs muy probablemente acabará relegando al programa a un nicho minoritario.
Etiquetas: Escritura
11 octubre 2008 9:09
El artista chino asentado en Estados Unidos Xu Bing (de quien nuestros lectores ya conocen alguna creación) trabaja desde hace tiempo en los cruces entre Oriente y Occidente. Una de las cosas que más le llamaron la atención fue la fascinación de los occidentales frente a la escritura china. Para trabajarla creó el proyecto Square Word Calligraphy, que dio lugar a un libro (imagen inferior): la idea era crear un alfabeto latino con apariencia de partes de ideogramas chinos. Los dos pseudo-ideogramas de arriba se leen Women y Men.
He llegado hasta Square Word a través de un artículo de Paola Pérez Masedo en la versión digital de Infoarte, recientemente subida a la red.
15 septiembre 2008 9:09

Las relaciones entre el mundo material y el digital son la gran asignatura pendiente: muchas cosas digitales se hacen materiales con facilidad (sin ir más lejos: un PDF puede imprimirse), pero cuando queremos que algo de nuestro mundo de átomos se haga bits hay muchos problemas.
Por ejemplo, si uno quiere crear un texto digital puede teclearlo en el ordenador, o bien(si está impreso) escanearlo y luego pasarlo por un OCR. El manuscrito es más complejo: hay agendas (PDA) y teléfonos avanzados (smartphones) que reconocen la escritura… siempre y cuando las letras se tracen de una determinada manera.
En este género, el último gadget que ha llegado a mi conocimiento es la smartpen Pulse, de Livescribe. Es una especie de boligrafote dotado de auriculares y cámara de infrarrojos y que permite, escribiendo sobre un papel especial micropautado, convertir el manuscrito en texto buscable y además relacionarlo con fragmentos concretos del audio que se grababa mientras se escribía.
Especialmente concebido para tomar notas o apuntes en clase, este artefacto dotado de cámara que espía lo que escribimos es un paso más en el paso de lo material a lo digital.
Etiquetas: A mano, Digitalización, Escritura
16 mayo 2008 9:09
El blog es básicamente un género ligado al tiempo. Si tiene alguna definición es ésta: «una página web que consta de entradas (o post) en orden cronológico inverso», más allá de que se aloje en una página personal o en un periódico, de que trate sobre librerías o sobre cócteles.
Pues bien: desde hace algún tiempo se va extendiendo por la mayor parte de plataformas de creación de blogs la posibilidad de programar entradas para que se publiquen no en el momento en que se da la orden (como ocurría antes), sino en el día y hora que se elija.
Y por fin esa posibilidad ha llegado al editor que utilizo, Blogger. Por ejemplo, el post que aparecerá mañana, en realidad fue escrito ayer.
Supongo que aplicada con mesura esta posibilidad no altera nada fundamental en el funcionamiento de los blogs, y puede ser muy útil. En vez de buscar afanosamente un cibercafé cuando voy de viaje (como ocurrirá mañana) puedo dejar programados ciertos post para que se publiquen en mis días de ajetreo. Y, total, no todos los post tienen una actualidad rabiosa…
Como experimento, podría incluso escribirse un blog cuyos post sólo aparecieran publicados un mes (o un año) más tarde, por ejemplo uno de creación literaria: sería una escritura de espoleta retardada.
Y, en fin, puede surgir la amplia variedad de cosas con las que los humanos respondemos a cada nueva posibilidad que se nos da…
08 mayo 2008 11:11

Robert Walser combatió los fantasmas de su cerebro a través de la realización de unas microescrituras (o microgramas) a lápiz que en español ha editado Siruela en tres volúmenes.
Más culposas (aunque no menos meritorias) son estas otras microescrituras: se trata de chuletas para el examen de una asignatura de ingeniería, cuyo uso detectó un profesor sagaz, a lo que siguió su inmediata confiscación (c. 1980). Destaca en ellas la cuidadosa elaboración, la legibilidad de la letra a pesar de su tamaño, el acertado uso de las dos tintas para gráficos y esquemas y, por fin, la variedad de soportes: las hojas exentas o el minúsculo cuaderno. (Gracias, Bébel).
Etiquetas: Escritura