El gigante mediático Disney se ha inventado unos «libros animados» (digital books) para ver en el ordenador (los dispositivos e-book resultarían pobres para lo que quieren ofrecer). Los que los padres hacen es suscribirse y conseguir acceso total durante un año (lo cuenta Ediciona).
Lo que ofrece Disney son libros que pasan sus páginas en pantalla, con animaciones, con locuciones del texto, con zonas donde se pueden construir juegos con sus personajes… ¿No se lo creen?: Learn How It Works.
Julieta Lionetti reflexiona sobre la experiencia de la «lectura» de estos libros y la lectura, a secas:
Los cuentos hablan por medio de la voz grabada de actores (¡otra oportunidad para que los padres hagan dejación de responsabilidad!) y, a su influjo, cada palabra se va iluminando mientras una musiquita de fondo atrapa la atención y los sentidos del niño sobreestimulado. Que si el niño encuentra una palabra que no le es familiar, ningún problema: a golpe de ratón consigue que se la lean otra vez en voz alta.
Y:
La compleja experiencia de internalizar una historia, de llenar los espacios en blanco no sólo de la página sino de la lógica narrativa –ese espacio conjetural donde se desarrolla la capacidad de crear mundos– queda aturdida por la sobreexposición a estímulos. La razón narrativa –que es una de las capacidades humanas, como lo es también la fe– se externaliza, de la misma manera que se tercerizan los servicios y el trabajo en la última fase de la economía neoclásica.
De ser niño, me quedaría con Los Sims, que nunca han pretendido ser un libro, son más divertidos y permiten desarrollar otras habilidades.
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