El cliente como colaborador, y otras ideas de Manuel Aguilar

22 julio 2013 18:18

El editor Manuel Aguilar (que creó la editorial que lleva su mismo nombre) escribió en 1963, al cumplirse 40 años de la fundación de su editorial, su autobiografía Una experiencia editorial. Sólo poseo de ella la edición del cincuentenario, en el divertido formato Crisolín (Aguilar, Madrid, 1972, 2 vv., en la imagen superior). Pero ésta es buena sólo para coleccionistas. Es mucho mejor leerla en la otra existente (Aguilar, Madrid, 1964), si es que se puede encontrar, claro.

El librito no tiene desperdicio, y he entresacado algunas de las cosas que dice, que creo que tienen aplicación no sólo para la edición papel, sino también para la digital (págs. 642-4). Empecemos:

Bajo la palabra libro, nos hemos acostumbrado a vincular cosas tan dispares como un estudio sobre los plásticos, las obras de Platón, las aventuras de Sherlock Holmes, la Guía de pecadores, un tratado de anatomía y un libro de cocina. Todos esos volúmenes tienen que estar reunidos en las librerías o en semejantes puntos de venta.

Parece obvio, ¿verdad? Y sin embargo cuántas veces se olvida… Leyes del libro, procedimientos comerciales, aventuras editoriales tienen que lidiar con productos muy heterogéneos.

En el catálogo de la empresa editorial [los libros] forman un conjunto que para su explotación ha de ser individualizada. Quiero decir que cada colección, y dentro de cada una de ellas cada título, requiere para su difusión un método comercial distinto.

¡Cada título, un método de explotación distinto! Tal vez la gestión digital de promoción/venta (tanto de ebooks como de libros normales) pueda ahora hacer más eficaz esta atención individualizada…

Los catálogos se distribuyen generalmente al azar. Ignoramos si la persona a cuyas manos llega encontrará el libro que específicamente le interesa o lo examina con la vaga esperanza de encontrar en él algo inesperado que despierte su interés o su curiosidad.

He aquí , perfectamente planteado, el problema de lo que hoy se llama descubribilidad, o su simétrico encontrabilidad.

Hay que buscar cuidadosa y pacientemente a quién interesa, o mejor, a quién puede interesar, determinado libro o colección, y ofrecerlo. Cuando esto ocurre, el cliente tiene la impresión de que hemos pensado por él, de que conocemos sus gustos y sus necesidades y queda convencido de que, más que vender un libro le hemos prestado un servicio.

De nuevo, frases para ser inscritas en los muros de editoriales y librerías: descubrir a quién puede interesar determinado libro, y más que vender un libro, prestar un servicio.

Esto requiere, desde luego, una organización minuciosa, complicada y costosísima; pero a mí, a lo largo de mis 40 años de editor,  me ha dado excelentes resultados, y muchos de mis clientes se han convertido en excelentes colaboradores que han encauzado y perfeccionado mis iniciativas o me han sugerido otras que me ha sido de gran utilidad.

Como complemento perfecto de la información que se proporciona al público, la que se recibe de él: el cliente como colaborador.

Lo dicho: una constatación perfecta de cómo el oficio de editor, bien entendido, se enfrenta constantemente a idénticos retos…

Por cierto, sobre la editorial Aguilar, recomiendo el libro de María José Blas Ruiz, Aguilar. Historia de una editorial y de sus colecciones literarias en papel biblia. 1923-1986 (Librería del Prado, Madrid, 2012; de hecho sólo se puede comprar en esa librería). La autora tiene un útil blog sobre el mismo tema: Antigua editorial Aguilar.

 

Ah: feliz verano…

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Communicatio: un itinerari històric

12 julio 2013 10:10

Acaba de aparecer Communicatio: un itinerari històric, editado por J.Antoni Iglesias-Fonseca (Murcia, editorial Nausícaä-UAB, 2013), con el siguiente índice:

Fabio Troncarelli, “Vivarium tra passato e futuro”

Manuel Castiñeiras, “Antes de los medios de comunicación de masa”

Francisco M.Gimeno Blay, “Escrits privats, textos públics”

J.Antoni Iglesias-Fonseca, “Comunicar también es conservar.

Antonio Castillo Gómez, “’Muchas cartas tengo escritas’. Comunicació epistolar i correu a l’Espanya moderna”

Henry Ettinghausen, “El primers mitjans de comunicació masses. Relacions i gasetes”

Josep Ma. Figueres, “Panoràmica sobre el periodisme i els mitjans de comunicació en llengua catalana a Catalunya (s.XVI-XXI)”

Cuando tenga tiempo para leerlo contaré algo de sus contenidos. Por el momento, muchos lectores de este blog reconocerán algunos de los nombres más importantes en investigación de temas que nos son gratos…

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Conferencia en Barcelona: Acumulación y orden, de la Pléiade al Kindle

24 mayo 2013 14:14

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Conferencia el lunes 27, a las 15h en la Universidad de Barcelona, Gran Via 585, aula 111: Múltiples libros en uno: Acumulación y orden, de la Pléiade al Kindle.

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110 años de Gustavo Gili

12 marzo 2013 16:16

Una editorial independiente, que dura desde hace más de un siglo, y que dirige la cuarta generación familiar. Si en cualquier lugar del mundo esto sería un acontecimiento, en la convulsa e hiperconcentrada edición española la existencia de la Editorial Gustavo Gili es todo un milagro.

Para celebrar su 110 aniversario, la editorial, que ahora encabezan Mónica y Gabriel Gili Galfetti, ha creado un bellísimo volumen conmemorativo, en edición no venal (es decir: no está a la venta). Se trata de Editorial Gustavo Gili. Una historia 1902-2012. Contiene 336 paginas de cuidada edición a cargo de la propia Mónica Gili, Moises Puente y Marta Rojals, con diseño gráfico de PFP, Quim Pintó y Montse Fabregat. En la imagen superior está la sobrecubierta, y más abajo la cubierta, que representa un adecuado trampantojo de lomos de libros.

Este es su índice:

01. Orígenes y primeros pasos de la Editorial Gustavo Gili, por Philippe Castellano

02. Gustau Gili Roig y Jacques Schiffrin, una amistad de veinte años, por Philippe Castellano

03. La vocación americanista de Gustau Gili Roig, por Philippe Castellano

04. El Casares. Historia de un diccionario (1915-1942), por Philippe Castellano

05. Un “viejo plan” de Gustau Gili Roig: la Historia de la literatura española, de Ángel Valbuena Prat, por David González Ramírez

06. La editorial Gustavo Gili: una escuela de constructores de arquitectura, por Jaume Avellaneda

07. El arte de hacer libros, por Daniel Giralt-Miracle

08. Picasso y los Gili. Breve historia del editor de Picasso en España, por Claustre Rafart

09. Una editorial familiar catalana en América Latina, por María Fernández Moya

10. Exterior e interior: la sede de la Editorial Gustavo Gili (1954-1960) de Joaquim Gili y Francesc Bassó, por Ignasi de Sola-Morales

11. Colecciones, por Juan José Lahuerta

12. De “Punto y línea” y “Comunicación visual” a “GG Diseño”, por Anna Calvera

13. “FotoGGrafía”, por Juan Naranjo

14. Una aportación desde dentro, por Xavier Güell

15. Una cartografía provisional, por Carles Muro

Como se puede ver, el elenco de colaboradores es impresionante, comenzando por Philippe Castellano, el profesor francés al que tanto debe la historia de la edición española, a partir de su obra sobre Espasa.

El primer capítulo de este libro conmemorativo se remonta a la editorial que creara Juan Gili Montblanch en 1891, especializada en libros religiosos (importantísima veta de negocio para las editoriales españolas, prácticamente hasta mediados del siglo XX). Fue su hijo, Gustau Gili Roig, quien fundó en 1902 la Editorial Gustavo Gili, inicialmente también con fondos religiosos, que no perderían su predominio en el catálogo hasta pasada la Gran Guerra, cuando la divulgación científica tomó el relevo (puede verse el caso coetáneo de los Manuales Soler, luego Manuales Gallach).

Un episodio de gran interés es el de la relación entre Jacques Schiffrin, el fundador de la colección de La Pleiade y Gustau Gili Roig, que demuestra que el editor catalán no se limitaba a comprar derechos, sino que intervino como socio y eficaz comerciante en los negocios editoriales de Schiffrin.

El capítulo sobre el diccionario Casares y su peripecia es un resumen del que publicó en su día Cultura Escrita & Sociedad, y que ya reseñamos.

El capítulo dedicado a la Historia de la Literatura de Ángel Valbuena Prat revela materiales inéditos sobre este proyecto, incluyendo el episodio de una edición contrahecha del libro para burlar la censura franquista. El capítulo sobre la edición de obra de Picasso muestra la faceta más espléndida de la edición de bibliofilia de la editorial.

Hay dos capítulos dedicados a América Latina (ya desde los años 20 un puntal fundamental de las ventas de la editorial), y el segundo expone las dinámicas de creación paulatina de sucursales en distintos países, y el diseño del vital flujo de información en las dos direcciones. Hay datos curiosos y significativos, como el hecho de que las oficinas que la editorial ocuparía en América seguían la línea arquitectónica de la casa madre (hay también un bello capítulo de Ignasi de Sola-Morales sobre el edificio barcelonés de ésta, acabado en 1960).

De estos capítulos (los más directamente dedicados a la historia temprana de la editorial) surge la visión de una editorial innovadora, flexible en su adaptación a los cambios del mundo y muy comprometida con la calidad intelectual y formal.

Los últimos capítulos profundizan en dos de las áreas de especialización de la editorial en las últimas décadas: la arquitectura, y el diseño (cuya historia en la editorial se enriquece con los recuerdos de Yves Zimmerman).

Editorial Gustavo Gili. Una historia 1902-2012 está afortunadamente llena de reproduccciones de cubiertas de las obras publicadas a lo largo de más de un siglo; también es notable el acopio de fotografías-documento sobre diversos momentos de los protagonistas de la editorial, sus amigos (en muchos casos, además, autores y cómplices) y los espacios que ocuparon.

En suma: una preciosa lectura que es también un paseo visual y conceptual por un siglo de edición .

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El marcapáginas, y otras publicidades

10 julio 2012 10:10


Fuente

He hablado un par de veces de Hibris. Revista de Bibliofilia, bimensual editada en Alcoy (Alicante). Por el momento se publica sólo en papel, aunque me informan de que planean colgar en su web números atrasados. En el último número (65-66, septiembre-diciembre 2011) hay varios artículos de gran interés.

Uno de ellos es “Crónica de una señal anunciada: el biblión de los Manuales Soler”, de Concepción del Valle, que estudia la promoción que realizaba el editor barcelonés Manuel Soler desde finales del XIX, sobre todo con exitosa colección Manuales Soler luego rebautizada como Manuales Gallach, y por fin integrados en Espasa-Calpe, que los comercializó hasta los años 50. Pues bien: los Manuales Soler tuvieron un despliegue publicitario asombroso, con anuncios incluidos en otras publicaciones de la casa, regalos, cupones para conseguirlos, e incluso un mueble para agruparlos todos (la Enciclopedia Espasa también adoptaría luego ese poderoso argumento de venta).


Fuente

La difusión de los manuales se equiparaba, en la publicidad interior de los mismos (por lo general en las guardas), con el avance de la patria:

LA SIGUIENTE DEMOSTRACIÓN GRÁFICA DEL AUMENTO DE LECTORES  ES UNA PRUEBA DE QUE ESPAÑA PROGRESA
[sic, por tanta versal].

Por cierto; el histograma situado al pie de la página, que ilustra el aumento del número de lectores, que es vagamente proporcional al tamaño del personaje ilustrado, es toda una joya de la arqueología de la representación de datos. Además, obsérvese que los pocos que comienzan a leer los Manuales son ricos y eclesiásticos, y al final hay hasta un agricultor… [Esta imagen es la única que he encontrado, y si un lector en cuyo poder obre un Manual Soler con esta publicidad en las guardas me facilita una reproducción mejor se lo agradeceré eternamente]:


Fuente

Otro recurso promocional, nos dice Concepción del Valle, eran las postales humorísticas, que recalcaban el regalo. En una de ellas, un niño le dice al otro:

Oye, mamá ya no le riñe a papá si compra libros. ¡Como que los compra a la casa Sucesores de Manuel Soler de Barcelona y los regalos se los queda mamá!

Pues bien: uno de los obsequios era un marcapáginas, el primero que se registra en el mundo editorial español, y el primero con nombre propio: biblion (o biblión, como también lo escriben). Se presenta bajo los nombres de señal y de punto de lectura, lo que parece indicar cierta vacilación, o una terminología no asentada. La autora ha recopilado los siguientes nombres para el artefacto:

registro,
punto de libro
señal
guía de lectura
indicador
señalador
marcador

y los más infrecuentes

sujetador
marcapautas
indicador para señales
memorándum

En 1903, dice la autora, el impresor Víctor Oliva usa el anglicismo book-mark y el catalán senyal de plana (que sólo utilizó él). El que más se ha asentado hoy en día es marcapáginas, que creo de origen francés (marque-page o marque-pages, como este antiguo sitio web de coleccionista).

La casa Soler intentó el término biblión, que como sabemos tampoco se impuso, y lo ensalzó de esta manera:

Más que orientarse a recordar el punto donde se dejó la lectura, el biblión parece orientado al trabajo de estudio o consulta, como se ve por este ejemplo del folleto promocional:

Por su tipología, el biblión pertenece a los marcapáginas exentos (a diferencia de la cienta de registro y el punto de cursor); externo, porque se coloca en el corte delantero del libro, en vez de albergarse en  su interior; y lineal, porque apunta a una línea concreta del texto (en vez de señalar una página entera):

Para terminar, haré una referencia de pasada al futuro (o quizás el presente) de los marcapáginas en el medio digital: en iBooks para iPad una pulsación coloca en las páginas deseadas esta esqueuomórfica cinta:

Acudiendo después al menú de Marcadores, se pueden ver todas las páginas donde se ha llevado a cabo esta operación.

Coda: más marcapáginas, o como se llamen, en este blog:

Ring, riiiing… ¡Marchando!
Regalar saber
Marcapáginas

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Abandonar el papel

03 mayo 2012 10:10

A partir de la desaparición de la enciclopedia Britannica en papel, una reflexión sobre el significado cultural y empresarial de la transición digital.

En la era de las obras tránsfugas

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“Los libros por la corpulencia”

22 febrero 2012 11:11


Estiman algunos los libros por la corpulencia, como si se escribieran para ejercitar antes los brazos que los ingenios.

(Baltasar Gracián, 1647)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

[Esta entrada también ha sido aprobada por el comprobador automático de repeticiones en el blog]

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Internet en 1996

21 diciembre 2011 11:11

#historia #España

Éste es el texto del prólogo, “A manera de umbral” que he escrito para el libro de Luis Ángel Fernández Hermana, Historia viva de Internet. Los años de en.red.ando 1996-1998 (Barcelona, Editorial UOC, 2011).

Era 1996, y (para situarnos) en ese año Aznar ganaría las elecciones. Por aquel entonces los bitios circulaban más en pesados contenedores materiales que libremente por las redes: en las librerías se vendía por primera vez más un libro en CD-ROM que su equivalente en papel; era el Diccionario de la Real Academia. Internet parecía aún un sitio lejano: en España muchos accedíamos al email a través de un nodo de Compuserve, y la gran novedad fue cuando esta empresa nos dio acceso a la Web.

En 1996 [prácticamente, añadido a 27.12.2011] ninguna institución oficial española tenía página web. Había sólo un millón de teléfonos móviles. Faltaban dos años para que se creara Google, cinco años para que apareciera la Wikipedia, ocho años para que se lanzara Facebook, diez años para que apareciera Twitter, once años para que naciera el iPhone… ¿Qué demonios hacía mientras tanto la gente en la Red?

Por ejemplo, pensar.

 

Estos primeros editoriales de Enredando nos llegaban en una situación que la infoopulencia posterior nos ha hecho olvidar. Para muchos, era todavía el espacio de los monitores de fósforo verde, de los modems conectados al teléfono, de las traqueteantes impresoras en papel continuo…

Pero en ese momento una publicación periódica escrita en español pasaba revista a cosas que estaban ocurriendo en entornos que no podíamos ni soñar (paisajes de inigualable riqueza informacional) y se permitía analizar, soñar, discutir, prácticamente al pie de lo que iba pasando. ¿Qué habría ocurrido si se hubiera escrito en inglés? El pequeño drama de los actores que intervienen en tecnología (¡y en ciencia!) desde el español y otras lenguas no-hegemónicas es que son eficaces transvasadores a su territorio de polémicas y debates que tienen lugar en el Centro, pero no pueden influir en sentido contrario.

¿De qué hablaba Enredando en sus tres primeros años? Prácticamente de todo. El primer editorial recoge el despegue de la WWW multilingüe (la traducción automática es de esos temas perennes, primero de la informática y luego de Internet, desde hace décadas) y el último de 1998 habla de la “saturación de información” y los medios para solucionarla (otro tema permanente, como se ve).

Entre medias: todo un conjunto de cosas. Como Fernández Hermana ha escrito siempre de lo que le apetecía (y ha hecho bien) afloran muchas cuestiones. Una de los que va recorriendo los editoriales es el lento despegue de lo que entonces se llamaba la “sociedad de la información” en España, entre monopolios de acceso, tarifas gravosas y agravios comparativos con otros países. Y en paralelo, la lenta reacción del gobierno a una realidad que no acababa de entender. Pensándolo bien: tampoco nada tan diferente de lo que pasa ahora…

No creo que haya otra fuente tan completa como estos editoriales para asomarnos a los procesos y tensiones que acabaron configurando la Red tal y como es hoy. Por cierto: la situación actual, impulsada por las operadoras, de ciudadanos bulímicos de ancho de banda por la que consumir más y mejor (y subir videos de los amigos) demuestra que no todas las utopías que prometían la Red se han cumplido, o bien que las promesas de un universo de conocimiento que se dibujaban hace quince años coexisten con realidades más vulgares.

Eso en las redes, igual que en el mundo real.

Resulta a un tiempo curioso y satisfactorio que estos textos digitales nativos vayan a posarse en el papel (una parte de ellos ya lo hicieron, tan pronto como en 1998). Lo mucho que publicó el sitio En.red.ando está aún disponible en la red. Pero quizás en unas décadas sean únicamente algunos ejemplares de este libro los que puedan dar fe de cómo estaban las cosas allá por los confines el siglo XX.

 

Era 1996, y (para situarnos) en ese año Aznar ganaría las elecciones. Por aquel entonces los bitios circulaban más en pesados contenedores materiales que libremente por las redes: en las librerías se vendía más un libro en CD-ROM que su equivalente en papel; era el Diccionario de la Real Academia. Internet parecía aún un sitio lejano: en España muchos accedíamos al email a través de un nodo de Compuserve, y la gran novedad fue cuando esta empresa nos dio acceso a la Web.

En 1996 ninguna institución oficial española tenía página web. Había sólo un millón de teléfonos móviles. Faltaban dos años para que se creara Google, cinco años para que apareciera la Wikipedia, ocho años para que se lanzara Facebook, diez años para que apareciera Twitter, once años para que naciera el iPhone… ¿Qué demonios hacía mientras tanto la gente en la Red?

Por ejemplo, pensar.

Estos primeros editoriales de Enredando nos llegaban en una situación que la infoopulencia posterior nos ha hecho olvidar. Para muchos, era todavía el espacio de los monitores de fósforo verde, de los modems conectados al teléfono, de las traqueteantes impresoras en papel continuo…

Pero en ese momento una publicación periódica escrita en español pasaba revista a cosas que estaban ocurriendo en entornos que no podíamos ni soñar (paisajes de inigualable riqueza informacional) y se permitía analizar, soñar, discutir, prácticamente al pie de lo que iba pasando. ¿Qué habría ocurrido si se hubiera escrito en inglés? El pequeño drama de los actores que intervienen en tecnología (¡y en ciencia!) desde el español y otras lenguas no-hegemónicas es que son eficaces transvasadores a su territorio de polémicas y debates que tienen lugar en el Centro, pero no pueden influir en sentido contrario.

¿De qué hablaba Enredando en sus tres primeros años? Prácticamente de todo. El primer editorial recoge el despegue de la WWW multilingüe (la traducción automática es de esos temas perennes, primero de la informática y luego de Internet, desde hace décadas) y el último de 1998 habla de la “saturación de información” y los medios para solucionarla (otro tema permanente, como se ve).

Entre medias: todo un conjunto de cosas. Como Fernández Hermana ha escrito siempre de lo que le apetecía (y ha hecho bien) afloran muchas cuestiones. Una de los que va recorriendo los editoriales es el lento despegue de lo que entonces se llamaba la “sociedad de la información” en España, entre monopolios de acceso, tarifas gravosas y agravios comparativos con otros países. Y en paralelo, la lenta reacción del gobierno a una realidad que no acababa de entender. Pensándolo bien: tampoco nada tan diferente de lo que pasa ahora…

No creo que haya otra fuente tan completa como estos editoriales para asomarnos a los procesos y tensiones que acabaron configurando la Red tal y como es hoy. Por cierto: la situación actual, impulsada por las operadoras, de ciudadanos bulímicos de ancho de banda por la que consumir más y mejor (y subir videos de los amigos) demuestra que no todas las utopías que prometían la Red se han cumplido, o bien que las promesas de un universo de conocimiento que se dibujaban hace quince años coexisten con realidades más vulgares.

Eso en las redes, igual que en el mundo real.

Resulta a un tiempo curioso y satisfactorio que estos textos digitales nativos vayan a posarse en el papel (una parte de ellos ya lo hicieron, tan pronto como en 1998). Lo mucho que publicó el sitio En.red.ando está aún disponible en la red. Pero quizás en unas décadas sean únicamente algunos ejemplares de este libro los que puedan dar fe de cómo estaban las cosas allá por los confines el siglo XX.

 

 

 

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Tablas pintadas, bitios cautivos

12 diciembre 2011 9:09

#copyright #ebook #historia

Aquí al lado, en la web de Libros y Bitios (que contiene artículos más largos o de mayor alcance que en este blog), he publicado “Tablas pintadas, bitios cautivos. Creación y propiedad en la era de Internet”. Se trata de la versión corregida y aumentada de la intervención que grabé para el encuentro La creación del mundo, organizado por el Instituto Ibercrea y difundida el 18 de noviembre del 2011.

Ésta es la tesis central de mi artículo:

La propiedad es una construcción social. En materia de obras intelectuales, la propiedad (y las leyes o usos que la sancionan) depende forzosamente de los medios técnicos y materiales con los que se produce su creación y transmisión.

Los romanos y los sabios medievales debatieron largo tiempo a quién pertenecía la tabla sobre la que alguien que no era su propietario había pintado una escena: ¿al pintor o al dueño de la madera? Siglos después, con las obras desencarnadas por la tecnología digital, sigue el debate…

Acceso a Tablas pintadas, bitios cautivos.

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“Aunque la obra que se imprime sea de una sciencia particular”

07 diciembre 2011 9:09

#calidad #historia

Y que [...] los correctores fuesen buenos gramáticos, ortógrafos, leídos en artes liberales, que aunque la obra que se imprime sea de una sciencia particular, andan tan trabadas y hermanadas las sciencias y artes entre sí, que siempre en una se ofrece algo de las otras, de claro juicio, que entiendan theología scolástica y alguna scriptura y letras de humanidad y si fuesen entendidos [...] y muy vistos y leídos y de juicio comprehensivo, sería muy mejor.

(Informe a Felipe II, 1573)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

En 1572 Felipe II ordenó que se visitaran una serie de imprentas, para informar sobre su situacion, porque “entre los libros que se imprimen en estos reinos ay comúnmente muchos errores, y faltas, que resultan grandes inconvenientes”. El que reproducimos arriba es uno de los juicios recogidos.

Sobre estas visitas véase Julián Martín Abad, “Los talleres de imprenta españoles en la época de Cervantes” en Don Quijote en el campus, Madrid, Editorial Complutense, 2005. Aquí se pueden leer unas páginas:

 

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