«El sector editorial español tiene debilidades estructurales»

09 mayo 2013 10:10

En la revista de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas, nº 26, Rosa de Bustos me hace una entrevista (PDF del número completo de la revista) . La reproduzco a continuación, tal y como la contesté :

P. Publicaba El País que 7 de los 10 libros más vendidos por Amazon en su primer año en España son autoeditados. ¿Qué lectura deberían hacer los editores tradicionales de estas cifras?

R. La desintermediación en el sector editorial es una recurrente profecía de los tiempos digitales. La cuestión de la autoedición tiene dos caras: desde el punto de vista de los autores, carga sobre ellos una serie de funciones (edición, corrección, maquetación, incluso cubierta) que probablemente no estén preparados para hacer. El resultado pueden ser incontables horas perdidas, tras las muchas dedicadas a la pura escritura, para luego llegar a un resultado muchas veces de poca calidad. Claro, que parte del negocio que hacen editoriales o distribuidoras que acogen proyectos autoeditados puede ser la asesoría en estas tareas, o incluso que el autor se las subcontrate. Otro aspecto que puede interesar a un gran distribuidor/vendedor como Amazon es detectar antes que nadie, y en su propio terreno, qué autores nuevos, autoeditados, tienen posibilidades de entrar en el mainstream, y adelantarse a contratarlos en condiciones “normales”.

P. El porcentaje que se llevan los autores es hasta un 70 por 100, frente al 10 por 100 en la edición tradicional.

R. La parte de derechos que percibe el autor ha ido históricamente de la mano de la disponibilidad comercial de su obra. En el XVIII, cuando se leía en una obra “véndese en Madrid, en la librería tal y en Toledo en la librería cual” los derechos estaban ya por el 70 u 80 %. Si quieres que tu libro se encuentre físicamente en toda la península, disminuirán tus derechos. Pero por un libro digital que te has hecho tú, y que sólo se vende en un distribuidor por línea te pueden pagar el 70% perfectamente.

P. Dicen que Amazón, Google y Apple controlan ya el comercio del libro y que están fagocitando a las pequeñas editoriales y librerías. ¿Cómo debemos interpretar entonces el hecho de que en España se crearan 583 nuevas editoriales en 2011 y 535 en 2012, según datos del ISBN?

R. La edición tiene pocas “barreras de entrada”, como se suele decir. Es decir: no exige un capital grande, ni locales especiales… Una editorial puede nacer en el cuarto de estar de una casa. Además, es un tipo de actividad que sigue siendo de prestigio, curiosamente, por lo que no es extraño que sigan apareciendo nuevos actores. A ello podemos añadir lo que llamaría “efecto lotería”, que se da en edición como en pocos negocios. Uno puede ser editor de un libro sobre las andanzas de un niño mago, o de cincuenta variantes de un porno soft, y de repente ver cómo se convierten en una mina de oro… Eso no ocurre en otros negocios.

P. En España, el sector del libro aporta el 1 por 100 del PIB. ¿Se están tomando las medidas políticas y empresariales para que la industria editorial siga siendo una de las más importantes del país?

R. La verdad es que la edición española está en un momento malo, por el descenso del consumo, los cierres de librerías, las dificultades para entrar en una edición digital competitiva, como consecuencia del IVA, y de los obstáculos que aún están poniendo ciertos autores y agentes literarios…

P. ¿Cuáles son, a su modo de ver, los problemas propios de la edición española?

R. El sector editorial español tiene debilidades estructurales en la distribución y comercialización. Es un sector con unas carencias terribles en el terreno de los datos, de la información: el editor carece de información granular sobre lo que pasa con sus obras, y de esa manera solo puede avanzar a tientas. Pero a nivel de subsectores da la impresión de que ocurre lo mismo: las asociaciones de libreros tienen malos datos, los gremios de editores, también. Esto no se compensa con los comentarios de los lectores que el editor recoja en su sitio en Facebook, ni con que subcontrate a un gabinete de medios para llevar su cuenta de Twitter… Así no se puede seguir, porque las disfunciones del sistema acrecientan los problemas que pueda haber a nivel macroeconómico, y además tienen efectos multiplicadores: pienso en el círculo vicioso sobreproducción editorial / cierres de librerías / crisis del consumo, por ejemplo. Y otras cuestiones pendientes, como el mercado americano, al que hay que considerar más como un área con clientela a la que servir, y menos como un lugar donde enviar los excedentes. O la todavía más pendiente cuestión de editar en inglés, traducciones de la ficción local u obras científico-técnicas…

P. Le he escuchado decir, parafraseando a Kevil Kelly, que los editores temen a la piratería pero que los autores temen, sobre todo, a la oscuridad. ¿No es el nuevo paradigma digital el escenario ideal para la edición científica que ahora puede situarse en igualdad de condiciones en la Red?

R. Resulta difícil hablar hoy a favor de la edición universitaria, en un momento en el que hasta la misma misión de la universidad parece estar en entredicho, y en el que se pretende que solo se deben tener titulaciones que den beneficios (inmediatos), o que respondan a los intereses de las empresas. Pero tengo claro que la universidad debe estar para investigar en muchas áreas, incluidas de humanidades, en las que no se ven beneficios a corto plazo. Permítaseme a este respecto citar un artículo que escribí con Susana Narotzky hace ya diez años, pero que se puede suscribir íntegro: “¿Qué aprender?” http://jamillan.com/qaprender.htm

P. Usted defiende la existencia de las editoriales universitarias aunque estas tengan pérdidas, por el servicio que ofrecen a las comunidades universitarias y a la sociedad. ¿Qué consejos les daría en estos momentos de crisis económica, de continuos cambios tecnológicos y de búsqueda de los grandes grupos por nuevos mercados?

R. Fruto de la investigación universitaria, surgirán determinadas obras que ninguna editorial comercial puede proponerse editar, y que sin embargo merecen estar puestas a disposición de la comunidad de investigadores. Otra cosa es que se pueda, y se deban, minimizar los costes apelando a las posibilidades que hoy se ofrecen: desde la impresión bajo demanda hasta la edición puramente digital, con una sólida estructura de información y promoción por línea. Y por supuesto, recordando siempre que una unión de editores, en el terreno que sea, es siempre más fuerte que acciones aisladas.

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110 años de Gustavo Gili

12 marzo 2013 16:16

Una editorial independiente, que dura desde hace más de un siglo, y que dirige la cuarta generación familiar. Si en cualquier lugar del mundo esto sería un acontecimiento, en la convulsa e hiperconcentrada edición española la existencia de la Editorial Gustavo Gili es todo un milagro.

Para celebrar su 110 aniversario, la editorial, que ahora encabezan Mónica y Gabriel Gili Galfetti, ha creado un bellísimo volumen conmemorativo, en edición no venal (es decir: no está a la venta). Se trata de Editorial Gustavo Gili. Una historia 1902-2012. Contiene 336 paginas de cuidada edición a cargo de la propia Mónica Gili, Moises Puente y Marta Rojals, con diseño gráfico de PFP, Quim Pintó y Montse Fabregat. En la imagen superior está la sobrecubierta, y más abajo la cubierta, que representa un adecuado trampantojo de lomos de libros.

Este es su índice:

01. Orígenes y primeros pasos de la Editorial Gustavo Gili, por Philippe Castellano

02. Gustau Gili Roig y Jacques Schiffrin, una amistad de veinte años, por Philippe Castellano

03. La vocación americanista de Gustau Gili Roig, por Philippe Castellano

04. El Casares. Historia de un diccionario (1915-1942), por Philippe Castellano

05. Un “viejo plan” de Gustau Gili Roig: la Historia de la literatura española, de Ángel Valbuena Prat, por David González Ramírez

06. La editorial Gustavo Gili: una escuela de constructores de arquitectura, por Jaume Avellaneda

07. El arte de hacer libros, por Daniel Giralt-Miracle

08. Picasso y los Gili. Breve historia del editor de Picasso en España, por Claustre Rafart

09. Una editorial familiar catalana en América Latina, por María Fernández Moya

10. Exterior e interior: la sede de la Editorial Gustavo Gili (1954-1960) de Joaquim Gili y Francesc Bassó, por Ignasi de Sola-Morales

11. Colecciones, por Juan José Lahuerta

12. De “Punto y línea” y “Comunicación visual” a “GG Diseño”, por Anna Calvera

13. “FotoGGrafía”, por Juan Naranjo

14. Una aportación desde dentro, por Xavier Güell

15. Una cartografía provisional, por Carles Muro

Como se puede ver, el elenco de colaboradores es impresionante, comenzando por Philippe Castellano, el profesor francés al que tanto debe la historia de la edición española, a partir de su obra sobre Espasa.

El primer capítulo de este libro conmemorativo se remonta a la editorial que creara Juan Gili Montblanch en 1891, especializada en libros religiosos (importantísima veta de negocio para las editoriales españolas, prácticamente hasta mediados del siglo XX). Fue su hijo, Gustau Gili Roig, quien fundó en 1902 la Editorial Gustavo Gili, inicialmente también con fondos religiosos, que no perderían su predominio en el catálogo hasta pasada la Gran Guerra, cuando la divulgación científica tomó el relevo (puede verse el caso coetáneo de los Manuales Soler, luego Manuales Gallach).

Un episodio de gran interés es el de la relación entre Jacques Schiffrin, el fundador de la colección de La Pleiade y Gustau Gili Roig, que demuestra que el editor catalán no se limitaba a comprar derechos, sino que intervino como socio y eficaz comerciante en los negocios editoriales de Schiffrin.

El capítulo sobre el diccionario Casares y su peripecia es un resumen del que publicó en su día Cultura Escrita & Sociedad, y que ya reseñamos.

El capítulo dedicado a la Historia de la Literatura de Ángel Valbuena Prat revela materiales inéditos sobre este proyecto, incluyendo el episodio de una edición contrahecha del libro para burlar la censura franquista. El capítulo sobre la edición de obra de Picasso muestra la faceta más espléndida de la edición de bibliofilia de la editorial.

Hay dos capítulos dedicados a América Latina (ya desde los años 20 un puntal fundamental de las ventas de la editorial), y el segundo expone las dinámicas de creación paulatina de sucursales en distintos países, y el diseño del vital flujo de información en las dos direcciones. Hay datos curiosos y significativos, como el hecho de que las oficinas que la editorial ocuparía en América seguían la línea arquitectónica de la casa madre (hay también un bello capítulo de Ignasi de Sola-Morales sobre el edificio barcelonés de ésta, acabado en 1960).

De estos capítulos (los más directamente dedicados a la historia temprana de la editorial) surge la visión de una editorial innovadora, flexible en su adaptación a los cambios del mundo y muy comprometida con la calidad intelectual y formal.

Los últimos capítulos profundizan en dos de las áreas de especialización de la editorial en las últimas décadas: la arquitectura, y el diseño (cuya historia en la editorial se enriquece con los recuerdos de Yves Zimmerman).

Editorial Gustavo Gili. Una historia 1902-2012 está afortunadamente llena de reproduccciones de cubiertas de las obras publicadas a lo largo de más de un siglo; también es notable el acopio de fotografías-documento sobre diversos momentos de los protagonistas de la editorial, sus amigos (en muchos casos, además, autores y cómplices) y los espacios que ocuparon.

En suma: una preciosa lectura que es también un paseo visual y conceptual por un siglo de edición .

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Descubrir los libros

04 marzo 2013 12:12

Supongamos que los agentes de autores de lengua española empiezan a separar la venta de derechos digitales de los derechos en papel. Supongamos que en consecuencia pueden surgir auténticos editores digitales, que empiezan a adquirirlos y a publicar libros de calidad en cantidades apreciables. Supongamos incluso que tienen una buena política de precios, y que los colocan en todas las posibles librerías digitales. Entonces quedaría aún la parte más difícil: que los lectores potenciales los descubran.

Si en el mundo del papel uno puede confiar en que los lectores visiten las librerías o lean un suplemento literario, ¿qué ocurrirá con los ebooks? La cuestión es tan acuciante que ya tiene un nombre discoverability, tal vez traducible como descubribilidad.

Los datos parecen indicar que la mitad de las compras en Amazon provienen de búsquedas orientadas. En otras palabras: la gente que entra a comprar ya sabe lo que busca. Eso es lógico: ¿cómo va nadie a hacerse una idea de qué libro comprar navegando desde la portada de Amazon, o de iTunes? La recomendación algorítmica que inició Amazon, tipo “quien ha comprado X ha comprado también Y”, puede funcionar razonablemente… una vez que uno ha llegado a un libro que le interesa, y eso es precisamente lo que no acabamos de saber cómo funciona.

¿Qué se debería y qué no se debería hacer para hacer los libros descubribles? Vamos a centrarnos en el caso de la narrativa, que es el género que se lee predominantemente en ebook, y el más complicado para esta cuestión: la no-ficción (autoayuda, libro práctico, ensayo) tiene las cosas más fáciles, por el acceso temático.

Sí: la recomendación es una de las cosas que mejor funcionan para las lecturas, pero yo diría que las redes sociales de lectores (como Goodreads, sobre la que escribió Actualidad Editorial) son para lectores a) voraces consumidores de muchos libros al año y b) duchos en el ciberespacio. No veo a ese lector de un libro al mes o cada dos meses, que ni tiene cuenta en Facebook y sólo usa esporádicamente el correo electrónico, dándose de alta en una red de recomendación. No le compensaría…

Los sitios de márketing de libros centrados en los autores (como Open Road Media, imagen superior) no sirven, y hay que decirlo muy claramente. La información que suministran sobre ellos sólo interesará a quienes sean ya sus devotos lectores; no despiertan precisamente el deseo de leerlos. Y la información sobre las obras es defectuosa por mal orientada.

Los sitios de márketing centrados en las obras (como Small Demonds) pueden ofrecer un desmenuzamiento interior de las obras más orientador. Veamos qué hace el sitio, con el ejemplo de la novela de Stephen King 11/22/63, sobre el asesinato de Kennedy (imagen de arriba): con una interfaz muy tipo iPad (dan ganas de frotar la pantalla del ordenador con el dedo), y una presentación de datos a la Pinterest (sólo imágenes), nos informa de qué canciones, películas, programas de televisión, libros, etc.,  se mencionan en la novela. Además un mapa sitúa los lugares en que transcurrre la acción (es una pena que no pondere los pesos de cada uno en la trama). Podemos, así, saber que en el libro se habla de West Side Story, y a partir de ahí llegar a las otras 43 obras que hablan de ella. Claro: puede haber un lector que busque libros en que se mencionen ciertas películas, pero me extraña. O (quizás más probable) alguien que busque novelas que transcurran en un lugar al que piensa viajar. Pero tal y como está, veo el sitio mejor para el análisis de las obras (del que se podrían beneficiar los estudiosos de la literatura) que para buscar lectura…

Ah: y los videos no sirven. Una ojeada al canal de Youtube de Open Road Integrated Media muestra videos, sin duda caros de confeccionar, que dudo que atraigan a compradores, y que se han visto un número de veces muy bajo (y ni pensemos en qué proporción se convertirá en compra).

¿Qué podría servir, sin embargo?

Los buenos metadatos pueden mejorar el hallazgo de obras: en el caso de la narrativa, no sólo autor y título, sino además, lengua de origen, traductor, país de origen del autor, época en la que escribe, y género y subgénero si es el caso (para buscar ciencia ficción americana de los 60, o novelistas hungaros de entreguerras). Aunque los metadatos hay que estructurarlos de una manera diferente para cada una de las librerías por línea en que se quieran vender los libros, y son un dolor de cabeza para los editores… Además, recordemos que muchas veces los mejores metadatos de un libro son las mismas palabras que contiene, y en ese sentido Google Play puede hacer mucho por la obra indizándola (cuando el editor permite que se haga).

Aunque parezca algo que ya no se estila, la mejor solución es una buena web editorial, con contenidos generados por los propios editores, que son los que conocen sus libros: ni departamentos de márketing ni algoritmos serán capaces de mejorar ese conocimiento. Lo repito: una buena web editorial que incluya extractos de las obras, sí (aunque esto lo hacen también las librerías por línea); y además que publique información sobre los autores, sobre los movimientos a que pertenecen (información buena: ni copiar solapas ni la Wikipedia); que informe sobre la obra, y sobre su traducción (el lector literario sí agradece esos datos), y sobre todo, que explique por qué alguien debería leer ese libro.

Y no vendría mal una ayuda de algunos viejos conocidos: los suplementos culturales, en papel y en la web. Amigos: ya está empezando a haber, exclusivamente en versión digital, un montón de libros interesantes. ¿Por qué no echáis una mano?

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El marcapáginas, y otras publicidades

10 julio 2012 10:10


Fuente

He hablado un par de veces de Hibris. Revista de Bibliofilia, bimensual editada en Alcoy (Alicante). Por el momento se publica sólo en papel, aunque me informan de que planean colgar en su web números atrasados. En el último número (65-66, septiembre-diciembre 2011) hay varios artículos de gran interés.

Uno de ellos es “Crónica de una señal anunciada: el biblión de los Manuales Soler”, de Concepción del Valle, que estudia la promoción que realizaba el editor barcelonés Manuel Soler desde finales del XIX, sobre todo con exitosa colección Manuales Soler luego rebautizada como Manuales Gallach, y por fin integrados en Espasa-Calpe, que los comercializó hasta los años 50. Pues bien: los Manuales Soler tuvieron un despliegue publicitario asombroso, con anuncios incluidos en otras publicaciones de la casa, regalos, cupones para conseguirlos, e incluso un mueble para agruparlos todos (la Enciclopedia Espasa también adoptaría luego ese poderoso argumento de venta).


Fuente

La difusión de los manuales se equiparaba, en la publicidad interior de los mismos (por lo general en las guardas), con el avance de la patria:

LA SIGUIENTE DEMOSTRACIÓN GRÁFICA DEL AUMENTO DE LECTORES  ES UNA PRUEBA DE QUE ESPAÑA PROGRESA
[sic, por tanta versal].

Por cierto; el histograma situado al pie de la página, que ilustra el aumento del número de lectores, que es vagamente proporcional al tamaño del personaje ilustrado, es toda una joya de la arqueología de la representación de datos. Además, obsérvese que los pocos que comienzan a leer los Manuales son ricos y eclesiásticos, y al final hay hasta un agricultor… [Esta imagen es la única que he encontrado, y si un lector en cuyo poder obre un Manual Soler con esta publicidad en las guardas me facilita una reproducción mejor se lo agradeceré eternamente]:


Fuente

Otro recurso promocional, nos dice Concepción del Valle, eran las postales humorísticas, que recalcaban el regalo. En una de ellas, un niño le dice al otro:

Oye, mamá ya no le riñe a papá si compra libros. ¡Como que los compra a la casa Sucesores de Manuel Soler de Barcelona y los regalos se los queda mamá!

Pues bien: uno de los obsequios era un marcapáginas, el primero que se registra en el mundo editorial español, y el primero con nombre propio: biblion (o biblión, como también lo escriben). Se presenta bajo los nombres de señal y de punto de lectura, lo que parece indicar cierta vacilación, o una terminología no asentada. La autora ha recopilado los siguientes nombres para el artefacto:

registro,
punto de libro
señal
guía de lectura
indicador
señalador
marcador

y los más infrecuentes

sujetador
marcapautas
indicador para señales
memorándum

En 1903, dice la autora, el impresor Víctor Oliva usa el anglicismo book-mark y el catalán senyal de plana (que sólo utilizó él). El que más se ha asentado hoy en día es marcapáginas, que creo de origen francés (marque-page o marque-pages, como este antiguo sitio web de coleccionista).

La casa Soler intentó el término biblión, que como sabemos tampoco se impuso, y lo ensalzó de esta manera:

Más que orientarse a recordar el punto donde se dejó la lectura, el biblión parece orientado al trabajo de estudio o consulta, como se ve por este ejemplo del folleto promocional:

Por su tipología, el biblión pertenece a los marcapáginas exentos (a diferencia de la cienta de registro y el punto de cursor); externo, porque se coloca en el corte delantero del libro, en vez de albergarse en  su interior; y lineal, porque apunta a una línea concreta del texto (en vez de señalar una página entera):

Para terminar, haré una referencia de pasada al futuro (o quizás el presente) de los marcapáginas en el medio digital: en iBooks para iPad una pulsación coloca en las páginas deseadas esta esqueuomórfica cinta:

Acudiendo después al menú de Marcadores, se pueden ver todas las páginas donde se ha llevado a cabo esta operación.

Coda: más marcapáginas, o como se llamen, en este blog:

Ring, riiiing… ¡Marchando!
Regalar saber
Marcapáginas

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Trece perlas de Trama & Texturas 17

25 junio 2012 10:10

Ha aparecido el número 17 de la revista Trama & Texturas. (Se puede conseguir en papel, y también en PDF, por un precio muy razonable).

Este número presenta una densidad de artículos interesantes realmente notable. En lo que respecta al tema de este blog, hay que destacar la presencia de un Cuaderno dedicado a la transición digital, compilado por Manuel Gil. Hemos seleccionado trece extractos de sus respectivos artículos, y empezaremos con una cita de la introducción de Manuel Gil:

Nuestro sector continúa sufriendo de algunas señas de identidad que ni cambian ni evolucionan: opacidad, secretismo, reservas… Si los nuevos actores digitales las adoptan y mantienen, nos tememos lo peor. Seguimos teniendo carencias y problemas graves para una transición digital ordenada y bien meditada, es preocupante la ausencia de plataformas digitales compartidas por libreros y editores independientes en un escenario en el que, todo parece indicar, los mercados generalistas se moverán en abanicos cuasi monopólicos.

Y este es el contenido del Cuaderno:

  • Convergencias y divergencias entre libros (en papel y digital) Luis Collado

Nos han enseñado a comprar aparatos, pero ¿quién se ha encargado de enseñarnos dónde encontrar un sitio para comprar un e-book?, ¿dónde conseguir información, ¿cuál es el mejor sitio, en el que mejor me tratan, más conocen mis gustos y más información y más adecuada a mí mismo me facilitan?

En los Estados Unidos, donde vivo hace 11 años, se ve a las Américas como una oportunidad [...] En cambio, en Argentina [...] los editores a menudo hablan del mercado latinoamericano más por sus escollos que por sus oportunidades.

  • Apuntes sobre la r-evolución digital en el mercado editorial Silvia Clemares

Las ediciones digitales están aún centradas en la reprodución simétrica del contenido impreso. Incluso cuando analizamos los procesos editoriales internos y las listas de precios digitales, la referencia continúa siendo el libro impreso.

  • Literatura infantil y juvenil digital. Un extenso reino creativo para nativos digitales Noemí Pes Escofet

Las iniciativas más arriesgadas [de libros infantiles para tablets] no provienen de los grandes grupos editoriales, sino de pequeñas iniciativas independientes desvinculadas en la mayoría de los casos del mundo editorial  y más cercanas al sector del diseño gráfico o la ilustración, la programación o la comunicación.

Se acercan buenos tiempos para los autores, probablemente los mejores desde el invento de la imprenta. Internet y la digitalización son la clave de esta nueva era en la que el autor vuelve a cobrar un peso que durante mucho tiempo se había aligerado en beneficio de los editores. [El artículo íntegro está accesible en el enlace desde su título]

¿Qué es un libro? En épocas de cambios profundos hay que aceptar una dosis de indefinición, de elementos indefinibles.

A veces me pregunto si soy editora. No trabajo rodeada de libros ni cuento con un catálogo de publicaciones para mostrar, ni siquiera tengo unos autores a los que mimar. Sin embargo, me paso el día rodeada de palabras y de contenidos que corrijo, editor, organizo y presento en un orden determinado, planificados para responder a unas necesidades concretas y publicados pensando en un tipo específico de lector o lectora.

  • Gato por liebre. Cómo hemos perdido dos años en la edición digital Jaume Balmes

En los últimos meses multitud de sitios web personales se han llenado de quejas. Se quejan por varios motivos: porque no pueden abrir el libro que han comprado en su aparato (que compró por mucho dinero con la promesa de usarlo para leer); también porque sí pueden abrirlo, pero está lleno de errores tipográficos; e incluso porque directamente al libro le falta un trozo.

Los precios de nuestros e-books son altos, los más caros de Europa. Los procesos de compra son tediosos. Penalizamos con un DRM absurdo (que se puede romper en tres minutos) a los usuarios que compran legalmente, y como resultado de este DRM encarecemos el precio de los libros para pagar las comisiones a las plataformas que nos ayudan a vender los libros de forma “segura”.

Nuestro único trabajo es tomar un formato casi perfecto (el libro) y trasladar su contenido a un formato más útil llamado también libro (digital).

El mercado del libro digital se ha convertido, al igual que muchos otros sujetos, en un campo de batalla más en el que los intereses de empresas tecnológicas, los conglomerados multimediales y sus representantes políticos se disputan la mercantilización y el control de este espacio y de su derivados, tanto económicos como ideológicos.

En primer lugar, expliqué al personal de Random House que, para poder ser prósperos e independientes, teníamos que hacer dinero, porque si haces dinero eres independiente, y si no haces dinero siempre estás con la mano pidiendo ayuda.

Otros artículos de este número:

Sobre revistas culturales:

Y además:

En resumen: ¡qué excelente número!

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“Como heredar una renta vitalicia”

09 mayo 2012 10:10

#lectura

Publicar a James Michener y John O’Hara, que escribían best-sellers con regularidad, fue como heredar una renta vitalicia. Todas las editoriales importantes contaban con tres o cuatro escritores famosos como éstos que producían continuamente best-sellers. Pero los cimientos sólidos –el capital acumulado– en que se apoyaban los editores eran los libros de sus catálogos que se vendían año tras año. Eran estos títulos los que proclamaban la fortaleza económica de un sello y su prestigio cultural: una fuente de orgullo que compensaban de sobra a los propietarios y a sus empleados por los beneficios mínimos y los sueldos bajos característicos del sector.

(Jason Epstein, 1898 2002)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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En una mirada atrás

30 marzo 2012 9:09

#editorial

Lea el final del post sobre la génesis de este texto

En una mirada atrás

Había soñado con un mundo en el que cualquier libro, editado en cualquier momento, pudiera estar disponible en cualquier lugar; en el que se mantuviera la justa retribución de autores y editores, pero abriendo sin cortapisas la difusión de las obras en el dominio público o las que sus autores quisieran legar al futuro. Un mundo en el que los libros fueran arquetipos platónicos que se encarnaran en tiradas, en impresos bajo demanda, en dispositivos dedicados o en aparatos de amplio espectro, bajo la forma más conveniente para el lector. Un mundo en el que los libros se consiguieran en las librerías, llegaran por correo, bajaran del éter a nuestros aparatos, o se retiraran calientes, recién hechos, de distintos establecimientos (empezando por las librerías). Un mundo en el que la cultura fluyera y la tecnología permitiera el diálogo lectores/autor, el de editor/lectores y el de lectores entre sí. Un mundo en el que autores y editores tuvieran, y compartieran, completa información sobre el destino de sus libros. Un mundo en el que se pudieran crear y difundir libros hechos a la medida de una persona o de un colectivo, para sus propósitos particulares. Un mundo en el que la producción editorial de cualquier país en español se difundiera sin fronteras entre los países hispanohablantes, y en el que en general cualquier obra creada en cualquier país pudiera llegar a cualquier parte. Un mundo en el que las propuestas editoriales minoritarias encontraran su nicho. Un mundo en el que los autores pudieran escoger contactar directamente con su público y en el que el público pudiera en ese caso recompensar directamente al autor. Un mundo en el que nuevos agentes de recomendación y filtrado guiaran a un público ávido entre una oferta cada vez más rica.

Había soñado un mundo así, y creí que la digitalización del proceso editorial podría proporcionarlo: la digitalización de las obras, claro, pero también la de los mecanismos que las llevan hasta el público. Por creerlo así, desde el lejano comienzo de mi sitio web me dediqué a explorar esos temas, y por eso desde hace ya once años fui sistematizando mis indagaciones en un blog.

Se habían previsto problemas en ese proceso, claro, y todos y cada uno fueron haciendo su entrada: irrupción de poderosos agentes de fuera del sector editorial español, lenta y escasa adaptación de los operadores locales a una revolución digital ajena, mantenimiento de las fronteras para las obras, barreras a la comunicación de libros entre los lectores, digitalizaciones reprivatizadoras de obras en el dominio público por parte de la Administración, dispositivos que encadenan las obras compradas, nuevos canales cuasimonopolísticos de adquisición y lectura de libros…

Sería injusto no señalar igualmente que mientras tanto se ponían gratuitamente en la Red cientos de miles de obras, que aumentaban los sistemas de contacto entre lectores (mediante clubs de lectura y similares), que algunos autores y editores empezaban a gestionar bien la relación con su público…

Pero el saldo general no me parece satisfactorio, y tampoco me parecen positivas las tendencias que se apuntan, como la destrucción de un sistema que funcionaba, aunque imperfectamente (librerías, ciertas editoriales), para ser sustituidas por el ascenso de conglomerados prácticamente monopolísticos desde el punto de vista empresarial y tecnológico. Puede ser que estemos entre las convulsiones de una época que está alumbrando algo diferente, pero algunos rasgos de este nuevo mundo son más bien para echarnos a temblar.

Resulta que la Sargento Margaret de la Patrulla de salvación me pidió que respondiera a unas preguntas relacionadas con esto de la edición, y cualquiera se niega…

Bien: me negué. Al día siguiente, y con la certeza de ser obedecidos que tienen los que han cursado la carrera de armas, me indicó la conveniencia de deponer mi actitud. No quise un tercer aviso, y empuñé la pluma. No sé cómo, en vez de contestar a lo preguntado, me encontré recordando el estado de ánimo que me había llevado, hace ya años, a ocuparme de estas cosas. Y el texto que salió, de carrerilla, fue éste.

Ayer lo publicó la Patrulla, abriendo una serie bajo el sugestivo título de “La transición ¿lampedusiana? del libro”. Seguirán las respuestas al cuestionario que han dado mis colegas Silvano Gozzer (Anatomía de la edición), Arantxa Mellado (Actualidad Editorial) y Fernando García (Sin Tinta, El País).

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“El responsable de los errores”

21 marzo 2012 11:11

#calidad

El 16 de junio de 1911 la Bibliographie de la France, periódico oficial de editores y libreros, publica un anuncio de las ediciones de la NRF. El anuncio concierne a tres libros, los tres primeros de la joven editorial: L’Otage, de Paul Claudel, una obra en tres actos que se convertirá en un ornato de la tragedia francesa; La Mere et l’Enfant, de Charles-Louis Philippe, quien narra en ella sus recuerdos de infancia y juventud; y, finalmente, Isabelle, un relato breve, desenvuelto y rápido de André Gide.

Gaston [Gallimard] está ansioso: cree haber cometido una equivocación. Cuando los primeros ejemplares están sobre la mesa, llama a Gide. Éste, particularmente maniático, los sopesa, los hojea, los examina antes de saltar indignado al leer su Isabelle: hay páginas con veintisiete líneas, otras con veintiséis, y, además, hay erratas y faltas que no son ciertamente suyas. Gallimard intenta calmarle y le explica que los tipógrafos de Brujas [donde se había compuesto e impreso el libro] son flamencos, que no todos dominan el francés…

Es inútil. Gide está furioso. Con todo su nerviosismo conduce a Gaston al almacén de la NRF, en la calle Bonaparte, y allí los dos hombres destrozan, a petición del escritor, todos los ejemplares de su libro. Gaston cumple dócilmente; no tiene siquiera la presencia de ánimo necesaria para conservar algunos. Gide, más astuto, guardó cinco o seis a escondidas: más adelante, revenderá muy cara esta edición totalmente original. Para ser el hijo de un célebre bibliófilo, a Gaston Gallimard le había faltado olfato.

Con esta pequeña pifia de la que es menos responsable que su impresor, Gallimard aprendió que el editor es considerado siempre por el autor como el responsable de los errores que pueden mancillar su producción.

(Pierre Assouline, 1987)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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¿Tiene sentido una app editorial?

27 febrero 2012 11:11

#iPad #editorial

Las apps o aplicaciones son programas de propósito determinado que se descargan en los smart phones, tablets y otros dispositivos. De su éxito da idea el hecho de que Apple está a punto de llegar a las 25.000 millones de descargas de apps en sus aparatos. En España se descargan más de 16 por segundo.

Las apps empiezan a ser utilizadas desde el mundo editorial. Maeva, por ejemplo, tiene una app general, que contiene las novedades por colecciones, booktrailers, muestras de los libros y entrevistas con los autores, los inevitables enlaces a redes sociales, y un listado de librerías con acceso a un mapa de su situación. Lamentablemente, como desde la aplicación es imposible saber si alguna de estos establecimientos tiene determinado título disponible, éste es un recurso poco útil.

Además la editorial saca las novedades de temporada en apps específicas: otoño 2011invierno 2012.

Aparte de esto, están las apps dedicadas a un autor concreto, como CamillaMaeva, dedicada a la autora Camilla Läckberg, “la reina de la novela negra europea”, que contiene juegos y test para lectores de sus obras, y AuelMaeva, dedicada a la famosa serie de “Los hijos de la Tierra”.

Tanto estas apps de autor como las de novedades son gratuitas.

¿Quién, que no sea un profesional del medio, podría querer descargarse las apps de catálogos de una editorial y de novedades? No parece tener mucho sentido… Otra cosa son las app de autor, que apuntan claramente a seguidores de un cierto tipo de obras, pero la fidelidad de los lectores no creo que llegue a extremo de querer ser fans de una editorial.

Las apps son un sistema ecológico más bien cerrado (aunque puedan tener enlaces a páginas web). Maeva utiliza codigos QR en emails para llevar a sus contactos hasta la página de descarga en iTunes, pero el movimiento inverso, desde la app hasta la compra de libros, parece más difícil.

Dado los costes nada desdeñables que tiene colocar apps en Apple (aunque las de Maeva han sido subvencionadas por el Ministerio de Cultura) , las editoriales tendrán que plantearse qué quieren hacer exactamente con ellas. Se me ocurre que podría haber apps gratuitas por géneros (¿novela negra, romántica, histórica, márketing?), para que las descargaran los aficionados; las promoverían un conjunto de sellos que proporcionaran masa crítica de novedades. Servirían de canal de promoción, y mediante notificaciones y otros procedimientos de descarga de materiales complementarios podrían ser un canal cómodo y constante de información al público.

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Booquo: ¿hacia los socios de Círculo, o a por todos?

16 febrero 2012 12:12

Ya comenté hace pocos meses por qué Círculo de Lectores es una buena idea digital. Ahora, viendo el lanzamiento de Booquo me da la impresión de que la apuesta de Planeta en realidad no es Círculo. Entendámonos: quiere conservar e introducir en Booquo todo lo que pueda de Círculo (cuya tendencia en número de socios y compra media, no lo olvidemos, es decreciente), pero sobre todo se propone captar a un público nuevo que ya es consumidor de obras digitales, e incluso servir de atractor para la entrada de nuevos usuarios, mediante un sistema cómodo y atractivo.

Ese sistema tiene dos pilares: las obras en la nube y el sistema de suscripción. El primero simplifica para el público todos los problemas que plantean los lectores y formatos. La suscripción, por su parte, es la misma estructura del club del libro. En el mundo de ebook tenía el precedente (que no acababa de despegar) de 24 symbols.

La modalidad de suscripción Premium permite leer todas las obras que se quiera de un conjunto llamado Biblioteca. Aparte de estas lecturas abiertas de un determinado conjunto, se puede conseguir un ebook más al mes. Naturalmente: están presentes aquí todos los fondos digitales de las editoriales españolas.

Las obras  se organizan por géneros amplios, tanto de fiction como de non-fiction, recordando la estructuración que hizo Planeta de nuevos sellos digitales en nichos lectores. De nuevo el mundo del libro está descubriendo (como antes habían hecho algunas editoriales y librerías especializadas) que los lectores no se organizan por amor a determinados sellos o puntos de venta, sino sobre todo por afinidades con ciertas materias y problemáticas.

El Premium presenta una cuota muy poco más reducida para quienes ya son socios de Círculo:

El coste de suscripción al canal es de 9,90 €  al mes. Los socios de Círculo de Lectores dispondrán de un descuento adicional y la cuota será de 7,90€ al mes.

Una parte importante de todo el proyecto es la actividad social, a traves de perfiles de usuario, y la intervención está incentivada.

Bien: Booquo está aquí, con toda la fuerza del Grupo Planeta que además, como recordaba Jorge Portland en Disquisiciones, ha obtenido “247.499 € de subvención y 2.684.284 € de préstamos para su proyecto de Círculo de lectores Virtual”. De ámbito español inicialmente, nada les impedirá traspasar nuestras fronteras, y a eso apunta la estructura de la URL:

http://booquo.com/es/ebooks/home

Sustitúyase es por mx o ar, y ya se tendrá el siguiente paso (replicando en lo digital una expansión que ya tuvo lugar en papel.

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