Estampas japonesas IV: dirección de lectura

18 noviembre 2008 9:09


Como recogía hace unos meses el New York Times (accesible con registro, gratuito), en Japón hay una oleada de novelas en el teléfono móvil, que incluso están saltando al papel. Realmente, la presencia del móvil en las calles y transportes públicos japoneses es muy grande, y muchos de sus usuarios están pendientes tanto tiempo de la pantalla que o bien han recibido un sms muy largo, o realmente están leyendo algo…

Pregunté a mis amigos y colegas de allá: las novelas que han triunfado son más bien historias por entregas semanales, para público juvenil, predominantemente románticas, y son de descarga gratuita, lo que significa que las obras que pasan al papel son las únicas que tienen una retribución económica para sus autores.
Pues bien: además del profundo cambio en prácticas de lectura que está suponiendo usar el móvil, los libros impresos están experimentando un cambio, en gran medida influidos por el teléfono. La forma tradicional de escribir el japonés es de derecha a izquierda y de arriba a abajo (eso supone que un libro japonés se abre por lo que nosotros consideraríamos el final). Arriba vemos la primera página de la traducción japonesa de un libro mío. A la derecha del todo está, de arriba a abajo, el nombre del capítulo I, que empieza en la línea inmediatamente a su izquierda.


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Sin embargo, en el teléfono móvil y en los displays de las pantallas el texto se lee de izquierda a derecha y en horizontal, porque se trata de artefactos de presentación de lenguaje escrito diseñados para el alfabeto latino. En la pantalla de avisos de arriba (tomada en un tren) se puede comprobar este hecho.

Imitando su origen electrónico, las novelas que provienen del móvil aparecen escritas como las nuestras, y muchas otras que no vienen de allí, también, porque esa disposición “a la occidental” empezó a estar de moda incluso antes de el auge del móvil. En el recorrido por una gran librería que amablemente me hizo Kenny Okuyama, de Japan Uni Agency (el coagente de mi agente español), en la sección infantil-juvenil muchos libros tenían esa disposición interna, y en consecuencia se abrían por el principio, como los nuestros. Abajo, una muestra de un libro japonés del 2005 compuesto a la occidental.

Es sorprendente que un elemento tan característico de una cultura, como es la dirección de lectura, esté en proceso de modificación, prácticamente ante nuestros ojos, pero la sociedad japonesa ha dado muchas muestras de su adaptación a todo tipo de cambios.

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“Los fundamentos de nuestra economía son fuertes”

17 noviembre 2008 9:09


¿Le suena esta frase? No me extraña, porque parece que se repite mucho en los últimos tiempos…

Vía Information Aesthetics llego al MemeTracker, que rastrea las frases más presentes en la Web en los últimos tres meses. El nombre viene del meme, que es un fragmento de información que tiene éxito en su transmisión, y pasa de persona a persona.

Aunque en este caso más que un meme yo creo que se trata de un mantra. Repita conmigo: “Los fundamentos de nuestra economía son fuertes”. Muy bien. Cierre los ojos. Otra vez: “Los fundamentos de nuestra economía son fuertes”…

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Del código de barras al libro

16 noviembre 2008 21:21


Confieso tener una pequeña obsesión por la interfaz entre el mundo físico y el mundo virtual.

Por eso me ha llamado la atención esta noticia aparecida en el blog de Google Libros: los teléfonos móviles dotados de Android (la plataforma de software abierto para teléfonos creada por Google junto con otros) podrán detectar automáticamente con su cámara el código de barras de un libro y lanzar una búsqueda sobre la base de datos de Google Libros.

De esta manera (y si el libro está digitalizado por Google), se podrán hacer búsquedas desde el móvil en el interior de la obra. Uno podría en una biblioteca o librería rastrear el contenido de un libro con código de barras, buscando una palabra o el nombre de un autor citado en su interior, usando solamente su teléfono.

El código de barras refleja el ISBN, identificador único de un libro. Google considera que es a partir aproximadamente de 1995 cuando se estabiliza el uso de códigos de barra, con lo que los libros buscables por este medio deberían remontarse como máximo a esta fecha.

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Estampas japonesas III: periódicos y revistas

14 noviembre 2008 9:09


La prensa japonesa es la de mayor volumen del mundo. Como dice 233 grados, a pesar de la crisis:

Los japoneses siguen siendo los mejores consumidores de prensa [del mundo], con 624 diarios vendidos por cada 1.000 adultos. En la mayoría de los hogares de Japón se recibe al menos un periódico cada día. El de mayor tirada del mundo, el Yomiuri, publica más diez millones de ejemplares diarios.

A mí particularmente lo que me hizo mucha gracia fue ver los expositores alineados en la calle, y a los naturales del país escogiendo su publicación y pagándola, aparentemente sin ningún control exterior.

Pues bien, a diferencia de la omnipresencia de los libros en los transportes públicos, se ve mucha menos gente leyendo periódicos. ¿Por qué? Probablemente porque en los atestados vagones de metro el despliegue de un periódico causa molestias a los vecinos. Esto es lo que explica, bilingüemente, uno de los muchos carteles de educación pública presentes en Tokyo. (Traducción del algo extraño inglés del cartel: “Si vas a leer palabras durante la hora punta, desearíamos que también leyeras entre líneas”).

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Comparativa Google Libros / Open Content Alliance

13 noviembre 2008 9:09

La siempre interesante First Monday publica en su número del mes pasado un artículo de Kalev Leetaru sobre digitalización masiva de libros, que se resuelve en una comparativa entre los dos proyectos más importantes del terreno (una vez retirado Microsoft): Google Libros y la Open Content Alliance (OCA), compuesta por una serie de participantes académicos y el Internet Archive.

El artículo merece una lectura atenta, porque además es muy rico en datos. Entre los temas tocados, y sin ánimo de exhaustividad están los siguientes:

¿Difusión o preservación? Ambos proyectos apuntan a la primera meta, con lo que no se plantean (ni logran) cumplir con los requisitos de preservación digital. Pero sí que están optimizados para difusión, sobre todo Google Libros.

Formatos. La captura de Google Libros es en bitonos y TIFF, que conserva mucha más información que la OCA, en JPEG y color.

Búsqueda: ambos proyectos permiten la búsqueda en una obra, pero sólo Google Libros permite búsqueda en toda la colección.

Licencias. Aunque ambos proyectos permiten cualquier tipo de uso no comercial, las licencias están mejor explicitadas en Google.

Apertura. A pesar de las sospechas de secretismo que han afectado a Google Libros (inicialmente con toda razón), la comparación destaca que paradójicamente contamos con mucha más información sobre éste que sobre la OCA.

Previsiones futuras. LA OCA descansa sobre patrocinadores, que pueden retirarse. El autor afirma que el hecho de que Google Libros se alimente de publicidad es una garantía de permanencia.

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Objetos encontrados en libros

12 noviembre 2008 15:15

Un comentario aparecido en uno de los post de este blog anuncia la creación de un blog muy particular: sobre objetos aparecidos en libros.

Abro un paréntesis para decir que, por respeto a los lectores y a los temas del blog, no suelo publicar comentarios que se salen de lo que se está hablando (los off topic, en la jerga del medio). Quien quiera plantear algo que no tiene que ver directamente con un post, siempre puede escribir a mi dirección de correo, que figura en el blog. Sin embargo éste me pareció curioso e interesante, y decidí publicarlo para no retrasar su difusión.

Galería de objetos encontrados en los libros es un blog porteño que se dedica a recopilar documentos aparecidos entre las páginas. Los libros son escondrijos ideales para objetos planos, de modo que llevan siglos cumpliendo esa función.


Mi aportación a la galería serán estos preciosos condones del siglo XIX cuya historia cuenta Antena 3 Noticias:

En uno de los libros de los fondos históricos de la biblioteca salmantina aparecieron dos preservativos envueltos en una hoja de periódico de 1857, que a su vez estaba en el interior de un manual de Medicina de siglo XVI.

Las investigaciones posteriores han determinado que los condones son del siglo XIX, por lo que se presume que fueron introducidos en el libro por algún estudiante de la época que estaba consultando el manual médico.

Bueno: todo perfecto, pero ¿por qué “introducidos por algún estudiante”? Por todo lo que sé de la universidad española del XIX y sus habitantes, juraría que quien los escondió fue un catedrático…

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Estampas japonesas II: Jimbocho

11 noviembre 2008 9:09


En un post pergeñado meritoriamente sobre la marcha, pero por desdicha algo telegráfico, conté un primer acercamiento al barrio tokiota de Jimbocho.

Se trata, como decía ahí, de un barrio libresco por excelencia. Tiene un gran número de librerías de viejo (86, de creer a Wa-Shoi), donde se agolpan libros y grabados antiguos, y además librerías granes y modernas, de las que hablaré en otro momento. Pero lo que me hizo una gracia especial fue descubrir que el barrio está ambientado temáticamente en los elementos públicos (que los conocedores llaman edilicias). Abajo podemos ver primero el leit motiv que se repite en las barreras que separan las aceras de la calzada y después la decoración de la estación de metro.

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Google Libros: millones de razones para un acuerdo

10 noviembre 2008 14:14

La noticia me sorprendió de viaje, y sólo pude reseñarla de pasada, de modo que vuelvo sobre el tema con más calma.

Antecedentes: Google arranca públicamente en el 2004 con el programa de digitalización hoy llamado Google búsqueda de libros. Sus obras provienen tanto de bibliotecas como de acuerdos con editores. Entre las primeras hay obras en el dominio público (a las que se da acceso íntegro), otras con copyright vigente, y otras que probablemente tengan copyright, pero cuyos propietarios en la práctica son imposibles de localizar: son las obras huérfanas. (De estas dos últimas categorías se enseña sólo una parte).

En el 2005 el Author’s Guild, asociación de escritores para la defensa del copyright, pone una demanda a Google Libros, sobre la base de que escanear las obras y hacer factibles búsquedas sobre ellas vulnera el copyright. Esto ocurre en el contexto de una eclosión de proyectos de digitalización (aquí se puede seguir la historia legal del enfrentamiento). A ello siguieron otras demandas como la de la Association of American Publishers.

Pues bien: el 28 de octubre se ha anunciado que se ha alcanzado un acuerdo entre Google y las diversas instancias litigantes. El acuerdo es válido sólo para Estados Unidos y además está pendiente de ratificación por los tribunales. En el resto del mundo las cosas seguirán como hasta ahora.

Con la noticia del acuerdo se han hecho públicas por primera vez las cifras de Google Libros: unos siete millones de libros digitalizados, acuerdos con 20.000 editores y escritores y con veinte biliotecas. De esos siete millones de libros, entre cuatro y cinco millones estarían en situación de obras huérfanas, según John Naughton en The Guardian.

Google pagará por el acuerdo 125 millones de dólares, que servirá para crear el Registro de Derechos de Libros (Book Rights Registry: ya informábamos hace tiempo que tanto Google como las bibliotecas europeas habían emprendido acciones para determinar la situación de las obras huérfanas), pagar las reclamaciones existentes, y costear los gastos legales.

El acuerdo tiene estas características, según Google:

Una vez que se haya aprobado este acuerdo, [usted] podrá adquirir un acceso online total a millones de libros. Esto significa que podrá leer un libro completo desde cualquier equipo conectado a Internet sólo con acceder a su cuenta de la Búsqueda de libros de Google.

También ofrecemos a bibliotecas, universidades y otras organizaciones la posibilidad de adquirir suscripciones institucionales, lo que permitirá a los usuarios acceder al texto completo de millones de títulos mientras los escritores y editores obtienen una compensación por este servicio. Los estudiantes e investigadores podrán acceder a una biblioteca electrónica que combina las colecciones de muchas de las principales universidades del país.

El acuerdo también creará un registro de derechos de libros independiente y sin ánimo de lucro, donde se incluirá a los escritores, a los editores y a otros titulares de derechos de autor. En esencia, este registro ayudará a localizar a los titulares de los derechos de autor y a garantizar que reciben los beneficios obtenidos por su trabajo según este acuerdo.

Además de las suscripciones institucionales y los terminales gratuitos de acceso público, el acuerdo también crea oportunidades para que los investigadores puedan estudiar los millones de volúmenes incluidos en el índice de la Búsqueda de libros de Google. Los académicos podrán enviar consultas computacionales a una institución a través del índice sin tener que leer realmente cada uno de los libros.

De acuerdo con el mismo Google, este acuerdo creará “un nuevo mercado para que autores y editores vendan sus obras”. ¿Bajo qué bases? Lo cuenta de nuevo John Naughton en The Guardian:

Google puede mostrar gratis hasta el 20 por ciento del texto, y hacer disponible por línea la totalidad de la obra por una tarifa. La compañía se levará el 37 por ciento [o sea, algo más de un tercio] de los ingresos resultantes , dejando el 63 por ciento par editores y autores. (De este modo los autores pueden obtener ingresos de obras que sus editores no han querido reimprimir. Imaginen qué le habría pasado al negocio de la música si los sellos discográficos hubiera negociado un acuerdo como éste.) Y si Google añade anuncios a los textos que muestra, partirá los ingresos sobre la misma base.

El acuerdo tiene puntos aún por aclarar, pero presenta aspectos claramente positivos, como el de sacar de la oscuridad millones de obras huérfanas. Claramente, tendrá consecuencias impensadas para el comercio del libro, tanto si las obras compradas se suministran por línea (con derecho a imprimirlas) como si se venden en impresión bajo demanda (aspecto no mencionado en el acuerdo, pero que creo que es la gran baza que está detrás de detrás de él).

¿A quién irán a parar los ingresos por venta de obras huérfanas (cuyos propietarios no son conocidos)? Supongo que a las asociaciones que agrupan a derechohabientes, autores o editores. Si de golpe todo el patrimonio de derechos de autor acumulado durante décadas y hoy sin propiedad pasa a ser disfrutado por los miembros de estas asociaciones, sus requisitos de transparencia en la gestión y claridad en el reparto deberán ser llevados al máximo.

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La utilización de un archivo virtual de prensa

10 noviembre 2008 9:09


Hace días comentábamos la noticia de que el diario barcelonés La Vanguardia había abierto su archivo a las consultas. Acabábamos expresando el deseo de que esta iniciativa fuera “utilizada con fines de investigación y de docencia”.

Pues bien, me complace señalar dos tempranos usos de las posiblidades del archivo. El primero es del interesante blog (en inglés) BCNDesign, sobre diseño en Barcelona. En su último post ha hecho una búsqueda precisamente de las apariciones de la palabra diseño a lo largo del tiempo (es decir, y a efectos del archivo, desde 1881 hasta el 2008). El diario proporciona una interfaz gráfica para ver los datos cuantitativos (arriba). Los resultados de esta búsqueda son muy interesantes, y ofrecen una muestra de qué se puede hacer con herramientas automáticas más el conocimiento del campo de estudio.


El segundo caso, visto en El blog ausente, se titula “Tras las huellas de Jaime el destripador”. Un precioso post sigue las huellas en La Vanguardia de los crímenes de Jack the Ripper, malidentificado como The Piper, y en consecuencia bautizado periodísticamente como “Jaime el Gaitero”. Arriba, la noticia el 6 de octubre de 1888. Naturalmente, la prosa del momento deparará experiencias inolvidables a los lectores, como los “policías velocipedistas” que, desde los crímenes, recorren los barrios de mala fama.

Las posibilidades de investigación vía la prensa en línea son ya muy grandes. Por poner sólo dos ejemplos,: la Biblioteca Nacional de España tiene la Hemeroteca digital, de acceso libre; el Times ofrece dos siglos: de 1785 a 1985 (pero desdichadamente, sólo previa suscripción) .

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La carrera de Llullu

09 noviembre 2008 14:14

El escritor y enigmista Màrius Serra ha escrito un libro terrible y precioso sobre su segundo hijo, que nació con una encefalopatía, y nunca podrá correr.

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Pero bueno: para eso están los libros, para contar la cosas que apenas pueden decirse. Y para crear ficciones con el paso de sus hojas. Incluso la ficción de la carrera que nunca podrá ocurrir…

(Màrius Serra, Quieto, Barcelona, Anagrama, 2008)

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