«Ha de tener el oído atento a lo que lee»

20 octubre 2010 9:09


El corrector (de que hubo antiguamente y hay muchos graduados en las universidades en diferentes ciencias) ha de saber Gramática, Ortografía, Etimologías, Apuntuación, colocación de acentos, tener noticia de las Ciencias y buenas letras, haziéndose capaz de asumpto del libro que se imprime, conocimiento de Autores, de caracteres griegos y hebreos, cifras médicas, astrológicas, abreviaturas escolásticas, reglas de música para libros de canto […], elocución y arte para emendar barbarismos, solecismos y otros defectos que se cometen en latín y romance, saber el comportamiento de las planas, para que salgan en orden, y numerosos, y cuenta para los folios. Demás desto ha de tener el oído atento a lo que lee, la vista a lo que se mira: el entendimiento a la contextura de lo que se corrige para emendar faltas, y tanta atención que cualquiera defecto corre por su cuenta

(Gonzalo de Ayala, siglo XVII)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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«El texto no lo reconoce ni su padre»

13 octubre 2010 10:10


Los escritores, por lo común, corregimos las pruebas de nuestras primeras ediciones y a veces, ni eso. Las que siguen las dejamos al cuidado de los editores quienes, quizá por aquello de su conocida afición al noble y entretenido juego del pasabola, delegan en el impresor, el que se apoya en el corrector de pruebas que, como anda de cabeza, llama en su auxilio a ese primo pobre que todos tenemos quien, como es más bien haragán, manda a un vecino. El resultado es que, al final, el texto no lo reconoce ni su padre: en este caso, un servidor de ustedes. Los libros, con frecuencia, mejoran con esta gratuita y tácita colaboración, pero los autores rara vez nos avenimos a reconocerlo y solemos preferir, quizás habituados por la soberbia, aquello que con mejor o peor fortuna habíamos escrito.

(Camilo José Cela, 1989)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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«Aborrezco la mecanografía»

30 septiembre 2010 9:09


Unas palabras ─más de cuatro─, mi estimado y paciente colaborador, sobre su función respecto a mis artículos. En los que, ya impresos, suelen aparecer erratas que si son leves, como una de hoy en que aparece resuelve donde escribí revuelve, otras obedecen, me figuro, a no tener a la vista, al corregir las capillas, mis originales y observar ciertas peculiaridades, algunas heterográficas, de este mi dialecto personal que el otro día me dijo Menéndez Pidal que es un supercastellano. Así, un día cuando yo escribí engeño, añadiendo que es voz desaparecida, me pusieron ingenio, que es la actual; otra vez pusieron desesperado donde yo decía desperado; en mi artículo sobre el mozo de la pedrada [se refiere a un individuo o mozalbete que, para exteriorizar su protesta por las interminables discusiones en el Congreso, lanzó al hemiciclo una piedra, con el estrépito consiguiente], se me corrigió el malencónico ─que es la forma corriente en el campo salmantino─ por el oficial melancólico. Y etc.

Le ruego, pues, que tenga a la vista mis originales, ya que es naturalísimo e inevitable que el tipógrafo se deje llevar de lo corriente y lea lo que está habituado a leer. Y no pretendo que se me respeten ciertas peculiaridades heterográficas como escojer, cojer, recojer, lijero, etc. (como acentúo telegrama, y así lo pronuncio).

Y a este caso, le contaré lo que una vez me ocurrió al enviarme segundas pruebas de un libro. En el que yo suprimía ¡claro está! todas esas letras absurdas como las p, b, y s de septiembre, obscuro, inconsciencia, suscriptor, etc. Había tachado una pe de septiembre, y en segundas pruebas me la vuelven a colar con un marginal “¡ojo!”. Volví a tacharla, y el “¡ojo!”, y en vez de éste, puse: “¡oído!”.

Y basta de tiquismiquis gramaticaleros. Procuro escribir con estas patitas de mosca lo más claro posible ─aborrezco la mecanografía tanto como la telefonía─ y espero que me tolerarán mis dialectalismos individuales y hasta mis peculiaridades heterográficas.

Le saluda,

Miguel de Unamuno

(1932)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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«Una atención muy exacta y prolija»

22 septiembre 2010 9:09


Igualmente se debe distinguir en las impresiones lo material y formal de ellas. Los defectos en lo material se deben atribuir al impresor; los de lo formal al autor; verdad es que éste debe también velar sobre lo material, porque a nadie incumbe más que a su dueño el que la obra salga con la mayor perfección; y a no poner un sumo cuidado y vigilancia le aparentarán los impresores (como hace la mayor parte de los artesanos), bondad en lo que no la tiene, precisándole a pasar por defectos que conocen bien los facultativos; pero que ellos, por no confesar sus descuidos, ni detener por poco tiempo la prensa, procuran disimular. Para que un libro salga impreso con alguna hermosura, requiere una atención muy exacta y prolija de parte de todos los que manejan la impresión, y aun así a veces no alcanza: tal es la limitación de talentos aun de los hombres muy avisados.

(Fray Francisco Méndez, 1796)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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Los derechos del lector (digital)

20 septiembre 2010 9:09

En el cada vez más interesante blog Libros en la Nube se recogen unos «derechos del lector» que ha divulgado un fabricante de lectores, no muy famoso:  Kobo.

He aquí su enunciado:

1. Derecho a bajar los libros al dispositivo.
2. Derecho a subir libros en el dispositivo.
3. Derecho a conservar su biblioteca.
4. Derecho a la libertad de movimiento.
5. DRM solo cuando es necesario, pero no innecesarios DRM.

A estos derechos se añaden otros que Julieta Lionetti recoge de Mike Cane:

1. A una cubierta digna.
2. A un índice (con enlaces a los capítulos respectivos).
3. A una maquetación correcta.
4. A subrayar pasajes (y mantenerlos en la privacidad).
5. A marcar tantas páginas como se quiera.
6. A copiar pasajes.
7. A ilustraciones legibles (por medio de zoom o de enlaces).
8. A la corrección tipográfica previa (un ebook con más de 10 erratas debería ser reembolsable).
9. A una pantalla libre de reseñas de promoción.

Y concluye Julieta:

Ningún ereader cumple con todos estos derechos. Muy pocos ebooks cumplen con otros. A medida que los libros digitales vayan ganando mercado, los editores tendrán que tomárselos en serio o aceptar que por un archivo descargable mal configurado y sin cuidado editorial no habrá nadie dispuesto a pagar.

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«Gente dotada a la vez de pasión y distancia»

15 septiembre 2010 9:09


Entre nosotros se publican muchos libros que están zurcidos o amañados, o que contienen errores gramaticales tremendos o faltas de ortografía, y nadie dice nada, ni se lleva las manos a la cabeza, ni hace ejercicios de alta indignación intelectual frente a la invasión chabacana de los ignorantes con éxito que ceden al capricho de publicar novelas.
Hay traducciones al español tan increíblemente malas que parecen hechas por un estudiante de grado elemental al que han encerrado a pan y agua y con un mal diccionario, y en libros de editoriales que parecerían fuera de toda sospecha no es infrecuente encontrar a un personaje “preveyendo” algo o sintiéndose “más mayor” que otro. Nadie está a salvo del error, ni del despiste más disparatado: precisamente por eso, porque quien escribe a veces no sabe alejarse de su trabajo lo bastante como para advertir algunas equivocaciones, un libro debe pasar por las manos de editores y correctores, de gente dotada a la vez de pasión y distancia.
(Antonio Muñoz Molina, 2000)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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El ojo del corrector

20 enero 2010 9:09

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=TSeTLb9MMyQ]

A través de Addenda & Corrigenda llegamos a dos noticias sobre el mundo de la corrrección corrección. En la primera (arriba) asistimos a un análisis de los movimientos de los ojos de dos sujetos diferentes: un lector avanzado, pero no especializado, y un corrector. El estudio se ha hecho a través de un sistema de seguimiento de los movimientos oculares (eye tracking).

La conclusión es clara: es corrector realiza un auténtico escaneado del texto, mientras que el lector general lo recorre más bien a grandes rasgos.

Como complemento (lamentable), véase este artículo del diario francés Liberation sobre la mala situación laboral de los correctores, debido a que se prescinde cada vez más de su intervención en el proceso editorial.

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El Lucanor dudoso

16 diciembre 2009 10:10

El Conde Lucanor en la Bbilioteca Virtual Cervantes

Leo un artículo sobre La ciudad digital de Julio Ortega, con quien suelo estar de acuerdo. Pero dice:

Cualquiera que haya buscado los relatos del Conde Lucanor en la Red, sabe que aparecerán veinte versiones dudosas.

Busco por título en el ISBN (base de datos de libros editados) español. Me salen varios lucanores de editoriales muy conocidas, y luego otros de los siguientes sellos:

Vosgos, Editorial Aguaclara, Círculo de Amigos de la Historia, Editorial Mediterráneo-Agedime, S. A. de Promoción y Ediciones, Cooperación Editorial, Ediciones Nobel, Editorial Órbigo, Editorial Pliegos, Compañía Europea de Comunicación e Información, Nuevas Ediciones de Bolsillo, Linkgua Ediciones, Almadraba Editorial, Ediciones Auriga, Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Empresarios del Comercio del Libro, Club Internacional de Libro División Coleccionables, Edimat Libros, Ediciones Tárraco, Hijos de José Bosch, Edicomunicación, Ediciones Distribuciones Fraile, International Book Creation, M.E. Editores, Nueva Generación Editores, Libros Raros y Antiguos, Perea Ediciones, Editorial Casals y Editora Distribuidora Maves.

Me pregunto: ¿cuántas ediciones dudosas habrá entre ellas?

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Walt Whitman por Walt Whitman y Cadenas

09 diciembre 2009 9:09

Un nuevo aliento de poesía, vitalista y sensual, individualista y exultante, nació con la obra de Walt Whitman (1819-1892). Hojas de hierba, la obra en la que trabajó toda su vida, fue presentada al mundo hispano por el poeta José Martí, y Borges tradujo sus poemas.

En 1873, Whitman se retiró a Candem, Nueva Jersey, con un ataque que le redujo a la invalidez. Para el poeta, activo y andariego, eso fue un gran revés: «qué felicidad reside en los pies y las rodillas, cuánto depende de nuestros poderes de locomoción», diría. Sin embargo, su estado de postración le permitió tener largas conversaciones sobre su vida y su obra, que fueron posteriormente publicadas y que ahora Pre-Textos edita, en selección y traducción del poeta venezolano Rafael Cadenas: Habla Walt Whitman (Valencia, 2008). [Gracias a Luis Muñoz por prestarme tu ejemplar: te lo devuelvo en cuanto nos veamos].

El poeta comenta el título original de su obra (Leaves of Grass), y sus reflexiones se pueden traducir perfectamente al castellano: «‘Hojas de hierba, decían, no hay hojas de hierba; hay briznas (spears) de hierba, esa es su palabra, Walt Whitman: briznas, briznas’. Pero Briznas de hierba no habría sido lo mismo para mí. Etimológicamente hojas es correcto, —los hombres de ciencia la usan así—. Me atuve tenazmente a hojas, hojas, hojas, hasta que el título pudo cuidarse solo».

En un escritor que había dicho «odio las comas mal puestas» no sorprende encontrar estas reflexiones sobre el proceso de edición:

¡Y qué tribu es la tribu de los correctores de pruebas! Creo que algunos hombres, algunos escritores, le deben gran parte de su reputación a la excelencia de sus correctores de pruebas, a su vigilancia, a su consejo. ¿Quién puede hacerles justicia a los listos, agudos intelectos de los hombres de este linaje, su considerada paciencia, el gran a alcance de su visión? Se les concede poco crédito, son desdeñados, no se les da importancia, se les ofrecen argucias. Durante veinte años he tenido más o menos en mente decir mi palabra —decir lo que sé— sobre los correctores de pruebas; es una deuda que he debido pagar hace tiempo.

Y por último, vemos estas reflexiones (Whitman tuvo que costear y editarse él mismo la edición de su libro):

Mi teoría es que el autor podría ser hacedor hasta del cuerpo del libro: parar los tipos, imprimir el libro en una prensa, ponerle una cubierta, todo con sus propias manos, aprendiendo su oficio de la A a ala Z, todo lo referente a él. El artesano literario no debe ser tan inútil con sus manos.

 Bueno: ¿acaso no hacemos todo con nuestras propias manos quienes escribimos en la Web?

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Los libros de Cortázar, más cerca

27 noviembre 2009 9:09

Hace dos años glosé una exposición barcelonesa sobre los libros de Cortázar: «La muestra reúne libros de Cortázar (traducciones y ediciones variadas), otros ajenos que le dedicaron sus autores, pero sobre todo libros que leyó Julio Cortázar, y que anotó sobre la marcha».

Por fortuna, El Centro Virtual Cervantes ha hecho una versión virtual de la exposición comisariada por Jesús Marchamalo, que permite acercarse al contenido de los libros que poseyó el autor argentino. Por ejemplo, las anotaciones (ya conocemos algo sobre quienes escriben en los libros): la imagen superior es de un ejemplar de Poesía y literatura de Cernuda. El comentario de Cortázar es bastante revelador…

Un tipo de anotación de gran interés es la que dirige a los editores y correctores, a veces denominados por su nombre y apellido. La imagen inferior pertenece a Confieso que he vivido, de Neruda (Seix Barral, 1974):

Cuestión aparte son los objetos encontrados en el interior de los libros, como la flor seca en una Anthologie des poètes du xix siècle:

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