Los cajones del escritor (digital)

28 marzo 2008 9:09


Estoy en el proceso de promoción de un nuevo libro (como quizás algunos lectores hayan notado), y en medio de él he tenido ocasión de reflexionar sobre lo que podríamos llamar “la huella digital de los libros en papel”. Tengo por costumbre concentrar en un directorio los elementos relacionados con cada libro en el que estoy trabajando (y, si la cosa se complica mucho, creo subdirectorios dentro de él). Pues bien: me he dado cuenta de que su contenido sigue pautas muy similares casi en cada libro que he hecho.

Los primeros archivos (cronológicamente hablando) son la propuesta que he enviado al editor y a mi agente: un libro con este título provisional, de tal extensión, para tal público… En esta fase suelo tener ya un documento Notas.doc donde voy acumulado de forma desordenada ideas, referencias y demás. Puedo tener también un borrador del contrato, que me ha pasado mi agente.

En la siguiente fase ya aparecen borradores de la obra, que voy rotulando con números correlativos (en este caso Manual de urbanidad 1.doc, Manual de urbanidad 2.doc, etc.). Sí, podría trabajar en un solo documento, pero entonces correría el riesgo de no poder encontrar fragmentos o ideas que había descartado en estadios anteriores..

En un momento dado (el borrador 6, o el 12, depende de la obra), empiezo a mandarla a los amigos y parientes que hacen de protolectores, o sea: conejillos de indias. Rotulo con su nombre los envíos, lo que luego me sirve para no olvidarme a nadie en los agradecimientos.

Aparecen a continuación sus respuestas: algunos me devuelven mi original en Word comentado y otros reúnen en un email las cosas principales. Y por fin genero el Manual de urbanidad OK.doc, que es el que mando a mi agente a y a mi editor. Por fortuna (porque mis editores suelen ser puntillosos), me mandan nuevas sugerencias, y estas constituyen un nuevo archivo, por ejemplo: Manual de urbanidad OK tras editor.doc.

Bien, bien: ya estamos en camino. Aparecen entonces PDFs de las pruebas, que leo y contesto, y luego mi documento con el índice de conceptos (mientras pueda, prefiero hacerlo yo). Hay luego otro archivo con mis sugerencias para textos de contraportada y solapas, y por último uno titulado Envíos para prensa.doc: la lista de críticos y personas a quien enviárselo.

El conjunto de documentos que he ido generando en el proceso de escritura, junto con el correo electrónico relacionado y algunos otros elementos (como marcadores de sitios web, y páginas guardadas en mi disco duro, si ha habido un trabajo de investigación), son realmente la radiografía del proceso de creación autorial y del trabajo editorial.

Estos archivos digitales deberían tener un lugar donde custodiarse, igual que hay archivos a donde van a parar los papelotes de los escritores de antaño. Si no, se corre el riesgo de que cuando se quiera revisar esta época, falten los documentos que mejor podrían explicarla. Y no lo digo por mí, sino por los muchos escritores e investigadores de valía que en España y en Latinoamérica hoy trabajan, sobre todo, en soporte digital.

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7 comentarios

Gorki dijo...

Cierto, deberían guardarse, pues a parte de que se pierdan porque el autor lo destruya voluntaria o accidentalmente, se perderán irremisiblemente porque los soportes digitales son muy efimeros. En mi casa tengo disquetes de 8″, de 5 1/4″ y disquetes en envase rígido, cintas de 1/4″ y datacadtridges y ya no tengo lectores para esos soportes, Están escritos algunos en EDCBIC en vez de en ASCII y aunque los pudiera leer no los podría comprender y muchos están escritos para programas propietarios que han pasado a la historia como el DBASE IV, o e funcionaban sobre sistemas operativos cono el AS/400.Solo una institución que recogiese ese material, lo migrara de soporte a sus propios soportes y que velara para mantener los programas que los hacen legibles o los migrara a sus propios programas podría conservar el contenido.El problema es quién decide que es lo que merece la pena guardarse. Jamillan es sin duda una autoridad y está claro que el trasfondo de su obra debería guardarse, pero yo también escribo, y está claro que sería ridículo y pedante que pretendieran que guardaran mis procesos de creación.Ahora, ¿donde establecemos la frontera entre Jamillan y Gorki?. Habrá gente genial que aún no ha sido reconocido por el público, que si merecer´que se guarden sus archivos pero ¿cómo saber separar el grano de la paja?.

28 marzo 2008 11:32
Ana Lorenzo dijo...

Pues se guardan Jamillan y Gorki y tan contentos, ¿o no estamos en el maravilloso mundo de los soportes nanos en cuanto a espacio físico y tera, peta, hetpas si a capacidad de almacenamiento se refiere? Hala, a guardar todo, y bien clasificado e indexado, con múltiples posibilidades de búsqueda… Que sean los prohombres del futuro los que distingan el grano de la paja. Ja, menuda les ha caído encima, ¿eh? Siempre se ve todo desde otra perspectiva, creo.Un beso.Nuevo libro… Qué bien.

28 marzo 2008 13:01
Mario dijo...

Ja ja: Gorki ha puesto el dedo en la llaga, y Ana la ha frotado cuidadosamente. Sí: no aceptaré las falsas quejas de humildad de JAM y Gorki, y a falta de un criterio realmente valioso que permita separar el grano de la paja me apunto a la solución lorenzana!!

28 marzo 2008 13:18
Bernard-Louis dijo...

Y muchos más datos. Horas en las que trabaja un escritor, tiempos de día a día, metodología.Siempre me he sentido intrigado por el cómo tiene un escritor su ordenador. Gracias por compartirlo.

29 marzo 2008 00:59
a.b.block dijo...

Una idea. Yo ahora para escribir utilizo el Keynotes de apple. Me va muy muy muy bien. Pero, claro, cómo no, no a todo el mundo le gusta. A mí una cosa que me encanta es que en un solo documento lo concentro todo con una facilidad de edición muy buena (notas a pié de página, anotaciones, títulos….etc). Podría hacerse todo con el work, pero yo me he pasado totalmente a Mac. En fin, cada maestrillo con su libro y el mío por le momento es Mac.

29 marzo 2008 13:19
a.b.block dijo...

Perdón, José Antonio, en mi comenterio me refería al Pages y no al Keynotes (que es parte del paquete i-work y consiste en un editor de presentaciones, muy fácil de manejas). Y aprovecho para proponer una especie de work in progress…. ¿no sería interesante asistir al desarrollo de un libro desde su gestación hasta su alumbramiento? Claro, tiene sus inconvenientes… pero, el interés y la curiosidad del lector… en fin: un saludo.

30 marzo 2008 12:31
José Antonio Millán dijo...

Gracias por los comentarios: en realidad, me he dado cuenta de que mi post suscitaba dos cuestiones diferentes, pero veo que las dos de interés. La primera es la preservación de los productos intermedios del trabajo de un creador: el equivalente digital de los borradores. Y sólo puedo estar de acuerdo con Ana Lorenzo y Mario: se puede y debe conservar todo, ahora que hay esa posibiidad. Aunque de acuerdo con Gorki: es una tarea mucho más compleja de lo que parece, por la obsolescencia de los soportes y programas.Lo he dicho alguna vez: si uno echa una ojeada a los libros de má éxito de hace 30 o 40 o 70 años verá autores desconocidísimos hoy… con toda justicia. Un comité que hoy decidiera sobre la preservación de obras de ciertos no funcionaría mejor…El segundo punto (Bernard-Louis, a.b.block) es el del estudio de los procedimientos de trabajo, en este caso digitales, de un autor. Efectivamente: los archivos del procesador dan información preciosa de tiempos y estructura (por no hablar de las variantes del trabajo en curso), pero los correos, las páginas visitadas, los marcadores e incluso los RSS manejados serían también pertinentes.Alguna vez he pensado en hacer lo que me sugería a.b.block (“¿no sería interesante asistir al desarrollo de un libro desde su gestación hasta su alumbramiento? “), y es posible que lo haga si se me ocurre algún procedimiento simple.

30 marzo 2008 13:00

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