Historia de los signos de corrección de pruebas

08 marzo 2011 9:09

En los Cahiers GUTenberg hay un artículo de Jacques André: Petite histoire des signes de corrections typographique. Lo he visto en el nuevo blog De Editione de Silvia Senz.

El pequeño recorrido por fuentes básicamente francesas (desde los signos ad hoc de creadores como Balzac hasta la estandarización) me he hecho añorar la existencia de datos similares para la edición española. Tal vez nuestros lectores lo sepan: ¿existe algún estudio sobre el tema?

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50 años (o así) de oficio editorial

22 febrero 2011 9:09

En el 2009 se festejó el cincuentenario de Anaya, y me pidieron una contribución al volumen colectivo El libro del 50. Así nació el texto “50 años (o así) de oficio editorial”:

Mi edad no me permite, francamente, tener cincuenta años de experiencia editorial, pero ustedes me disculparán la licencia… Allá por 1974, siendo todavía estudiante de la Facultad, hice mi primera traducción, precisamente para el Grupo Anaya. Gustavo Domínguez (que había sido mi profesor), me encomendó la versión española de Las lenguas y su enseñanza, de W.A. Bennett para Cátedra.

Y esa fue mi puerta de entrada en la edición. El primer contacto fructificó en otras traducciones y a partir de ahí —y salvados el inevitable remate de mi carrera y el casi más inevitable servicio militar— en 1977 empecé a trabajar en Editorial Fundamentos.

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ISBN: el cocktail de los datos sobre libros

24 enero 2011 9:09

Nuestros lectores habituales lo recordarán: hace algo más de tres años, Rafael Martínez Alés daba la voz de alarma acerca de la posible fragmentación del registro del ISBN en España. Pues bien, el ISBN, que venía estando regulado por el Ministerio de Cultura, ha pasado ya a manos de la Federacion de Gremios de Editores. Esto impedirá la división de la base de datos, pero por otro lado representa una privatización, como ha explicado muy bien Elvira Huelbes. Durante un periodo de transición que puede durar un año la base de datos consultable de ISBNs seguirá siendo la del Ministerio.

Es bien sabido que el ISBN es un identificador estándar e internacional (las siglas corresponden a International Standard Book Number) que se asigna a cada edición diferente de una obra que está en el circuito de venta, ya sea en una librería o en la web. En la versión en papel, el ISBN figura como un código de barras.

Para conocer algunas de sus repercusiones de la privatización hemos hablado con el Director de la nueva agencia del ISBN, Miguel Jiménez. A diferencia de la gratuidad anterior, ahora dar de alta un ISBN costará dinero, “aunque menos, o incluso mucho menos, que en cualquiera de los países similares al nuestro”. Las tarifas definitivas aún no han sido aprobadas, pero sí que parece que rondarán los 3 euros por ISBN, en una escala que irá abaratando el precio de quienes más ISBNs compren: en grandes cantidades, pueden llegar a salir a 30 céntimos de euro la unidad. Las pequeñas editoriales, por tanto, serán las más gravadas.

Los autores-editores, las personas que utilizan por ejemplo los servicios de una empresa como Lulu para hacerse sus propios libros, deben obtener un ISBN sólo si quieren que su obra esté a la venta por los canales habituales. Las empresas de impresión bajo demanda a veces prestan también el servicio de conseguir un ISBN, cobrándolo. Estos autores-editores serán claramente los más perjudicados en la nueva situación española, porque se les puede llegar a cobrar 10 veces más que los editores profesionales, por el hecho de que “registrar el ISBN de un autor-editor puede ser tan trabajoso, o más, que procesar los que presente un editor normal”.

Hay que recordar que el ISBN hoy no es un trámite obligatorio, salvo que se quiera llevar el libro a las librerías, físicas o virtuales. En teoría, una obra que no va a pasar por el circuito abierto de venta (por ejemplo, un libro a la venta sólo en la web de su editor, ya sea en papel o en edición digital), no requeriría ISBN, señala Jiménez. El trámite tampoco protege la propiedad intelectual. La sección “Qué no es el ISBN” de la web de la agencia aclara todos estos extremos.

Normalmente, las bases de datos de ISBN además de información sobre autor, título, editor, etc., tienen también otras informaciones, como lengua de origen (en el caso de las traducciones), o la materia. Ya expusimos en su día la importancia de la clasificación por materias, así como el hecho de que DILVE, la joven base de datos de libros en venta, auspiciada por los editores, ha elegido el sistema BIC. ¿Qué va a hacer en este aspecto el ISBN? Dejará de lado, dice Miguel Jiménez, la CDU que venía usando, y utilizará también BIC.

El hecho de decantarse por un sistema mejor de clasificación no es una garantía por sí solo: quienes asignan la materia son los editores, y si ellos no lo hacen bien, el libro quedará mal encuadrado. Y la experiencia demuestra que las editoriales, en las que no hay por lo general documentalistas ni personas que puedan cumplir su papel, delegan esta fina tarea en el último becario. Si para una novela perecedera esta cuestión puede no afectar mucho a las ventas, para libros científicos, de ensayo o de enseñanza la mala visibilidad en las bases de datos de materias puede ser todo un handicap. En el caso de los libros electrónicos, de la calidad de los metadatos dependerá su adecuada inserción en el ecosistema informativo.

El mencionado DILVE es una base de datos que impulsaron los editores como complemento al ISBN (que gestionaba el Ministerio): éste recogía todos los libros editados, aunque estuvieran agotados, y el DILVE las obras efectivamente a la venta que añadieran, de forma voluntaria, sólo los editores agremiados (que son la mayoría, pero no todos). Por otra parte esta base de datos de libros en venta contiene no sólo los datos bibliográficos, sino también cubiertas, solapas, capítulos de muestra, y otros elementos orientados a informar mejor al posible comprador. DILVE ha tenido desde su creación un buen desarrollo: a estas alturas gestiona casi 290.000 libros. ¿Habrá entonces dos sistemas prácticamente con los mismos objetivos y contenidos? Opina Miguel Jiménez: “ISBN y DILVE deben ir convergiendo”. DILVE ya tiene una pasarela con el ISBN, .

Pero esto no es todo: los libreros (que parecen hacer rancho aparte , o tal vez son los editores quienes lo hacen respecto a los libreros: nunca se sabe) tienen su CEGAL en Red, que reúne datos de ISBN, de DILVE y de otras fuentes.

¿Acaba aquí la proliferación de almacenes de prácticamente los mismos elementos? No, por cierto: de nueva creación es el ISTC (International Standard Text Code), un identificador de la “obra”, al que luego habría que ligar las “manifestaciones” de la misma, sea una edición en tapa dura o un archivo ePub. De extenderse su uso, habría obras con un código ISTC, localizables fácilmente en una base de datos común, que luego enlazaría con todas y cada una de las versiones en libro o en archivo digital.

Hablando de esto, ¿y los libros digitales? Ya en el 2005 la Agencia Internacional señaló que cada edición electrónica diferente debe tener también su propio ISBN. La Agencia Internacional del ISBN ha emitido un conjunto de directrices y Preguntas Frecuentes “para ayudar a las agencias nacionales de ISBN, editores, intermediarios y otras partes interesadas en la identificación apropiada de medios digitales, incluyendo ‘aplicaciones’ [los programas que permiten leer obras en [teléfonos avanzados, de Apple y otras marcas 16.02.2011]]”. En resumen: sigue habiendo la necesidad de tener un ISBN diferente para cada archivo en un formato distinto, más además, si un mismo formato presenta dos DRMs distintos (llamados extrañamente en la traducción GDD, por “gestión de derechos digitales”), cada uno de ellos debe tener su propio ISBN. ¿Acaba aquí la cosa? Tampoco… Si uno quiere distribuir capítulos o partes separadas de un libro (algo que en la edición científico-técnica es mucho más frecuente que en las novelas…) cada una de ellas debe tener su ISBN propio. Un manual sobre programación, por ejemplo, que constara de diez capítulos y que se quisiera explotar en dos formatos, en dos mercados diferentes bajo restricciones de uso (DRM) distintas, y con venta de capítulos independiente podría llegar a acumular 44 ISBNs, si he contado bien.

Pero (dirán algunos) ¿no existía el DOI, Digital Object Identifier precisamente para eso? Bueno: el identificador DOI (que lleva dando vueltas por ahí al menos desde hace catorce años; ) resulta que se puede integrar también en la cadena de caracteres del ISBN.

Editores, libreros, gestores ministeriales que dejan de serlo, estándares internacionales, supraestándares internacionales, estándares para obras digitales, fabricantes de formatos para e-book, fabricantes de medidas anticopia… Agítese y sírvase con una aceituna. ¿Será el ISBN el vaso que contenga todo?

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Enfermedades de transmisión textual

21 enero 2011 9:09


“Ejecución a garrote, 1901″, Underwood & Underwood
(Library of Congress) [Public domain], via Wikimedia Commons

La transmisión de textos tiene en la Web un terreno abonado, y es curioso que aquí se repitan muchos de los problemas que se planteaban en la transmisión manuscrita. Sin ir más lejos la lectio facilior:  la persona que copia o transcribe un texto no entiende una expresión, y la interpreta como otra que le resulta más familiar. En el blog de al lado hemos explorado algunos ejemplos de este fenómeno en la literatura y en la vida diaria.

Pero donde he encontrado muchos de estos casos es en un género muy vivo en la Red: los sitios de letras de canciones. La verdad es que son algo muy útil: si sólo recordamos de una determinada canción unas pocas palabras, basta guglearlas para acceder a una página donde consta su título, texto íntegro, cantante o compositor, etc.

Hay numerosos sitios que se dedican a este menester de recopilar letras. Las sacan de cualquier fuente y, entre otros procedimientos, a veces tienen que transcribir a partir de la grabación. No hay que pedir mucho en acentos ni puntuación, ni a veces en ortografía; pero en ocasiones hay problemas peores. Así, podemos leer en el sitio Quedeletras los siguientes, y asombrosos, versos de Joaquín Sabina Javier Krahe en “La hoguera” (en el video del enlace la canción empieza en el minuto 3):

Y sé que iba de maravilla
nuestro castizo Garrote Bill
para ajustarle la bolilla
al pescuezo más incivil.

¡Nefasta influencia de la cultura anglosajona! El garrote es uno de los inventos españoles más característicos (hasta el extremo de que su nombre ha pasado en préstamo a otras lenguas, como siesta y fiesta) . ¡Y aquí se interpreta con una especie de nombre de un personaje de película americana de serie B! En cuanto a lo de tomar la bolilla por la golilla…, bueno, a qualquiera puede pasarle. Por suerte, muchos de estos sitios permiten comentarios de los lectores, que pueden corregir los errores… si les hacen caso. Dos usuarios dieron la voz de alarma, respectivamente hace un año y casi dos, aunque su sensato aviso no ha tenido efecto, por el momento, sobre la corrección de la letra:

Nick: juanurali  Fecha: 21-02-2010
13376) Coincido con guillermito sobre lo del Garrote Vil y he mandado la modificación. Además, creo que no es -ajustarle la “bolilla”- sino la “golilla”. Creo que es una forma de llamar al cuello.

Nick: guillermito  Fecha: 05-04-2009
10293) No es: “castizo Garrote Bill”. es: castizo “Garrote Vil” El Garrote Vil era un método de tortura y ejecución en la antigua España. http://es.wikipedia.org/wiki/Garrote_vil

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“Más ensucia que limpia la casa”

22 diciembre 2010 9:09

La criada y la escoba

Cierta criada la casa barría
con una escoba muy puerca y muy vieja.
«Reniego yo de esta escoba —decía—;
pues con la basura y pedazos que deja
allí donde pasa,
más ensucia que limpia la casa».

Los remendones, que escritos ajenos
corregir piensan acaso de errores,
suelen dejarlos diez veces más llenos…
Mas no hay miedo que de estos señores
dijere yo nada:
que se lo repita por mí la criada.

(Tomás de Iriarte, 1782)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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Los problemas del ePub

29 noviembre 2010 9:09

La mayoría de las obras para e-books hoy en día van a parar al formato ePub, que es redimensionable en cuanto al tamaño o cuerpo de la letra y cuyas líneas pueden “fluir” en los distintos tamaños de pantalla. El DRM o protección anticopia es independiente del formato, y los distintos distribuidores de e-books en ePub lo pueden añadir a sus archivos.

El ePub es un estándar mantenido por el International Digital Publishing Forum (IDPF), que es una asociación de la que forman parte numerosas empresas e instituciones, desde gigantes como Google o Microsoft hasta otras más pequeñas. Los miembros son sobre todo de países anglosajones, aunque hay alguno francés, y uno solo español, Santillana en Red.

El formato plantea algunos problemas en general, y otros concretos para el español (agradezco a Nuria Villagrasa Valdivieso que me hablar por primera vez de este asunto). Desde el punto de vista de la ortotipografia de nuestra lengua, las rayas o guiones largos que se usan a modo de paréntesis o en los diálogos (y que deben permanecer pegados a la palabra a la que preceden o a la que siguen), se separan cuando se encuentran al final de línea. Véase la ilustración de arriba.

La poesía o el teatro plantean también numerosos problemas en un formato planteado para texto seguido que fluye: sangrados, estrofas, versos repartidos entre dos personajes…

La acción respecto a este formato, auténtico estándar de la publicación digital, debe ser doble: intervenir en la modificación del formato para que respete las peculiaridades tipográficas de nuestra lengua, y trabajar para adaptar los géneros más complejos tipográficamente a sus limitaciones. ¿Saben nuestros lectores de alguna editorial o institución que esté trabajando en ello?

El problema es que muchos libros impresos ya están pasando a formatos electrónicos (y conocemos las dificultades que eso conlleva), mientras que otros están editándose en paralelo para papel y para e-book. Mi segunda pregunta para nuestros activos lectores: ¿se está impartiendo en algún lado la formación que permitiría a los antiguos correctores/redactores supervisar la calidad de un libro electrónico?

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“Ha de tener el oído atento a lo que lee”

20 octubre 2010 9:09


El corrector (de que hubo antiguamente y hay muchos graduados en las universidades en diferentes ciencias) ha de saber Gramática, Ortografía, Etimologías, Apuntuación, colocación de acentos, tener noticia de las Ciencias y buenas letras, haziéndose capaz de asumpto del libro que se imprime, conocimiento de Autores, de caracteres griegos y hebreos, cifras médicas, astrológicas, abreviaturas escolásticas, reglas de música para libros de canto [...], elocución y arte para emendar barbarismos, solecismos y otros defectos que se cometen en latín y romance, saber el comportamiento de las planas, para que salgan en orden, y numerosos, y cuenta para los folios. Demás desto ha de tener el oído atento a lo que lee, la vista a lo que se mira: el entendimiento a la contextura de lo que se corrige para emendar faltas, y tanta atención que cualquiera defecto corre por su cuenta

(Gonzalo de Ayala, siglo XVII)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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“El texto no lo reconoce ni su padre”

13 octubre 2010 10:10


Los escritores, por lo común, corregimos las pruebas de nuestras primeras ediciones y a veces, ni eso. Las que siguen las dejamos al cuidado de los editores quienes, quizá por aquello de su conocida afición al noble y entretenido juego del pasabola, delegan en el impresor, el que se apoya en el corrector de pruebas que, como anda de cabeza, llama en su auxilio a ese primo pobre que todos tenemos quien, como es más bien haragán, manda a un vecino. El resultado es que, al final, el texto no lo reconoce ni su padre: en este caso, un servidor de ustedes. Los libros, con frecuencia, mejoran con esta gratuita y tácita colaboración, pero los autores rara vez nos avenimos a reconocerlo y solemos preferir, quizás habituados por la soberbia, aquello que con mejor o peor fortuna habíamos escrito.

(Camilo José Cela, 1989)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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“Aborrezco la mecanografía”

30 septiembre 2010 9:09


Unas palabras ─más de cuatro─, mi estimado y paciente colaborador, sobre su función respecto a mis artículos. En los que, ya impresos, suelen aparecer erratas que si son leves, como una de hoy en que aparece resuelve donde escribí revuelve, otras obedecen, me figuro, a no tener a la vista, al corregir las capillas, mis originales y observar ciertas peculiaridades, algunas heterográficas, de este mi dialecto personal que el otro día me dijo Menéndez Pidal que es un supercastellano. Así, un día cuando yo escribí engeño, añadiendo que es voz desaparecida, me pusieron ingenio, que es la actual; otra vez pusieron desesperado donde yo decía desperado; en mi artículo sobre el mozo de la pedrada [se refiere a un individuo o mozalbete que, para exteriorizar su protesta por las interminables discusiones en el Congreso, lanzó al hemiciclo una piedra, con el estrépito consiguiente], se me corrigió el malencónico ─que es la forma corriente en el campo salmantino─ por el oficial melancólico. Y etc.

Le ruego, pues, que tenga a la vista mis originales, ya que es naturalísimo e inevitable que el tipógrafo se deje llevar de lo corriente y lea lo que está habituado a leer. Y no pretendo que se me respeten ciertas peculiaridades heterográficas como escojer, cojer, recojer, lijero, etc. (como acentúo telegrama, y así lo pronuncio).

Y a este caso, le contaré lo que una vez me ocurrió al enviarme segundas pruebas de un libro. En el que yo suprimía ¡claro está! todas esas letras absurdas como las p, b, y s de septiembre, obscuro, inconsciencia, suscriptor, etc. Había tachado una pe de septiembre, y en segundas pruebas me la vuelven a colar con un marginal “¡ojo!”. Volví a tacharla, y el “¡ojo!”, y en vez de éste, puse: “¡oído!”.

Y basta de tiquismiquis gramaticaleros. Procuro escribir con estas patitas de mosca lo más claro posible ─aborrezco la mecanografía tanto como la telefonía─ y espero que me tolerarán mis dialectalismos individuales y hasta mis peculiaridades heterográficas.

Le saluda,

Miguel de Unamuno

(1932)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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“Una atención muy exacta y prolija”

22 septiembre 2010 9:09


Igualmente se debe distinguir en las impresiones lo material y formal de ellas. Los defectos en lo material se deben atribuir al impresor; los de lo formal al autor; verdad es que éste debe también velar sobre lo material, porque a nadie incumbe más que a su dueño el que la obra salga con la mayor perfección; y a no poner un sumo cuidado y vigilancia le aparentarán los impresores (como hace la mayor parte de los artesanos), bondad en lo que no la tiene, precisándole a pasar por defectos que conocen bien los facultativos; pero que ellos, por no confesar sus descuidos, ni detener por poco tiempo la prensa, procuran disimular. Para que un libro salga impreso con alguna hermosura, requiere una atención muy exacta y prolija de parte de todos los que manejan la impresión, y aun así a veces no alcanza: tal es la limitación de talentos aun de los hombres muy avisados.

(Fray Francisco Méndez, 1796)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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