Los anacolutos de Ruiz Zafón

17 abril 2008 10:10

Del blog de Arcadi Espada en El Mundo este maligno (por lo certero) comentario sobre Ruiz Zafón:

El Magazine del periódico publica un adelanto de la nueva novela de Ruiz Zafón. Este escritor es un caso serio: al parecer vendió diez millones de ejemplares de su anterior obra, La sombra del viento. Diez millones por 14,5 euros son 145 millones de euros. Es mucho movimiento.

Desconozco las razones del éxito de Ruiz Zafón. Supongo que tendrán que ver con la escritura, aunque no sé bien en qué sentido. He leído la presentación que hace en el periódico de su próxima novela y su prosa es muy escolar, aunque vete a saber tú cómo está ahora la escuela. Respecto a la escritura, sin embargo, mucho más interesante y significativo es el fragmento de la nueva novela que publica el Magazine:

Una madrugada desperté de golpe sacudido por mi padre, que volvía de trabajar antes de tiempo. Tenía los ojos inyectados en sangre y el aliento le olía a aguardiente. Le miré aterrorizado y el palpó con los dedos la bombilla desnuda que colgaba de un cable. –Está caliente. Me clavó los ojos y lanzó la bombilla con rabia contra la pared. Estalló en mil pedazos de cristal que me cayeron en la cara pero no me atreví a apartarlos.

Etcétera. Es realmente malo. Pésimo. Siete líneas. Palpó con los dedos, declara. Las bombillas son de cristal, descubre. «Mil pedazos». «Clavó los ojos». «Inyectados en sangre». Y estos poderes del muchacho que en una habitación a oscuras ve en los ojos de su padre hasta las venillas. La cuestión principal no es que Ruiz Zafón sea un hórrido escritor. En los negocios esto no es importante. La cuestión principal atañe a sus editores: que después de haberse embolsado alrededor de 70 millones de euros con su primer libro no le hayan comprado al pobre Ruiz Zafón un equipo de correctores o al menos un programa informático de nivel medio. La dejadez editorial (que lo hayan abandonado con sus innumerables anacolutos y sus gozosos problemas de raccord) es lo realmente sorprendente. A menos que la dejadez no sea causa, precisamente, del éxito.

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Escritura y relación en el mundo digital

14 marzo 2008 13:13

Es un placer anunciar que la semana que viene estará disponible en España (y pronto en Hispanoamérica) mi nuevo libro, Manual de urbanidad y buenas maneras en la Red, editado por Melusina. Si lo traigo aquí a colación es (aparte de por orgullo de padre) porque contiene en su interior, entre otras cosas, un auténtico «Manual epistolar para correo electrónico».

En el libro reflexiono acerca de los elementos de la escritura electronica privada que son comunes con la correspondencia en papel, así como de las diferencias entre ambas. Los emails presentan características formales propias, marcadas por el sistema usado y por el automatismo en ciertas operaciones (respuestas, reenvíos, etc.). Por otro lado, la inmediatez y la ubicuidad del medio plantea cuestiones inéditas en la correspondencia tradicional. Todo ello supone retos inéditos para la interacción, y riesgos para la comunicación.

En el libro trato también diferentes cuestiones planteadas por los blogs, páginas web, listas, e incluso con el «mundo real» en relación con el digital. He agrupado reflexiones y consejos sobre todos estos temas bajo el nombre ?un tanto retro? de «urbanidad», para así recalcar el parentesco de la comunicación electrónica con formas anteriores de relación.

La introducción de la obra se puede leer aquí al lado. E iré despiezando el libro, semana a semana en el blog adjunto.

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El taller del escritor

25 febrero 2008 9:09


A través de un artículo en Le Monde, «Le livre-univers ‘métisse’ les mots, les sons et la lumière» (El libro-universo ‘mestiza’ las palabras, los sonidos y la luz), que debo a la amabilidad de Jean-Yves, llego al sitio web del libro de Alain Damasio, La Horde du contrevent.

Esta novela pertenece al género de fantasía, recibió el Grand Prix de l’imaginaire 2006, y la aportación del sitio Web (y el objeto del artículo de Le Monde) es el conjunto de ilustraciones y composiciones musicales que ha generado la obra a su alrededor.

A mí particularmente estos añadidos que parecen querer acercar una obra literaria a una adaptación cinematográfica me parecen banales: el lector que haya leído una obra fantástica bien escrita y no haya escuchado en su interior resonar los cantos guerreros, y desplegarse a su alrededor paisajes nunca vistos, no merece el nombre de tal… Probablemente sean una buena herramienta promocional, sin embargo.

Pero lo que me ha llamado más la atención de la web es la sección titulada Atelier (Taller). En ella asistimos a las dudas del autor con un párrafo, a través de cuatro estadios de redacción, algunos de ellos desdoblados en un puñado de posibilidades (ilustración superior). La verdad, y aunque la muestra sea menor: me ha gustado la idea de poner brevemente en contacto al lector con algunas de las dudas y angustias y vacilaciones del autor.

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Tiempo y tempo en Gil de Biedma

15 enero 2008 19:19

En alex_lootz revista literaria, pág. 4, descubro la preciosa entrevista (conversación la llama él) que el colombiano Harold Alvarado Tenorio realizó en 1984 a uno de los grandes poetas españoles del siglo XX, Jaime Gil de Biedma. En ella se encuentra esta afirmación del escritor:

No creo que podamos definir la poesía, diría mejor que poesía es esa sensación de bienestar, de placer, de gozo que siente alguien cuando se lee, en voz alta, un poema. La poesía no es precisamente lo que sucede cuando se escribe el poema, poesía es el acto de ejecutar el poema. Un poema se hace para ser leído. El poema es poema mientras se lee porque es tiempo y tempo…

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Graffiti en la guerra de Canudos

08 noviembre 2007 16:16


Oficiales del segundo batallón de infantería
en la campaña contra Conselheiro
. Fuente.


¿No han leído todavía Los sertones, de Euclides da Cunha? ¡Qué envidia! Les espera toda una experiencia…

«Los Sertones ?escribió Emir Rodríquez Monegal? es, simultáneamente, un vasto e hiperbólico anális del ambiente y el hombre de esa desolada región del nordeste bahiano, así como una extraordinaria narrativa de la locura que hizo que un pueblo de desposeídos, inflamados por la retórica religiosa y populista de Antônio Conselheiro, enfrentase y venciese tres cuerpos del Ejército brasileño antes de ser aniquilados por un cuarto cuerpo en 1897″.

Este episodio (conocido como Guerra de Canudos) lo conoció el autor de primera mano, por haber viajado con el ejército como periodista. Dio lugar también a la novela de Vargas Llosa La guerra del fin del mundo.

En español hay una edición disponible: Los sertones (Madrid, Fundamentos, 1981, traducción de Benjamín de Garay, en la gran Colección Espiral que dirigió Julián Ríos). La edición íntegra en portugués (Os sertões) está en la red, en el sitio dedicado al autor Euclides da Cunha.

Pues bien: he aquí un fragmento en el que se relata la huella gráfica de los heridos del ejército en retirada. Una muestra más de ese libro discontinuo que (al menos desde Pompeya) escriben los hombres por las paredes…:

Palimpsestos ultrajantes

Y en todas partes ?a partir de Contendas? en cada pared blanca de cualquier vivenda más presentable, que muy rara vez aparecían entre las casuchas de barro, se abría una página de protestas infernales. Cada herido, al pasar, dejaba en ellas, con trazos de carbón, un reflejo de las amarguras que lo punzaban, libérrimamente, amparándose en el anónimo común. La mano de hierro del ejército se abrió allí, trazando con caracteres enormes la urdimbre del drama; fotografiando, exacta, en aquellas grandes placas, el aspecto tremendo de la lucha en inscripciones lapidarias, en una grafía brutal, en donde se atrapaba flagrante el sentimiento de los que la habían grabado.

Sin la preocupación de la forma, sin las grafías engañadoras, aquellos toscos cronistas dejaban por allí, indeleble, el esbozo real de la mayor vergüenza de nuestra historia ?pero brutal, ferozmente, en pasquinadas increíbles?, libelos salvajes en que se mezclaban pornografías irritantes y hondas esperanzas, sin una frase varonil y digna. La onda oscura de rencores que rodaba en el camino, chocaba contra aquellas paredes, entraba en las casas, inundándolas hasta el techo…

La comitiva penetrándolas descansaba envuelta en un coro silencioso de improperios y maldiciones. Versos cojos, erizados de rimas duras, amontonando torpezas increíbles dentro de un marco de dibujos pavorosos; blasfemias revoloteando por los rincones en una danza fantásitca de letras tumultuarias, en que caían, violentamente, puntos de admiración rígidos como estocadas de sable: ¡Vivas! ¡Mueras!, saltando por todas partes, por sobre nombres ilustres, infamándolos, chocándose disformes, chascarrillos felinos: apodos denigrantes, alusiones osadas; changas lóbregas de cuartel…

Y la campaña perdía repentinamente el aspecto heróico, sin brillo y sin altura. Los narradores futuros intentarían en vano velarlas en descripciones gloriosas. Tendrían en cada página, indestructibles, aquellos palimpsestos ultrajantes.

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Cabecitas parlantes

04 noviembre 2007 12:12


Después de algún tiempo de duda y debate interno, creo que he localizado el origen del malestar que me proporcionaba ver cómo los periódicos, uno a uno, y por fin El País (versión papel) iban acogiéndose a la moda de poner a la vera de la firma de los artículos un retratillo del autor.

No se trata sólo de la escasa calidad de los rasgos primero captados fotográficamente, luego silueteados, retocados al Photoshop, reducidos y por fin impresos con mayor o menor prisa; no…

Es más bien cómo esta practica refleja: primero, un servilismo bastante hortera ante las demandas de «la civilización de la imagen»: ¡se lo han creído!, ¡y le han pagado su óbolo! En segundo lugar, una lamentable desconfianza en los poderes del texto, es decir, del pensamiento y del raciocinio. ¿Qué me importa a mí la cara meditabunda o sonriente (no se sabe qué es peor) del plumífero de turno? ¡Deme usted argumentos, señor mío, flujos de pensamiento que yo pueda seguir y apreciar, y ya me ocuparé yo de ponerle la auténtica cara a su texto: la de las ideas que transmite!

Lo otro, las cabecitas, parientes pobres de los bustos parlantes de la tele, son sólo enfermedad senil del periodismo.

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Extraño caso de cuneiforme véneto

30 agosto 2007 20:20


Errando por las calles de la bella población de Feltre, en el Véneto, mis ojos se detuvieron en unas placas de mármol que, a primera vista, daban la impresión de estar grabadas en una escritura desconocida. Era una especie de cuneiforme menudo y rabioso, que no pude identificar, ¿sería una muestra del antiguo lenguaje de la zona, el venético? Calle tras calle, casa tras casa, las lápidas emitían su ininteligible mensaje.

Por fin, la vista de un altorrelieve con el León de San Marcos destruido a martillazos me dio la clave: las tropas de Napoleón, que ocuparon la región en 1797, habían censurado las muestras de adhesión a la República de Venecia en muchos de los lugares por donde pasaron. Igual que la efigie del león alado, las inscripciones que expresaban la fidelidad de Feltre a la República habían caído bajo la piqueta. Al destruir las letras, preservando sin embargo los adornos grabados y las mismas lápidas, los anónimos censores habían manifestado la misma fe que quienes las habían trazado: que las letras esculpìdas en piedra representan la permanencia de las ideas que cobijan.

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La novela de los emails

22 julio 2007 15:15

No es la primera novela epistolar basada en emails. Tampoco es la primera novela puesta abierta en la red con una licencia Creative Commons. Pero la novela Amor nada, de D. Levis Czernik (¿alguna relación con el especialista en cibercultura Diego Levis, cuya página la aloja?) me ha interesado, sobre todo en su aspecto de reconstrucción de una relación tramada a golpe de email.

La seducción mediante la escritura, el tránsito de una relación casual a otra más personal y la evolución de los sentimientos están mostrados, más que descritos, utilizando los recursos del correo electrónico: por supuesto los textos, pero también los elementos periféricos, desde los asuntos de cada correo hasta las firmas, las despedidas o los elementos ortotipográficos.

Se trata de una cuidadosa reconstrucción de un proceso de comunicación muy contemporáneo, con la ventaja (frente a las antiguas novelas epistolares, en que la distancia entre los presuntos originales manuscritos y la novela impresa es muy grande) de que el lector tiene casi la sensación de estar atisbando por encima del hombro un intercambio de mensajes que no le estaba destinado.

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La novela prometida de Vázquez Figueroa

18 julio 2007 20:20

El departamento de prensa de Andén, editores de Por mil millones de dólares, la nueva novela de Vázquez Figueroa (que, como saben los lectores, ha prometido colgar gratis en la red), comunica que estará disponible a partir del 25 de julio en esta dirección: http://www.por1000millones.com.

Su nota se presenta bajo este dudoso título:

La primera novela «gratis» del gran autor español de best-sellers

e incluye una «carta del autor a los medios», si no siempre clara sí bienintencionada, que saca a la luz temas interesantes, como la fiscalidad del escritor, o los gastos de documentación de una obra:

Mis novelas gratis
Alberto Vázquez-Figueroa

A partir de ahora mis novelas se editarán simultáneamente en edición “cara”, de las llamadas “de tapa dura”, en edición de bolsillo a mitad de precio, podrán descargarse gratuitamente en “Internet” y todos los periódicos o revistas que lo deseen están autorizados a publicarlas al estilo de las antiguas novelas por entregas con la diferencia que en este caso no tendrán obligación de pagarme nada en concepto de derechos de autor.

Me han preguntado si es que me he vuelto loco, me sobra el dinero o pretendo arruinarme y arruinar de paso a mi editor. No es el caso.

He meditado largamente sobre el tema y he llegado a la conclusión de que hoy en día hay público para todos los niveles adquisitivos del mismo modo que quien lo desea puede almorzar en un restaurante de lujo, en una simple hamburguesería e incluso acudir a un comedor social.

También puede hacerse un traje a medida, comprárselo en unos grandes almacenes o en un rastrillo dominguero.

Igual ocurre en la mayor parte de las facetas del consumo, excepto en lo que se refiere a los lectores que tienen que resignarse a pagar el precio que marca el editor que ha adquirido los derechos en exclusiva de un determinado libro o aguardar años hasta que se edite en bolsillo.

Y desde luego nunca lo obtendrá gratis.

Y se me antoja injusto porque la cultura es tan importante como comer o vestirse, y desde luego mucho más importante que adquirir un coche donde se ofrecen cien gamas de precios donde elegir.

Mi próxima novela trata sobre Irak y las oscuras maquinaciones de las grandes compañías americanas que inventaron la existencia de armas de destrucción masiva con el fin de iniciar una guerra que ha costado casi medio millón de muertos y nunca podrá ganarse, pero que produce miles de millones de beneficios a empresas directamente ligadas a lo mas altos cargos de la administración republicana.

Y a mis lectores, cualquiera que sea su condición social o capacidad adquisitiva, ese tema les interesa conocerlo a fondo en estos momentos, no dentro de dos años, que sería cuando cualquier otra editorial considerase que ya había exprimido al máximo el limón de la “tapa dura” y tuviera a bien editarla en bolsillo para unos lectores “De Segunda Categoría”.

No deben existir lectores de segunda ni de tercera categoría, porque lo que importa es su relación directa con el autor independientemente de lo lujoso que sea el vehículo que proporcione dicha relación.

Al cumplir cincuenta años como escritor muchas personas me han asegurado que se acostumbraron a leer con mis novelas de aventuras, y aunque algunas me han sido infieles con el paso del tiempo, lo que importa es el hecho de que empezaron a leer y aficionaron de igual modos a quienes les rodeaban.

Folletines del estilo de “Los tres mosqueteros”, “Los Miserables” o “El Conde de Montecristo” consiguieron que, al poder acceder gratuitamente a tan magníficos textos, en el transcurso de una sola generación el número de lectores franceses se multiplicara por tres.

Los editores no tienen derecho a quejarse de que “se lee poco” mientras mantienen el control sobre el precio de lo que en ese momento interesa, ni las autoridades deberían promover absurdas campañas publicitarias que no conducen mas que a gastar dinero; lo que deben hacer es presionar a los editores a la hora de poner los libros al alcance de todos los bolsillos.

Personalmente prefiero que me lean dos estudiantes, obreros o secretarias en el autobús por siete euros, que un alto ejecutivo en su cómodo despacho por veinte, porque aunque gane menos si el libro es bueno esos dos lectores se convertían en cuatro y luego en ocho, y resulta evidente que existen muchos mas obreros, estudiantes y secretarias que altos ejecutivos.

Y si el libro es malo ni unos ni otros lo compraran.

En cuanto al hecho de ofrecerlo gratuitamente en “Internet” tengo claro que quien lo descargue de la red nunca hubiera comprado mi novela, o sea que prefiero que me lea gratis a que no me lea.

Tal vez la próxima vez se decida a comprar un libro aunque no sea mío.

Algo es cierto: he vendido casi veinticinco millones de libros y todo el dinero que me han pagado me lo he gastado, pero una gran parte de los lectores que he conseguido, aun los conservo.

Y de todo el dinero que gané la mitad se lo llevo Hacienda.

Sin embargo Hacienda aun no ha logrado arrebatarme un solo lector.

En Inglaterra, país culto donde los haya, los escritores no pagan impuestos por el fruto de su trabajo, pero en España, pese a pertenecer también a la Unión Europea, cada año debo entregar la mitad de mis ingresos a Hacienda o me embargan.

Eso significa que un escritor ingles cuenta con el doble de medios económicos que yo para viajar o investigar a la hora de encarar un nuevo trabajo.

Eso no evita que las autoridades españolas se lamenten de que nos esté invadiendo la cultura anglosajona, y lo único que se les ocurre para remediarlo es adquirir los más emblemáticos y costosos edificios de cada capital con el fin de instalar un nuevo Instituto Cervantes en el que dar cobijo a “intelectuales” afines al partido que se encuentre en esos momentos en el poder.

Para nuestra voraz, inculta y derrochadora administración tan solo somos europeos cuando conviene, y esa es una de las razones por la que prefiero regalarle la mitad de mis ganancias a unos lectores anónimos que tal vez me lo agradezcan, que a un gobierno que no solo no lo agradece, sino que no acepta que para escribir un una novela interesante sea necesario viajar e investigar, e incluso amenaza con quedarse con mi casa.

Siento curiosidad por saber si las editoriales continuaran con su absurda política inmovilista o comprenderán que es hora de renovar unos hábitos que no han evolucionado un ápice en trescientos años mientras que a su alrededor el mundo se transforma a marchas forzadas.

En mi juventud una película se estrenaba en una única y enorme sala, estaba casi un año en cartel y tan solo entonces pasaba a los cines de barrio. Hoy se estrena en cuarenta multisalas, a los quince días se edita en “DVD”, al mes se compra en televisión, y se puede ver en las cadenas abiertas a los tres meses.

Si las grandes productoras cinematográficas, con sus complejos estudios de “marketing” han llegado al convencimiento de que esa es la formula que conviene en los tiempos que corren, las editoriales deberían tomar buena nota al respecto.

El mundo del libro tiene la enorme suerte de que no resulta rentable a los “piratas” del “Top-Manta” que tanto daño hace a las industrias del cine y la música, pero por eso mismo, y por la gran competencia de la televisión y to
do tipo de deportes de masas, los que lo gestionan deberían plantearse un cambio radical e intentar conseguir lectores antes que beneficios.

Sin lectores no hay beneficios, y cuando haya muchos lectores ya llegaran los beneficios.

Resultará muy interesante comprobar si los Ministerio de Cultura y Hacienda seguirán opinando que es preferible que los empresarios- en este caso los editores- continúen manteniendo el privilegio de abaratar los precios únicamente cuando les convenga sin tener en cuenta los intereses de los lectores, al tiempo que no cesan de apretarle las clavijas al pobre trabajador- en este caso el autor.

Por lo visto un gobierno que se autodenomina socialista considera que es preferible
proteger al que se beneficia económicamente de la cultura que al que la crea. Existen varias editoriales multimillonarias, pero ni un solo autor español mínimamente “acomodado”.

El viejo dicho, “En España escribir es llorar” ya no tiene sentido: debería decirse “En España escribir- y leer- es pagar”.

Aunque lo cierto es que a la hora de pagar la mitad de lo que se gana a una Hacienda que no da nada a cambio, entran ganas de llorar.

A.V-F

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El desorden creativo, o las condiciones materiales

10 julio 2007 10:10

En el precioso blog Semanario de literatura recreativa leo una entrada sobre las condiciones materiales de la creación intelectual, o sea el sitio en el que escriben quienes escriben. ¿Qué dice el despacho de Unamuno (en la imagen) sobre sus procesos intelectuales?, ¿y sobre el ritmo de su prosa? Un post que merece una lectura detenida…

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