Guardando Twitter

14 septiembre 2011 9:09

Sé que estoy desfasado, pero ¿cómo decirlo? No me siento seguro si no guardo en mi ordenador (y sus copias de seguridad) las cosas que me importan: desde el correo hasta los marcadores. Por desgracia, la tendencia creciente es dejarlo todo en ese lugar conocido como La Nube, es decir: servidores que los proveedores de estas cosas tienen en sitios como un fiordo finlandés.

Hemos hablado ya varias veces de los peligros de la Nube. Quien use aplicaciones nebulosas para charlar con amigos o pasar el rato no debe procuparse, pero quienes las utilizamos para fines profesionales o de investigación (y tenemos nuestros años) no acabamos de estar tranquilos.

Por ejempo, Twitter. Progresivamente me he dado cuenta de que lo uso muchas veces como una alternativa a un marcador. En vez de marcar una página para mí solo, si creo que puede ser útil a alguien más, la tuiteo. Cuesta casi lo mismo, y puede ser más útil; es un poco como lo que ocurría en Delicio.us: los hashtags (o, en realidad, cualquier palabra del tuit) pueden servir para que alguien llegue a lo que he recomendado.

Pero cuando descubro que estoy invirtiendo esfuerzos en Twitter, que no tiene una forma de backup, se me ocurre que debería tenerlo. Los servicios en la Nube deberían poder exportarse, por varias razones:

  1. pueden estropearse y perderse datos(como ya ocurrió hace algún tiempo)
  2. pueden ser discontinuados
  3. pueden hacerse de pago
  4. pueden cambiar las condiciones de utilización (ya ocurrió con Dropbox y con Facebook)
  5. yo puedo querer mudarme a otro servicio, cambiar de perfil, etc.
  6. por si acaso

En fin: en el caso concreto de Twitter, la cuestión es aún más necesaria, porque el servicio no guarda todos los antiguos tuits de uno.

Para quien quiera guardar su actividad en Twitter, recomiendo Tweetake. Podrá hacer backup de sus tuits, retweets, seguidores, etc., en un archivo .csv, que se puede abrir con Excel y es plenamente buscable.

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Del teléfono al libro

12 septiembre 2011 9:09

Los desarrollos de Google abarcan un conjunto inmenso de dominios, cuya integración acaba de comenzar, y probablemente  aún hemos visto muy poco de lo que ésta puede dar de sí.

Por ejemplo: el reconocimiento de imágenes del mundo real, que crea un cómodo puente entre las cosas y las informaciones digitales sobre ellas. Sí: disponíamos de los códigos QR (de los que hemos venido hablando), pero que son una representación abstracta creada ad hoc; el mundo (reconozcámoslo) no está lleno de estos cuadraditos listos para ser capturados por nuestros móviles. En el terreno de los libros está el código ISBN, fácilmente interpretables por aplicaciones como ZBar, pero de nuevo se trata de un constructo creado para ese fin.

Pero Google Goggles parte del mundo real: el usuario fotografía desde su smart phone monumentos, textos, etiquetas de productos u obras de arte, y el software reconoce qué son y aporta informaciones sobre ellos.

En el mundo del libro (que es el que interesa a efectos de este blog), se puede partir de la fotografía de una cubierta: una simple fotografía de móvil, no muy buena, como la superior.

La aplicación móvil de Google la escanea y comienza la labor de reconocimiento: se identifica la imagen de la cubierta (si pertenece al mundo del arte), se reconoce su autor y se lee el título del libro:

¡Cuánto sabe Google!, ¿no? La verdad es que la imagen de la Virgen con el niño y su atribución a Jean Fouquet son datos que están en la Web, porque ahí los hemos puesto nosotros: sin ir más lejos, en la Wikipedia. Los algoritmos de Google han identificado la fotografía con la imagen del cuadro en cualquiera de los miles de sitios donde aparece al lado del nombre de su autor.

Los programas de reconocimiento de caracteres, OCR, del buscador (que ya veíamos en acción en Google Docs) han leído las letras de la cubierta, y, tras plantear la hipótesis de que el objeto fotografiado es un libro, lo han localizado y han buscado todo lo que Google tiene sobre él, de modo que al pulsar “Book” en la pantalla superior obtenemos:

La obra está perfectamente localizada. Bajando por la pantalla se puede acceder a diferentes informaciones sobre la ella: el sitio web del autor, una reseña del New York Times, webs de discusión de lecturas, o muchos otros sitios:

El lector que ha encontrado el libro en casa de un amigo (o en una librería) puede así hacerse una idea de la obra, pero accediendo a Google Libros puede lograr algo mejor: explorar su contenido. ¿Hablará la History of the Breast sobre las “amas de cría” (wet nurses)? Hagamos una búsqueda:

En efecto: la expresion aparece 24 veces en la obra, y se ofrecen párrafos en los que está presente. Para una información más amplia sobre el contenido, la aplicación proporciona también la nube de expresiones y nombres de su interior, con su frecuencia relativa:

Supongamos que a estas alturas la persona interesada por la obra desea comprarla. Si está disponible como e-book, Google Books se la ofrecerá pronto como descarga, pero también está ahí el enlace a Amazon, donde igualmente descargarla, o bien comprarla como libro físico.

Si se quiere comprar como libro inmediatamente, y uno está en una gran ciudad, mediante el botón Google Shopping (aún no plenamente operativo en muchos países), se puede acceder a las librerías y otros lugares donde esté a la venta, naturalmente con indicación de qué precio tiene en cada uno. Mientras dure en España el precio fijo del libro, eso no supondrá una diferencia, aunque (si el usuario ha permitido que el dispositivo conozca su localización) sí que podrá tener el dato de cuál es el establecimiento más próximo que lo tiene en stock.

Pues bien: ése ha sido el recorrido, casi de ciencia-ficción, desde tener un ejemplar en la mano hasta saber casi todo lo posible sobre la obra y acceder a su compra. Naturalmente: este recorrido ideal supone, desde la parte del editor y del librero:

que Google puede acceder a una base de datos con el título del libro y sus metadatos: entre otros, autor, editorial, ISBN, materia…  (para España, sería DILVE)

que el editor haya consentido en integrar el texto completo del libro en Google Libros para que se pueda buscar en su interior

que los principales libreros hayan puesto sus stocks en tiempo real a disposición de Google

Sí: conectar el mundo real y el digital cuestan un esfuerzo suplementario a todos los actores de la cadena, pero es posible que valga la pena…

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Facilitar la traduccion colaborativa

13 junio 2011 9:09

Me he topado con este ejemplo en EngineerGuy (vía Barrapunto); se trata de un bonito video sobre el funcionamiento del disco duro, sí: ese componente vital de nuestros ordenadores que quieren que abandonemos en favor de “la nube”… Pues bien: aparte de disfrutar de la explicación, y aprender muchas cosas nuevas, en un momento dado (0:59) aparece el siguiente mensaje en el video:

“¿Le gustaría traducir los rótulos/subtítulos de este video?” Y se aporta una dirección web: Hard drive teardown: Translate captions. Una vez allí se accede a un formulario que muestra la tanscripción de la locución, frase por frase,con espacio para introducir su traducción .

Una vez completada la tarea el sistema adapta automáticamente los textos a los tiempos de la locución y genera un archivo .srt, el formato más utilizado para los subtítulos.

¿Por qué me ha gustado el ejemplo? Bueno: el subtitulado de videos es muy útil para mucha gente (no sólo para quienes ignoran una lengua, sino también para deficiencias auditivas, por ejemplo). El subtitulado altruista es una más de las muchas muestras de que la Internet sigue siendo un universo de reciprocidad generalizada. Yo hago el favor de subtitular un video que puede interesar a otro, no porque precisamente quienes los disfruten vayan a subtitular uno que me interesa a mí, sino porque encontraré otras cosas que me son útiles que han hecho desconocidos…

Desde el punto de vista de los creadores del video, una de las formas mejores de favorecer que se conozca es, precisamente, poner las cosas fáciles a quienes pueden hacer más por su difusión, traduciéndolo, y esto creo que EngineerGuy lo ha hecho muy bien. Al facilitar que la gente consiga un bien, han conseguido su propio bien: esa es una postura inteligente, en la clasificación de  Carlo Cipolla, y da gusto verlo cuando estamos rodeados de gente que hace el mal a los demás, ¡muchas veces sin ni siquiera obtener beneficio propio!

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Anuario Thinkepi, 2011

19 mayo 2011 9:09

Presentado como “Análisis de tendencias en información y documentación”, acaba de aparecer la quinta edición del Anuario Thinkepi, fruto del trabajo del Grupo de Análisis sobre Estrategia y Prospectiva de la Información (ThinkEPI):

ThinkEPI está formado por profesionales y académicos de la biblioteconomía y la documentación, con experiencia y reconocido prestigio, que con cierta periodicidad publican a través de la lista de distribución de correo electrónico IweTel, de este web y de otros medios de difusión, notas con micro-estados del arte, reflexiones sobre temas profesionales de actualidad, perspectivas ya consolidadas ante nuevos productos, opiniones, observaciones, etc.

El tomo reúne medio centenar de colaboraciones, que pasan revista a los temas más importantes de la actualidad, agrupadas en los siguientes apartados (aquí está el índice completo):

1. Presentación
Por Tomàs Baiget

2. Prólogo
Por Glòria Pérez-Salmerón

3.A. FORMACIÓN

Informe de situación: Formación del bibliotecario como alfabetizador informacional
Por María Pinto y Alejandro Uribe-Tirado

3.B. PROFESIÓN

Informe de situación: Profesionales de la información en 2010
Por Carlos Tejada-Artigas

3.C. BIBLIOTECAS

Informe de situación: Bibliotecas: un año de crisis y ¿transformación?
Por Joaquin Selgas

3.D. RECURSOS Y MERCADO DE LA INFORMACIÒN

Informe de situación: Información científica. Oferta de productos y servicios multidisciplinares en 2010
Por Ángeles Maldonado-Martínez

3.E. REDES SOCIALES Y WEB 2.0

Informe de situación: Evolución de la Web social en 2010
Por Fernando Juárez-Urquijo

3.F. INDIZACIÓN Y RECUPERACIÓN

Informe de situación: Nueva normativa de catalogación: pasos hacia un futuro prometedor pero incierto
Por Assumpció Estivill-Rius

3.G. PUBLICACIÓN CIENTÍFICA

Informe de situación: 2010 a vista de pájaro: publicación científica, OA, indicadores e informetría
Por Isidro F. Aguillo

3.H. SISTEMAS DE INFORMACIÓN Y TECNOLOGÍAS

Informe de situación: Tendencias tecnológicas de 2010
Por Jorge Serrano-Cobos

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El Averiguador y la corrección de pruebas

08 abril 2011 9:09

Me había quedado  sumergido en la cuestión tras publicar un post sobre la historia de los signos de corrección, cuando por pura serendipia (porque buscaba otra cosa) me topé con un bonito conjunto de datos.

El Averiguador fue una de las mejores iniciativas de revistas del siglo XIX. He contado su historia en un antiquísimo artículo. Reproduzco su comienzo:

En el año 1868 apareció en Madrid la revista El Averiguador, que más tarde pasaría a llamarse El Averiguador Universal. Su publicación sufrió varias interrupciones y —tras los respectivos eclipses— reapareció en los años 1871, 1876 y 1879 (tuvo también una tardía Quinta época en 1954). Su director durante mucho tiempo fue el presbítero José María Sbarbi.

¿Qué era el Averiguador? Sencillamente, una recopilación de correspondencia entre “curiosos, literatos, anticuarios, etc., etc.”, junto con una “revista [...] de documentos y noticias interesantes”. Obsérvese de entrada lo amplio del universo de la publicación, representada en el doble “etc.” de los destinatarios y en el vago concepto de “interesante”, como única identificación de los contenidos. Pero precisamente esta era su virtud: ser un punto de encuentro entre gente con intereses muy diversos.

Pues bien, en el Año Segundo, número 37, de 15 de julio de 1880, págs. 199-201, figuraba un artículo titulado “Corrección de pruebas”, firmado por M. Ossorio y Bernard, que empezaba así:

Entre los factores indispensables del mundo literario, ningúno tan poco apreciado generalmente como el corrector de pruebas, cuyos inestimables servicios debieran proclamarse diariamente para que, siendo conocidos, pudieran ser debidamente recompensados.

En el número 39, del 15 de agosto de 1880 (que se abría con la esquela de Juan Eugenio Hartzenbusch), págs. 233-236, Alejandro Gómez Fuentenebro contestaba: “Más sobre correccion de pruebas”. Y en el número 40, del 31 de agosto de 1880 (que se abría con la “Advertencia” de que “no se sirven los pedidos [de la revista] sin anticipar el importe”), págs. 247-253, aparecía del mismo una “Explicación de los signos empleados para la corrección de pruebas; y reglas de buen gusto tipográfico que deberán tener presentes los correctores”.

Pues bien, quien quiera ver cómo se desenvolvió el diálogo, y las enseñanzas que se desprenden para el oficio de corrector, puede leer los artículos íntegramente. En vista de que mi ejemplar del Averiguador se está deshaciendo, no he podido escanearlos, sino sólo hacer unas fotos, que he subido a Flickr (al final del post van las direcciones) .

Pero además se me ha ocurrido que tal vez alguien, o mejor dicho álguienes, con medios de OCR (o con ganas de teclear) podría colaborar para transcribirlos. No tengo que contar a mis lectores cuánto más útil es disponer del texto electrónico que de la imagen de unas páginas. He creado un wiki para la transcripción (quien quiera usarlo deberá registrarse). Si logramos acabarlo, haré una edición digital de lujo de los artículos que, como todo lo que se cuelga en este sitio web, podrá reproducirse.

En fin; aquí están las páginas:

“Corrección de pruebas”, por M. Ossorio y Bernard:

Pág. 199: Entre los factores indispensables del mundo literario, ningúno tan poco apreciado generalmente como el corrector de pruebas, cuyos inestimables servicios debieran proclamarse diariamente para que, siendo conocidos, pudieran ser debida-
Págs. 200-1

“Más sobre correccion de pruebas”, por Alejandro Gómez Fuentenebro

Pág. 233
Pág. 234
Pág. 235
Pág. 236

“Explicación de los signos empleados para la corrección de pruebas…”, por Alejandro Gómez Fuentenebro

Pág. 247
Pág. 248
Pág. 249
Pág. 250
Pág. 251
Pág. 252
Pág. 253

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Copiar en un universo transparente

04 marzo 2011 9:09

El ministro alemán de defensa ha sido pillado plagiando en su tesis doctoral. Hasta aquí no hay mucha noticia: los ministros son humanos… Lo realmente notable por infrecuente (en nuestras latitudes) es que haya dimitido por esa razón. Pero ¿cuánto plagió realmente? Una vez más, los sistemas de visualización de datos ayudan a hacerse una idea. El gráfico superior, de Vis4.net, presenta en color oscuro el plagio, directo o camuflado, y en color más claro otros tipos de copia; las barras grandes representan las líneas del texto, y las pequeñas las de notas al pie (Flowing Data, que es por donde llegué a este gráfico, se sorprende de que haya tantas notas como texto: se ve que no han visto muchas tesis…).

¿Como surgió el gráfico? Se creó un wiki para ir localizando y documentando las páginas de la tesis y sus fuentes (quienes no lean alemán pueden usar el traductor de Google parahacerse una idea; véase la imagen inferior). Como el wiki recorre página por página el trabajo original, la posterior conversión a símbolos es más simple.

En estas páginas hemos tocado varias veces la cuestión del plagio. La verdad es que hace años que existen sistemas automáticos que detectan la copia (en este artículo del 2000, El libro de medio billón de páginas, citábamos ya uno de ellos: Plagiarism). Desde entonces los sistemas de detección se han refinado y automatizado. El servicio gratuito FairShare, por ejemplo, localiza páginas web en las que se han reproducido contenidos de un sitio dado, e informa sobre qué porcentaje de texto se ha utilizado, si se ha enlazado a la fuente, si el sitio tiene anuncios y si ha reproducido la licencia que exige el sitio de origen.

Abajo tenemos el  informe que ha emitido sobre el sitio argentino Lectores sin remedio, que reutilizó uno de los post de este blog. El objetivo de FairShare es reclamar a sitios que hacen uso fraudulento de reproducciones, pero a mí me sirve sencillamente para comprobar el eco de mis post. Dada la licencia de este sitio, cualquier reproducción no comercial está permitida, aunque estaría bien que los sitios que los reproducen replicaran su licencia.

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La Wikipedia en DVD como herramienta de educación

03 marzo 2011 9:09

El portal educativo del estado argentino, Educ.ar, ha concebido un proyecto magnífico: publicar la Wikipedia en español en un DVD-ROM, de modo que las escuelas más desfavorecidas puedan acceder off-line a la integridad de la enciclopedia.

Como sabemos, la licencia de la Wikipedia permite que se haga cualquier producto derivado de ella, incluso para comercializarlo. Esta iniciativa argentina saca partido de esa posibilidad, y además nos recuerda algo que en países como España tendemos a olvidar: que la revolución digital no implica necesariamente comprar el último gadget y llenar las escuelas de ordenadores y wifi, sino sobre todo utilizar las oportunidades de extensión del saber que nos ofrece.

La acción de Educ.ar se enmarca en toda una estrategia que se despliega en la web Wikipedia en el aula, que contiene:

Textos de especialistas, actividades, sugerencias para usar la Wikipedia en el aula e introducirse en el trabajo colaborativo en internet.

La web presenta un apartado, “Marco teórico“, con colaboraciones de Cristóbal Cobo Romaní, Alfons Cornella, César Coll, Inés Dussel, Hugo Pardo-Kuklinski, María Inés Arpille de Voller y el autor de estas líneas.

Mi aportación se titula: “La colaboración en la Wikipedia como herramienta de educación de los futuros ciudadanos digitales”.

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Anotar en los márgenes

28 febrero 2011 9:09

Dirk Johnson pasa revista a prácticas de anotación de libros en un reciente artículo en el New York Times. Un ejemplo divertido es el de Mark Twain, anotando un ejemplar de Walter Besant, The Pen and the Book , para enzarzarse en lo que  Johnson llama una “discusión de sentido único” con su autor, indicando que “nada podía ser más estúpido” que usar anuncios para vender  “mercancías esenciales” como “sal” or “tabaco” (inesperados ecos en las reflexiones del editor español Manuel Aguilar).

Donde el autor no parece hilar muy fino es al mencionar el “incierto destino” de la anotación “en un mundo digitalizado”. Protesta Bob Stein en if:book y pone como ejemplo las anotaciones colectivas al margen de la edición digital de The Golden Notebook de Doris Lessing, en uno de los muchos ejemplos que hay en la Red de comentario colaborativo de una obra.

Por cierto: la obra de Besant que anotó Twain, The Pen and the Book (1899), está disponible íntegramente en la Red, en OpenLibrary.org. Es un precioso manual sobre aspectos básicos del negocio editorial que, a un siglo de distancia, sigue valiendo la pena. Sin abandonar esta página, aquí se puede leer un capítulo:

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Libros multimodales

07 febrero 2011 11:11

Van apareciendo ejemplos de obras que constituyen realidades mixtas: en papel, en la Web y en redes sociales; del autor y abiertas a la colaboración; textuales, gráficas y audiovisuales. Aportaré dos ejemplos.

La izquierda reaccionaria, de Horacio Vázquez Rial, un proyecto de Pensódromo 21. En palabras de sus creadores:

Con este título iniciamos un proyecto de nueva edición con la característica de ser un planteamiento realmente multiformato. El desarrollo del tema que propone Horacio Vazquez-Rial, “la izquierda reaccionaria”, no sólo va a tener lugar en formato libro ni, desde luego, únicamente en soporte papel. El libro es capital, es cierto, también en sus diferentes versiones electrónicas, pero como editores no vamos a quedarnos limitados al esquema tradicional de comercialización y venta del libro sino que vamos a trabajar un desarrollo radial de la propuesta: conferencias, videoconferencias, materiales audiovisuales (programas de entrevistas, debates, documentales, etc.), contenidos fragmentados para universidades, materiales para medios…

El silencio se mueve, de Fernando Marías es, en palabras de Victoria Fernández,

Un proyecto innovador, que ha sabido conjugar, con gran acierto, buena literatura y nuevos elementos narrativos -un cómic (magnífica la recreación del estilo años cuarenta[muestra en la ilsutración superior)]), un breve guión de cine, recortes de periódico, una web (http://www.elsilenciosemueve.com) y un blog de Javier Olivares (http://elenigmapertierra.blogspot.com)- que permiten a los lectores descubrir pistas y nuevas perspectivas del relato, y que, en definitiva, lo enriquecen y amplían (a destacar el blog de Olivares, una auténtica “novela dentro de la novela”, que se lee con pasión).

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Triunfo de la microfinanciación: ¿un camino abierto?

03 febrero 2011 14:14

¡Enhorabuena, Víctor Pàmies y Verkami!

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