Ya están allí los libros de Google

08 diciembre 2010 17:17

Ya se ha abierto la tienda de ebooks de Google (lo que parecía que iba a llamarse Google Editions). Tras “años de planificación y meses de demoras”, como dice el New York Times, después de un acuerdo con 4000 editores, y por el momento sólo para Estados Unidos. El lema: “Reading unbound”, o sea, tanto ‘lectura desencuadernada’ como ‘sin límites’. Como señalamos en su día, los libros comprados (o descargados gratuitamente) pueden leerse en casi cualquier dispositivo (menos en el Kindle): en el navegador, iPhone o iPad, como e-pub… A pesar de estar “en la nube”, los libros podrán leerse off-line en ciertas condiciones.

En España aún no están disponibles, salvo las obras gratuitas y en la versión de lectura en el navegador, que por cierto, funciona muy bien, incluso redimensionando la pantalla:

La aplicación para iPad o iPhone tampoco está disponible en el iTunes español, aunque tendrá esta pinta:

Y la gran pregunta, ¿realmente beneficiará a las librerías, como pretende el lanzamiento? Para el NYT:

El Google eBookstore podría beneficiar significativamente a librerías independientes, como Powell’s Books en Portland, Ore., que se ha apuntado para vender e-books de Google es sus sitios web a través de Google.

Es decir: ¿por qué debería cualquier lector comprar el e-book de Google en la web de su librería, en vez de directamente en Google? De las posibles respuestas a esta pregunta depende el futuro digital de los libreros como mediadores, y he aquí algunas posibles:

  • Porque ya es comprador en la web de librero
  • Porque lo ha encontrado en la web del librero, que ofrece una información mejor sobre las novedades
  • Porque en la web del librero ha leído un artículo sobre un cierto género de obras que le interesan, y ha descubierto una que no conocía, y ha seguido el enlace para comprarla

Pero nuestros lectores puedes descubrir más…

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“Obras maestras”

08 diciembre 2010 9:09

No consigo creerme que todo lo que publico sean obras maestras.

(Constantino Bértolo, 2004)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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FaceBook-Instapaper-Blog-Tweet-RSS, etc.

06 diciembre 2010 9:09

Está claro que uno de los mayores desafíos actuales es la gestión de la información en el ámbito digital. La cuestión se complica cuando al lado de la Web abierta surgen zonas acotadas para ciertos tipos de personas: usuarios de iPhone, de redes sociales, de sistemas de mensajería… Por suerte, los puentes entre aplicaciones también están aumentando.

Pongamos el caso más simple: el de la persona que intenta estar al tanto de las noticias que aparecen sobre un determinado tema. Sí: existen alertas, por ejemplo las de Yahoo Alerts, o las de Google, pero no funcionan muy bien. Por fortuna, mucha gente está comentando lo que descubre en sitios web o en blogs a través de Twitter. Como este servicio tiene muchos usuarios, casi 106 millones de personas en el pasado abril, y como existen formas automáticas de convertir los post de los blogs en tweets (perdón por la sarta de anglicismos, con y sin cursivas), en la práctica una gran parte del contenido de la web se convierte en titulares en Twitter.

La búsqueda de Twitter funciona muy bien, y además tiene un servicio de RSS para cada búsqueda concreta, lo que quiere decir que cualquier lector de RSS puede recibir las que nos interesen (arriba, la búsqueda del tema “Google Editions” en Twitter, según llega al lector de RSS Google Reader).

Si a la comunicación entre aplicaciones añadimos la de dispositivos y programas, la cosa puede ser aún más compleja. Supongamos que en un iPhone se acccede a una búsqueda de Twitter vía Newsrack.

Desde NewsRack podemos enviar el post o la página web de nuestro interés, que Twitter nos localizó, a distintos servicios (ver arriba), como Instapaper. Allí podemos leerlo cómodamente y, si nos interesa, enviarnos el texto por email con el objeto de generar más tarde un post en el blog en nuestro ordenador de sobremesa. A su vez la publicación del post puede crear automáticamente (vía FeedBlitz) una noticia en Twitter o integrarse también automáticamente en Facebook. Puede que nuestro post atraiga la atención de un miembro de nuestra red de Facebook, que la twitee y que luego alguien lea ese tweet en su móvil y ¡a lo mejor lo convierta en un post de su propio blog!

Etcétera.

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Bicicletas, tanques y cortacéspedes

03 diciembre 2010 9:09

Libros en la nube entrevista al editor Alejandro Katz (que es un viejo conocido de estas páginas), cerebro pensante de Katz Editores, una de las pocas editoriales presentes tanto en América como en España.

De sus palabras destacamos estas reflexiones sobre la redefinición del libro y las librerías:

“[...] Si hay algo que las nuevas tecnologías nos permiten, nos exigen, es a ver que el libro se está diversificando, fragmentando, en muchas subespecies. Hay contenidos que deben quedar fuera de la especie libro y esto genera mucha resistencia”. No le faltan los ejemplos. “Los repertorios de información de doble entrada, como los catálogos o las enciclopedias, no son libros. Los hemos identificado con libros gracias a esa definición falaz de los pliegos encuadernados. Creo que Apple, por ejemplo, está haciendo mucho por obligarnos a pensar de otra manera. Mirá aquí”, dice, empuñando su iPhone. Aparece el mapa de una guía de viajes. “Esto no es un libro, esto es una app y Jobs no permite que las apps sean llamadas libros. Para eso está el ePub y el iBookstore. Un ePub es un libro, electrónico sí, pero libro. Las apps son un nuevo género discursivo.”

Para Katz, la aparición de lo digital permitirá, por primera vez desde Gutenberg, que dejen de considerarse libros lo que simplemente son formas del conocimiento. “La industria editorial ha forzado una interpretación demasiado atenta a lo que unifica los procesos productivos y no a lo que diversifica los contenidos, las motivaciones, todo lo que hace a la conciencia de necesidad del lector.” Ese lector entra a una librería buscando, por ejemplo, un libro de Nicole Loreaux sobre la elaboración del olvido en la memoria de Atenas, y tiene que pasar sobre barricadas de libros de jardinería, de cocina, de guías de viaje, de novelas policiales, de agendas. “A cualquiera le parecería un disparate que existiera un lugar donde se comercializan todos los objetos que tienen en común el concepto de tracción. Una tienda donde vendieran coches, bicicletas, tanques de guerra y podadoras de césped. Sin embargo, eso es una librería hoy.” Brillante y demoledor.

Cuando yo era editor en papel (ya hace unos añitos…) intenté que ciertos tipos de libros se acercaran más a sus públicos objetivos: que libros de cocina fueran a tiendas selectas de alimentación, guías turísticas a agencias de viajes, libros sobre salud a farmacias… imposible. La estructura de distribución, tanto la de los libros como la de alguno de estos establecimientos, convertían esta operación en una labor titánica. Bien: con libros electrónicos y públicos segmentados en la Red, esto debería empezar (de hecho, ya ha empezado) a cambiar.

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“Puede decidir la compra de un libro”

01 diciembre 2010 9:09

Según mi adorado Gérard Genette [1], la página cuarta de la cubierta de los libros (también llamada contracubierta) es otro de los lugares estratégicos del paratexto que arropa al texto literario propiamente dicho. No todos los editores la cuidan como es debido, a pesar de su importancia crucial como segundo espacio de encuentro (el primero es la propia cubierta) del lector/comprador con el objeto-libro. Uno está ya harto de esas contras en las que alguien con desgana se ha despachado acerca del contenido de un buen libro con trivialidades acerca de la “condición humana” o similares; ya no nos las creemos, y lo más grave es que el editor tampoco. Por eso algunos delegan directamente en el autor , que procede lógicamente al autoelogio sin que se le mueva un pelo, pero que no suele vender bien su mercancía. Y otros prefieren incluir frases admirativas que han merecido libros anteriores del escritor o traducir las que obtuvo en su país la edición original; se trata del recurso a un pretendido argumento de autoridad (el nombre del crítico o el del medio que acogió su reseña) que no denota una imaginación desbordante. Yo mismo me he encontrado alguna vez con mi nombre firmando una frase sacada de contexto para cuya utilización nadie me había pedido permiso. En fin, gajes del oficio. Pero lo cierto es que los textos de las contras (junto con los de las sobrecubiertas o “camisas” y los de las solapas, cuando las hay) merecen mejor consideración: una buena contra, además de informar sobre sus contenidos, puede decidir la compra de un libro.

(Manuel Rodríguez Rivero, 2002)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

1. Gérard Genette, Seuils, París, Éditions du Seuil, 1987. Edición en español: Umbrales, México, Siglo XXI, 2001:

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