Clío digital, ciclo en Madrid

21 octubre 2013 10:10

Clío digital. Métodos contemporáneos para la Historia.

28-30 de octubre del 2013

coordinado por José Antonio Millán

[del folleto del ciclo:]

Uno de los terrenos en los que las técnicas y metodologías surgidas con la informática han irrumpido con más fuerza es en las Humanidades, hasta el extremo de que ya es común hablar de humanidades digitales. Y dentro de ellas, la Historia tiene un papel especial, por la variedad y riqueza de nuevos planteamientos que está poniendo en práctica.

La tecnología digital afecta al acceso a las fuentes, la configuración de los objetos de estudio y la forma de trabajar con ellos. Más que una revolución global, la historia digital es en estos momentos una suma de pequeñas revoluciones que se extienden a multitud de campos.

El presente ciclo se adentra en algunos de los aspectos más relevantes de este panorama, en una propuesta que, con la participación de algunos de los especialistas más destacados en cada ámbito, abarca un extenso abanico temporal (desde la  prehistoria hasta la actualidad) y recorre una interesante variedad de tecnologías y  prácticas de investigación y difusión.

Desde ese propósito general, sus sesiones –que transcurrirán en diálogo con el especialista en cultura digital, y coordinador del ciclo, José Antonio Millán– se adentran, entre otras cuestiones, en: los blogs como medio de indagación y divulgación de un panorama cambiante dentro de la historia; las posibilidades del relato hipertextual para mejorar la transmisión y la difusión del conocimiento histórico; el uso de la imagen digital como herramienta, macro y micro, de investigación; la inédita disponibilidad de fuentes que ha supuesto la explosión de la puesta en línea de archivos y bibliotecas; o la forma en que tecnologías surgidas en otros ámbitos, como los sistemas de información geográfica o de simulación, demuestran su adecuación para el tratamiento y visualización de datos históricos o para crear nuevas y sugerentes perspectivas del pasado.

Con Clío digital la FUNDACIÓN MAPFRE quiere al mismo tiempo compartir el próximo lanzamiento de una nueva web (que será oportunamente comunicado) dedicada a sus proyectos y actividades en el ámbito de la historia de España y América Latina, una de sus líneas constantes de actuación a lo largo de las últimas décadas.

Lunes 28 de octubre
CONSTRUCCIÓN Y DIFUSIÓN DE LA HISTORIA

18:30 Presentación.
Carlos Malamud (UNED), José Antonio Millán (jamillan.com)

Historia y nuevas tecnologías.
Anaclet Pons (Universitat de València).

19:30 La presentación del discurso histórico.
Antonio Rodríguez de las Heras (Universidad Carlos III).

Martes 29 de octubre
LA IMAGEN DEL PASADO

18:30 El uso de las imágenes digitales y el estudio del arte rupestre.
Juan Vicent (Consejo Superior de Investigaciones Científicas).

19:30 Archivos y bibliotecas digitales en la investigación histórica.
Francisca Hernández (Fundación Ignacio Hernando de Larramendi).

Miércoles 30 de octubre
ESPACIO Y SIMULACIÓN

18:30 El Atlántico español (1492-1778): visualización con sistemas de información geográfica (SIGs).
Ana Crespo (Consejo Superior de Investigaciones Científicas).

19:30 La simulación de movimientos sociales y culturales: el Barroco.
Juan Luis Suárez (University of Western Ontario).

Fundación MAPFRE
Auditorio Recoletos
Paseo de Recoletos, 23. 28004 Madrid
Telf.: 91 581 61 00

Entrada libre. Aforo limitado.

Todas las sesiones serán grabadas.
Retransmisión en directo en http://www.fundacionmapfre.org
(PC, iPad /iPhone)

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Un Quijote en ePub3

16 octubre 2012 9:09

La editorial electrónica Bolchiro saca a la venta una nueva edición del Quijote, a cargo de Florencio Sevilla y con grabados de Doré, en ePub3, ePub 2 y Kindle (9,49 € en iTunes).

Yo he manejado la primera de ellas en iBooks en un iPad. De entrada, la edición intenta acercarse a la famliaridad del libro impreso, incluyendo el uso de capitulares en color. El libro presenta las habituales posibilidades de cambio de cuerpo de letra y lectura a página doble o simple:

Las posibilidades del formato ePub 3 se manifiestan en la aparición de las notas como pop-ups. Hay que señalar que esta edición tiene, según datos del editor, 3.444 notas, cuyas llamadas están señaladas en el texto en un discreto color violeta, aunque se ha desperdiciado la posibilidad de que la palabra marcada indique el ámbito de la nota, y hay demasiadas repeticiones. Me explico: el texto dice “y por añadidura tres precisos de gurapas“. Si lo que se hubiese marcado fuera toda la frase que se aclara en nota (“y por añadidura tres precisos de gurapas“), no habría hecho falta la doble repetición gurapas en la cabecera de la ventana y luego “tres… gurapas“, por cierto con la elisión marcada por los tres puntos que es más propia de los libros impresos que de este medio.

Los versos siguen siendo un problema: el libro electrónico los presenta centrados, tanto cada línea como las sílabas sobrantes de la caja. El resultado es muy ajeno a la tradición de la imprenta española. Me pregunto si el ePub 3 no permite realmente poner los poemas sangrados y justificados a la izquierda (el problema de las vueltas de los versos demasiado largos me temo que es más complejo, en un formato que permite cambiar libremente el cuerpo del texto). No soy experto en estas cuestiones, pero me consta que alguno de mis lectores lo es, y agradecería una aclaración.

¿Está justificada esta edición (que se presenta como especialmente fiel a los impresos originales)? Los grabados de Doré están en el dominio público (aunque su presentación en el iPad sea excelente), las notas son oportunas y toda la edición tiene la facilidad de manejo y lectura que se da en iBooks. Además, han tenido el acierto de crear una cubierta que destaca entre la medianía de las que tienen las ediciones electrónicas. Sin embargo, hay un rasgo disonante en una obra como esta, que se puede suponer que habrá de ser tan utilizada por estudiantes y estudiosos como por lectores: es imposible copiar ni un fragmento de texto ni de una nota. Esto, en el contexto de las dificultades para anotar un libro en iBooks, imposibilita una de las  funciones naturales de una edición de este tipo.

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El enlace duradero entre el ereader y el diccionario

18 septiembre 2012 9:09

El ereader, ¡ese ciego amasijo de circuitos dotado de pantalla que permite descargarse y leer masas de texto!

¿Sólo eso?

Ya no: los ereaders (es decir: los dispositivos dedicados para la lectura, normalmente de tinta electrónica), van disponiendo de más y más recursos… Por ejemplo: ya saben lo que significan las alineaciones de letras que presentan en la pantalla, o al menos pueden ofrecer definiciones de las palabras que no conocemos, o traducirlas a otra lengua. También pueden darnos información enciclopédica: sobre acontecimientos, lugares o personas.

Sí, los ereaders están incorporando diccionarios completos: las dos mil y pico páginas del New Oxford American Dictionary están en el Kindle. Y el Tagus (en la imagen de arriba) contiene el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia. Naturalmente, detrás de esa fácil disponibilidad de una obra de consulta justo donde se la necesita hay complejas operaciones empresariales. Por ejemplo: Tagus es el ereader de una librería (la Casa del Libro) que es propiedad de una editorial, Espasa, que durante décadas ha comercializado el diccionario que ahora ofrece en el aparato.

Pues bien: la programación de interfaces que unan el texto de la pantalla con el diccionario no es una cuestión baladí, y menos aún si se quieren dar servicios lingüísticos avanzados. En un reciente artículo, El diccionario oculto, exploré algunos de los retos que hay planteados es este terreno.

En cualquier caso, en este matrimonio de conveniencia entre un presentador de letras en pantalla y una obra de consulta hay un tercero insustituible: la empresa de software que puede hacer el milagro de acercar la respuesta del diccionario a la demanda del lector.

Una de las que más está trabajando en este terreno con el español es Dixio, marca de la empresa Semantix (creada por el mismo fundador de Panda). Sus programas y datos  se pueden ver en el mencionado Tagus, y en otros ereaders: Movistar ebook bq incorpora diccionarios inglés, español y catalán en todas las combinaciones. O el libro electronico Fnac, que contiene el diccionario CLAVE del grupo SM y un diccionario inglés-español y español-inglés de Semantix.

Entre los objetivos de Dixio (que también funciona para Windows) está afinar los servicios lingüísticos al consultante:

La operación de llamar a una consulta de diccionario no siempre es sencilla en los lectores que no están dotados de pantalla táctil. Véase un ejemplo con el Kindle 4 (para nuestros efectos, es suficiente con ver de 0:30 a 1:30):

En los ereaders táctiles, o en sus emulaciones en tablet (por ejemplo, en el Kindle para iPad), la operación es considerablemente más fácil: basta una pulsación y surge la definición directamente, sin necesidad de usar el menú contextual:

El Kindle utiliza también el Diccionario de la Real Academia y, como se ve, con conocimiento de la morfología de la lengua: la consulta de defienda ha llevado al infinitivo defender.

El lector digital, la pensona que lee en pantalla, es hoy en día un lector multilingüe. Incluso en su propia lengua está expuesto a obras escritas en áreas geográficas que presentan variantes respecto a su norma, y también a una infinidad de obras del pasado. Las herramientas lingüísticas son puentes tendidos entre los textos y su lectores.

Entre los retos de la interfaz y los del mejor servicio al consultante se mueve esta nueva alianza del hardware de lectura y el software lingüístico.

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5 vías de acceso al contenido de New Yorker

02 julio 2012 10:10

Vimos hace poco, en el estudio del caso Vis-à-Vis, cómo las tabletas eran el medio natural para las revistas.

Sin embargo, estas publicaciones tienen un contenido muy heterogéneo. ¿Cómo guiar al lector por él? ¿Cómo hacerle participar de la multiplicidad de obras que contiene un número dado? Hoy veremos el caso del New Yorker en su aplicación en iPad. Nos servirá además para tratar algunas cuestiones sobre la relación entre la edición en papel y en tableta.

No voy a presentar a estas alturas al New Yorker… Es probablemente la mejor revista del mundo, y la única suscripción que he mantenido durante años. De hecho, un día me encontré con la sorpresa de que la edición íntergra en la Web y en iPad era gratuita para los suscriptores del papel (uno se encuentra con políticas diferentes en esto: los suscriptores al New York Times en la web no tienen acceso a la edición en iPad).

New Yorker fue durante toda su existencia una revista con una cubierta gráfica, que no informaba sobre el contenido interior. Cuando la compró Condé Nast, los ejemplares en kiosko (no así los enviados por correo) empezaron a mostrar una faja lateral con el índice. La versión iPad reproduce el mismo juego, y la faja aparece o desaparece a voluntad (arriba).

El índice detallado aparece en la misma posición inicial que en el papel, aunque ahora informa sobre los contenidos multimedia de cada artículo (arriba). Hay que señalar, de todas formas,  que antes de llegar a él se pasa un número variable de anuncios a toda página que no están presentes en la versión papel (a cambio, los pequeños anuncios a columna que salpican esta versión no aparecen en la app).

De todas formas, y accesible desde el menú hay un nuevo índice deslizable que presenta otro tipo de acceso a los contenidos. Hay que señalar que estos siguen muy fielmente la puesta en página del papel, excepto en el hecho de que a veces tienen adiciones multimedia. Por ejemplo, en este poema un icono indica que se puede oír leerlo al autor (curiosamente, la versión que lee difiere en bastantes puntos de la publicada):

Sigamos con las formas de exploración del índice: un cursor situado en el menú permite ver en su desplazamiento, bajo la forma de un cuadro inserto sobre el artículo abierto, los artículos que se encuentran antes o después de él:

Por último, un icono en el menú permite acceder a un plano (o mejor dicho, a la imagen íntegra de las páginas a menor tamaño) de la totalidad del número. La imagen se puede desplazar usando también un cursor, y he aquí dos momentos del recorrido:

Hay que recordar que New Yorker tiene una diagramación clásica, reconocible por sus lectores desde hace décadas. Los lectores habituales puede, así, detectar fácilmente la pieza de su interés a partir de este recorrido “a vista de pájaro”, que sustituye eficazmente a un hojeo de la revista en papel.

En resumen, y si no se nos ha pasado por alto alguna, he aquí cinco formas distintas de no perderse en el interior de la versión en tableta de un número dado de la revista.

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Fonética de la Academia: un libro y un DVD mejorables

12 marzo 2012 11:11

Ya ha aparecido la tercera y última parte de la Nueva gramática de la lengua española de la Real Academia, Fonética y fonología (libro más DVD). La obra, aunque con muchos aspectos estimables, adolece de una serie de defectos que tienen que ver: a) con ciertas peculiaridades de las publicaciones de la institución, b) con mal diseño de la obra multimedia y c) con el desaprovechamiento conjunto de ambas modalidades de edición.

En Para la voz presento un detallado análisis de aspectos editoriales del libro y el DVD.

En Ante la gramática trato los dos primeros volúmenes (Morfología y sintaxis)

[Debido a su temática, este post ha sido también publicado en mi blog lingüístico; pido excusas por la repetición]

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Libros digitales, ¿parásitos del papel?

03 octubre 2011 9:09

La comercialización digital de los cómics es un hecho: ya hemos tratado el caso de Marvel y compañía. Me encuentro en un post de Avión de papel (que por cierto, no tiene ni un sólo enlace) un comentario sobre la situación en España. Su titular reza:

La industria del tebeo abarata hasta un 50% el precio de las descargas digitales, paga al autor un 25% de los ingresos y apuesta por la lectura en todos los formatos disponibles: ordenador, tabletas y móviles.

La entrada se refiere a la plataforma de distribución de cómics Koomic, que ha comenzado con 70 obras, y aumenta a razón de cuatro por semana, de prácticamente todos los editores españoles salvo Norma y Planeta. Uno de sus obras más famosas es Mortadelo y Filemón. Las obras distribuidas por Koomic se pueden leer sin descargar, en un navegador (con una realización viñeta por viñeta un tanto tosca), descargándoselos en el ordenador con DRM de Adobe, o en un iPhone o iPad.

Desde el punto de vista de la comercialización, y aparte de la compra por Web o app, han introducido unas tarjetas de prepago, de venta en librerías (ya conocemos otros casos en que una obra digital se adquiere mediante un cupón físico).

Pues bien: el mencionado post incide en la cuestión del precio:

Los precios finales también quieren ser un incentivo para los lectores. En Koomic dichos importes varían según editorial y tebeo, pero un cómic digital suele ser entre un 30 y un 50% más barato que su formato primigenio. Por ejemplo, el debut digital de Mortadelo y Filemón, ¡A reciclar se ha dicho!, cuesta 5,99 euros frente a los 12 euros en papel.

Y las siguientes, e interesantes, observaciones:

Desde Koomic aseguran que, dentro de los procesos de digitalización, la posterior actualización de los sistemas operativos para tabletas y móviles implica un coste importante.

Bueno: parece que cada vez se puede hablar más claro sobre los costes (y problemas) que tiene la proliferación de plataformas. Pero aún hay más:

De ahí que, en un futuro, puede que “los cómics nativos” no cuenten con precios de venta tan asequibles, como los que hoy resucitan en digital después de nacer impresos.

¡Exactamente! ¿No están muchas obras digitales parasitando inversiones que ya se amortizaron en papel? La respuesta es claramente que sí para obras ilustradas, pero también para gran parte de la ficción, si pensamos en los costes de traducción/composición. Quizás una obra nacida en papel pueda alcanzar un precio muy bajo al revenderla por línea, pero ¿y las obras nativas digitales?

A ver si la revolución del libro digital va a ser cierta sólo si tiene sus bases en el papel…

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Planeta y RAE: la perversión de la protección del copyright

26 septiembre 2011 11:11

La noticia me ha ido viniendo desde hace pocos días, por muy distintos medios: la asesoría jurídica del Grupo Planeta envió un email al administrador del veterano sitio uruguayo elcastellano.org para advertirle de que estaba transgrediendo la ley al reproducir y enlazar a contenidos del sitio de la Real Academia Española (Planeta es propietario de Espasa, editor de muchas obras de la Academia). Se puede consultar el texto completo del email enviado, del que entresaco este párrafo :

Por todo ello, informarle que la copia, reproducción, plagio, distribución y/o comunicación pública realizada sin su consentimiento no solo contraviene las disposiciones del Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual Aprobado por Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, concretamente en su Artículo 17º, sino que también es susceptible de constituir un ilícito penal de acuerdo con lo establecido en el artículo 270 del Código Penal incluido en la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, así como una práctica expresamente prohibida por nuestra legislación en materia de Competencia Desleal, según dispone nuestra Ley 3/1991, de 10 de enero, sin olvidar la especial protección que nuestra legislación en materia de propiedad industrial ofrece a una marca renombrada como RAE según lo dispuesto en el Artículo 34 y siguientes de la Ley 17/2001 de Marcas.

¿Qué había hecho de reprobable El Castellano? Lamentablemente su editor Ricardo Soca ha quitado de su web los elementos cuya legalidad se ponía en duda, y no podemos ver cuáles eran. En sus propias palabras: los “avances de la vigésima tercera edición del diccionario académico”, probablemente con enlaces a las entradas correspondientes. En concreto, el email cita la siguiente frase del aviso legal de la página de la RAE:

queda prohibida la introducción de enlaces que faciliten el acceso directo a cualquiera de los contenidos de los sitios web de la RAE, salvo en el caso de que se utilicen los procedimientos que la entidad implemente para ello, bien sea por medio de botones integrables en el navegador o de otro tipo de recursos de software

La cuestión de los enlaces profundos (los que llevan a un contenido de un sitio sin pasar por su portada) son un tema antiguo: véase una nota del 11 de abril del 2003 en el abuelo de este blog. Hacía años que no me encontraba con esta prohibición, cuando lo que hacen los sitios web más renombrados es lo contrario: fomentar el enlace interior, y cuanto más preciso, mejor…

Hay otros sitios web que, como El Castellano, enlazan a elementos de la web de la RAE, y lo hacen precisamente para prestar a los consultantes servicios que la página de la Academia no da. Es el caso de Dirae (del que ya hablamos), y del Diccionario Panhispánico de Dudas mejorado [. Otros no enlazan, pero usan el nombre, com el Diccionario del español moderno, para proponer nuevos términos y definiciones]. ¿Deben desaparecer todos? No parece muy acorde con la retórica del email que recibió Soca:

la filosofía de la RAE implica una dedicación y esfuerzo absolutos así como un profundo respeto hacia nuestros usuarios, por lo que en aras de una satisfactoria prestación de los servicios y una decidida voluntad de procurar la continuidad de su buen nombre en el sector cumpliendo con su espíritu de servicio

Por último, el email requiere al destinatario del siguiente modo:

ABSTÉNGASE de utilizar cualesquiera marcas, nombres comerciales y/o nombres de dominio que, directa o indirectamente, se asemejen o evoquen a las marcas titularidad de RAE y que, en cualquier caso, incluyan directa o indirectamente el término RAE

Mmmm… El cumplimiento de esta inclusión directa haría ilegales todos estos dominios:

abstraer (como los demás infinitivos citados, con parte de su conjugación y formas con clíticos, como abstraeréme),  arráez (como los demás nombres citados, con su forma plural), atraer, contraejemplo, contraespionaje (y muchos otros contra-), detraer, distraer, extraer, extraeuropeo (como todos los adjetivos citados, con sus variantes de género y número), extraespiritual (y muchos otros extra-), graeci (y otros latinajos), Guimaraes, infraestatal, infraestructura (y muchos otros infra-), Israel, israelita (¡conflicto diplomático al canto!), Litterae (lo siento, chicos), maltraer, naturae (más latines), raer, retraer, retrotraer, substraer, supraexpresivo (y otros supra-), tetraedro, ultraerudito, ultraestelar (y otros ultra-)

Y respecto a la inclusión indirecta, no sé; la cuestión me supera…

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“Los sacerdotes del saber”

21 septiembre 2011 9:09

La malignidad, el desprecio, la altivez y el malestar es, en todo tiempo y bajo toda ocasión, la marca más conspicua de la clase claustral de los sacerdotes del saber; mandarines siempre en creciente pérdida de humor, grises y afanados, sordos a la belleza, ciegos a la melodía de la vida. Su sadismo académico les lleva a utilizar el arsénico en las notas a pie de página.

(Fernando R. de la Flor, 1997)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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Acortadores de URL (y algo más)

04 julio 2011 9:09

El espacio que ocupa el texto se ha convertido de nuevo en un bien escaso. Pasó con los telegramas, luego con  los SMS y ahora con Twitter. El límite de 140 caracteres se acerca peligrosamente a su fin cuando se inserta una dirección web o URL: sin ir más lejos, cualquiera de este mismo blog, como: “http://jamillan.com/librosybitios/2011/06/la-prueba-pisa-de-lectura-digital/”, ¡76 caracteres!.

Los acortadores de URLs lo transforman en algo más breve. TinyURL, uno de los primeros servicios de este tipo que conocí, lo cambiaría a “http://tinyurl.com/6z7jrb9″, de 26 caracteres. Hoy hay muchos:  El País ofrece cort.ascos.as… Y sí: el juego entre el nombre y el dominio es frecuente, como estos dos últimos ejemplos, que hacen uso de un .as, que en realidad se usa para “Samoa Americana y para Emiratos Árabes Unidos (aunque está asignado oficialmente a dichos países, también es usado por algunas asociaciones privadas en Asturias)”.

Un servicio complementario que dan los principales acortadores es detectar si el enlace conduce a un sitio potencialmente peligroso, y en ese caso no se activan. Es decir, funcionan como filtros de seguridad.

Mientras que puede ser difícl para muchos gestores de sitios saber cuántos y quiénes hace clic en un determinado enlace, la ventaja del acortador es que supone un paso intermedio que sí que permite registrar esos datos (de hecho, es un valor que obtienen quienes ofrecen esos servicios gratis). Un usuario registrado puede obtener algunos de esos datos en bit.ly.

Y ése es precisamente uno de los valores del acortador de Google, goo.gl. Si el usuario tiene una cuenta con el buscador, podrá tener información de cuántas veces a lo largo de un determinado periodo se ha hecho clic en esa URL acortada, junto con alguna información sobre el origen de estos usuarios (captura superior). También sabrá si otros usuarios de goo.gl han creado URLs cortas para ese mismo destino.

Por último, se le proporciona un código QR para  esa URL corta. Estos códigos, de los que hemos hablado alguna vez, sirven para ser impresos o presentados de cualquier otra forma en el mundo físico y luego, capturados por  un smart phone (como un iPhone), conducen a una página web. Este es el código QR de mi URL de ejemplo, en versión goo.gl:

Twitter, que al fin y al cabo ha sido el causante de la necesidad, proporciona también su propio acortador, que a veces aplica también sobre una URL ya corta, de modo que al final lo que tenemos es un enlace que pasa de servicio en servicio, dejando huella por supuesto, e incrementando estadísticas de uso, que en el mejor de los casos se compartirán con quien ha enlazado…

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La prueba PISA de lectura digital

29 junio 2011 11:11

Es curioso comparar la nota de prensa del Ministerio de educación (Un 77% del alumnado español de 15 años tiene un rendimiento medio o alto en lectura digital) y la noticia en El País (A los alumnos españoles se les atraganta la lectura digital. “España ocupa el puesto 14 de los 19 países que han participado en la nueva prueba del informe PISA de la OCDE”), porque demuestra las distintas interpretaciones que se pueden dar a unos mismos datos.

Pero no nos ocuparán aquí por el momento las interpretaciones, sino el diseño de la prueba. Esta es la primera vez que PISA analiza la “lectura digital”, y conviene examinar de cerca en qué ha consistido el test. Aquí está el Resumen ejecutivo. Y estas son las pruebas (usuario: public, contraseña: access). Hay que ir a la columna “Spain Spanish” y hacer clic en la lupa para ver la prueba tal y como el alumno la realizó y al documento Word para su evaluación.

El alumno se vio frente a una pantalla con un falso navegador de Internet (imagen superior), y fuera de ella estaban las instrucciones específicas. Estas no siempre eran simples. Por ejemplo:

Mira el comentario de Marga del 10 de marzo. Pincha en “Escribe una respuesta” y contesta a Marga. En ella, responde a su pregunta sobre qué participante, en tu opinión, sabe más sobre este tema. Justifica tu respuesta. [Nota: usa el botón Atrás para consultar la página del foro.]

Pincha en “Envía la respuesta” para añadir tu respuesta al foro.

Salta a la vista una dificultad: interpretar las instrucciones. Operaciones que muchos usuarios hacen sin problema se pueden convertir en difíciles cuando se las desmenuza en una secuencia de órdenes. Cierto que todos los que hicieron el test estaban ante las mismas dificultades, con lo que los datos comparativos probablememente indican una realidad.

Estas son las pruebas:

La primera prueba (“Quiero ayudar”) es una comprensión lectora sobre el texto de un blog, con una pequeña excursión por su menú, salida a una web ajena y uso del correo electrónico.

La segunda (“Olor”) comienza en un buscador simulado, y plantea la evaluación de los recursos a los que se accede desde él.

La tercera (“El café de los filósofos”) presenta una interfaz gráfica anticuada (pero aún presente en productos didácticos), cuya posibilidad de navegación repite el menú lateral. Un ejercicio comprende el uso de menús desplegables.

La cuarta (“Helado”) se realiza toda sobre un buscador, la pertinencia de cuyas respuestas hay que evaluar sin entrar en las páginas concretas.

La quinta (“Phishing”) es una simple comprensión lectora pero sobre un tema propio de la red: parece creada para comprobar si la información que en la propia Web alerta sobre malas prácticas en ella es adecuadamente entendida.

La sexta (“Búsqueda de trabajo”) parte de un buscador, y reparte la información pertinente a través de varias pestañas; hace uso también de menús desplegables.

La séptima (“Hablemos”) se desarrolla en un foro, y el usuario tiene que lidiar con los hilos y la cronología de los mensajes (imagen superior), y por fin escribir un mensaje.

Las pruebas están razonablemente bien diseñadas. Pero reflejan no sólo habilidades de lectura/interacción/producción digital, sino también las preocupaciones actuales sobre evaluación de los recursos en línea, problemas de privacidad y engaño, etc.

¿Qué sería “lectura digital”? La suma de un complejo conjunto de habilidades de extracción de información, pero también de producción (estamos en lo del 2.0, ¿no?). Observen el conjunto de etiquetas que están al pie de este post: todos estos temas están (o deberían estar) presentes en la lectura/escritura digital.

He echado en falta pruebas que pongan en juego la habilidad de interpretación de páginas multilingües (pues la información en inglés acecha casi en cualquier rincón, a pesar de los esfuerzos de Google por confinarnos a una lengua). La cumplimentación de formularios complejos (como los que deben rellenar los jóvenes para hacerse miembros de cualquier red social) no está evaluada. Tampoco la capacidad de trabajar con distintas ventanas abiertas simultáneamente (más allá de la presencia anecdótica en las pruebas de pestañas del navegador): los usuarios trabajan así… Las operaciones de construir documentos a partir del copia-y-pega son básicas en cualquier contexto, y están también ausentes de esas pruebas. Las dinámicas de saltar de página en página en pos de una información, para eventualmente volver al punto de partida, están sólo esbozadas. Y el importante mundo de las licencias de reutilización brilla también por su ausencia…

Por último: las habilidades digitales ya no están confinadas a un ordenador con navegador: los teléfonos móviles son el soporte de mucha lectura y escritura (en SMS), y los avanzados (tipo iPhone) permiten juego en redes sociales y Twitter… ¿Me quivoco al pensar que una mayoría de las interacciones digitales de los jóvenes transcurren ahí? Pero estas pruebas se empezaron a diseñar a principios del 2009, y todo va (demasiado) deprisa…

Ojalá que el debate público sobre qué deberían hacer nuestros alumnos en el mundo digital sirva no sólo para perfeccionar estas pruebas, sino sobre todo para reflexionar sobre las trampas y las carencias, pero también las promesas del medio .

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