Estampas neoyorquinas II: Library Walk
26 mayo 2010 10:10
En la calle 41, entre Park Avenue y la Quinta Avenida, delante de la famosa Biblioteca Pública de Nueva York, se extiende un conjunto de 96 piezas de bronce fijadas en el pavimento, que recogen e ilustran citas literarias, o sobre la lectura y las bibliotecas. Se deben al artista Gregg Lefevre.
Como muestra, esta cita de un escrito de José Martí sobre Oscar Wilde: “Conocer diversas literaturas es el medio mejor de libertarse de la tiranía de algunas de ellas”. Tomo las palabras originales de un artículo de María Guadalupe Silva, porque lamentablemente no he localizado la obra en la Web (y la cita está en inglés).
En el artículo mencionado se puede ver la curiosa historia de cómo Oscar Wilde fue traído a Estados Unidos por el empresario teatral de una obra que ridiculizaba su ideario estético, y cómo el poeta irlandés aceptó el reto para poder divulgar sus ideas. Pues bien: un joven José Martí, que ya había reseñado uno de sus libros en el diario venezolano La Opinión Nacional, presenció el 9 de enero de 1882, en la misma Nueva York, la primera conferencia americana de Wilde: “The English Renaissance of Art”.
La conferencia fue comentada al día siguiente en el New York Times: “A large audience listens to the young aesthete” (y es una maravilla que se pueda encontrar en la Web el original de esa nota). La reseña está hecha con bastante entusiasmo, aunque el maligno y anónimo relator no pudo evitar decir que Wilde “cuando se retiró del escenario estaba ruborizado como una jovencita”. El texto íntegro se puede encontrar en Online Literature.
Wilde había señalado en su intervención: “Toda obra noble no es simplemente nacional, sino universal. La independencia política de una nación no debe confundirse con un aislacionismo intelectual”, y en la glosa de su conferencia para el mencionado diario de Caracas, Martí acuña esta frase feliz: “Conocer diversas literaturas es el medio mejor de libertarse de la tiranía de algunas de ellas”. Ahora, la frase del gran poeta cubano sugerida por el escritor irlandés, traducida al inglés y fundida en bronce se ofrece a la consideración del transeúnte de un país, Estados Unidos, que precisamente entre sus títulos publicados tiene una baja tasa de traducciones.
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