“Mirar todo el tiempo tan fijamente aquellas letras negras”

09 marzo 2011 9:09

Los que se quedan sentados y trabajan con las manos se ven amenazados por otra desgracia al tener que fijar los ojos continuamente en aquellas letras negras, pues poco a poco contraen debilidad de la visión, y cuando sus ojos no son muy fuertes son afectados, para empezar, por mala visión, irritaciones y otras enfermedades de los ojos [...]. Recuerdo que en una ocasión, después de haber estado sentado unas cuatro horas con mi impresor para corregir las pruebas de una de mis obras, más tarde, cuando había salido de la imprenta, aún flotaban delante de mis ojos las imágenes de aquellos pequeños mecanismos a los que había mirado tan intensamente, e incluso durante la noche me parecía verlos. Por tanto, a causa de mirar todo el tiempo tan fijamente aquellas letras negras mientras los hombres componen o distribuyen los tipos, el tono de las membranas y de las fibras del ojo se debilita seriamente, en especial la pupila; de ahí que no sea extraño que sufran de enfermedades de los ojos.

(Bernardino Ramazzini, 1700)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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Historia de los signos de corrección de pruebas

08 marzo 2011 9:09

En los Cahiers GUTenberg hay un artículo de Jacques André: Petite histoire des signes de corrections typographique. Lo he visto en el nuevo blog De Editione de Silvia Senz.

El pequeño recorrido por fuentes básicamente francesas (desde los signos ad hoc de creadores como Balzac hasta la estandarización) me he hecho añorar la existencia de datos similares para la edición española. Tal vez nuestros lectores lo sepan: ¿existe algún estudio sobre el tema?

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50 años (o así) de oficio editorial

22 febrero 2011 9:09

En el 2009 se festejó el cincuentenario de Anaya, y me pidieron una contribución al volumen colectivo El libro del 50. Así nació el texto “50 años (o así) de oficio editorial”:

Mi edad no me permite, francamente, tener cincuenta años de experiencia editorial, pero ustedes me disculparán la licencia… Allá por 1974, siendo todavía estudiante de la Facultad, hice mi primera traducción, precisamente para el Grupo Anaya. Gustavo Domínguez (que había sido mi profesor), me encomendó la versión española de Las lenguas y su enseñanza, de W.A. Bennett para Cátedra.

Y esa fue mi puerta de entrada en la edición. El primer contacto fructificó en otras traducciones y a partir de ahí —y salvados el inevitable remate de mi carrera y el casi más inevitable servicio militar— en 1977 empecé a trabajar en Editorial Fundamentos.

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Las movilizaciones antes de Facebook

10 diciembre 2010 9:09

En el Museu d’Historia de Barcelona está exhibiéndose la muestra “Ja tenim 600!”, sobre la fabricación y el impacto popular del famoso Seat 600 (1947-1973). En ella encontramos, entre muchos elementos de interés, un panfleto mecanografiado del año 1951 que convocaba a una huelga de tranvías, hasta que se igualaran las tarifas del billete de Barcelona con las que se habían aprobado en Madrid (se cita como prueba  La Vanguardia del 28 de enero de 1951, que por cierto está disponible en la magnífica hemeroteca digital del diario).

¿Qué nos llama la atención, es estos tiempos de grupos de Facebook y convocatorias por SMS? El procedimiento viral y artesano con el que se hace la convocatoria: “haz cuatro copias de esta CADENA y mándala a cuatro amigos distintos”. Claro que “Si eres BUEN CIUDADANO DE HONOR haz 8 copias o más”. La estructura imita las de las famosas “cadenas de oración”, pero hay que recordar que mecanografiar 4 u 8 copias llevaba su tiempo, y que por supuesto no todo el mundo tenía máquina de escribir, por no hablar del riesgo de detención que tenían, en la España de la época, los agitadores. Por cierto: la huelga triunfó…

Aprovecho la ocasión para hacer una petición pública al Museu d’Historia de Barcelona: que se apresure a colgar en su web o a editar en catálogo (y preferiblemente ambas cosas) los materiales de sus muestras. Tanto “Ja tenim 600!” como “Barracas. La ciudad informal”, por citar dos de las más recientes, son de una gran riqueza, y resulta lamentable que por no editar el catálogo o publicar su contenido íntegro en la Web sólo hayan podido disfrutarlas las personas que podían acudir al museo los días en que estaban abiertas. El esfuerzo de creación de estas exposiciones merece una difusión mayor.

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Bergua el polígrafo

20 noviembre 2010 15:15

La verdad, no recuerdo cómo llegué a esta página web. Probablemente por pura serendipia. Se trata de la biografía de Juan Bautista Bergua (1892-1991). A muchos, como me ocurría a mí, ni les sonará el nombre, pero baste decir que fue el compilador de Las mil mejores poesías de la lengua castellana (hoy en su trigésimo tercera edición), el traductor de Platón, Homero, Maquiavelo, Erasmo, Marx o el Corán, el autor (a veces bajo pseudónimo) de obras sobre mitología, higiene sexual o el gusano de seda, y sobre todo el fundador de la Librería-Editorial Bergua en 1927 (desde 1939, Ediciones Ibéricas).

La editorial publicó varias colecciones a precios populares, de lo que hoy llamaríamos “libro práctico”, pero también clásicos. Formado en París, políglota, Bergua introdujo modelos editoriales que triunfaban fuera de nuestras fronteras, y se las arregló para mantener un ritmo incesante de novedades, que le obligó a escribir él mismo, traducir o incluso pergeñar refritos de otros autores. Destaca su “Biblioteca de bolsillo”, que abajo podemos ver descrita al final de un volumen editado en 1968, pero que coincide esencialmente con la que él preparó. De ideología progresista, publicó obras de pensamiento social, y fue él mismo autor de un Catecismo comunista.

Al estallar la guerra, logra huir, protegido por el General Mola (al parecer, buen ajedrecista, y a quien había publicado un libro sobre el juego). Los sublevados comienzan la represión cultural, con actos como la quema de 40.000 ejemplares recién editados de la Crítica de la razón pura de Kant…

En su exilio francés, desvinculado de la editorial, sigue trabajando, y estudia finlandés para traducir el Kalevala. En 1959 muere su hermano, que había continuado la editorial, y regresa a España, donde retoma las riendas del negocio y publica muchas cosas que ha ido escribiendo desde la guerra.

Hoy, el sello sucesor de su editorial, Ediciones Ibéricas, publica parte de su catálogo en PDF, y  tiene también libros para vista gratuita en su web. Así, hoy podemos acceder fácilmente a algunas de las obras que  concibió, tradujo y publicó Juan Bautista Bergua en los años esperanzados de la República.

Por cierto: Bergua merece un artículo en Cultura escrita & sociedad, por nombrar una de las revistas que más hacen por nuestra memoria editorial. Mientras tanto, una entrada bien hecha en la Wikipedia permitiría ir difundiendo su curiosa personalidad y buen hacer editorial.

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“Ha de tener el oído atento a lo que lee”

20 octubre 2010 9:09


El corrector (de que hubo antiguamente y hay muchos graduados en las universidades en diferentes ciencias) ha de saber Gramática, Ortografía, Etimologías, Apuntuación, colocación de acentos, tener noticia de las Ciencias y buenas letras, haziéndose capaz de asumpto del libro que se imprime, conocimiento de Autores, de caracteres griegos y hebreos, cifras médicas, astrológicas, abreviaturas escolásticas, reglas de música para libros de canto [...], elocución y arte para emendar barbarismos, solecismos y otros defectos que se cometen en latín y romance, saber el comportamiento de las planas, para que salgan en orden, y numerosos, y cuenta para los folios. Demás desto ha de tener el oído atento a lo que lee, la vista a lo que se mira: el entendimiento a la contextura de lo que se corrige para emendar faltas, y tanta atención que cualquiera defecto corre por su cuenta

(Gonzalo de Ayala, siglo XVII)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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“Una atención muy exacta y prolija”

22 septiembre 2010 9:09


Igualmente se debe distinguir en las impresiones lo material y formal de ellas. Los defectos en lo material se deben atribuir al impresor; los de lo formal al autor; verdad es que éste debe también velar sobre lo material, porque a nadie incumbe más que a su dueño el que la obra salga con la mayor perfección; y a no poner un sumo cuidado y vigilancia le aparentarán los impresores (como hace la mayor parte de los artesanos), bondad en lo que no la tiene, precisándole a pasar por defectos que conocen bien los facultativos; pero que ellos, por no confesar sus descuidos, ni detener por poco tiempo la prensa, procuran disimular. Para que un libro salga impreso con alguna hermosura, requiere una atención muy exacta y prolija de parte de todos los que manejan la impresión, y aun así a veces no alcanza: tal es la limitación de talentos aun de los hombres muy avisados.

(Fray Francisco Méndez, 1796)
Recopilación de José Antonio Sánchez Paso

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Un caso de “precio fijo” en el siglo VII

02 septiembre 2010 12:12

En la obra de Eduardo Manzano, Épocas medievales (Historia de España, 2; Barcelona-Madrid, Crítica-Marcial Pons, 2010) he descubierto uno de los testimonios más antiguos que conozco de “precio fijo” del libro, que al tiempo me ha hecho pensar sobre el valor de mercado de los libros manuscritos.

El rey godo Recaredo publicó hacia el 654 una recopilación de leyes, el Liber Iudicorum. Su sucesor Recesvinto estableció que el volumen de esta obra (lógicamente en manuscrito), que contenía quinientas quince leyes, no se debía vender a más de 18 trientes (pág. 79).

La voluntad real era sin duda que la legislación estuviera disponible para quienes debieran usarla, pero tampoco iba a fijarse un precio que no cubriera los costes de producción (soporte y la laboriosa copia manual) de modo que aquí tenemos un testimonio bastante fiable del valor de un libro manuscrito a comienzos de la Edad Media.

Para comprender lo que suponían 18 trientes, pensemos en que con esa cantidad una persona podía mantenerse unos cuatro años (pág. 45). Si quisiéramos buscar un equivalente actual habría que pensar en el salario mínimo que percibiría hoy una persona en España durante cuatro años, y tendríamos que esa suma equivaldría (dentro de la pirueta conceptual que que todo el razonamiento supone) a unos 30.400 euros. No muy barato…

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Si lee estos libros…

09 julio 2010 9:09

“…quedará satisfecho”.

Alguna otra vez hemos revisado ejemplos de la primitiva publicidad de libros. Este caso proviene del programa de mano de una función de aficionados en el Teatro Beatriz de la calle Claudio Coello de Madrid, en enero de 1948. La obra representada era ni más ni menos que Los extremeños se tocan, de Muñoz Seca y Pérez Fernández.

¿Qué libros estaban destinadas a satisfacernos, según la optimista afirmación del folleto? Tres de los cuatro están escritos por generales: dos por el General Bermúdez de Castro (tal vez el Cristino de la Wikipedia): Arte del Buen Mandar Español (“Original y ameno aspecto de nuestras dotes y carácter”) y Milicia y humor (“Gracioso anecdotario que emociona y subyuga”), y otro por el General Kindelán (probablemente el Alfredo Kindelán aliadófilo y monárquico, alzado contra la República, aeronauta, y que había sido años antes Capitán General de Cataluña): La próxima guerra. A menos de una década del final de la Guerra Civil, no se puede negar que la presencia de la milicia seguía siendo dominante en la sociedad española.

Para compensar, ahí estaba el Manual de Automóviles, de M. Arias Paz: “¡Diez ediciones-56.000 ejemplares en ocho años!”. No está mal, incluso para criterios actuales…

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Establecimientos multiuso

29 junio 2010 9:09

Nuestros lectores ya conocen ciertos establecimientos polimorfos que alternan la venta de libros con otras cosas. Hoy aportaremos un ejemplo lejano: un folleto en rústica de hace más de un siglo que ofrece unos chascarrillos populares (aunque eso sí, “arreglados en verso”), editados por una “Imprenta y librería”.

La unión del impresor, editor y librero en una misma figura es constante hasta que aparece la edición moderna. Pero la cosa debe de ser más complicada, porque el sello se llama “La fleca” (‘panadería’ en catalán), y además de agudezas y romances ahí se venden… Pero el lector lo puede descubrir por sí mismo:

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